domingo, 31 de mayo de 2015

HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LA FUENTE

Lámina del Cristo de la Fuente




 Antonio Padial Bailón

Pocas noticias se tienen de la hermandad granadina del Santo Cristo de la Fuente, apenas poco más de la constatación de su existencia, fundación y su régimen de su funcionamiento, proporcionado por las reglas o constituciones que encontré en el Archivo Diocesano del Arzobispado. 

Una hermandad albaicinera establecida en el corazón del Albaicín, en una capilla que, seguramente, ocupaba el centro de la Plaza Larga, cerca de la Puerta de las Pesas o Puerta Nueva (1); una entrada al más antiguo recinto amurallado de la ciudad, que los musulmanes llamaban de Hizna Roman  o Castillo Romano. Los hallazgos arqueológicos que se encontraron, de los que aún se conservan (el que se cree que pudo ser el foro de la ciudad o fortificación romana) en el interior del Carmen de Lopera, sugieren para muchos investigadores, que allí pudo estar la ciudad de Iliberis (ibérico-romana) y quizás el núcleo amurallado más antiguo o de los más antiguos de la ciudad. 


PLAZA LARGA DEL ALBAICÍN


Allí, en la Plaza Larga, que entonces, como hoy, era un verdadero mercado callejero, donde se surtía de alimentos aquella parte del Albaicín, existió una cruz de las muchas callejeras que existían en la ciudad, que sería antecedente devocional en el lugar, antes de que se erigiera la capilla del Cristo de la Fuente. Dicha cruz la levantaron los propios vecinos, que la solían adornar el día de la Cruz de Mayo. Ya Henríquez de Jorquera, nos informa de la existencia de la cruz de la Plaza Larga a principios de los años cuarenta del siglo XVII.  

Dicha cruz, que pudiera haber sido de madera, hacia mediados del siglo XVII aparecía sustituida por otra de piedra sobre una granada con pedestal. Anteriormente, nos dice el Padre De la Chica, hubo una fuente en el centro de la plaza con dos caños edificada por el cabildo municipal para abastecimiento de los vecinos, que se había secado en 1694. La fuente fue trasladada por petición al cabildo por parte de los Agustinos Descalzos, cuyo convento estaba frente a las Tomasas, para colocarla en su compás de su monasterio. 

La retirada de la fuente molestó sumamente a los vecinos, que construyeron otra más abundante y también mandaron realizar la imagen de un Cristo Crucificado para colocarla en el sitio, con una techumbre de protección y se comenzó a dar culto. Por lo tanto, la advocación del Cristo se tomó de esta circunstancia.

Pasados unos años, ya a principios del siglo XVIII, construyeron un pequeño templo o ermita para darle culto a la imagen. Probablemente, la ermita sería de estas típicas de templete de carácter neoclásico, que fue el arte que empieza a tener auge en España con la llegada de los borbones. 

La imagen, me da la impresión, que era tallada en piedra, porque el Padre La Chica nos dice "(...) comenzando desde entonces a celebrarse missa, y a premiar el Señor aquella piedra cristiana, obrando por sus devotos muchas maravillas" (2).





La vitola que presentamos en este trabajo es la que abre el libro de reglas de la hermandad y, si la misma guardó semejanza con la realidad, se trataba de un Crucificado con cuatro clavos y con bastante frontalidad, con la cabeza centrada y caída en el pecho y amplio perizoma. 

Al contemplar la pintura del Cristo de la Fuente, se me vino a le mente la imagen del Cristo del Consuelo de la Abadía del Sacromonte, de José Risueño Alconchel, con el que presenta algunos paralelismos en las características que antes he expresado, a las que he de añadir: que ambas imágenes, pictórica y de escultura, son de la misma época. El Cristo de la Fuente se realizó poco después de 1695 al igual que el Cristo del Consuelo.

Con ello me planteo algunas incógnitas: ¿ tomaría Risueño como modelo esta imagen del Cristo de la Fuente para su Crucificado del Consuelo? ¿Sería Risueño el autor de la pintura de las reglas? ¿ Realizaría Risueño la imagen del Cristo de la Fuente? Sabemos que este escultor trabajó no sólo la madera sino también la piedra o el mármol, como la Virgen de las Angustias de la fachada del Palacio Arzobispal, que da a la plaza de Bibrambla.


Cristo del Consuelo de los Gitanos. José Risueño Alconchel 1695-1698.
Aunque, cuando se construye la imagen se conforma una hermandad de hecho para darle culto, ésta no hace constituciones hasta 1736. La hermandad de hecho venía celebrando cabildos para su gobierno, que se consentían por el Capellán Real y visitador de las parroquias y hermandades, don Manuel Fernando de Carrión Pimentel, constituciones que se mandan al fiscal  del arzobispado para que informe.

Quizá aquella situación de una hermandad sin reglas tantos años fuese insostenible, pues en la tramitación de aquéllas se manifestaba : "(...) decimos que la dicha hermandad ha estado sirviendo cultos al Stmo. Cristo de tiempo inmemorial a esta parte sin constituciones para que su gobierno (...)"  y en ese año de 1736, siendo hermano mayor Pedro del Castillo y mayordomo Felipe de la Peña, la hermandad presenta a la aprobación eclesiástica sus reglas, que son aprobadas el día 9 de junio de ese año por el provisor don Alonso Diego de Guzmán y Bolaños (3).

Como vemos, en esa época no había demasiado problema en consentir por la autoridad eclesiástica hermandades dando culto a sus imágenes y sin reglas; cosa difícil de producirse en la actualidad.

Según esas reglas, bastante minuciosas, era una hermandad exclusivamente compuesta por cristianos viejos, no permitiéndose en sus filas personas con sangre judía, mora, negra o mulata, ni a los penitenciados o esclavos, exigencia que se llevaban a extremo en la persona que había de ser sacristán o hermano sirviente de la capilla. 

Parece que la rudeza en la exigencia de limpieza de sangre el arzobispado no lo acepta completamente y pone una tacha a ello o, al menos, lo suaviza al decir el fiscal "sin que se entienda por estatuto vigoroso de limpieza". En 1736, ya se habían extendido por España los aires racionalistas de la Ilustración, que habían calado, incluso, en el pensamiento de muchas autoridades eclesiásticas.




También, era la hermandad muy rigurosa en el comportamiento de los cofrades, reprendiéndose al que cometía amancebamiento, fuera borracho, alborotador, pendenciero o de mala lengua, a los que se les advertía tres veces y de no corregirse se le expulsaba de la hermandad por su cabildo. También se tachaba al que debía dinero a otros, al que se le exhortaba a pagar y, si no lo hacía, se le expulsaba de la cofradía, salvo que fuera pobre y cumplidor, en cuyo caso la hermandad asumía sus deudas.  

El hermano Sirviente del Cristo había de ser soltero y casto, como criado del Divino Señor, y debía de vestir el hábito de una orden tercera, de ermitaño; o bien  su vestimenta había de ser honesta y pobre. Tenía el hermano sirviente la obligación de residir permanentemente en la capilla, remunerándose con 30 reales de vellón (dos pesos) al mes; cuidaba de abrir y cerrar la capilla; tener permanentemente la lámpara del Cristo encendida y hacerse cargo de las limosnas, así como, atender a los devotos y sacerdotes que iban a decir misa.

La devoción al Cristo de la Fuente pronto se extendió por toda la ciudad y localidades cercanas, cuyos devotos colgaban en la capilla numerosos exvotos, constatándose que muchos de estos eran navíos.

El gobierno de la hermandad se realizaba por un prefecto, el hermano mayor y dos mayordomos, el secretario, el fiscal y un partidario, que recorría los partidos para recabar limosnas. Todos los cargos tenían una temporalidad anual, aunque se admitía la reelección, como era común en casi todas las hermandades, excepto el de secretario que duraba tres años. 

Los cultos se celebraban los domingos de todas las semanas, en que pedían limosna por la Plaza Larga los mayordomos y los hermanos habían de pagar un real de entrada y un cuartillo todos los domingos. Eran muy rigurosos en el control de los fondos, que se guardaban en un arca, y cuyas tres llaves las tenían el hermano mayor y los dos mayordomos y se abría estando presente el secretario, para tomar nota de lo que entraba y salia en ella. Había también una segunda arca para los cirios y demás cera, y una tercera con dos llaves para guardar los ornamentos, cuya llave guardaba el sirviente de la capilla.

La fiesta principal de la hermandad era el día 3 de mayo, el de la Invención de la Santa Cruz, celebrándose una misa cantada con música, diáconos y sermón, exigiéndose austeridad en el gasto, que no debía de sobrepasar los 200 reales para evitar la emulación entre los mayordomos, de modo, que excediéndose, lo pagaran ellos de su peculio. Los tres días anteriores de la fiesta había vísperas con tres misas. 

También se señalaba un protocolo, en ese día 3 de mayo, en que se celebraban las elecciones. Dicho protocolo prescribía que el hermano mayor tomara asiento de presidencia y, a los lados, los dos mayordomos, junto a los que se sentaban los hermanos asistentes por orden de antigüedad. Delante del hermano mayor se ponía una mesa o bufete con un crucifijo con dos velas, el libro de reglas y como primer acto de la fiesta se procedía a celebrar elecciones. 




El hermano mayor fijaba dos candidatos y se levantaba para entregar su voto a su preferido; después los mayordomos, cada uno en su fila, recababan el voto de los hermanos de la misma. El voto se emitía mediante habichuelas blancas para decir sí y negras para expresar el no, siendo proclamado el de mayor número de votos. 

