sábado, 21 de febrero de 2015

REAL HERMANDAD DE LAS ANGUSTIAS Y TRANSFIXIÓN DE NTRA. SRA. Y SANTAS ÚRSULA Y SUSANA






Antonio Padial Bailón


La Hermandad de la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada, fue la segunda hermandad que se fundó de las penitenciales granadinas, detrás de la Vera Cruz.

Este trabajo, que sin duda sólo será una síntesis de la dilatada historia de la hermandad, sobre la que se han escrito numerosos libros y publicaciones de todo tipo, pretende llevar al conocimiento, de forma sencilla y extractada, los aconteceres más significativos de su historia, tan ligada a la de la misma ciudad. 
         
La aparición de la imagen está envuelta en la bruma de la leyenda. Lo que sí parece cierto, es que en el paraje cercano al río Genil, llamado de las Tinajerías, cerca del Humilladero, parece que existió un morabito musulmán, que a la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos fue sacralizado y convertido en una ermita dedicada a las Santas Úrsula y Susana, que ya, en 1501, era ayuda de la parroquia de San Matías. 

Hay versiones que dicen que la ermita y un cuadro, inicio de la devoción, los donó la reina Isabel la Católica por las angustias que había padecido en el famoso laurel de la Zubia, dónde hubo de esconderse al ser sorprendida por un grupo de soldados nazaríes en la batalla de dicha localidad; lo cierto es, que en este caso, el voto de la reina fue a San Luis, dedicándole el convento franciscano de la Zubia.




Los inicios de la devoción

La Reina Católica llevaba en su equipaje, en la campaña bélica contra el Reino de Granada, una serie de imágenes de escultura y pintura, que ayudaran en el inicio de la cristianización del reino musulmán; otras muchas imágenes las encargaría la Reina Isabel a principios del XVI a Ruperto Alemán y otros, para las mezquitas que se habían sacralizado. 

Dicha campaña se había concebido, no sólo con la misión de completar la unidad política de España, sino también con la idea de que fuera una Santa Cruzada en Occidente, que extendiera el Evangelio entre la población musulmana de las tierras reconquistadas. Por ello, se sacralizaron mezquitas y morabitos, dedicándolos al culto de Jesucristo, de la Virgen y de los Santos. 

En dicha ermita-morabito, la reina dejó una tabla de la Piedad o Quinta Angustia, es decir, de María al pie de la Cruz con su Hijo en el regazo, realizado por su pintor personal Francisco Chacón. Este cuadro, junto al donado a la iglesia de San Juan de los Reyes sobre el mismo tema, serían los que iniciarán la devoción en Granada a la Virgen de las Angustias.


Cuadro de Francisco Chacón, que se colocó en la ermita del Humilladero, después en los Escolapios y hoy en el Museo

La ermita, situada en la vega que rodeaba la ciudad, era objeto de visita devocional por parte de los labriegos de la zona, que en ella se detenían a rezar, cuando iban y venían de sus labores agrícolas.

Unas décadas después del depósito del cuadro en la ermita, se va a formar la hermandad devocional entre los hortelanos, probablemente unos años antes de la aprobación de sus constituciones. En el Archivo de Simancas existe una Bula de 1536 concedida por Paulo III, otorgando privilegios a los cofrades que practicasen la caridad y penitencia; ello nos da idea de que la hermandad estaría fundada ya en esa fecha, aunque no aprobada canónicamente (1).  

Pero la aprobación canónica de sus constituciones se realizará en tiempos de arzobispo D. Fernando Niño de Guevara, el día 26 de octubre de 1545, por veinte hortelanos de la Vega. En la vitola que inicia el Libro de Reglas aparece una imagen arrodillada de la Virgen con manto y saya color celestes y siete espadas clavadas en el pecho, representativas de los Siete Dolores, que nos indica, junto con los inventarios de la hermandad, que ésta adquirió una imagen de bulto, seguramente, para cultos y práctica procesional. 

Esta imagen genuflexa la conservó la hermandad durante bastante tiempo; según el escultor Diego Sánchez Saravia, que pudo contemplar la imagen, aun existía a mediados del siglo XVIII y nos relata que era de 1,26 cm. de altura y que había sido muy retocada a lo largo del tiempo, adaptándola a los gustos barrocos con ojos de cristal y otros postizos. Esta imagen, según la profesora Dª. Encarnación Isla, por testimonios literarios y pictóricos, estuvo como imagen procesional o secundaria entre 1553 y 1565.


  

Por la Bula a la que hemos hecho referencia, la hermandad realizaba prácticas penitenciales para ganar los privilegios papales, seguramente no públicas, sino delante del cuadro inicio de la devoción o de la imagen de bulto. Pero la adquisición del carácter penitencial, como cofradía de disciplina y sangre, se lleva a efecto en 1556, con la modificación de sus reglas, para hacer estación pública el Jueves Santo en nueve templos (La Magdalena, en calle Mesones, la Trinidad, Catedral, San Gil, San Francisco "Casa Grande", Santa Escolástica, Santa Cruz la Real, San Matías y su propio templo). Probablemente, la procesión de Semana Santa la vendría practicando unos años antes extraoficialmente. Dos procesiones, que sepamos, se realizaban en ese tiempo en Semana Santa: la Vera Cruz y las Angustias. La tercera más antigua, la Soledad, se fundará cinco años después, en 1561.  

Pero la imitación, lo más cercana posible al cuadro inicio de la devoción, llevaría a la hermandad a querer contar con una imagen de bulto que representara el momento, en que Jesús descendido de la cruz, reposa en el regazo de la Virgen. Sin embargo, este muy probable deseo de imitar la iconografía del cuadro inicio de la devoción se irá forjando en años posteriores sobre la base de una Dolorosa inhiesta a la que se le añade la imagen yacente de Cristo. No es ésta una escena que relaten los Evangelios, sino fruto de la tradición popular, como popular era esta devoción iniciada en la ermita.  

La leyenda de la imagen

Dicha imagen de bulto, la actual a la que tributan los granadinos tan singular devoción, aparece rodeada de tintes legendarios, que no cabe duda se forjaron en décadas posteriores a la adquisición de la imagen. Existen al menos dos versiones de la aparición de la imagen: una de ellas la cuenta Francisco Antonio García de Rújula, en 1725, que recoge un relato de 1653 de Ojeda, que dice que dos mancebos acompañados de una señora enlutada entraron a la ermita a postrarse ante el cuadro y cuando el ermitaño iba a cerrarla encontró que no estaban los mancebos y al avisar a la Señora que se cerraba la ermita, encontró que había en su lugar una imagen de la Dolorosa. 

Otra versión, narrada en 1741 por Diego Nicolás de Heredia, refería que dos ancianos viajeros, naturales de Toledo y hermanos de la hermandad de las Angustias de aquella ciudad, llegaron a Granada y comunicaron  a los mayordomos que traían una imagen que sería el amparo de la ciudad. Aceptaron los mayordomos la imagen de la Dolorosa que colocaron en el altar de la ermita. La hermandad envió después una comisión a Toledo para agradecer la donación y supieron que aquella hermandad toledana no había enviado imagen alguna, ni se encontraron a los referidos ancianos. Estas versiones han tenido, a su vez, distintas variantes (2).    



   
             































Llega a Granada la imagen de la Virgen de las Angustias 


La llegada a Granada de la Virgen de las Angustias, su Patrona, para sustituir o complementar a la imagen pictórica y a la de bulto de que hemos tratado, ocurre, seguramente, en  los años entre 1553 y 1565 (3) Eran tiempos de reinado de Felipe II, monarca que como otros miembros de la familia real, como D. Juan de Austria que se inscribió como hermano, parece que estuvieron relacionados con la hermandad granadina.


En 1569, Felipe II, puede que a petición de su hermanastro D. Juan de Austria, que vino al Reino de Granada a sofocar la rebelión de los moriscos, donó a la hermandad unos terrenos contiguos a la ermita, para construir una iglesia más capaz, dado el incremento que había experimentado la devoción a la imagen y prohibió al Ayuntamiento molestar a la hermandad en el uso de la licencia para construir la iglesia y casa para los pobres (3).

“El señor Don Felipe II, por Real Cédula de 21 de octubre de 1569, dignose hacer donación de todo el sitio que hoy ocupa ese Templo”
Este sería el segundo templo donde se veneró a la Virgen de las Angustias y creemos que estaba en las inmediaciones de la antigua ermita, si no es que estaban en el mismo lugar, aproximadamente.


