miércoles, 22 de junio de 2016

HERMANDAD DE LA VÍA SACRA Y HOSPITALIDAD DEL SEÑOR DE LA EXPIRACIÓN Y SAN JOSÉ DEL BEATERIO DE SANTA MARÍA EGIPCIACA








Antonio Padial Bailón

La hermandad de la Vía Sacra del convento de Recogidas o de Santa María Egipciaca fue, tal vez, la última hermandad de vía sacra fundada, de las muchas que existieron en Granada. Eran hermandades cuasi penitenciales, cuyo origen y proliferación ya hemos estudiado en otras hermandades de este carácter, tratadas en este blog. 

La hermandad se fundó el día 1 de noviembre de 1819, día de Todos los Santos, en el Convento de San Antón, de frailes Terceros Franciscanos, tomando como patrono a San José, y probablemente, concretándose dicha advocación en la imagen del santo realizada por algún escultor del círculo de los Mora, que existe en dicha iglesia con capilla propia.

San José, del círculo de los Mora, de la iglesia de San Antón

La iniciativa en la fundación de la hermandad se debió a Antonio Salvador Fernández, con la idea de crear una hospitalidad para la cura de hermanos enfermos pobres y la práctica de la Vía Sacra, llevando procesionalmente por ella a un Crucificado. 

De los datos de los libros que se conservan de esta hermandad se nombra, como lugar final de la vía sacra, el Santo Sepulcro, sin que se indique a cual de las tres ermitas que existían en Granada con este título (Sacromonte, Rebites y Alhambra) conducían su vía sacra. 

Lo más lógico es, que habiéndose fundado en el convento de Franciscanos Terceros de San Antón, la ermita a la que se encaminaban fuese la del Santo Sepulcro de su propiedad. Esta ermita ubicada en el Cerro de los Rebites, sobre el valle del Genil, en el hoy Serrallo, fue levantada por los citados franciscanos, al igual que la de San Antón, el Viejo y la del Pretorio, en el callejón de su nombre. A estas ermitas iba, desde antiguo, la Hermandad de la Vía Sacra de la Órden Tercera de seglares, radicada en San Antón (que se subió en este blog en mayo de 2013). 

Ermita del Santo Sepulcro de los Rebites, sobre el río Genil. Los Mártires en la colina de la derecha 

La hermandad salió para la vía sacra por vez primera el día 2 de enero de 1820, y podemos recrear como sería aquella procesión, siguiendo los datos de gastos de la hermandad. Primeramente, se sabe que la hermandad colocaba dos velas al Santo Cristo, a cuya imagen se daba culto en la iglesia de San Antón desde el mismo inicio de la hermandad, pues el gasto de esas velas es de 14 de noviembre de 1819.

¿Qué imagen pudiera ser la del Cristo Crucificado, que habría sido ofrecida por los Terceros para que le diera culto la hermandad? Probablemente, sería un crucifijo de tamaño académico fácil de llevar con un correaje, que se ataba a la cintura del hermano o fraile que lo transportara. De entre las imágenes de este tamaño hay una en la iglesia que está rematando el retablo de la capilla de Ntra. Sra. de los Remedios o de los Ángeles, la tercera de la izquierda, entrando al templo. Está formando Calvario, con las imágenes realizadas en pintura de la Dolorosa y San Juan.

La imagen se sabe que era del convento de San Antón, porque la hermandad confesaba no tener Crucificado y haber retocado el que le prestaron los frailes: retocar al Señor del Orden Tercero de San Antonio Abad, por no tener esta Santa Vía Sacra Crucifijo y valernos del Orden Tercero para ofrecerla.


La procesión se iniciaba con una campanilla a modo de muñidor y con una cruz, que le costó a la hermandad 24 reales de vellón, y dos faroles sobre astas de palo; después los hermanos con velas iban alumbrando al Señor Crucificado de la Expiración, llevado con un correón, para cuando sale para el Santo Sepulcro de la Vía Sacra y flanqueado por dos faroles grandes para ir junto al Señor, y que costaron el triple de los de cabecera y eran de vara alta.

Pronto empezaron a surgir problemas entre la hermandad y los frailes terceros de San Antón, que parece que no estaban de acuerdo con que se andara la vía sacra nada más que por el claustro del convento, como así tuvieron que hacer el 7 de mayo de 1820. Quizás estuvo en el fondo del conflicto para utilizar esta vía sacra de los Rebites, el contar dicha vía sacra con una hermandad (como se ha dicho), la de Jesús de la Humildad y Trabajos, de terciarios seglares de la Orden, protegida de dicha Orden, que era la propietaria de la vía sacra, llamada también del Pretorio.

Después de la celebración de la vía sacra por el claustro en el mes de mayo de 1820, la hermandad la volvió a celebrar el 17 de septiembre de ese año, no sin padecer de una verdadera persecución por parte del prior del convento de San Antón, por lo que la hermandad decidió suspenderla, después de realizarla otra vez por el claustro el día de los Santos, 1 de noviembre de 1820.