Era también una hermandad de sufragios en la que cada hermano había de pagar un cuartillo de real cada vez que moría un cofrade. Fallecido un hermano o hermana, el hermano mayor y los dos mayordomos acudían a la parroquia de la que el difunto era feligrés y ajustaban los gastos de entierro y después reunirían a doce hermanos para que portaran cirios en el entierro y funeral. La comitiva iba precedida del estandarte, dedicándole al difunto 9 misas y si moría fuera de Granada, aquéllas se celebraban en la Colegial del Salvador, a cuya circunscripción pertenecía la capilla o ermita del Cristo de la Fuente.

Aunque no sabemos si contaba la hermandad con imagen mariana (en la vitola de las reglas aparece la Dolorosa, San Juan y la Magdalena, formando un calvario), sí se concretaba en las reglas el culto a la Virgen Dolorosa, pues el Viernes de Dolores se decía misa cantada con diáconos en honor a la Virgen.

Hubo un devoto que costeó las obras de ampliación de la capilla callejera a mediados del siglo XVIII y como consecuencia del gran terremoto de 1755 en que sufrió grandes deterioros la parroquial del Salvador, esta trasladó a la ermita del Cristo de la Fuente el Santísimo, mientras se realizaron las obras de reparación.

Muchas incógnitas se ciernen sobre esta hermandad albaicinera y la época en que desapareció. Aún estaba con vida en 1765, año en que el Padre de la Chica nos informa de su existencia. Seguramente, la hermandad desaparecería a finales del siglo o con la ocupación francesa en que se realizaron por el invasor bastantes obras de reforma de la ciudad, que pudieran haber afectado a la ermita.

Si la imagen de Cristo de la Fuente era de material pétreo, como parece que pudo ser, bien podría haberse trasladado aquélla a otra plaza del Albaicín al reformarse la Plaza Larga ¿Podría tratarse del que hoy popularmente llamamos Cristo de las Lañas, que está en la plaza albaicinera de San Miguel bajo? Esta de piedra la llamó el pueblo Cristo de las Lañas al haber sido destruido en la II República y restaurado uniendo sus piezas con lañas.

Como sabemos, Granada ya tenía un gran antecedente de devoción a estas imágenes de cruces erigidas en las plazas como la profesada el Cristo de los Favores.




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1. De la Chica Benavides, Fr. Antonio, " Gazetilla Curiosa...", papel XLI. 1765.
2. De la Chica Benavides, Fr. Antonio, opus. cit. papel XLI.
3. Archivo histórico diocesano de Granada. 

viernes, 27 de marzo de 2015

HERMANDAD DE SAN JUAN EVANGELISTA






ANTONIO PADIAL BAILÓN


Así como en muchas localidades de la provincia de Granada y fuera de ella han existido hermandades de San Juan Evangelista, que han procesionado y procesionan en Semana Santa, en la ciudad de Granada la constitución de una hermandad del apóstol más longevo y más amado de Jesús es bastante tardía.

Ello no quiere decir que la imagen haya faltado de nuestras antiguas procesiones, pero ha sido como un paso más ligado a diversas hermandades penitenciales, a veces, con una hermandad genuina dedicada al culto del santo evangelista dentro de una hermandad más amplia o matriz. Recordemos a la Hermandad del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, que contaba con un paso de san Juan Evangelista, también con el de la Magdalena y con el Resucitado (estas imágenes que figuraban en el retablo de la hermandad, desaparecieron, algunas por donación a particulares, cuando se demolió la iglesia de San Gil en 1869) (1). 


La Hermandad de la Sangre de Ntro. Señor Jesucristo y la de Jesús Nazareno del convento de la Merced también tenían una hermandad filial de san Juan Evangelista, así como la hermandad de Jesús Nazareno de los Mártires; en la hermandad de Jesús Nazareno "El Pobre" del convento de San Francisco "Casa Grande" y en el convento de agustinos descalzos existía en el altar del Cristo de la Misericordia una imagen de San Juan Evangelista.

Pero será en el siglo XIX, concretamente en 1884, cuando más cercana tenemos la constitución de una hermandad dedicada al Evangelista, que se va a constituir en la iglesia de los Santo Justos y Pastor. De esa fecha son los estatutos que he encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada.

Al inicio de los años ochenta del siglo XIX, en 1881, es cuando comienza a salir la imagen de San Juan Evangelista en la procesión del Santo Entierro, acompañando a la Soledad de Santa Paula. Aquellos jóvenes que hacía de horquilleros de San Juan, tres años después, en 16 de marzo de 1884, deciden constituirse en hermandad del santo que procesionaban. Eligen la iglesia-colegiata de los Santos Justo y Pastor como sede para dar culto a la imagen.

El título oficial de la hermandad era el de "Hermandad y Cuerpo de Horquilleros de San Juan Apóstol y Evangelista" y  tenía como objeto, según el artículo 2º de los estatutos, el fomento del culto del apóstol; la dirección y gasto del paso para procesionarlo en sus andas la tarde del Viernes Santo dentro de la procesión del Santo Entierro.

Para dicho culto, la imagen sería depositada en la iglesia de los Santos Justo y Pastor, de donde partiría su procesión y los individuos que formaban la hermandad habían de ser mayores de 21 años, exigiéndoles determinadas condiciones físicas, como carecer de mutilación o deformidad en alguna parte de su cuerpo, contando con una estatura que no fuera demasiado alta o baja. También se exigían no tener impedimentos morales, como haber padecido condena grave.


Portada de los Santos Justo y Pastor, sede de la hermandad de horquilleros de San Juan

Todas estas condiciones, lógicamente, no se exigían a los hermanos que procesionaran de penitentes o nazarenos a los que su ingreso en la hermandad se sometería a aprobación de la junta directiva.

También se limitaba el número de hermanos en cada una de sus modalidades, constituyéndose de esta forma en numerus clausus; para los hermanos horquilleros la cifra era de dieciséis y para los penitentes de treinta, pero que la junta tendría la facultad de aumentarlos en el futuro, según las circunstancias. Cuando se produjera alguna vacante en la sección de horquilleros, esta se cubriría con los admitidos como hermanos penitentes por riguroso orden de antigüedad y siempre que lo desearan y reunieran las condiciones físicas exigidas. 

Quizás estas limitaciones vendrían fundadas en las dimensiones de las andas y, en cuanto a los nazarenos, en el hecho de no hacer demasiado larga la procesión del Santo Entierro, que solía contar con varios pasos. 

La hermandad nombró como Presidente Honorario al arzobispo de Granada, que entonces era don Bienvenido Monzón. Era costumbre extendida entre las hermandades que se reconstituyen o fundan en el siglo XIX nombrar al arzobispo como máxima autoridad de la misma: esto lo vemos en la reorganizada hermandad del Arcángel San Miguel y en el intento de reorganizar la hermandad de Ntra. Sra. de la Aurora de San Gregorio Bético. El motivo tal vez estuviera en el deseo de estas hermandades de lograr su aprobación en unos tiempos un tanto convulsos política y socialmente en los que las autoridades civiles pretendían controlar e, incluso, evitar la proliferación de hermandades y la reconstitución de muchas de ellas, que habían desaparecido por las diversas supresiones de conventos, donde la mayoría tenían su sede. 


Emblema de San Juan Evangelista


En el fondo, la autoridad eclesiástica también era poco proclive a fomentar la reorganización y fundación de hermandades. Lo había sido siempre, especialmente, desde la Ilustración, que apreciaba en la religiosidad popular desviaciones rayanas en la superstición y con tintes profanos, que en muchas ocasiones escapaban a su control y suponían una competencia en las demandas de limosnas que perjudicaban a las parroquias y a las hermandades sacramentales más sujetas a su control.   

Luego la hermandad contaba con un presidente efectivo, Rafael Moratalla García; un secretario, Carlos Hernández y un tesorero, Antonio Rivas Jiménez, que serían elegidos por la élite de la hermandad, es decir los horquilleros, y un vicepresidente, Antonio Prieto Cifuentes y un subsecretario, Pablo Prieto González, los elegían la sección de penitentes, siendo la elección bianual.

Se preveía en las reglas el nombramiento del "citador"; esta figura constituía una reminiscencia del antiguo muñidor que tenían las hermandades en los siglos precedentes. Era un cargo remunerado con 4 reales y era el nexo de unión entre la directiva y el resto de los cofrades, procediendo a citarlos cada vez que era necesario para juntar a la hermandad, bien en caso de junta general o funciones, procesión u otros actos.

Los hermanos pagaban 20 reales a su ingreso y 4 mensuales más otros diez para la solemne función principal que se celebraba en la iglesia de los Santos Justo y Pastor el día 27 de diciembre, día del apóstol San Juan, y a la que tenían que acudir "vestidos de oficio". Este traje exigido a los horquilleros, consistía en ropa negra con levita, corbata y guantes negros, que de esta forma también asistirían a la procesión del Santo Entierro y a los penitentes sólo se les exigía que vistieran de negro. Todos llevarían una medalla con los atributos del Santo (2).