La imagen presentaba una iconografía muy distinta al conjunto que hoy conocemos, que fue elaborándose a lo largo de los dos siglos siguientes; si bien, a principios del siglo XVII, básicamente, ya se apreciaba el conjunto escultórico con el Cristo en su regazo, aunque la Virgen aún llevaba las manos sobre el pecho.

La imagen estaba primitivamente exenta del Cristo, aun lo está, pues la imagen de Jesús muerto está sobre una mesa, ambos sobreañadidos en los años posteriores del el último cuarto del siglo XVI. Es una Dolorosa con saya pintada en la madera y sobrevestida.

La profesora Isla Mingorance apunta la posibilidad de que la imagen pudiera haberla realizado Gaspar Becerra por presentar características asociables a dicho escultor (5). También, Sánchez Saravia relata en su obra dedicada a la Virgen de las Angustias el encargo de la Corte de Felipe II a Becerra de tres Dolorosas en 1564. Concretamente su esposa, la reina Isabel de Valois, había traído un cuadro de Francia con una Soledad, de la que era devota, y encarga una similar de bulto al escultor para donarla a los religiosos Mínimos de la Victoria. Becerra realizó tres cabezas de Dolorosa, de las que se escogió la de la Soledad de Madrid, después destruida en la Guerra Civil de 1936. La imagen de esta Soledad fue vestida, imitando las vestiduras de la condesa viuda de Ureña, camarera de la reina, atuendo que se seguiría, desde entonces, para vestir las imágenes Dolorosas de la Virgen en toda España (6). Esta Soledad, en 1567, ya contaba con una hermandad de culto, que curiosamente se va a llamar Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y Angustias ¿influiría en ello algún contacto con la hermandad granadina? 

De las otras dos Dolorosas deshechadas no se sabe su paradero y bien pudiera ser una de ellas la Virgen de las Angustias, dadas las relaciones con la Corte que mantenía la hermandad de la Virgen de las Angustias.



En esta fotografía de D. Elías Tormo de la imagen de la desaparecida Soledad de los Mínimos de Madrid, de Gaspar Becerra, se puede apreciar la gran similitud en el rostro con la Patrona de Granada. Esta efigie de la Virgen madrileña, efectivamente, da crédito a la posibilidad de que nuestra Patrona sea una imagen salida de la gubia del citado escultor baezano.

Finales del siglo XVI

La hermandad de la Virgen de la Angustias, que posiblemente realizara prácticas penitenciales desde su fundación, las va a institucionalizar a mediados del siglo, procesionando, tal vez, el primitivo cuadro y, posteriormente, la imagen arrodillada a la que dio culto antes que a la imagen definitiva, que procesionaría hacia la mitad de la década de los años sesenta del siglo XVI.

Esta hermandad de disciplina practicaba en la procesión la flagelación de sus hermanos como penitencia pública, que normalmente se realizaba con flagelos en cuyo extremo contaba con unas bolas en la que tenían incrustados algunos elementos lacerantes, como puntas de cristal o de metal. Luego, al regreso de la procesión las heridas serían curadas en el hospital de la Virgen con vino y esencias.



En esas décadas de finales del XVI, la imagen se presentaba como una Dolorosa en pie con las manos entrelazadas, sin la cruz y sin el Cristo en su regazo; éste se la añadiría, en el deseo de la hermandad de copiar del cuadro devocional, a finales del siglo XVI o principios del XVII. En el inventario de 1614, ya aparece la imagen de Jesús yacente en su regazo (sobre la mesa colocada delante de la imagen erguida y disimulada con los ropajes).

La hermandad pronto tuvo la necesidad de contar con una imagen de Cristo Crucificado para la estación de penitencia del Jueves Santo, acudiendo a pedirlo prestado a otras iglesias o conventos. Este inconveniente de no contar con imagen de Cristo propia hizo que la hermandad, en el cabildo de abril de 1582, decidiera encargar una imagen de Cristo Crucificado. 


Tradicionalmente dicha imagen se ha venido atribuyendo a Pablo de Rojas, que trabajaba en Granada, desde 1579, en el taller del escultor Rodrigo Moreno. Esta autoría, no justificada documentalmente, sino por razones de estilo, creo que hoy se puede, por las mismas razones, dudar de la misma. Presenta, a mi juicio, rasgos cercanos a los Crucificados renacentistas granadinos y a otros antequeranos de Diego de Vega, probable discípulo de Moreno; el cráneo es poco achatado y el rostro es más alargado que los posteriores de Pablo de Rojas; tampoco, alcanza el "contrapposto", más o menos acusado, que imprimirá a muchas de sus imágenes. Rojas, si realizó esta imagen (de las muchas de Crucificados de diversas características que se le atribuyen), experimentó, después, una evolución muy significativa de su estilo, lo que no es descartable, pudiendo ser éste el primer Crucificado que realizara. En la imagen, aún se aprecian, a mi juicio, resabios siloescos, probablemente presentes en el estilo de su maestro Rodrigo Moreno (del que poco se conoce), que pudiera haber dirigido la obra, si no es que interviniera directamente en la misma. 





Por lo tanto, la imagen del Crucificado de las Angustias es anterior a la del Cristo yacente en el regazo de la Virgen, que como se ha dicho, se añadiría a finales del XVI o principios del XVII.

En ese camino, en el que progresivamente se va imitando el cuadro de la primera devoción a la Virgen, se le articularían unas manos para abrir los brazos, mostrando a su Hijo. Y parece probable, que llevase palio incorporado a las andas, antes de la creación del cuerpo de palieros en el siglo XVII; así, al menos se nos presenta en una litografía. 


Grabado en Casa de los Tiros

Unos años después, en 1586, la hermandad encargaría a Pablo de Rojas la imagen de un Nazareno para procesionarlo como tercer paso en la estación de penitencia. La documentación de este Nazareno, como un Pablo de Rojas, está en el documento contractual que ese mismo año firma con la hermandad de penitencia la de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo del convento de la Trinidad en la que, entre unas de sus condiciones, estaba la de realizar la imagen análoga a la de la iglesia de las Angustias (7)



Con la llegada del gusto barroco, a la imagen se le añadiría una peluca de pelo natural, que fue suprimida hacia 1936 por una tallada, realizada por el escultor Martín Simón; también al gusto barroco se sobrevistió a la imagen con una túnica bordada en hilo de oro. La Hermandad del Santo Vía Crucis la sacó procesionalmente de los años 1940 a 1943 y 1945 y 1946 (8).

No sólo contaría la hermandad con estas imágenes para procesionar o darle culto, pues en los inventarios y descripciones del templo se sabe, que también tenía las imágenes de San Juan Evangelista  y de la Magdalena - a ésta se le dedicó una de las capillas de la iglesia, según inventario de 1769- (9) y pudieran ser las imágenes que hoy están en la capilla del Cristo de los Pastores. También daba culto la hermandad a las imágenes titulares Santa Úrsula y Santa Susana (hoy en la iglesia de Santa María de la Alhambra, donde se llevó el primitivo retablo, al realizar el de jaspes).

No le afectaron a la hermandad las prohibiciones o reducciones de cofradías, decretada, primeramente, por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quinoñes en 1597. La antigüedad de la hermandad y la devoción a la imagen, así como, la corrección de su estación de penitencia, harían que se salvara de esta reducción y de la que más tarde, en 1631, decretaría el provisor y vicario general del arzobispado, D. Juan Palacios en tiempos del arzobispo D. Miguel de los Santos. 


Sobre 1635


La Hermandad en el siglo XVII

El arzobispo de Granada D. Pedro de Castro y Quiñones hizo introducir el Santísimo en la iglesia, a fin de que se erigiera en parroquia, para cortar la pretensiones de los agustinos de establecer allí su convento (10). Pero será el siguiente prelado, fray Pedro González de Mendoza, quién elevó aquella pequeña iglesia a la categoría de parroquia, en 1610, con la anuencia del hermano mayor de entonces, Melchor de Espinosa y del mayordomo, Juan Sánchez, para evitar el asentamiento en el templo de algunas órdenes religiosas que lo pretendían (11)

Inmediatamente, en 1612, se solicita el carácter de sacramental, pidiendo se apruebe la regla, inspirada en las constituciones de la Hermandad del Santísimo del Sagrario de la Catedral. En el cabildo de 14 de mayo de dicho año aprueba la regla de la Sacramental y se envía al arzobispado, para su ratificación (12).

Ello, no obstante, la instalación de una parroquial en la iglesia derivó con el tiempo en una serie de conflictos entre los beneficiados y párrocos con la hermandad.