La hermandad, como consecuencia de este conflicto y para evitar discordia con los Terceros de San Antón y que los hermanos siguieran practicando la vía sacra, tuvo que buscar nueva sede donde ubicarse, y lo hizo el domingo día 1 de abril de 1821, tomando ubicándose en la cercana iglesia de la Magdalena, que entonces estaba situada en la calle de Mesones (1). 

Antigua iglesia de la Magdalena vista desde la Plaza de Bibrambla

En esta iglesia la hermandad estableció como culto la predicación durante siete domingos por la cuaresma y siguientes de un Septenario de las Siete Palabras, así como, cultos semanales en los viernes del año. También se adquirieron 16 cruces, que no tendrían otro objeto que ser llevadas penitencialmente por los hermanos en la vía sacra.

Al tomar como sede la Magdalena, tuvo que desistir de la imagen del Crucificado, que era propiedad de los Terceros en San Antón, pero siguió dándole culto a otra imagen y, seguramente, practicando con él la Vía Sacra desde la parroquial de la Magdalena, pues se anotan nueve libras y media de cera para el manifiesto y el altar del Señor en las Siete Palabras

Pero no sabemos a qué Crucificado se le dio culto en la Magdalena, pues la hermandad, como se ha dicho, no contaba con imagen propia. En aquella antigua iglesia había dos Crucificados que pasaron a la actual iglesia: el Cristo de la Esperanza, que contaba con hermandad, y el Cristo, que tenía la advocación de la Salud. Este último, fue titular de una efímera cofradía de  mancebos, fundada en el siglo XVIII con el título de Santo Cristo de la Salud, y podría ser la imagen a la que dieron culto en la Magdalena.


En un inventario de 1769 de la parroquia antigua de la Magdalena existían dos Crucificados inventariados: el Cristo de la Esperanza y el Cristo de la Salud (2), los dos con las hermandades citadas y ambos pasaron a la actual Magdalena. Por ello, pudo ser el de la Salud, con el que unos mancebos, según el Padre De la Chica, habían fundado en 1747 una hermandad, con constituciones de 1748, que desapareció en 1804 (3)


Tras el paso de las imágenes, hacia 1839, de la antigua iglesia a la nueva, en el convento de las agustinas, (pasaron las imágenes de todas las cofradías y las restantes del templo), esta imagen del Santo Cristo de la Salud, hubo de pasar también a la actual Magdalena y pudiera ser el Crucificado que se venera hoy en la capilla de la Virgen de la Cabeza, de tamaño acorde para procesionarlo en la vía sacra. 


No duraría, tampoco, mucho tiempo la hermandad de la vía sacra en la parroquial de la Magdalena, primordialmente por oposición de la Hermandad del Santo Cristo de la Esperanza y Vía Sacra, que se había fundado hacía más de cien años en dicha parroquial. Esta hermandad a mediados de junio de 1821 se opuso, esencialmente, por razones económicas a la permanencia de la nueva hermandad en aquella iglesia parroquial:

" (...) habiéndose opuesto los hermanos del Santo Cristo de la Esperanza de dicha iglesia a que esta vía sacra siguiese recogiendo en las cestas la limosna y que si se pedía fuera para su capilla".

Buscaron los hermanos nueva sede, encontrándola en la iglesia del Beaterio de Santa María Egipciaca, también cercana, que era de arrecogida de mujeres, llamadas de mala vida. Desde éste monasterio la hermandad sacó la vía sacra el día de la Santísima Trinidad de 1821.


Iglesia del Beaterio de Santa María Egipciaca, en calle de Recogidas con el edificio Olmedo en Puerta Real al fondo. La Foto ha de ser de los años cincuenta

La Madre María Luisa del Carmen, rectora del beaterio, autorizó a la hermandad a establecerse en el mismo. La corporación, inmediatamente, nombró directores espirituales y para presidir las sesiones de la junta a Fray Francisco Estébanez  y a Fray Francisco de Paula Molina. El primero era fraile franciscano descalzo del convento de San Antonio y San Diego, y el segundo, era tercero franciscano de San Antón.

Al ser el Padre Estébanez franciscano descalzo, la hermandad varió el destino de su vía sacra para llevarla al convento de San Antonio y San Diego (hoy desaparecido y donde estuvo enterrado el gran escultor, José de Mora), situado en la Cuesta de San Antonio, junto a la muralla de Fajalauza, y cerca de la antigua carretera de Murcia. 

Dada la cercanía de Santa María Egipciaca con el convento de trinitarios descalzos de Ntra. Sra. de Gracia, se unió con el Rosario de Ntra. Sra. de Gracia, para realizar la vía sacra el día de Todos los Santos, uno de los que la hermandad tenía la costumbre de andarla. En esta ocasión, salió con 24 cirios, para ir al convento de San Antonio y San Diego. A la misma asistieron los cantores de Ntra. Sra. de Gracia y unos tambores que parece que se utilizaban como pública.