Interior de los Santos Justo y Pastor

También era hermandad de sufragios, como otra reminiscencia de las antiguas hermandades, debiendo asistir los hermanos al Santo Viático con velas y con el estandarte de la hermandad y, de la misma forma, a la conducción del cadáver de los hermanos difuntos, que tenían el derecho a que se les dijera treinta misas por su alma de la llamadas de San Gregorio. Estas misas de origen medieval se basaban en la leyenda que el mismo San Gregorio cuenta en sus Diálogos. Nos dice que cuando era abad en el monasterio del monte Celio de Roma un monje llamado Justus murió en pecado por haber quebrantado el voto de pobreza, negándose la comunidad a darle un entierro cristiano y a los pocos días San Gregorio le dijo 30 misas, teniendo una visión del difunto para comunicarle que se había salvado. 

Por la citada cuestión, los altares de San Gregorio tenían el carácter de altar privilegiado de ánimas y la hermandad granadina de San Juan Evangelista las celebraría en el altar de San Gregorio en la iglesia de San Jerónimo que tenía concedido el citado carácter privilegiado. Hoy no existe en el monasterio jerónimo la citada imagen, aunque el altar bien pudiera ser en el que se colocó en 1978 las imágenes de la hermandad de la Soledad.

No me he encontrado, no obstante, documento de aprobación eclesiástica de las reglas que antes hemos comentado, por lo que no sabemos si la hermandad tuvo viabilidad. Sin embargo, hay diversas referencias posteriores en la prensa a la hermandad y a los hermanos de San Juan Evangelista.


Salidas procesionales de San Juan en el Santo Entierro y sus imágenes

Como antes nos hemos referido la imagen de San Juan comienza a salir en la procesión del Santo Entierro con la Soledad en 1881 y en 1882 lo hace en el del Albaicín con el Señor del Mayor Dolor   - imagen de José de Mora quemada con la iglesia del Salvador en 1936- y con la Dolorosa de San Luis, que vuelve a repetir en 1885 por dicho barrio. En la procesión del Santo Entierro por la ciudad volvió a salir en los años siguientes, teniendo constancia segura de ello en 1889 y 1892.

Ese año de 1892, un tumulto que provocó el pánico se produjo cuando el paso de San Juan estaba en la Puerta Real, frente a la confitería de Talero; las causas no se aclararon, unos decían que una riña entre comadres había sido la causa otros que un ratero había tratado de robar aprovechando la masa de gente reunida; lo cierto fue que se produjeron corridas y desmayos; la gente se refugiaba en los portales y la imagen de San Juan Evangelista, debido a los empujones que sufrieron sus horquilleros estuvo a punto de terminar en el suelo, quedando la procesión dividida en dos mitades y los soldados de la escuadra romana, que iban delante de San Juan, quedaron dispersos. La imagen quedó al finalizar la procesión en la iglesia de Santa Ana (3).


San Juan de Santa Isabel la Real

Tres imágenes de San Juan fueron las que se procesionaron en el Santo Entierro, quizás alguna más, y, probablemente, lo hicieron de forma alternativa. Las fuentes escritas que nos dicen algunos años la procedencia de la imagen y, asimismo, hay documentos gráficos. Quizás la primera imagen que pudo procesionarse en los primeros años fue la del monasterio de Santa Isabel la Real, al menos, los datos que he podido reunir así lo confirman.  

La imagen de San Juan, que por primera vez formó parte del Santo Entierro, en 1881, pienso que sería el de Santa Isabel la Real, porque en ese año las monjas cedieron para la procesión otra imagen que en su monasterio se veneraba, es decir, el Señor de las Tres Caídas y parece lo más lógico que también prestaran la imagen de San Juan; lo mismo ocurriría en los años siguientes en los que se celebró la procesión por el Albaicín.

Los siguientes años de 1893 a 1899, volvió a figurar en la procesión del Viernes Santo delante de la Soledad y, en 1895, la prensa se refiere a que iba acompañado de sus hermanos o cofrades, que llevaban habito blanco y en el pecho el águila roja de San Juan. Iba acompañado, asimismo, por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. No sabemos si estos hermanos eran aquellos de la hermandad de 1884 o se había vuelto a organizar una nueva hermandad a la que también se hace referencia en 1899 en que queda constituido un cuerpo de horquilleros bajo la presidencia de Isidoro Arnau, Diego Torres Cabrerizo y Francisco Pérez París de secretario, con catorce portadores de la imagen (4). La siguiente Semana Santa decía la prensa que "la imagen de San Juan llevada a hombros de jóvenes adscritos a la cofradía" (5).

Hubo varios años a principio de siglo que no salió la procesión del Santo Entierro, pero sí lo hizo en 1907 en el que el arzobispo mandó que se sustituyera a la Soledad de Santa Paula (hoy de San Jerónimo) por la imagen de la Soledad del convento de San Antón y, también, hubo cambio de imagen de San Juan por otra que se veneraba en dicho convento, hoy en la clausura, por lo que me ha sido imposible fotografiarla, pero que también fue procesionada por su hermandad de horquilleros. 

Parece que en 1910 pudo volver a salir la imagen del convento de San Antón, así por lo menos lo aconsejaba el erudito y presidente del Centro Artístico don Francisco de Paula Valladar y presidente de la Comisión del Santo Entierro, que afirmaba que aunque más pequeña que los otros era de indudable mérito artístico (6). Pero, finalmente, quizás por su escaso tamaño se decidió que fuera el de Santa Isabel, que fue acompañado por la chía blanca.

Sí volvió a salir en 1908, 1909, 1910 y 1911 la imagen del Evangelista de Santa Isabel la Real y creemos que lo hizo en todos estos años siguientes en la procesión antológica del Santo Entierro (1909-1924), pero no en todos ellos. Hay dos fotografías que así lo testimonian: una de 1913-1915 en la que el paso aparece tras el de Ntra. Sra. de las Angustias de San Andrés por la Gran Vía y otra en Plaza Nueva, delante de la Virgen de la Soledad.




Soledad y San Juan Evangelista de Santa Isabel la Real junto a la Real Chancillería
San Juan de Santa Isabel, reconocible por el volumen del manto bajo la cintura


Pero, no cabe duda, que en alguno de los años de ese Entierro Antológico se cambiaría de imagen del convento de Santa Isabel la Real para procesionar al San Juan Evangelista que conservan los monjas clarisas de Santo Ángel Custodio; éste es una talla de finales del siglo XVI, probablemente de Pablo de Rojas, que fue prestada por dichas religiosas, junto con un Crucificado y Dolorosa formando Calvario, a la iglesia de San Cristóbal y que han recuperado hace unos años.


San Juan del convento del Santo Ángel Custodio



Si observamos una fotografía del interior de la iglesia de Santa Paula en la que al fondo se aprecia el paso del Santo y que fue realizada, seguramente, en algunos años del Santo Entierro Antológico (1909-1924), la imagen era la del convento del Santo Ángel. 



Al fondo la imagen de San Juan del Santo Ángel Custodio con la Soledad de Santa Paula





Durante esos años parece que hubo intentos de consolidar la hermandad que no resultaron fructíferos, aunque hay varias y contínuas alusiones a ella, la última en 1923, cuando muchas de aquellas imágenes que formaron el Santo Entierro encontrarán devotos para constituirse en hermandades. Así ese año se afirmaba lo siguiente en el diario El Noticiero Granadino: "Aumenta el entusiasmo de las nuevas cofradías del Santo Entierro y San Juan formadas por socios de la Adoración nocturna y alumnos del internado del Padre Manjón".

 ¿Se volvió a conformar realmente la hermandad en aquel renacer de las cofradías de penitencia de Granada? Parece que esa fue la intención, como lo venía siendo desde 1884, pero no cuajó definitivamente. San Juan siguió saliendo el Viernes Santo hasta 1925 y lo vuelve a hacer en 1930, formando parte de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad, que ese año sacó cinco pasos (Santa Cruz, Crucificado de San Ildefonso, San Juan Evangelista, el Descendimiento y la Soledad) (7).  


La Virgen de la Aurora y San Juan 1946

Después la imagen del Evangelista seguirá estando presente en la Semana Santa de Granada; primeramente, con María Stma. de la Aurora, dentro de su paso de palio, en 1946 y 1947, y la propia hermandad lo incorporó a su título con una imagen del escultor salmantino Damián Villar, profesor de la Escuela de Bellas Artes. Esta imagen saldrá en el palio, acompañando a María Stma. de la Misericordia en los primeros años de la década de los sesenta y en 1997 acompañó a María Santísima de la Amargura.


Virgen de la Amargura con San Juan. Foto 1997.


En los últimos veinticinco años diversas hermandades lo han incorporado a su título o al paso, como la de Cristo de San Agustín, acompañando en el paso de palio a Ntra. Sra. de la Consolación; la de Jesús Despojado de sus Vestiduras, que acompañará a María Stma. del Dulce Nombre o la del Jesús del Trabajo en su paso acompañando con la Magdalena a Ntra. Sra. del Consuelo. Otras, como la de Jesús Cautivo, Jesús Nazareno o Jesús de la Pasión, tienen la imagen para cultos internos.

San Juan Evangelista, como protagonista y testigo especial de la Pasión del Redentor, tiene una gran tradición procesional y de culto en Granada, como se ha expuesto anteriormente, tradición que lejos de perderse se ha incrementado en los últimos años, aunque sí se perdieran sus hermandades específicas.



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1. PADIAL BAILÓN Antonio, Blog La Granada Eterna Antiguas Hermandades Pasionistas, http://apaibailon.blogspot.com.es/, entradas 4 y 7 de marzo de 2013,18 de octubre de 2013 y 6 de abril de 2013.

2. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA. Legajo 135 f, pieza s/n
y el Defensor de Granada de abril de 1892.

3. PADIAL BAILÓN, Antonio, Revista "Gólgota" nº 14,pp. 65-66.Año 2000. 

4. El Triunfo de 8 de septiembre de 1899.

5. El Defensor de Granada de 13 de abril de 1900.

6. Ibídem de 4 de marzo de 1910.

7. El Defensor de 6 de abril de 1930.



sábado, 21 de febrero de 2015

REAL HERMANDAD DE LAS ANGUSTIAS Y TRANSFIXIÓN DE NTRA. SRA. Y SANTAS ÚRSULA Y SUSANA






Antonio Padial Bailón


La Hermandad de la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada, fue la segunda hermandad que se fundó de las penitenciales granadinas, detrás de la Vera Cruz.

Este trabajo, que sin duda sólo será una síntesis de la dilatada historia de la hermandad, sobre la que se han escrito numerosos libros y publicaciones de todo tipo, pretende llevar al conocimiento, de forma sencilla y extractada, los aconteceres más significativos de su historia, tan ligada a la de la misma ciudad. 
         
La aparición de la imagen está envuelta en la bruma de la leyenda. Lo que sí parece cierto, es que en el paraje cercano al río Genil, llamado de las Tinajerías, cerca del Humilladero, parece que existió un morabito musulmán, que a la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos fue sacralizado y convertido en una ermita dedicada a las Santas Úrsula y Susana, que ya, en 1501, era ayuda de la parroquia de San Matías. 

Hay versiones que dicen que la ermita y un cuadro, inicio de la devoción, los donó la reina Isabel la Católica por las angustias que había padecido en el famoso laurel de la Zubia, dónde hubo de esconderse al ser sorprendida por un grupo de soldados nazaríes en la batalla de dicha localidad; lo cierto es, que en este caso, el voto de la reina fue a San Luis, dedicándole el convento franciscano de la Zubia.




Los inicios de la devoción

La Reina Católica llevaba en su equipaje, en la campaña bélica contra el Reino de Granada, una serie de imágenes de escultura y pintura, que ayudaran en el inicio de la cristianización del reino musulmán; otras muchas imágenes las encargaría la Reina Isabel a principios del XVI a Ruperto Alemán y otros, para las mezquitas que se habían sacralizado. 

Dicha campaña se había concebido, no sólo con la misión de completar la unidad política de España, sino también con la idea de que fuera una Santa Cruzada en Occidente, que extendiera el Evangelio entre la población musulmana de las tierras reconquistadas. Por ello, se sacralizaron mezquitas y morabitos, dedicándolos al culto de Jesucristo, de la Virgen y de los Santos. 

En dicha ermita-morabito, la reina dejó una tabla de la Piedad o Quinta Angustia, es decir, de María al pie de la Cruz con su Hijo en el regazo, realizado por su pintor personal Francisco Chacón. Este cuadro, junto al donado a la iglesia de San Juan de los Reyes sobre el mismo tema, serían los que iniciarán la devoción en Granada a la Virgen de las Angustias.


Cuadro de Francisco Chacón, que se colocó en la ermita del Humilladero, después en los Escolapios y hoy en el Museo

La ermita, situada en la vega que rodeaba la ciudad, era objeto de visita devocional por parte de los labriegos de la zona, que en ella se detenían a rezar, cuando iban y venían de sus labores agrícolas.

Unas décadas después del depósito del cuadro en la ermita, se va a formar la hermandad devocional entre los hortelanos, probablemente unos años antes de la aprobación de sus constituciones. En el Archivo de Simancas existe una Bula de 1536 concedida por Paulo III, otorgando privilegios a los cofrades que practicasen la caridad y penitencia; ello nos da idea de que la hermandad estaría fundada ya en esa fecha, aunque no aprobada canónicamente (1).  

Pero la aprobación canónica de sus constituciones se realizará en tiempos de arzobispo D. Fernando Niño de Guevara, el día 26 de octubre de 1545, por veinte hortelanos de la Vega. En la vitola que inicia el Libro de Reglas aparece una imagen arrodillada de la Virgen con manto y saya color celestes y siete espadas clavadas en el pecho, representativas de los Siete Dolores, que nos indica, junto con los inventarios de la hermandad, que ésta adquirió una imagen de bulto, seguramente, para cultos y práctica procesional. 

Esta imagen genuflexa la conservó la hermandad durante bastante tiempo; según el escultor Diego Sánchez Saravia, que pudo contemplar la imagen, aun existía a mediados del siglo XVIII y nos relata que era de 1,26 cm. de altura y que había sido muy retocada a lo largo del tiempo, adaptándola a los gustos barrocos con ojos de cristal y otros postizos. Esta imagen, según la profesora Dª. Encarnación Isla, por testimonios literarios y pictóricos, estuvo como imagen procesional o secundaria entre 1553 y 1565.


  

Por la Bula a la que hemos hecho referencia, la hermandad realizaba prácticas penitenciales para ganar los privilegios papales, seguramente no públicas, sino delante del cuadro inicio de la devoción o de la imagen de bulto. Pero la adquisición del carácter penitencial, como cofradía de disciplina y sangre, se lleva a efecto en 1556, con la modificación de sus reglas, para hacer estación pública el Jueves Santo en nueve templos (La Magdalena, en calle Mesones, la Trinidad, Catedral, San Gil, San Francisco "Casa Grande", Santa Escolástica, Santa Cruz la Real, San Matías y su propio templo). Probablemente, la procesión de Semana Santa la vendría practicando unos años antes extraoficialmente. Dos procesiones, que sepamos, se realizaban en ese tiempo en Semana Santa: la Vera Cruz y las Angustias. La tercera más antigua, la Soledad, se fundará cinco años después, en 1561.  

Pero la imitación, lo más cercana posible al cuadro inicio de la devoción, llevaría a la hermandad a querer contar con una imagen de bulto que representara el momento, en que Jesús descendido de la cruz, reposa en el regazo de la Virgen. Sin embargo, este muy probable deseo de imitar la iconografía del cuadro inicio de la devoción se irá forjando en años posteriores sobre la base de una Dolorosa inhiesta a la que se le añade la imagen yacente de Cristo. No es ésta una escena que relaten los Evangelios, sino fruto de la tradición popular, como popular era esta devoción iniciada en la ermita.  

La leyenda de la imagen

Dicha imagen de bulto, la actual a la que tributan los granadinos tan singular devoción, aparece rodeada de tintes legendarios, que no cabe duda se forjaron en décadas posteriores a la adquisición de la imagen. Existen al menos dos versiones de la aparición de la imagen: una de ellas la cuenta Francisco Antonio García de Rújula, en 1725, que recoge un relato de 1653 de Ojeda, que dice que dos mancebos acompañados de una señora enlutada entraron a la ermita a postrarse ante el cuadro y cuando el ermitaño iba a cerrarla encontró que no estaban los mancebos y al avisar a la Señora que se cerraba la ermita, encontró que había en su lugar una imagen de la Dolorosa. 

Otra versión, narrada en 1741 por Diego Nicolás de Heredia, refería que dos ancianos viajeros, naturales de Toledo y hermanos de la hermandad de las Angustias de aquella ciudad, llegaron a Granada y comunicaron  a los mayordomos que traían una imagen que sería el amparo de la ciudad. Aceptaron los mayordomos la imagen de la Dolorosa que colocaron en el altar de la ermita. La hermandad envió después una comisión a Toledo para agradecer la donación y supieron que aquella hermandad toledana no había enviado imagen alguna, ni se encontraron a los referidos ancianos. Estas versiones han tenido, a su vez, distintas variantes (2).    



   
             































Llega a Granada la imagen de la Virgen de las Angustias 


La llegada a Granada de la Virgen de las Angustias, su Patrona, para sustituir o complementar a la imagen pictórica y a la de bulto de que hemos tratado, ocurre, seguramente, en  los años entre 1553 y 1565 (3) Eran tiempos de reinado de Felipe II, monarca que como otros miembros de la familia real, como D. Juan de Austria que se inscribió como hermano, parece que estuvieron relacionados con la hermandad granadina.


En 1569, Felipe II, puede que a petición de su hermanastro D. Juan de Austria, que vino al Reino de Granada a sofocar la rebelión de los moriscos, donó a la hermandad unos terrenos contiguos a la ermita, para construir una iglesia más capaz, dado el incremento que había experimentado la devoción a la imagen y prohibió al Ayuntamiento molestar a la hermandad en el uso de la licencia para construir la iglesia y casa para los pobres (3).

“El señor Don Felipe II, por Real Cédula de 21 de octubre de 1569, dignose hacer donación de todo el sitio que hoy ocupa ese Templo”
Este sería el segundo templo donde se veneró a la Virgen de las Angustias y creemos que estaba en las inmediaciones de la antigua ermita, si no es que estaban en el mismo lugar, aproximadamente.


La imagen presentaba una iconografía muy distinta al conjunto que hoy conocemos, que fue elaborándose a lo largo de los dos siglos siguientes; si bien, a principios del siglo XVII, básicamente, ya se apreciaba el conjunto escultórico con el Cristo en su regazo, aunque la Virgen aún llevaba las manos sobre el pecho.

La imagen estaba primitivamente exenta del Cristo, aun lo está, pues la imagen de Jesús muerto está sobre una mesa, ambos sobreañadidos en los años posteriores del el último cuarto del siglo XVI. Es una Dolorosa con saya pintada en la madera y sobrevestida.