Dichos conflictos, derivados la mayor parte de ellos por la propiedad de la iglesia y terrenos circundantes o del uso de determinadas dependencias y elementos de la iglesia, largos para tratar en este trabajo, no fueron muchos de ellos propicios para la hermandad, aunque  algunos sí lo fueran; la autoridad eclesiástica, por razones evidentes, se imponía a las pretensiones de la Real Hermandad, que no dejaba de invocar el carácter de estar gozando de la protección de la Casa Real, para reforzar sus pretensiones e, incluso, pretender estar exenta de la jurisdicción eclesiástica. 

Es más, en 1614, se funda la Esclavitud de Ntra. Sra. de las Angustias, seguramente propiciada por los  beneficiados y párroco para hacer de contrapeso a la Real Hermandad y con la que ésta no dejó de tener sus conflictos, como el de 1728, por pretender la Esclavitud solar con jaspes la iglesia o el de 1746 por la petición de limosnas . No obstante, será esta Esclavitud, con miles de hermanos -en algunas épocas llegó a sobrepasar los 4.000-, extendiéndose con el tiempo fuera del ámbito de la ciudad, por los pueblos de la provincia y de las limítrofes, la gran impulsora de la devoción a la Virgen de las Angustias (12).


Nazareno de las Angustias

Durante el siglo XVII, fue cuando el conjunto iconográfico de Ntra. Sra. de la Angustias se va depurando y enriqueciendo, aunque algunas adiciones importantes se presenten en el XVIII, hasta quedar de una forma similar a como hoy lo conocemos. Los brazos quedan extendidos presentando al Cristo que lleva en su regazo y, en 1640, se le añade la media luna de plata, realizada por el platero Diego Romero y la cruz tras de la imagen, que en principio era de madera pintada en verde, le fue sustituida por la de orfebrería de plata que hoy ostenta, realizada por al platero Juan Jiménez Escobar, si bien, a la antigua cruz se la siguió venerando en un altar de la iglesia. 

Nuevos atributos se le añaden a partir de mediados del siglo XVII: en 1655, ya tenía la imagen siete espadas de orfebrería clavadas en su pecho y un corazón de plata, pues ese año en una entrega de enseres que realiza el sacristán Domingo de Gandía al hermano mayor, Francisco Fernández de Aguilar, se encontraban ya dichas piezas:

(…) un coraçón de plata grande gravado con siete cuchillos y una corona que está puesta en la Santa Ymagen de ntra. sra. de las Angustias” (13).
También, en el último tercio del siglo XVII, el arzobispo Fray Bernardo de los Ríos regala a la Virgen su cruz pectoral, que la va a llevar sobre una beca en forma de V.




La imagen primitiva del Cristo, yacente en su regazo, se le cambiará por otra antes de 1616, que va a mantener hasta fecha anterior a 1698, en la que en los grabados aparece con una tercera imagen. Ese año de 1698, se le regala a la Virgen el primer manto bordado conocido como el de las Estrellas con el que aparece en el grabado de dicho año.

Otra institución importante llevada a efecto por la Real Hermandad fue la erección del Hospital de la Virgen, que parece que abrió sus puertas en 1645, que se reedificaría algunas décadas más tarde, en 1673, al construirse el tercer y definitivo templo, el que hoy conocemos.

Dicho templo, en estilo barroco, hoy constituido en Basílica Menor, se empezó a construir en 1663, en tiempos del arzobispo don José de Argáiz, para finalizarse en 1671, según traza de Juan de Rueda Alcántara, maestro mayor de la Alhambra, y dirigida por Juan Luis de Ortega (14), cuya decoración de la portada, plenamente barroca, la realizaron los escultores Bernardo de Mora y su hijo José de Mora, a quienes se debe la bella efigie de Ntra. Sra. de las Angustias de dicha portada.


Imagen de la portada de la Basílica de Bernardo y José de Mora, hacia 1671

De la anterior iglesia se aprovechó, en principio, el retablo ampliado en 1619 y, tras diversas reformas, se completó, en 1671, con la terminación del nuevo templo. Pocos años duraría después, pues en el siglo XVIII se sustituiría por el actual y monumental retablo de jaspes.

Por esos años, ante la iglesia se realizó una monumental fuente, costeada por el hermano mayor, Conde de Montezuma y por el mayordomo, Joseph Vélez de Sotomayor, que desgraciadamente desapareció con la ocupación francesa en 1812.




La Hermandad en el siglo XVIII


El auge de la devoción a Ntra. Sra. de las Angustias había convertido a la imagen en el principal fervor de la ciudad, que acudía a Ella en los momentos de zozobra (epidemias, sequías, terremotos o guerras), más aún que a la que era entonces Patrona oficial de Granada, Ntra. Sra. de la Antigua. Prueba de ello, era la construcción de un nuevo templo y el enriquecimiento del mismo, producto de devotas donaciones y copiosas limosnas.

Paralelamente crecía en número, influencia y extensión territorial la Esclavitud de la Virgen, que tuvo que reformar sus reglas en 1703 (las fundacionales se aprobaron el 18 de noviembre de 1615). La Esclavitud se había extendido no sólo por la provincia de Granada, sino también, por las provincias limítrofes.


Calcografía de 1704 que figura en las Reglas de la Esclavitud


En estas reformas de 1703, refuerza el carácter de hermandad rosariana, mandando a los esclavos que practicarán el rezo del Santo Rosario en casa y públicamente en la iglesia de las Angustias.

Estaba regida por el Hermano Menor y el Mayordomo, que cada mes nombraban seis esclavos para que los asistieran en los cultos y marcha y desenvolvimiento de la Esclavitud. Acentúa su carácter de hermandad de sufragios por los esclavos difuntos, a los que se acompañaba en sus entierros con seis cirios y celebración por sus almas de un rosario y ejercicios espirituales en el domingo o fiesta siguiente a su fallecimiento y se aplicaba por el alma de los difuntos una misa cantada los terceros domingos de cada mes (16).

La Esclavitud celebraba su función principal en la Pascua del Espíritu Santo y elecciones el Domingo de la Santísima Trinidad.




La Esclavitud mandaba que se pusieran escudos de la misma en todas las puertas de las casas de los esclavos, considerado como distinción y honor el pertenecer a dicha Esclavitud. También, a ella se debe la costumbre, muy difundida entre los ciudadanos de Granada, de que al pasar por la iglesia de la Virgen se visitara a la misma, para implorar su protección. Esta costumbre aunque decaída en los últimos tiempos, aún se sigue practicando por muchos granadinos.

Construido el nuevo templo, las décadas siguientes se dedican por la Real Hermandad y por la Esclavitud de la Virgen de las Angustias a dotarlo de imágenes, retablos y otros elementos para su decoración, especialmente la construcción del camarín de la Virgen y del monumental retablo de jaspes o mármoles para albergar a la Santísima Virgen.

Asimismo, se produce una importante adición a la imagen de las Angustias por el escultor Pedro Duque Cornejo: las nuevas manos que le realiza dicho escultor, que son las que actualmente conserva. Dichas manos cambian la disposición de las antiguas, que mostraban o exponían la muerte del Cristo en su regazo, a una actitud oferente del sacrificio de su Divino Hijo. 




Aprovechando la estancia en Granada del escultor sevillano Pedro Duque Cornejo (1714-1718), la Esclavitud encarga las excelentes imágenes del Apostolado, que están en la nave de la iglesia y por dichas fechas haría, asimismo, las manos de la Virgen.

Como antes se ha manifestado la relación de la hermandad con la Casa Real venía desde tiempos cercanos a la fundación de la misma, pero va a ser en 1747, cuando en el cabildo general de 1 de octubre, se nombrará al rey Fernando VI y a sus sucesores en la Corona, hermanos mayores perpetuos de la Real Hermandad, aceptado por Real Cédula. Dos cuadros del rey y de sus esposa Dª. Bárbara de Braganza se encuentran en la Basílica en recuerdo de dicho acontecimiento.

Desde finales del XVII y durante el siglo XVIII, múltiples muestras de la devoción a la Virgen de las Angustias se van localizando por toda la ciudad y provincia; rara es la iglesia que no va a contar con una imagen o cuadro de la Virgen; capillas y hornacinas callejeras se le dedicarán a Ella, además de otras privadas. Así, frente al Hospital de San Juan de Dios, tuvo una capilla y, otra, dentro del mismo, o la hornacina que estuvo en la calle Oficios, en el muro de la Capilla Real; o en la capilla del Pretorio o en la iglesia de San Andrés o en el pilar de la calle Elvira o en la misma Catedral, en el retablo que se realizó para el trascoro, hoy en una capilla del templo metropolitano, realizado sobre 1738-40 por Agustín de Vera. El escultor José Risueño, realizará a principios del XVIII, la Virgen de las Angustias que está en la plaza de Bibrambla en una hornacina detrás del Palacio arzobispal.