La profesora Isla Mingorance apunta la posibilidad de que la imagen pudiera haberla realizado Gaspar Becerra por presentar características asociables a dicho escultor (5). También, Sánchez Saravia relata en su obra dedicada a la Virgen de las Angustias el encargo de la Corte de Felipe II a Becerra de tres Dolorosas en 1564. Concretamente su esposa, la reina Isabel de Valois, había traído un cuadro de Francia con una Soledad, de la que era devota, y encarga una similar de bulto al escultor para donarla a los religiosos Mínimos de la Victoria. Becerra realizó tres cabezas de Dolorosa, de las que se escogió la de la Soledad de Madrid, después destruida en la Guerra Civil de 1936. La imagen de esta Soledad fue vestida, imitando las vestiduras de la condesa viuda de Ureña, camarera de la reina, atuendo que se seguiría, desde entonces, para vestir las imágenes Dolorosas de la Virgen en toda España (6). Esta Soledad, en 1567, ya contaba con una hermandad de culto, que curiosamente se va a llamar Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y Angustias ¿influiría en ello algún contacto con la hermandad granadina? 

De las otras dos Dolorosas deshechadas no se sabe su paradero y bien pudiera ser una de ellas la Virgen de las Angustias, dadas las relaciones con la Corte que mantenía la hermandad de la Virgen de las Angustias.



En esta fotografía de D. Elías Tormo de la imagen de la desaparecida Soledad de los Mínimos de Madrid, de Gaspar Becerra, se puede apreciar la gran similitud en el rostro con la Patrona de Granada. Esta efigie de la Virgen madrileña, efectivamente, da crédito a la posibilidad de que nuestra Patrona sea una imagen salida de la gubia del citado escultor baezano.

Finales del siglo XVI

La hermandad de la Virgen de la Angustias, que posiblemente realizara prácticas penitenciales desde su fundación, las va a institucionalizar a mediados del siglo, procesionando, tal vez, el primitivo cuadro y, posteriormente, la imagen arrodillada a la que dio culto antes que a la imagen definitiva, que procesionaría hacia la mitad de la década de los años sesenta del siglo XVI.

Esta hermandad de disciplina practicaba en la procesión la flagelación de sus hermanos como penitencia pública, que normalmente se realizaba con flagelos en cuyo extremo contaba con unas bolas en la que tenían incrustados algunos elementos lacerantes, como puntas de cristal o de metal. Luego, al regreso de la procesión las heridas serían curadas en el hospital de la Virgen con vino y esencias.



En esas décadas de finales del XVI, la imagen se presentaba como una Dolorosa en pie con las manos entrelazadas, sin la cruz y sin el Cristo en su regazo; éste se la añadiría, en el deseo de la hermandad de copiar del cuadro devocional, a finales del siglo XVI o principios del XVII. En el inventario de 1614, ya aparece la imagen de Jesús yacente en su regazo (sobre la mesa colocada delante de la imagen erguida y disimulada con los ropajes).

La hermandad pronto tuvo la necesidad de contar con una imagen de Cristo Crucificado para la estación de penitencia del Jueves Santo, acudiendo a pedirlo prestado a otras iglesias o conventos. Este inconveniente de no contar con imagen de Cristo propia hizo que la hermandad, en el cabildo de abril de 1582, decidiera encargar una imagen de Cristo Crucificado. 


Tradicionalmente dicha imagen se ha venido atribuyendo a Pablo de Rojas, que trabajaba en Granada, desde 1579, en el taller del escultor Rodrigo Moreno. Esta autoría, no justificada documentalmente, sino por razones de estilo, creo que hoy se puede, por las mismas razones, dudar de la misma. Presenta, a mi juicio, rasgos cercanos a los Crucificados renacentistas granadinos y a otros antequeranos de Diego de Vega, probable discípulo de Moreno; el cráneo es poco achatado y el rostro es más alargado que los posteriores de Pablo de Rojas; tampoco, alcanza el "contrapposto", más o menos acusado, que imprimirá a muchas de sus imágenes. Rojas, si realizó esta imagen (de las muchas de Crucificados de diversas características que se le atribuyen), experimentó, después, una evolución muy significativa de su estilo, lo que no es descartable, pudiendo ser éste el primer Crucificado que realizara. En la imagen, aún se aprecian, a mi juicio, resabios siloescos, probablemente presentes en el estilo de su maestro Rodrigo Moreno (del que poco se conoce), que pudiera haber dirigido la obra, si no es que interviniera directamente en la misma. 





Por lo tanto, la imagen del Crucificado de las Angustias es anterior a la del Cristo yacente en el regazo de la Virgen, que como se ha dicho, se añadiría a finales del XVI o principios del XVII.

En ese camino, en el que progresivamente se va imitando el cuadro de la primera devoción a la Virgen, se le articularían unas manos para abrir los brazos, mostrando a su Hijo. Y parece probable, que llevase palio incorporado a las andas, antes de la creación del cuerpo de palieros en el siglo XVII; así, al menos se nos presenta en una litografía. 


Grabado en Casa de los Tiros

Unos años después, en 1586, la hermandad encargaría a Pablo de Rojas la imagen de un Nazareno para procesionarlo como tercer paso en la estación de penitencia. La documentación de este Nazareno, como un Pablo de Rojas, está en el documento contractual que ese mismo año firma con la hermandad de penitencia la de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo del convento de la Trinidad en la que, entre unas de sus condiciones, estaba la de realizar la imagen análoga a la de la iglesia de las Angustias (7)



Con la llegada del gusto barroco, a la imagen se le añadiría una peluca de pelo natural, que fue suprimida hacia 1936 por una tallada, realizada por el escultor Martín Simón; también al gusto barroco se sobrevistió a la imagen con una túnica bordada en hilo de oro. La Hermandad del Santo Vía Crucis la sacó procesionalmente de los años 1940 a 1943 y 1945 y 1946 (8).

No sólo contaría la hermandad con estas imágenes para procesionar o darle culto, pues en los inventarios y descripciones del templo se sabe, que también tenía las imágenes de San Juan Evangelista  y de la Magdalena - a ésta se le dedicó una de las capillas de la iglesia, según inventario de 1769- (9) y pudieran ser las imágenes que hoy están en la capilla del Cristo de los Pastores. También daba culto la hermandad a las imágenes titulares Santa Úrsula y Santa Susana (hoy en la iglesia de Santa María de la Alhambra, donde se llevó el primitivo retablo, al realizar el de jaspes).

No le afectaron a la hermandad las prohibiciones o reducciones de cofradías, decretada, primeramente, por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quinoñes en 1597. La antigüedad de la hermandad y la devoción a la imagen, así como, la corrección de su estación de penitencia, harían que se salvara de esta reducción y de la que más tarde, en 1631, decretaría el provisor y vicario general del arzobispado, D. Juan Palacios en tiempos del arzobispo D. Miguel de los Santos. 


Sobre 1635


La Hermandad en el siglo XVII

El arzobispo de Granada D. Pedro de Castro y Quiñones hizo introducir el Santísimo en la iglesia, a fin de que se erigiera en parroquia, para cortar la pretensiones de los agustinos de establecer allí su convento (10). Pero será el siguiente prelado, fray Pedro González de Mendoza, quién elevó aquella pequeña iglesia a la categoría de parroquia, en 1610, con la anuencia del hermano mayor de entonces, Melchor de Espinosa y del mayordomo, Juan Sánchez, para evitar el asentamiento en el templo de algunas órdenes religiosas que lo pretendían (11)

Inmediatamente, en 1612, se solicita el carácter de sacramental, pidiendo se apruebe la regla, inspirada en las constituciones de la Hermandad del Santísimo del Sagrario de la Catedral. En el cabildo de 14 de mayo de dicho año aprueba la regla de la Sacramental y se envía al arzobispado, para su ratificación (12).

Ello, no obstante, la instalación de una parroquial en la iglesia derivó con el tiempo en una serie de conflictos entre los beneficiados y párrocos con la hermandad.

Dichos conflictos, derivados la mayor parte de ellos por la propiedad de la iglesia y terrenos circundantes o del uso de determinadas dependencias y elementos de la iglesia, largos para tratar en este trabajo, no fueron muchos de ellos propicios para la hermandad, aunque  algunos sí lo fueran; la autoridad eclesiástica, por razones evidentes, se imponía a las pretensiones de la Real Hermandad, que no dejaba de invocar el carácter de estar gozando de la protección de la Casa Real, para reforzar sus pretensiones e, incluso, pretender estar exenta de la jurisdicción eclesiástica. 

Es más, en 1614, se funda la Esclavitud de Ntra. Sra. de las Angustias, seguramente propiciada por los  beneficiados y párroco para hacer de contrapeso a la Real Hermandad y con la que ésta no dejó de tener sus conflictos, como el de 1728, por pretender la Esclavitud solar con jaspes la iglesia o el de 1746 por la petición de limosnas . No obstante, será esta Esclavitud, con miles de hermanos -en algunas épocas llegó a sobrepasar los 4.000-, extendiéndose con el tiempo fuera del ámbito de la ciudad, por los pueblos de la provincia y de las limítrofes, la gran impulsora de la devoción a la Virgen de las Angustias (12).