También, algunas hermandades se fundaron en la ciudad, como la formada en 1643 en torno a un cuadro de las Angustias, en la puerta de Bib-Almazán, que estaba a la entrada de la calle de Mesones, junto al convento de la Trinidad; después trasladada a dicho convento a una capilla callejera adosada al templo (17).

Numerosos privilegios y bulas papales y arzobispales se concedieron a la hermandad y devotos, entre ellos, la unión a la Archicofradía Romana de la Caridad.

En los momentos de graves crisis padecidas por la ciudad, múltiples rogativas se realizaban a la Virgen en solitario o conjuntas con las imágenes de más devoción de Granada, como San Cecilio, San Miguel o el Cristo de San Agustín, Sagrado Protector de la ciudad, que en ocasiones acudía al templo de las Angustias, como la de 1752. Antes, en mayo de 1635, la Virgen había acudido en procesión de sangre al convento de San Agustín a visitar al Sagrado protector con motivo de una terrible sequía, según nos cuenta Henríquez de Jorquera. Sería largo de relatar las numerosas procesiones a la Catedral para implorar la protección de la Virgen.

La procesión de penitencia del Jueves Santo, a mediados del siglo XVIII, había variado sensiblemente; ya no constituía una procesión de flagelantes, por haberse prohibido estas manifestaciones con los aires de la Ilustración; tampoco procesionaba todas las imágenes que en otros tiempos formaban varios pasos, la Virgen se iba convirtiendo, paulatinamente, en el único paso de la estación de penitencia, aunque en dicho siglo, normalmente nunca faltaba el Nazareno, al que en 1761 se le hizo una corona de espinas de plata cincelada, que estrenó ese año en la procesión y que fue realizada por el orfebre granadino Felipe Lechuga, de afamado taller de platería de la segunda mitad del XVIII (18)Al año siguiente (1762), se le confecciona una nueva túnica de tisú bordada en hilo de oro, terciopelo y felpilla color púrpura, así como nuevas andas de plata para la estación de penitencia.



El Nazareno, en ese siglo, y desde 1713, contaba con un cuerpo de horquilleros para sacar a la imagen cada vez que lo hiciera la Virgen en el Jueves Santo (19). 

Hoy conocemos las estaciones (nueve en total) que la hermandad realizaba en la tarde del Jueves Santo y podemos idear el itinerario seguido: por la Carrera del Genil iba a la Puerta Real, pasando bajo el arco de dicha puerta, en el que comenzaba la calle de los Mesones; a continuación pasaba por delante de la Casa de Comedias, situada después de la referida puerta y a la derecha de la misma; continuaba por esta calle hasta la iglesia de la Magdalena, situada entonces en la calle de Mesones, donde hacía la primera estación; la 2ª segunda estación se hacía en el templo de la Santísima  Trinidad, situado en la hoy plaza de este nombre, sede de la Hermandad de la Pasión; subiría por la calle de las Capuchinas, donde haría la 3ª estación y, de allí, entrar en la Catedral, donde realizaba la 4ª estación. Del templo metropolitano pasaba por Bibrambla y el Hospital de San Sebastián, en cuya iglesia, sede de la hermandad del santo, haría la 5ªestación y subiría por Zacatín a la calle de Elvira, donde haría la 6ª en la iglesia de San Gil (sede de la Hermandad del Santo Entierro y Tres Necesidades) junto a la plaza Nueva; después por Cuchilleros saldría a Pavaneras para hacer la 6ª estación en el gran templo del convento de San Francisco “Casa Grande”, sede de las hermandades de la Vera Cruz, Consolación, Tres Caídas y Jesús “El Pobre” y, a continuación, haría la 7ª estación en la parroquial de Santa Escolástica, sede de las hermandades de Ntra. Sra. del Socorro y del Tránsito, para dirigirse a Santo Domingo para hacer la 8ª estación, sede de las Hermandades de Ntra. Sra. del Rosario, de Ntra. Sra. de la Esperanza y de la Venerable Archicofradía del Cristo Crucificado, Santa Cruz y Ntra. Sra. de la Encarnación y Ánimas Benditas del Purgatorio (20). Ya de regreso haría la 9ª estación en la parroquial de San Matías para, desde allí, dirigirse a su templo de la Carrera del Genil.   




El camarín y el nuevo retablo de jaspes


El camarín de la Virgen se empieza a construir en 1703, con dos antecámaras laterales, cuyo conjunto se finaliza en 1742 y en el que intervendrán varios artistas (Juan de Mena, fray Baltasar de la Pasión, Hurtado, Beltrán y Aranda) realizado en mármoles de Sierra Nevada, Macael, Cabra e Íllora.

En 1728 se comienza a realizar el famoso retablo de jaspes barroco por Marcos Fernández Raya, que concluirá en 1734, entre cuyas imágenes no se olvidará la de San Lorenzo, un recuerdo al benefactor de los primeros tiempos de la hermandad, el rey Felipe II, devoto del Santo, pidiéndose permiso, por pertenecer al Patronato Real, a Felipe V, para quitar el antiguo y trasladarlo a la iglesia de Santa María de la Alhambra. 

El arzobispo se había opuesto a que el retablo fuera de mármoles y después de reclamar ante la Real Cámara, no consiguió su propósito. En 1760 estaba totalmente terminado y dispuesto para recibir a la Virgen, cosa que se realizó en los días 12 y 13 de marzo de ese año. El día 12 la Virgen fue llevada en procesión a la Catedral, para un solemne pontifical y el día 13 otra de regreso a su templo para ser entronizada en el nuevo camarín y retablo. Unos días después, el Jueves Santo, realizó la estación de penitencia.



Retablo de la Virgen  (1728-1752). Foto de José Antonio Fernández 

Hasta finales del siglo XVIII, grandes fueron las donaciones a la Virgen de joyas, coronas, alhajas, que inundan materialmente su peto y mantos, como el donado en 1757 por la Duquesa del Infantado y de Pastrana o el de 1794 por el obispo de Cádiz, don Antonio Martínez de la Plaza, de terciopelo negro bordado en oro y toldilla de igual color, también bordada en oro. Coronas, como la de oro donada por el Mariscal Domingo Cerviño o la venera de oro y brillantes del Conde de las Lomas.

Durante el siglo XVIII se va culminando el proceso de la creciente devoción que convirtió a la imagen en Patrona de hecho de la ciudad de Granada; de derecho aún lo seguía siendo Ntra. Sra. de la Antigua, que también conservaba su devoción, prueba de ello, es el magnífico retablo que se le hizo a principios de ese siglo en la catedral, cuyas imágenes la realizó Pedro Duque Cornejo.



Nuestra Señora de las Angustias en el siglo XIX

Con dos acontecimientos luctuosos comienza este siglo: la epidemia de fiebre amarilla y la Guerra de la Independencia contra el poder napoleónico. Se celebra una función en septiembre de 1804 ante la Virgen de las Angustias de la Catedral y parece que también fue llevada allí la Patrona en rogativa para el cese de la epidemia.


En 1808 las tropas francesas invaden España y la Virgen se pone en andas para hacerla más accesible a los devotos, también la Junta Suprema de Gobierno le concede un bastón de mando y el fajín de general. Después fue trasladada a la Catedral en multitudinaria procesión de rogativa para el cese de la guerra y las tropas mandadas por el general Reding, antes de partir, acuden al templo a postrarse ante la Virgen de las Angustias.
Antes de la invasión de Granada en 1809, vuelve a trasladarse a la catedral, junto con el Arcángel San Miguel, celebrándose múltiples rogativas con las imágenes de más devoción, como la Virgen del Rosario, San Cecilio, el Señor de los Dolores de Santa Ana o el del Mayor Dolor del convento de San Antonio o el Niño Jesús de Granada y al Cristo de San Agustín se le dedica una novena, en su convento de los agustinos. No fueron las únicas imágenes con procesiones de rogativa (El Cristo de los Trabajos del Sagrario, el del Pretorio o el Nazareno,la Virgen de la Soledad de San Antón o el Nazareno de la Pasión del Convento de la Trinidad) (22).

El párroco de las Angustias, don Mariano Sicilia, consigue del general Sebastiani, que no sean sustraídas las alhajas, bienes y documento de la hermandad y con el producto de muchas de ellas realiza la actual sacristía sobre parte del cementerio de la parroquia.

Terminada la guerra y normalizada la situación la hermandad de la Virgen, vuelve a realizar sus estaciones de penitencia del Jueves Santo (en algunas ocasiones lo hará el Viernes Santo) y se produce una reorganización de la Real Hermandad y de sus diversos cuerpos, como los horquilleros y palieros; asimismo la Esclavitud es absorbida por la Real Hermandad.