Nazareno de las Angustias

Durante el siglo XVII, fue cuando el conjunto iconográfico de Ntra. Sra. de la Angustias se va depurando y enriqueciendo, aunque algunas adiciones importantes se presenten en el XVIII, hasta quedar de una forma similar a como hoy lo conocemos. Los brazos quedan extendidos presentando al Cristo que lleva en su regazo y, en 1640, se le añade la media luna de plata, realizada por el platero Diego Romero y la cruz tras de la imagen, que en principio era de madera pintada en verde, le fue sustituida por la de orfebrería de plata que hoy ostenta, realizada por al platero Juan Jiménez Escobar, si bien, a la antigua cruz se la siguió venerando en un altar de la iglesia. 

Nuevos atributos se le añaden a partir de mediados del siglo XVII: en 1655, ya tenía la imagen siete espadas de orfebrería clavadas en su pecho y un corazón de plata, pues ese año en una entrega de enseres que realiza el sacristán Domingo de Gandía al hermano mayor, Francisco Fernández de Aguilar, se encontraban ya dichas piezas:

(…) un coraçón de plata grande gravado con siete cuchillos y una corona que está puesta en la Santa Ymagen de ntra. sra. de las Angustias” (13).
También, en el último tercio del siglo XVII, el arzobispo Fray Bernardo de los Ríos regala a la Virgen su cruz pectoral, que la va a llevar sobre una beca en forma de V.




La imagen primitiva del Cristo, yacente en su regazo, se le cambiará por otra antes de 1616, que va a mantener hasta fecha anterior a 1698, en la que en los grabados aparece con una tercera imagen. Ese año de 1698, se le regala a la Virgen el primer manto bordado conocido como el de las Estrellas con el que aparece en el grabado de dicho año.

Otra institución importante llevada a efecto por la Real Hermandad fue la erección del Hospital de la Virgen, que parece que abrió sus puertas en 1645, que se reedificaría algunas décadas más tarde, en 1673, al construirse el tercer y definitivo templo, el que hoy conocemos.

Dicho templo, en estilo barroco, hoy constituido en Basílica Menor, se empezó a construir en 1663, en tiempos del arzobispo don José de Argáiz, para finalizarse en 1671, según traza de Juan de Rueda Alcántara, maestro mayor de la Alhambra, y dirigida por Juan Luis de Ortega (14), cuya decoración de la portada, plenamente barroca, la realizaron los escultores Bernardo de Mora y su hijo José de Mora, a quienes se debe la bella efigie de Ntra. Sra. de las Angustias de dicha portada.


Imagen de la portada de la Basílica de Bernardo y José de Mora, hacia 1671

De la anterior iglesia se aprovechó, en principio, el retablo ampliado en 1619 y, tras diversas reformas, se completó, en 1671, con la terminación del nuevo templo. Pocos años duraría después, pues en el siglo XVIII se sustituiría por el actual y monumental retablo de jaspes.

Por esos años, ante la iglesia se realizó una monumental fuente, costeada por el hermano mayor, Conde de Montezuma y por el mayordomo, Joseph Vélez de Sotomayor, que desgraciadamente desapareció con la ocupación francesa en 1812.




La Hermandad en el siglo XVIII


El auge de la devoción a Ntra. Sra. de las Angustias había convertido a la imagen en el principal fervor de la ciudad, que acudía a Ella en los momentos de zozobra (epidemias, sequías, terremotos o guerras), más aún que a la que era entonces Patrona oficial de Granada, Ntra. Sra. de la Antigua. Prueba de ello, era la construcción de un nuevo templo y el enriquecimiento del mismo, producto de devotas donaciones y copiosas limosnas.

Paralelamente crecía en número, influencia y extensión territorial la Esclavitud de la Virgen, que tuvo que reformar sus reglas en 1703 (las fundacionales se aprobaron el 18 de noviembre de 1615). La Esclavitud se había extendido no sólo por la provincia de Granada, sino también, por las provincias limítrofes.


Calcografía de 1704 que figura en las Reglas de la Esclavitud


En estas reformas de 1703, refuerza el carácter de hermandad rosariana, mandando a los esclavos que practicarán el rezo del Santo Rosario en casa y públicamente en la iglesia de las Angustias.

Estaba regida por el Hermano Menor y el Mayordomo, que cada mes nombraban seis esclavos para que los asistieran en los cultos y marcha y desenvolvimiento de la Esclavitud. Acentúa su carácter de hermandad de sufragios por los esclavos difuntos, a los que se acompañaba en sus entierros con seis cirios y celebración por sus almas de un rosario y ejercicios espirituales en el domingo o fiesta siguiente a su fallecimiento y se aplicaba por el alma de los difuntos una misa cantada los terceros domingos de cada mes (16).

La Esclavitud celebraba su función principal en la Pascua del Espíritu Santo y elecciones el Domingo de la Santísima Trinidad.




La Esclavitud mandaba que se pusieran escudos de la misma en todas las puertas de las casas de los esclavos, considerado como distinción y honor el pertenecer a dicha Esclavitud. También, a ella se debe la costumbre, muy difundida entre los ciudadanos de Granada, de que al pasar por la iglesia de la Virgen se visitara a la misma, para implorar su protección. Esta costumbre aunque decaída en los últimos tiempos, aún se sigue practicando por muchos granadinos.

Construido el nuevo templo, las décadas siguientes se dedican por la Real Hermandad y por la Esclavitud de la Virgen de las Angustias a dotarlo de imágenes, retablos y otros elementos para su decoración, especialmente la construcción del camarín de la Virgen y del monumental retablo de jaspes o mármoles para albergar a la Santísima Virgen.

Asimismo, se produce una importante adición a la imagen de las Angustias por el escultor Pedro Duque Cornejo: las nuevas manos que le realiza dicho escultor, que son las que actualmente conserva. Dichas manos cambian la disposición de las antiguas, que mostraban o exponían la muerte del Cristo en su regazo, a una actitud oferente del sacrificio de su Divino Hijo. 




Aprovechando la estancia en Granada del escultor sevillano Pedro Duque Cornejo (1714-1718), la Esclavitud encarga las excelentes imágenes del Apostolado, que están en la nave de la iglesia y por dichas fechas haría, asimismo, las manos de la Virgen.

Como antes se ha manifestado la relación de la hermandad con la Casa Real venía desde tiempos cercanos a la fundación de la misma, pero va a ser en 1747, cuando en el cabildo general de 1 de octubre, se nombrará al rey Fernando VI y a sus sucesores en la Corona, hermanos mayores perpetuos de la Real Hermandad, aceptado por Real Cédula. Dos cuadros del rey y de sus esposa Dª. Bárbara de Braganza se encuentran en la Basílica en recuerdo de dicho acontecimiento.

Desde finales del XVII y durante el siglo XVIII, múltiples muestras de la devoción a la Virgen de las Angustias se van localizando por toda la ciudad y provincia; rara es la iglesia que no va a contar con una imagen o cuadro de la Virgen; capillas y hornacinas callejeras se le dedicarán a Ella, además de otras privadas. Así, frente al Hospital de San Juan de Dios, tuvo una capilla y, otra, dentro del mismo, o la hornacina que estuvo en la calle Oficios, en el muro de la Capilla Real; o en la capilla del Pretorio o en la iglesia de San Andrés o en el pilar de la calle Elvira o en la misma Catedral, en el retablo que se realizó para el trascoro, hoy en una capilla del templo metropolitano, realizado sobre 1738-40 por Agustín de Vera. El escultor José Risueño, realizará a principios del XVIII, la Virgen de las Angustias que está en la plaza de Bibrambla en una hornacina detrás del Palacio arzobispal.

También, algunas hermandades se fundaron en la ciudad, como la formada en 1643 en torno a un cuadro de las Angustias, en la puerta de Bib-Almazán, que estaba a la entrada de la calle de Mesones, junto al convento de la Trinidad; después trasladada a dicho convento a una capilla callejera adosada al templo (17).

Numerosos privilegios y bulas papales y arzobispales se concedieron a la hermandad y devotos, entre ellos, la unión a la Archicofradía Romana de la Caridad.

En los momentos de graves crisis padecidas por la ciudad, múltiples rogativas se realizaban a la Virgen en solitario o conjuntas con las imágenes de más devoción de Granada, como San Cecilio, San Miguel o el Cristo de San Agustín, Sagrado Protector de la ciudad, que en ocasiones acudía al templo de las Angustias, como la de 1752. Antes, en mayo de 1635, la Virgen había acudido en procesión de sangre al convento de San Agustín a visitar al Sagrado protector con motivo de una terrible sequía, según nos cuenta Henríquez de Jorquera. Sería largo de relatar las numerosas procesiones a la Catedral para implorar la protección de la Virgen.

La procesión de penitencia del Jueves Santo, a mediados del siglo XVIII, había variado sensiblemente; ya no constituía una procesión de flagelantes, por haberse prohibido estas manifestaciones con los aires de la Ilustración; tampoco procesionaba todas las imágenes que en otros tiempos formaban varios pasos, la Virgen se iba convirtiendo, paulatinamente, en el único paso de la estación de penitencia, aunque en dicho siglo, normalmente nunca faltaba el Nazareno, al que en 1761 se le hizo una corona de espinas de plata cincelada, que estrenó ese año en la procesión y que fue realizada por el orfebre granadino Felipe Lechuga, de afamado taller de platería de la segunda mitad del XVIII (18)Al año siguiente (1762), se le confecciona una nueva túnica de tisú bordada en hilo de oro, terciopelo y felpilla color púrpura, así como nuevas andas de plata para la estación de penitencia.



El Nazareno, en ese siglo, y desde 1713, contaba con un cuerpo de horquilleros para sacar a la imagen cada vez que lo hiciera la Virgen en el Jueves Santo (19). 

Hoy conocemos las estaciones (nueve en total) que la hermandad realizaba en la tarde del Jueves Santo y podemos idear el itinerario seguido: por la Carrera del Genil iba a la Puerta Real, pasando bajo el arco de dicha puerta, en el que comenzaba la calle de los Mesones; a continuación pasaba por delante de la Casa de Comedias, situada después de la referida puerta y a la derecha de la misma; continuaba por esta calle hasta la iglesia de la Magdalena, situada entonces en la calle de Mesones, donde hacía la primera estación; la 2ª segunda estación se hacía en el templo de la Santísima  Trinidad, situado en la hoy plaza de este nombre, sede de la Hermandad de la Pasión; subiría por la calle de las Capuchinas, donde haría la 3ª estación y, de allí, entrar en la Catedral, donde realizaba la 4ª estación. Del templo metropolitano pasaba por Bibrambla y el Hospital de San Sebastián, en cuya iglesia, sede de la hermandad del santo, haría la 5ªestación y subiría por Zacatín a la calle de Elvira, donde haría la 6ª en la iglesia de San Gil (sede de la Hermandad del Santo Entierro y Tres Necesidades) junto a la plaza Nueva; después por Cuchilleros saldría a Pavaneras para hacer la 6ª estación en el gran templo del convento de San Francisco “Casa Grande”, sede de las hermandades de la Vera Cruz, Consolación, Tres Caídas y Jesús “El Pobre” y, a continuación, haría la 7ª estación en la parroquial de Santa Escolástica, sede de las hermandades de Ntra. Sra. del Socorro y del Tránsito, para dirigirse a Santo Domingo para hacer la 8ª estación, sede de las Hermandades de Ntra. Sra. del Rosario, de Ntra. Sra. de la Esperanza y de la Venerable Archicofradía del Cristo Crucificado, Santa Cruz y Ntra. Sra. de la Encarnación y Ánimas Benditas del Purgatorio (20). Ya de regreso haría la 9ª estación en la parroquial de San Matías para, desde allí, dirigirse a su templo de la Carrera del Genil.   




El camarín y el nuevo retablo de jaspes


El camarín de la Virgen se empieza a construir en 1703, con dos antecámaras laterales, cuyo conjunto se finaliza en 1742 y en el que intervendrán varios artistas (Juan de Mena, fray Baltasar de la Pasión, Hurtado, Beltrán y Aranda) realizado en mármoles de Sierra Nevada, Macael, Cabra e Íllora.

En 1728 se comienza a realizar el famoso retablo de jaspes barroco por Marcos Fernández Raya, que concluirá en 1734, entre cuyas imágenes no se olvidará la de San Lorenzo, un recuerdo al benefactor de los primeros tiempos de la hermandad, el rey Felipe II, devoto del Santo, pidiéndose permiso, por pertenecer al Patronato Real, a Felipe V, para quitar el antiguo y trasladarlo a la iglesia de Santa María de la Alhambra. 

El arzobispo se había opuesto a que el retablo fuera de mármoles y después de reclamar ante la Real Cámara, no consiguió su propósito. En 1760 estaba totalmente terminado y dispuesto para recibir a la Virgen, cosa que se realizó en los días 12 y 13 de marzo de ese año. El día 12 la Virgen fue llevada en procesión a la Catedral, para un solemne pontifical y el día 13 otra de regreso a su templo para ser entronizada en el nuevo camarín y retablo. Unos días después, el Jueves Santo, realizó la estación de penitencia.



Retablo de la Virgen  (1728-1752). Foto de José Antonio Fernández 

Hasta finales del siglo XVIII, grandes fueron las donaciones a la Virgen de joyas, coronas, alhajas, que inundan materialmente su peto y mantos, como el donado en 1757 por la Duquesa del Infantado y de Pastrana o el de 1794 por el obispo de Cádiz, don Antonio Martínez de la Plaza, de terciopelo negro bordado en oro y toldilla de igual color, también bordada en oro. Coronas, como la de oro donada por el Mariscal Domingo Cerviño o la venera de oro y brillantes del Conde de las Lomas.

Durante el siglo XVIII se va culminando el proceso de la creciente devoción que convirtió a la imagen en Patrona de hecho de la ciudad de Granada; de derecho aún lo seguía siendo Ntra. Sra. de la Antigua, que también conservaba su devoción, prueba de ello, es el magnífico retablo que se le hizo a principios de ese siglo en la catedral, cuyas imágenes la realizó Pedro Duque Cornejo.



Nuestra Señora de las Angustias en el siglo XIX

Con dos acontecimientos luctuosos comienza este siglo: la epidemia de fiebre amarilla y la Guerra de la Independencia contra el poder napoleónico. Se celebra una función en septiembre de 1804 ante la Virgen de las Angustias de la Catedral y parece que también fue llevada allí la Patrona en rogativa para el cese de la epidemia.


En 1808 las tropas francesas invaden España y la Virgen se pone en andas para hacerla más accesible a los devotos, también la Junta Suprema de Gobierno le concede un bastón de mando y el fajín de general. Después fue trasladada a la Catedral en multitudinaria procesión de rogativa para el cese de la guerra y las tropas mandadas por el general Reding, antes de partir, acuden al templo a postrarse ante la Virgen de las Angustias.
Antes de la invasión de Granada en 1809, vuelve a trasladarse a la catedral, junto con el Arcángel San Miguel, celebrándose múltiples rogativas con las imágenes de más devoción, como la Virgen del Rosario, San Cecilio, el Señor de los Dolores de Santa Ana o el del Mayor Dolor del convento de San Antonio o el Niño Jesús de Granada y al Cristo de San Agustín se le dedica una novena, en su convento de los agustinos. No fueron las únicas imágenes con procesiones de rogativa (El Cristo de los Trabajos del Sagrario, el del Pretorio o el Nazareno,la Virgen de la Soledad de San Antón o el Nazareno de la Pasión del Convento de la Trinidad) (22).

El párroco de las Angustias, don Mariano Sicilia, consigue del general Sebastiani, que no sean sustraídas las alhajas, bienes y documento de la hermandad y con el producto de muchas de ellas realiza la actual sacristía sobre parte del cementerio de la parroquia.

Terminada la guerra y normalizada la situación la hermandad de la Virgen, vuelve a realizar sus estaciones de penitencia del Jueves Santo (en algunas ocasiones lo hará el Viernes Santo) y se produce una reorganización de la Real Hermandad y de sus diversos cuerpos, como los horquilleros y palieros; asimismo la Esclavitud es absorbida por la Real Hermandad.

Baste decir, por no hacer interminable el relato, que durante todo el siglo XIX, son numerosísimas las ocasiones (terremotos, guerras, sequías, inundaciones y epidemias) en las que el pueblo granadino acude a la Virgen en funciones, rogativas y procesiones para implorar su protección.


La Virgen en el siglo XVIII con el manto de la Duquesa del Infantado

Después de la Guerra de la Independencia y de los conflictos sociales y políticos van a desaparecer por diversas circunstancias la gran mayoría de la hermandades de penitencia de Granada. Sólo quedarán tres de ellas con vida: la Hermandad de la Soledad, la del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades y la Real Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, que, según las circunstancias, realizarán o no sus estaciones de penitencia en Semana Santa y cuyos pormenores son difíciles de relatar, dadas las limitaciones que nos proponemos en este trabajo.

Hecho memorable ocurrido en este siglo, que constituía una reafirmación de la protección que la Casa Real española había tenido siempre con la Real Hermandad, fue el regalo de una corona de oro para la Virgen que la reina Isabel II, como hermana mayor perpetua, le obsequió en virtud de la Real Orden de 17 de marzo de 1847, si bien, la soberana remitió además una carta autógrafa a la Real Hermandad con la corona (23). También la Real Hermandad en 1857, al entrar la reina en su octavo mes de embarazo, puso en andas la Virgen para implorar un feliz parto.

La Reina en su visita a Granada en 1862, fue a postrarse ante la Virgen de las Angustias y, posiblemente, por esas fechas realizara la donación de una nueva imagen de Cristo Yacente para la Virgen, que es el que actualmente lleva. Sería la cuarta imagen de Cristo que a lo largo de la historia se ha venerado junto a Nuestra Señora. 

De esa visita, entre otras donaciones, puede corresponder el manto que la Reina le regaló a la Virgen y que luciría sus salidas procesiones de aquellos años (24).


Manto de la Duquesa del Infantado y Pastrana de 1757, restaurado por Jesús del Arco y Álvaro Abril en 2013.


Manto de los gusanitos de 1920



Baste señalar, que toda aquella explosión de devoción a la Virgen de las Angustias en este siglo y los anteriores conducirá a que la imagen sea proclamada Patrona oficial de la ciudad y de la archidiócesis de Granada. 

A partir de mediados del siglo XIX,  la procesión de penitencia del Jueves Santo se transformará en una verdadera procesión gloriosa, con luminarias, cohetes y otros fuegos de artificio, más bien de homenaje a una patrona que de un acto penitencial, quizás ello motivó de que la hermandad trasladara la procesión al Domingo de Resurrección.