Baste decir, por no hacer interminable el relato, que durante todo el siglo XIX, son numerosísimas las ocasiones (terremotos, guerras, sequías, inundaciones y epidemias) en las que el pueblo granadino acude a la Virgen en funciones, rogativas y procesiones para implorar su protección.


La Virgen en el siglo XVIII con el manto de la Duquesa del Infantado

Después de la Guerra de la Independencia y de los conflictos sociales y políticos van a desaparecer por diversas circunstancias la gran mayoría de la hermandades de penitencia de Granada. Sólo quedarán tres de ellas con vida: la Hermandad de la Soledad, la del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades y la Real Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, que, según las circunstancias, realizarán o no sus estaciones de penitencia en Semana Santa y cuyos pormenores son difíciles de relatar, dadas las limitaciones que nos proponemos en este trabajo.

Hecho memorable ocurrido en este siglo, que constituía una reafirmación de la protección que la Casa Real española había tenido siempre con la Real Hermandad, fue el regalo de una corona de oro para la Virgen que la reina Isabel II, como hermana mayor perpetua, le obsequió en virtud de la Real Orden de 17 de marzo de 1847, si bien, la soberana remitió además una carta autógrafa a la Real Hermandad con la corona (23). También la Real Hermandad en 1857, al entrar la reina en su octavo mes de embarazo, puso en andas la Virgen para implorar un feliz parto.

La Reina en su visita a Granada en 1862, fue a postrarse ante la Virgen de las Angustias y, posiblemente, por esas fechas realizara la donación de una nueva imagen de Cristo Yacente para la Virgen, que es el que actualmente lleva. Sería la cuarta imagen de Cristo que a lo largo de la historia se ha venerado junto a Nuestra Señora. 

De esa visita, entre otras donaciones, puede corresponder el manto que la Reina le regaló a la Virgen y que luciría sus salidas procesiones de aquellos años (24).


Manto de la Duquesa del Infantado y Pastrana de 1757, restaurado por Jesús del Arco y Álvaro Abril en 2013.


Manto de los gusanitos de 1920



Baste señalar, que toda aquella explosión de devoción a la Virgen de las Angustias en este siglo y los anteriores conducirá a que la imagen sea proclamada Patrona oficial de la ciudad y de la archidiócesis de Granada. 

A partir de mediados del siglo XIX,  la procesión de penitencia del Jueves Santo se transformará en una verdadera procesión gloriosa, con luminarias, cohetes y otros fuegos de artificio, más bien de homenaje a una patrona que de un acto penitencial, quizás ello motivó de que la hermandad trasladara la procesión al Domingo de Resurrección.

Y llegarán los años de la década de los ochenta de ese siglo, concretamente en 1887, para que se comiencen las diligencias para solicitar de la Santa Sede la proclamación de la imagen como patrona oficial de Granada, lo que se hace por rescripto de 30 de abril de 1887, en el pontificado de León XIII, que no es comunicado hasta el mes de marzo de 1889, en que, además, se manda que la festividad y procesión se trasladen a la tercera dominica de septiembre, desde cuyo año los cultos de novena y procesión se celebran en dicho mes, abandonando la Real Hermandad su carácter penitencial.

Las fiestas de proclamación como Patrona rayaron en el delirio, según el diario El Popular, la Virgen fue trasladada a finales de abril en procesión multitudinaria a la Catedral, para celebrar por el arzobispo un triduo en su honor y regresó a su templo el día 30 de dicho mes, acompañada de la imagen de San Cecilio, Patrón de Granada.

Una señorita granadina, María Dolores Flores, confeccionó dos grandes ramos de pensamientos y rosas para que los luciera la Virgen en esas fiestas de proclamación y que serán los que la Virgen saque en su paso durante los años finiseculares.

A partir de entonces, no cesarán los donativos para ofrecer a la Virgen un nuevo y grandioso manto costeado por el pueblo granadino, el  llamado Manto del Pueblo, que fue bordado en el Beaterio de Santo Domingo, bajo la dirección de Sor Dolores de Rueda y estrenado en la salida procesional del día 17 de septiembre de 1899 (25)


MANTO DEL PUEBLO 1899

La Coronación Canónica

No se contentó el pueblo granadino con tenerla como patrona oficial, de hecho ya la consideraba así desde dos siglos antes, y, en 1912, comienzan los trámites para su coronación canónica. El arzobispo Meseguer y Costa asumió la idea con entusiasmo, reuniendo a los mayordomos de la Real Hermandad en Palacio para discutir los proyectos, Comisión de Coronación y acciones necesarias para la misma.

El 30 de abril la Sagrada Congregación de Ritos emite el informe favorable y el Papa Pío X da su Breve de aprobación. Una actividad febril a todos los niveles invadió a Granada cuando se conoció el Breve Pontifico. La ciudad se prepara para el acontecimiento y los talleres de casi todas las actividades aumentaron sus encargos, pues miles de personas se preveía que acudirían a Granada para presenciar la coronación.

Una póstula pública se inicia para costear la grandiosa corona, reuniendo incontables joyas para realizarla de oro y piedras preciosas, encargándose la presea en estilo Renacimiento al orfebre italiano Marabini, que consiguió una corona de inigualable belleza y singular personalidad, a la altura de tan exaltada devoción a su Patrona profesada por los granadinos. 




El día 20 de septiembre de 1913 toda la ciudad apareció engalanada y se montaron tribunas en Puerta Real para que más de 500 invitados presenciaran la Coronación, entre ellos, la Infanta Isabel "La Chata", tía de Alfonso XIII, acompañada de damas nobles, de Grandes de España y de obispos de la archidiócesis.

Un inmenso gentío de granadinos y forasteros invadió la Puerta Real, donde hasta en los tejados de los edificios estaban ocupados por personas cuando apareció la Virgen en sus tradicionales andas. Los coros entonaban el O Gloriosa Virginem, mientras era colocada la Virgen de las Angustias en el podium de coronación. 



La Infanta Isabel "La Chata" en la Coronación

El arzobispo, con otros obispos, subió la escalinata para acceder a la imagen, besó la mano del Cristo de su regazo y despojándose, como acto inesperado, de su riquísimo pectoral se lo impuso a la Santísima Virgen de las Angustias, así como, su anillo pastoral con una preciosa amatista, que colgó de uno de sus dedos de la Virgen. Acto seguido, bendice la corona y, con ella, a la multitud, procediendo a colocarla en las sienes de la Virgen, asegurándola con el tornillo que llevaba un topacio, mientras los coros entonaban el “Regina Coeli”. Atronadores cohetes, palmas reales, salvas de artillería, ensordecedores aplausos y vivas inundaron aquel gran espacio. A su vez, las campanas de todas las iglesias tocaron a rebato, mientras la Virgen se llevaba a la Catedral en procesión gloriosa. 


La Virgen de las Angustias entrando en Puerta Real para coronarse. 1913.
Toda Granada era una fiesta hasta bien entrada la madrugada en el regreso de la Virgen hacia su templo, haciendo estación en la Basílica de San Juan de Dios y 200 banderas de la Adoración nocturna la recibieron en Puerta Real, antes de entrar en la Carrera de la Virgen para entrar en su templo. 




Granada fue una de las primeras ciudades españolas que contó con su Patrona coronada. Largos siglos habían transcurrido, forjando una devoción que a veces rozaba el delirio. Bajo su manto nos hemos refugiado los granadinos en las más diversas adversidades, tanto públicas como privadas; ni aún en tiempos de crisis religiosa Granada ha dejado de acudir a su amparo y ha estado presente en su llamada de cada último domingo de septiembre, llenando las filas de su procesión, donde miles de personas toman su vela para acompañarla en el recorrido, que cada año se une la cabeza con la cola de la procesión.


MAGNA MARIANA 2013


LA VIRGEN PARA RECIBIR LA MAGNA MARIANA



Con la Coronación finalizamos nuestro relato. Tan sólo añadiremos algunos acontecimientos más importantes desde entonces a nuestros días, como el incendio de su camarín, en 1919, acudiendo Granada en masa a salvar a la imagen de su Patrona; la declaración de su templo como Basílica Menor en 1922; la magna procesión de las patronas de la archidiócesis, en 1954, que vinieron con sus pueblos hasta la Puerta Real, donde fueron recibidas por la Virgen; los esplendorosos actos del Centenario de la Coronación, en 2013, y el grandioso epílogo de estos actos, que fue la procesión Magna Mariana, con todas la Vírgenes de Semana Santa, en sus pasos de palio y significativas patronas de muchos pueblos, colofón esplendido del Centenario. Todo ello, sin olvidar los rosarios de la Aurora que se han celebrado con la Virgen de las Angustias en cada ocasión de un importante acontecimiento religioso.