Y llegarán los años de la década de los ochenta de ese siglo, concretamente en 1887, para que se comiencen las diligencias para solicitar de la Santa Sede la proclamación de la imagen como patrona oficial de Granada, lo que se hace por rescripto de 30 de abril de 1887, en el pontificado de León XIII, que no es comunicado hasta el mes de marzo de 1889, en que, además, se manda que la festividad y procesión se trasladen a la tercera dominica de septiembre, desde cuyo año los cultos de novena y procesión se celebran en dicho mes, abandonando la Real Hermandad su carácter penitencial.

Las fiestas de proclamación como Patrona rayaron en el delirio, según el diario El Popular, la Virgen fue trasladada a finales de abril en procesión multitudinaria a la Catedral, para celebrar por el arzobispo un triduo en su honor y regresó a su templo el día 30 de dicho mes, acompañada de la imagen de San Cecilio, Patrón de Granada.

Una señorita granadina, María Dolores Flores, confeccionó dos grandes ramos de pensamientos y rosas para que los luciera la Virgen en esas fiestas de proclamación y que serán los que la Virgen saque en su paso durante los años finiseculares.

A partir de entonces, no cesarán los donativos para ofrecer a la Virgen un nuevo y grandioso manto costeado por el pueblo granadino, el  llamado Manto del Pueblo, que fue bordado en el Beaterio de Santo Domingo, bajo la dirección de Sor Dolores de Rueda y estrenado en la salida procesional del día 17 de septiembre de 1899 (25)


MANTO DEL PUEBLO 1899

La Coronación Canónica

No se contentó el pueblo granadino con tenerla como patrona oficial, de hecho ya la consideraba así desde dos siglos antes, y, en 1912, comienzan los trámites para su coronación canónica. El arzobispo Meseguer y Costa asumió la idea con entusiasmo, reuniendo a los mayordomos de la Real Hermandad en Palacio para discutir los proyectos, Comisión de Coronación y acciones necesarias para la misma.

El 30 de abril la Sagrada Congregación de Ritos emite el informe favorable y el Papa Pío X da su Breve de aprobación. Una actividad febril a todos los niveles invadió a Granada cuando se conoció el Breve Pontifico. La ciudad se prepara para el acontecimiento y los talleres de casi todas las actividades aumentaron sus encargos, pues miles de personas se preveía que acudirían a Granada para presenciar la coronación.

Una póstula pública se inicia para costear la grandiosa corona, reuniendo incontables joyas para realizarla de oro y piedras preciosas, encargándose la presea en estilo Renacimiento al orfebre italiano Marabini, que consiguió una corona de inigualable belleza y singular personalidad, a la altura de tan exaltada devoción a su Patrona profesada por los granadinos. 




El día 20 de septiembre de 1913 toda la ciudad apareció engalanada y se montaron tribunas en Puerta Real para que más de 500 invitados presenciaran la Coronación, entre ellos, la Infanta Isabel "La Chata", tía de Alfonso XIII, acompañada de damas nobles, de Grandes de España y de obispos de la archidiócesis.

Un inmenso gentío de granadinos y forasteros invadió la Puerta Real, donde hasta en los tejados de los edificios estaban ocupados por personas cuando apareció la Virgen en sus tradicionales andas. Los coros entonaban el O Gloriosa Virginem, mientras era colocada la Virgen de las Angustias en el podium de coronación. 



La Infanta Isabel "La Chata" en la Coronación

El arzobispo, con otros obispos, subió la escalinata para acceder a la imagen, besó la mano del Cristo de su regazo y despojándose, como acto inesperado, de su riquísimo pectoral se lo impuso a la Santísima Virgen de las Angustias, así como, su anillo pastoral con una preciosa amatista, que colgó de uno de sus dedos de la Virgen. Acto seguido, bendice la corona y, con ella, a la multitud, procediendo a colocarla en las sienes de la Virgen, asegurándola con el tornillo que llevaba un topacio, mientras los coros entonaban el “Regina Coeli”. Atronadores cohetes, palmas reales, salvas de artillería, ensordecedores aplausos y vivas inundaron aquel gran espacio. A su vez, las campanas de todas las iglesias tocaron a rebato, mientras la Virgen se llevaba a la Catedral en procesión gloriosa. 


La Virgen de las Angustias entrando en Puerta Real para coronarse. 1913.
Toda Granada era una fiesta hasta bien entrada la madrugada en el regreso de la Virgen hacia su templo, haciendo estación en la Basílica de San Juan de Dios y 200 banderas de la Adoración nocturna la recibieron en Puerta Real, antes de entrar en la Carrera de la Virgen para entrar en su templo. 




Granada fue una de las primeras ciudades españolas que contó con su Patrona coronada. Largos siglos habían transcurrido, forjando una devoción que a veces rozaba el delirio. Bajo su manto nos hemos refugiado los granadinos en las más diversas adversidades, tanto públicas como privadas; ni aún en tiempos de crisis religiosa Granada ha dejado de acudir a su amparo y ha estado presente en su llamada de cada último domingo de septiembre, llenando las filas de su procesión, donde miles de personas toman su vela para acompañarla en el recorrido, que cada año se une la cabeza con la cola de la procesión.


MAGNA MARIANA 2013


LA VIRGEN PARA RECIBIR LA MAGNA MARIANA



Con la Coronación finalizamos nuestro relato. Tan sólo añadiremos algunos acontecimientos más importantes desde entonces a nuestros días, como el incendio de su camarín, en 1919, acudiendo Granada en masa a salvar a la imagen de su Patrona; la declaración de su templo como Basílica Menor en 1922; la magna procesión de las patronas de la archidiócesis, en 1954, que vinieron con sus pueblos hasta la Puerta Real, donde fueron recibidas por la Virgen; los esplendorosos actos del Centenario de la Coronación, en 2013, y el grandioso epílogo de estos actos, que fue la procesión Magna Mariana, con todas la Vírgenes de Semana Santa, en sus pasos de palio y significativas patronas de muchos pueblos, colofón esplendido del Centenario. Todo ello, sin olvidar los rosarios de la Aurora que se han celebrado con la Virgen de las Angustias en cada ocasión de un importante acontecimiento religioso.


Otra imagen de las Angustias, también coronada en el año 2000, sustituirá a la Patrona en Semana Santa, la bella efigie de Ntra, Sra. de las Angustias de la Alhambra, primero con su hermandad devocional, en la procesión del Santo Entierro Antológico (1909-1924) y, después, a partir de 1928, con su hermandad de penitencia, que también saldría el Jueves Santo hasta hace unas décadas, que la cambió al Sábado Santo.


Ntra. Sra. de las Angustias de la Alhambra de Torcuato Ruiz del Peral, hacia 1750.


Angustias de la Alhambra



Angustias de la Alhambra a su salida de la Catedral. Foto A. Guzmán Úbeda


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1. GUTIÉRREZ GALDÓ, Juan. La advocación de Nuestra Señora de las Angustias en la Semana Santa de Granada. Revista "Gólgota" de 1989, p. 166. PADIAL BAILÓN, Antonio, Antiguas hermandades penitenciales de la ciudad de Granada. Las Angustias y Transfixión de Ntra. Sra.y las Santas Úrsula y Susana, págs. 47-49, Revista "Gólgota"nº 36.Sept. 2007.

2. HITOS, Francisco A. Páginas históricas de Ntra. Sra. de las Angustias, Patrona de Granada, págs. 35 a 37. Burgos 1929.

3. ISLA MINGORANCE, Encarnación. La Virgen de las Angustias I, el conjunto escultórico, p. 32. Granada, 1989.

4. LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis. Las ordenanzas de la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias en el siglo XVI. págs. 381-415, Chronica Nova, 17 (1989) y SÁNCHEZ ARCE Y PEÑUELA, A, Memoria sobre la aparición de María Santísima de las Angustias...Granada, 1949, p. 22.

5.  ISLA MINGORANCE, Encarnación, op. cit. p. 36.

6.  SÁNCHEZ DE MADARIAGA, Elena.  La Virgen de la Soledad, la difusión de un culto en el Madrid barroco. La imagen religiosa en la Monarquía hispánica. Usos y espacios. Casa de Velázquez. ISBN 978-84-96820-12-8.

7. GALLEGO Y BURÍN, Antonio, José de Mora, p. 45. 1925. UGR. serie Archivum. Granada 1988.

8. PADIAL BAILÓN, Antonio, La Semana Santa de Granada a través de la Federación de Cofradías, p.148. Grannada 2002.


9. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 90 R, pieza 22.

10. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 6 f,( a), pieza 15.


11.  LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis y Juan Jesús. Nuestra Señora de las Angustias y su Hermandad en la época moderna, págs. 71-72. Granada, Editorial Comares 1996.

12. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 6 f,( a), pieza 15.

13. El citado archivo, legajo 108, pieza 2.


14. LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis y Juan Jesús, op. cit, págs.135-136.


15. El citado archivo, legajo 6 f, b, pieza 3.

16. Reglas de la Esclavitud, Archivo Histórico del Arzobispado, legajo 108, pieza 5.


17. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 108 f, pieza 28.


18. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis, op. cit. Pág. 69. Libro de cabildos de la Hermandad de 26 de marzo de 1762, fol. 42.


19. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 6 f (b), pieza 1.

20. El citado Archivo, legajo 23 f, pieza 2.

21. El citado archivo, legajo 108, pieza 8.

22. El citado archivo, legajo 222, pieza s/n.

23. El citado archivo, legajo 6 f,a, pieza 4.

24. El Defensor de Granada de 27 de septiembre de 1890.

25. Revista La Alhambra de 15 de agosto de 1899.