Otra imagen de las Angustias, también coronada en el año 2000, sustituirá a la Patrona en Semana Santa, la bella efigie de Ntra, Sra. de las Angustias de la Alhambra, primero con su hermandad devocional, en la procesión del Santo Entierro Antológico (1909-1924) y, después, a partir de 1928, con su hermandad de penitencia, que también saldría el Jueves Santo hasta hace unas décadas, que la cambió al Sábado Santo.


Ntra. Sra. de las Angustias de la Alhambra de Torcuato Ruiz del Peral, hacia 1750.


Angustias de la Alhambra



Angustias de la Alhambra a su salida de la Catedral. Foto A. Guzmán Úbeda


__________

1. GUTIÉRREZ GALDÓ, Juan. La advocación de Nuestra Señora de las Angustias en la Semana Santa de Granada. Revista "Gólgota" de 1989, p. 166. PADIAL BAILÓN, Antonio, Antiguas hermandades penitenciales de la ciudad de Granada. Las Angustias y Transfixión de Ntra. Sra.y las Santas Úrsula y Susana, págs. 47-49, Revista "Gólgota"nº 36.Sept. 2007.

2. HITOS, Francisco A. Páginas históricas de Ntra. Sra. de las Angustias, Patrona de Granada, págs. 35 a 37. Burgos 1929.

3. ISLA MINGORANCE, Encarnación. La Virgen de las Angustias I, el conjunto escultórico, p. 32. Granada, 1989.

4. LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis. Las ordenanzas de la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias en el siglo XVI. págs. 381-415, Chronica Nova, 17 (1989) y SÁNCHEZ ARCE Y PEÑUELA, A, Memoria sobre la aparición de María Santísima de las Angustias...Granada, 1949, p. 22.

5.  ISLA MINGORANCE, Encarnación, op. cit. p. 36.

6.  SÁNCHEZ DE MADARIAGA, Elena.  La Virgen de la Soledad, la difusión de un culto en el Madrid barroco. La imagen religiosa en la Monarquía hispánica. Usos y espacios. Casa de Velázquez. ISBN 978-84-96820-12-8.

7. GALLEGO Y BURÍN, Antonio, José de Mora, p. 45. 1925. UGR. serie Archivum. Granada 1988.

8. PADIAL BAILÓN, Antonio, La Semana Santa de Granada a través de la Federación de Cofradías, p.148. Grannada 2002.


9. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 90 R, pieza 22.

10. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 6 f,( a), pieza 15.


11.  LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis y Juan Jesús. Nuestra Señora de las Angustias y su Hermandad en la época moderna, págs. 71-72. Granada, Editorial Comares 1996.

12. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 6 f,( a), pieza 15.

13. El citado archivo, legajo 108, pieza 2.


14. LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis y Juan Jesús, op. cit, págs.135-136.


15. El citado archivo, legajo 6 f, b, pieza 3.

16. Reglas de la Esclavitud, Archivo Histórico del Arzobispado, legajo 108, pieza 5.


17. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 108 f, pieza 28.


18. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis, op. cit. Pág. 69. Libro de cabildos de la Hermandad de 26 de marzo de 1762, fol. 42.


19. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 6 f (b), pieza 1.

20. El citado Archivo, legajo 23 f, pieza 2.

21. El citado archivo, legajo 108, pieza 8.

22. El citado archivo, legajo 222, pieza s/n.

23. El citado archivo, legajo 6 f,a, pieza 4.

24. El Defensor de Granada de 27 de septiembre de 1890.

25. Revista La Alhambra de 15 de agosto de 1899.





domingo, 15 de febrero de 2015

ANTIGUA COFRADÍA DE PENITENCIA DE LOS NEGROS Y MULATOS DE GRANADA (ACTUALIZACIÓN)






COFRADÍA DE PENITENCIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN Y PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
(De los negros y mulatos de Granada) 


Antonio Padial Bailón

Esta hermandad penitencial tenía su sede en la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor, aunque la iglesia primitiva no es la actual de dicho título, pues la actual iglesia era la de los jesuitas (Iglesia de San Pablo), sino otra iglesia que se alzaba sobre la placeta contigua, llamada hoy de la Encarnación; en esa placeta, pues, estaba la antigua parroquia de los Santos Justo y Pastor.

La parroquia se erigió en ese lugar en 1501, utilizando, en sus inicios del siglo XVI, como iglesia una mezquita sacralizada allí situada, llamada de Majadalbecy, cerca de la Puerta de San Jerónimo o Bib-Riha, que quiere decir “del abasto”, porque por ella entraban las mercancías de la Vega que se comercializaban en la ciudad. Después, se construiría la iglesia (en la hoy placeta de la Encarnación) con tres naves en estilo mudéjar, una torre, cementerio y fachada dando a la calle de San Jerónimo (Plaza de la Universidad) con entrada cubierta por pórtico (parecida a la Magdalena) y otra portada que daba a un callejón lateral.  

Placeta en cuyo lugar se alzaba la parroquial de los Santos Justo y Pastor

De esta antigua parroquial se servían como capilla las monjas clarisas de la Encarnación, que allí trasladaron su monasterio en 1541, habitando casas contiguas y abriendo su coro alto al templo, para servirse de sus oficios parroquiales.      

En esta iglesia primitiva de los Santos Justo y Pastor se fundaría una hermandad de penitencia en el último cuarto del siglo XVI, seguramente, por la conversión de una previa hermandad parroquial de culto a Nuestra Señora, que adquiriría después la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, titular del monasterio. Parece que esta hermandad mariana se convertirá en cofradía de penitencia, añadiéndole a su primitivo título el pasionista de la Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo.    

Ntra. Sra. de la Encarnación, titular de la Hermandad y del convento


El origen de esta cofradía de penitencia, basada en una previa hermandad de culto a la Virgen de la Encarnación, lo constata, a mi juicio, el hecho poco común de preceder en el título la advocación de la Virgen (Encarnación) a la pasionista de la Paciencia de Jesucristo. Decimos que esto era algo poco frecuente en las cofradías de penitencia que se creaban para conmemorar un misterio de la Pasión. Normalmente, al fundar una cofradía de penitencia prevalecía el título pasionista y, después, lo común era que se pusieran bajo la protección de una patrona mariana, yendo el nombre de ésta al final del título y, a veces, cuando la cofradía radicaba en un convento masculino, también añadían el título del patrón de la Orden.

Se trataba de una hermandad étnica, pues sus cofrades o gran parte de ellos eran de raza negra y mulatos. Es muy probable que con el tiempo, aquéllos también dieran culto al santo franciscano patrón y protector de los de su raza, San Benito de Palermo. No hay, por ahora, constancia documental de ello, pero la existencia en el Monasterio de la Encarnación de una imagen de este santo de color, induce a creer, que una vez se iniciara el expediente de canonización y, tras la muerte de este santo en 1589, en los conventos franciscanos se empezara a promover la devoción al mismo y, más aun, en aquellos que contaban con feligreses de raza negra. Además adosado a la iglesia parroquial estaba el convento de clarisas franciscanas.
   
Es por ello, más que probable, que la cofradía de negros, ya constituida, impulsara esta devoción a San Benedicto de Palermo en aquella primitiva iglesia de los Santos Justo y Pastor que, como nos hemos antes referido, servía de capilla al convento adjunto de clarisas franciscanas.

San Benito de Palermo, imagen atribuida a José de Mora

Este culto de la hermandad de negros y mulatos al santo franciscano se pudo producir, tal vez, por indicación de las monjas clarisas, por ser santo de la orden, o que fueran aquellas gente de color las que decidieran impulsar con su cofradía la devoción al futuro santo de color en los años siguientes a su muerte.

La cofradía de los negros y mulatos realizaba su estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo, conociéndose escasos datos de la misma. Es Enríquez de Jorquera quien primero nos da noticias de la misma y lo hace al referirse a determinados sucesos acaecidos que obligan al Prelado a suprimir su estación de penitencia. Enríquez de Jorquera, de forma lacónica, nos dice hacia 1645, que es cuando escribe sus Anales, que “fue de penitencia de los negros y mulatos y salia el Viernes Sancto y por causas evidentes la quitó el ordinario y oy la sirben jente blanca”. 

Es decir, que hacia mediados del siglo XVII ya estaba servida por gente blanca, aunque también contara con gente de color entre su nómina de hermanos.

No explica cuáles fueron las "causas evidentes" por las que la suprimió el Prelado, aunque nos puede inducir a suponer que dichas causas pudieron ser el carácter racial de sus cofrades; y ello, porque al describir que eran de esa raza sus cofrades, es decir, “por causas evidentes”, continúa con una especie de justificación, al decir que “hoy la sirven gente blanca”.
     
Era una época en la que la limpieza de sangre constituía requisito fundamental para acceder a determinadas corporaciones religiosas, para lo que se examinaba, incluso, la procedencia de los antepasados de los hermanos y los de sus esposos,  por lo que no es de extrañar que esta cofradía étnica no fuera aceptada por determinados estamentos civiles y religiosos por motivos de limpieza de sangre.
    
Suspendida la cofradía por los motivos que sospechamos, la reducción de hermandades penitenciales de 1597 decretada por el arzobispo don Pedro de Castro y Quiñones le afectaría de derecho, aunque no de hecho, porque la hermandad continuó en años posteriores, quizás de más tolerancia, aunque sin realizar su estación de penitencia. Sabemos que en ese año sólo se autorizaron las hermandades más antiguas: la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad.
      
Parece que tras la prohibición de la hermandad, que sería a los pocos años de realizar sus primeras estaciones de penitencia, la cofradía vuelve a realizar en 1606 otra procesión de sangre o de flagelantes. Es decir, que la cofradía continuó con vida, conservando su carácter penitencial (al ir de sangre ese año), a pesar de no realizar su estación de penitencia de la Semana Santa.

Esa salida de sangre de 1606 fue con motivo de una gran sequía que se produjo dicho año; rogativas y procesiones fueron ordenadas por el arzobispado a realizar en todos los templos para implorar la lluvia y que cesase la hambruna y carestía que la sequía había provocado.


El prelado ordenó que saliesen todas las cofradías de sangre como si fuese Semana Santa, las que salieron “con mucha gente de azote”. Entre ellas, volvió a procesionar de sangre la de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “que solía ser de negros”, sigue diciendo Henríquez de Jorquera, aunque más tarde, hacia 1646, ya la componían mayoritariamente gente blanca.

Flagelantes de Francisco de Goya 

Aquella salida de 1606 la hizo con gente de azote o disciplinantes para hacer estación en el convento de la Victoria, de Mínimos de San Francisco de Paula. Este convento con su iglesia estaba al final de la Cuesta de la Victoria, que parte del Paseo de los Tristes, bajo la Alhambra, y termina en la calle de San Juan de los Reyes, donde estaba su iglesia y convento.

Un suceso acaecido en esta procesión de 1606, conmovió a la ciudad. Un sujeto principal de la misma, el caballero noble, don Pedro de Aranda, que ese día era el encargado de llevar el estandarte de la Cofradía de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “murió de cansancio” (probablemente fue un infarto) y fue llevado a sepultar a la iglesia de San Jerónimo.

Las últimas noticias que teníamos de la cofradía de los negros y mulatos eran, hasta hace poco tiempo de ese año de 1606, pues casi la única fuente que hasta hace poco tiempo se ha manejado, es decir, Los Anales de Henríquez de Jorquera, no revelaban más detalles de la misma. Sin embargo, la hermandad continuó a lo largo del XVII, como veremos a continuación.


Y es que las cofradías no desaparecían ipso facto por muchas dificultades que tuvieran a lo largo de su existencia, Aunque no realizaran su acostumbrada estación de penitencia, o al menos, no haya noticias de que la realizaran de forma regular, seguían dando culto a sus titulares, ocupándose de las actividades que ordenaban sus estatutos y ésta cofradía de la Paciencia de Jesucristo conservó el culto a sus imágenes y ciertas prácticas penitenciales.


Hace años, encontré en el Archivo del Arzobispado de Granada otras noticias de la hermandad, entre ellas que, en 1624, el hermano mayor y prioste, Juan de Cepeda y Ayala, llegada la Semana Santa de ese año, puso, "como era de costumbre", el paso de la Humildad de Jesucristo para veneración de los hermanos y devotos en la Semana Santa de ese año.

"(...) se puso en el cuerpo de la Iglesia, como es uso y costumbre, el paso de la Humildad de Nuestro Señor Jesucristo y una cruz al lado." (1).

Quizás, la anterior descripción nos da idea de que en esa fecha se seguía representando el misterio de la Paciencia, al poner la cruz al lado del Cristo en el momento en que Jesús aguarda paciente la preparación de los elementos de su Crucifixión, iconografía que suscita, la que creemos que pudo ser la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia (hoy llamada de la Meditación) que se conserva en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor. 

Jesús de la Meditación (Cofradía de los Estudiantes), posible imagen de la hermandad de negros y mulatos

Un conflicto surgió ese año, cuando el hermano encargado de recoger de los fieles las limosnas del Jueves y Viernes Santos, un tal Muñiz, las entregó al beneficiado de la parroquia, don Pedro Gutiérrez de Estella, y éste las hace suyas, sin querer entregarlas a la hermandad, alegando que:


"(...) no la ha de dar por quanto es dueño de la dicha yglesia y la limosna es suia y el tal passo de la dicha Santa Umildad se a de poner por su voluntad, sin que en esto tengan los hermanos acción alguna". 


No estando conformes los hermanos con esta actitud del beneficiado acuden al Provisor, manifestando que el paso es de la Cofradía por haberlo hecho a su costa y le reclama al beneficiado 100 reales, que era la cantidad que por lo común se recogía en años anteriores en esos días de la Semana Santa. También, denunciaban al sacerdote por su gran avaricia, que no se contentaba con lo mucho que le pagaba la cofradía, siendo ésta pobre: 

    
"(...) por ser como a sido en su servicio de gente  humilde y pobre como son negros y mulatos, que frecuentemente le an consentido al dicho beneficiado las dichas exacsiones illicitas contra todo derecho,  a los que extorsionó por más de veinte años"

Asimismo, pedían que el beneficiado no impidiese realizar las cosas que incumbían a la cofradía, como eran las fiestas que se hacían a Ntra. Sra. de la Encarnación como:
  
 " (...) traer danças, ministriles, músicas y repiques de campanas, así menores como mayores y colgar la iglesia; asimismo, se tase las limosnas que se deben dar por las misas de las nueve fiestas de Ntra. Sra., Pascua de Reyes y de la Encarnación y no pueda en las tales misas estorbar que aia sermones(…)"

Este párrafo resulta de interés porque nos dice las fiestas que, además de la principal que era el día de la Encarnación, patrona de la cofradía, celebraba las otras nueve fiestas de la Virgen y lo hacía de forma bastante festiva (con danzas, músicas y repiques). 

El hermano, Alonso Muñiz, encargado de las limosnas, defraudó en el pleito a la cofradía, al alegar ante el Provisor, que aunque la póstula la realizó con la insignia de la Humildad y junto a su capilla, lo hizo en nombre de la Hermandad del Santísimo, aunque, también, pidió para Ntra. Sra. de la Encarnación y para el aceite de la Madre de Dios, en la noche del Jueves Santo y, por el día, para el Señor de la Humildad, acudiendo, asimismo, a las tres de la madrugada de Jueves Santo para pedir en la cercana iglesia de la Compañía de Jesús (la actual de los Santos Justo y Pastor); y que al Señor de la Humildad se le pusieron 24 velas alrededor y un ciento de naranjas y lo demás para la lámpara. 

El beneficiado se defendió por su parte, diciendo que no impedía la actividad de la hermandad, sino que era magnánimo con ella y sólo quería que se respetara el derecho parroquial y que le pidieran permiso para celebrar las funciones y fiestas; también pedía que se le comunicara quién sería el predicador y el agasajo que se le daba.
     
 La Hermandad Rosariana
 
A finales de ese siglo XVII la hermandad sufre una importante modificación, probablemente desaparece como hermandad de culto pasionista para convertirse en rosariana, con la celebración de rosarios públicos, que podríamos decir que era la novedad en las últimas décadas de ese siglo y durante el siguiente.


En 1698, Alfonso de Aguirre, hermano mayor de la Cofradía y Hermandad de la Esclavitud del Santísimo de la parroquia de Santos Justo y Pastor, protesta, manifestando "(...) que de poco tiempo a esta parte se ha fundado en dicha iglesia una llamada hermandad con el título del Rosario de Nuestra Señora de la Encarnación (...)" , y que dicha hermandad pedía en días para los que no tenía licencia (sólo lo podían hacer los sábados y algunos días más) y que procedía a hacer nóminas de hermanos, apuntando a personas por el barrio para cobrarles por semanas, haciendo competencia a la Esclavitud del Santísimo. 




Esta transformación se había realizado, dándose nuevas Constituciones el día 15 de septiembre de 1694, impulsada por elementos del clero, bajo la protección del arzobispo don Martín de Ascargosta. Seguramente, la hermandad de carácter racial estaba decaída y fue una forma de impulsar la práctica del Rosario y preservar el antiguo culto a Ntra. Sra. de la Encarnación, titular de la hermandad de negros y mulatos. El arzobispo concedió 40 días de indulgencias a las personas que asistieran cada vez que saliera el rosario por las calles de la ciudad (2).

     El Provisor dictó auto, dando la razón a la hermandad rosariana, que fue apelado por la Esclavitud del Santísimo. El pleito duró hasta 1704, finalizándose con una resolución salomónica por parte de la autoridad eclesiástica.

La hermandad de la Encarnación sigue viva durante todo el siglo XVIII, pues, en 1765, el Padre Lachica Benavides nos notifica la existencia en la antigua iglesia de los Santos Justo y Pastor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación. En esa fecha, se veneraba su imagen en un altar del colateral derecho, que sería el de la hermandad. También ésta aparece en el informe sobre las cofradías que mandó elaborar el arzobispo Barroeta en 1769.

Aún en 1773, hay constancia de su existencia, pues existe una calcografía de Ntra. Sra. de la Encarnación de la parroquia de los Santos Justo y Pastor en Museo de la Casa de los Tiros de esa fecha, realizada en tiempo de los mayordomos Manuel González y Joseph López.

Probablemente, la hermandad desapareciera cuando las disposiciones ilustradas de Carlos III exigieron a las hermandades, cofradías y congregaciones presentar sus estatutos a la aprobación de Real Consejo de Castilla, bajo pena de supresión de la corporación que no lo hiciera. A partir de último cuarto del siglo XVIII, parece que no hay más noticias de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Encarnación, aunque los cultos a la imagen siguen realizándose a lo largo del siglo.

Expulsados los jesuitas, en 1767, de su Colegio de San Pablo (actual Universidad) y de su iglesia, la parroquial de los Santos Justo y Pastor pasa, en 1799, a la iglesia jesuita, donde hoy permanece.

La antigua parroquial queda como iglesia del Monasterio de la Encarnación, hasta su demolición en 1837 por orden de Pedro Lillo, presidente de la Junta de Enajenación de Bienes Desamortizados y, en su lugar, se construye la actual placeta de la Encarnación (3) y a las monjas no les queda otro remedio que construir nueva capilla en una sala dentro de su monasterio, donde hoy permanece.



          Capilla de la Encarnación que se construyen las monjas al desaparecer la antigua parroquial


Probablemente la hermandad no pasó a la nueva parroquial, ni tampoco algunas de sus imágenes, que aún se conservan en la capilla del Convento de la Encarnación (Nuestra Señora y San Benedicto de Palermo). La Virgen, titular del convento, y, por los tanto, ligada al mismo, al igual que su hermandad, quedaron en el mismo.

Respecto a la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia, actualmente se me presentan razonables dudas de que saliera del convento. Si bien, hasta ahora, hemos supuesto que dicha imagen podría ser la del actual Jesús de la Meditación, de la Cofradía de los Estudiantes, no me parece razonable, que quedaran las imágenes antes dichas y la cofradía en el convento y la de Jesús de la Humildad y Paciencia pasara en 1799 a la actual parroquial de Santos Justo y Pastor. De todas formas, no es descartable que lo hiciera, si la imagen hubiera sido propiedad de la parroquia.

Pero es que, dentro de la clausura del monasterio de la Encarnación existe una imagen de Jesús de la Humildad, aunque representa iconográficamente a un Ecce Homo, que pudiera haber sido la imagen de la cofradía, si bien no la primitiva, porque es imagen del círculo de Pedro de Mena.

A lo largo del siglo XIX, a la imagen de Ntra. Sra. de la Encarnación, que queda en el convento, es objeto de funciones y cultos. A partir de 1853, es la Asociación de señoras de la Corte de María, la que le dedica cultos los días 25 de cada mes, hasta bien entrado el siglo XX (en 1916 se anuncian sus cultos por la prensa).


Las imágenes
      
Como hemos analizado, no se sabe con certeza cuáles fueron las imágenes a las que daba culto la Cofradía de Ntra. Sra. de la Encarnación y Paciencia de Cristo. Tradicionalmente, se supone, que el hoy llamado Jesús de la Meditación, que se venera en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor, pudo ser una de sus imágenes, si bien tampoco la primitiva, pues ésta sería del siglo XVI y Jesús de la Meditación es talla del siglo XVII y que se atribuye al círculo de los Mora, si bien ha sido poco estudiada hasta el momento. Si fue esta imagen la titular de la antigua cofradía, lo sería cuando ya había perdido su carácter penitencial.

La iconografía de esta talla, en la que Jesús espera pacientemente sentado sobre una roca a que terminen los preparativos de la Crucifixión, se presta a que pudiera representar el momento pasionista al que daba culto la antigua cofradía de penitencia de la Paciencia. No obstante, las noticias sobre nuestras hermandades de penitencia en la segunda mitad del siglo XVII, son escasísimas. Pudiera, tras los desastres económicos y de las guerras que mantiene España en Portugal y Cataluña en la década de los años cuarenta de ese siglo, haber recuperado la hermandad su naturaleza penitencial y haber encargado entonces la imagen, pues sabemos que se exponía en el paso en la Semana Santa. También, como era usual, podría la hermandad haber realizado salidas penitenciales esporádicas a lo largo del XVII con esta nueva imagen. 





Aunque antes se ha tratado, no quiero dejar de referirme a la otra imagen de Ecce Homo que conservan las monjas dentro de su clausura, que lleva clámide púrpura y cetro de caña, que aunque pudiera haber sido titular de la Cofradía, tampoco es seguro que lo fuera, porque también adosada al muro exterior del convento, existía una capilla callejera, dando a la calle de San Jerónimo en la que se veneraba un Ecce Homo conocido como el Ecce Homo de la Puerta de San Jerónimo, de notoria devoción para aquéllos que entraban y salían por dicha puerta para viajar o para realizar sus labores en la Vega. La imagen estaba alumbrada por constante lamparilla de aceite, y que al demolerse la citada puerta, dice Enríquez de Jorquera, que la pusieron en la pared del convento de la Encarnación. Aun éste conserva la huella en el muro del convento de lo que parece que fue su capilla pública.  

Ecce Homo de la Encarnación


En cuanto a Ntra. Sra. de la Encarnación, la principal titular de la hermandad y patrona del convento, en la capilla del Monasterio se venera la imagen de esta advocación, que por sus características pertenece al último cuarto del siglo XVI y que sí puede ser con más seguridad la imagen titular de la hermandad. Es una imagen de talla completa con el Niño en sus brazos y, como se ha dicho reiteradamente, era común en siglos pasados que las imágenes de la Virgen con advocaciones letíficas y que a su vez eran titulares de hermandades de penitencia, llegada la Semana Santa se las vistiera de duelo con mantos y sayas negras para realizar la estación de penitencia.

Como he escrito en este artículo, es probable que la hermandad de negros y mulatos dieran culto y procesionaran la imagen de San Benedicto de Palermo, que aún se encuentra en la capilla del Monasterio de la Encarnación. Gallego y Burín da por hecho su pertenencia a la cofradía de negros y mulatos, tal vez, por conocer algún documento que así lo confirmara y la atribuye a José de Mora. El santo viste el hábito franciscano y porta en su mano una cruz, mientras con la izquierda abre su hábito para mostrar un corazón flameante. 



Activo Mora desde 1660, aproximadamente, nos puede indicar que la cofradía de negros, pese a las prohibiciones que padeció, seguía con vida suficiente en la última mitad del siglo XVII, como para encargar esta imagen del Santo de color a dicho escultor.
          
Mucho nos queda por conocer de nuestras antiguas hermandades; muchas incógnitas que plantearnos ante los indicios que poco a poco se presentan. Muchas de ellas tuvieron una vida más rica y más duradera de la que los documentos que nos van llegando por ahora nos presentan.


La actual capilla del convento hoy es sede de la Hermandad de Jesús Cautivo y María Santísima de la Encarnación. Es curioso como en los tiempos actuales, la advocación de Encarnación, vuelve a ser titular de una hermandad de penitencia y en el mismo lugar donde nació la antigua cofradía. 

Ntra. Sra. de la Encarnación de dicho Monasterio, tiltular de la actual cofradía del Cautivo
Ntra. Sra. de la Encarnación, actual en su paso de palio


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1 Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 7 f, pieza 9.

2. Ibídem , pieza nº 7.  

3.  BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 20 de octubre de 1836.