En sus principios, la hermandad no contaba con reglas, pues al llegar al Beaterio de Santa María Egipciaca, lo primero que hizo el día 8 de julio fue aprobar sus estatutos y nombrar hermano mayor a Antonio Salvador, verdadero sostén de la hermandad, y dos ayudantes: Francisco Leal y Josef Moleón. 

También se formó un cuerpo de Voluntarios de la Hospitalidad para atender a los hermanos enfermos y que se creaba en ese momento, estando formado por los dos directores espirituales, los tres rectores y 36 hermanos.

Una de las estaciones que aún perdura en la Cuesta de San Antonio de la vía sacra

Eran tantos los hermanos que acudían al hospital, cuya ubicación no se precisa, que han de tomar decisiones restrictivas de acuerdo con la escasez de medios con que se contaba, y determinando, que cuando un hermano estuviese enfermo se avisase al médico y este en su examen, informara sobre si la enfermedad era grave a leve, para atender sólo a las de carácter grave. También se acordó que la cera que se gastase en la vía sacra la abonaran los hermanos y no la hermandad, para no gravarla.

En 1822, se consiguió del arzobispo que concediera tres días del Jubileo de las 40 Horas; también se recogían limosnas durante la vía sacra y en la puerta de la iglesia en las misas que se celebraban los cuartos domingos de mes. La función se oficiaba en el mes de junio, parece que el día de la Santísima Trinidad, en el que se adornaba el altar del Señor con velas y colgaduras, asistiendo la capilla de música de la Catedral. También, se realizaban cultos en Cuaresma con sermones el Domingo de Carnaval y el resto de dicha Cuaresma.

Asimismo, de las cuentas se deduce que seguían sacando la imagen de un Cristo, que solía llevar un fraile secularizado, Sr. Borrego (hay anotación del coste). Al establecerse en el Beaterio de Santa María Egipciaca, como en las demás otras sedes, darían culto a algún Crucificado de dicho Beaterio, sin que sepamos a qué imagen procesionaban en la vía sacra desde este monasterio. 

Crucificado siloesco de Santa María Egipciaca, hoy en el Colegio "El Carmelo"

A poco más de un año de haberse establecido la hospitalidad se hicieron hermanos 57 personas, que daban de cuota 4 reales de vellón. Hemos de tener en cuenta que en esa época no existía más sanidad pública, que la que ofrecían los hospitales de las hermandades (Corpus Christi, Refugio, San Sebastián, las Angustías, la Tiña, Santa Ana...etc., o el ligado a la Orden de San Juan de Dios). Asimismo, durante el mes de octubre se decían misas a los hermanos difuntos.

Durante 1823 y 1824, la vía sacra se recorría todos los domingos en los meses de marzo y abril; seguramente, por tratarse de los meses en los que se celebra la Cuaresma y Semana Santa; si bien, por reglas debía de hacerse todos los domingos y festivos, además de los viernes. 

Ese último año, se le puso al Cristo un palio color morado, probablemente de los llamados de respeto, que costó 79 reales, escoltando a la imagen cuatro soldados realistas, que fueron pagados; también se pagó al sacerdote que llevaban el correón con para sostener al Cristo.


Las monjas del Beaterio, guardaban hermandad con la de la vía sacra, de modo que si alguna moría, aparte de las exequias y comunión por su alma se salía en vía sacra.

Esta hermandad, que llegó a tener, al menos, 140 hermanos, probablemente, dejaría de existir en los siguientes años por falta de recursos para costear la hospitalidad, pues había enfermos, que después de curarse, se borraban de la misma, con una picaresca que solía ser muy común. También, contribuiría a su fin, la convulsión que representaron para las órdenes religiosas y cofradías los años de la desamortización y exclaustración de mediados de la década de los años treinta del siglo XIX. 

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1. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Libros de Archivo, caja 38 nº1.

2. AHAG, legajo, 97 R, 5, pieza 22.

3. DE LA CHICA BENEVIDES, La Gazetilla Curiosa..., Papel X, hoja 2. Granada 1764, y LÓPEZ MUÑOZ, Miguel Luis, Cofradías de la Parroquia de Santa María Magdalena..., p. 129.

4. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Libros de Archivo, caja 38 nº1.

miércoles, 6 de enero de 2016

VENERABLE HERMANDAD DE PENITENCIA DE LA ORDEN TERCERA DE SAN FRANCISCO




NTRA. SRA. DE LA PAZ DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO (hoy Convento del Santo Ángel)

Antonio Padial Bailón


Las hermandades de las órdenes terceras eran abundantes en Granada, pues prácticamente se fundaron en la mayor parte de los conventos masculinos de la ciudad. Estas hermandades de orden tercera las tenían los franciscanos observantes del convento de San Francisco de la Alhambra y los de la misma orden de observantes, quizás la más antigua de las de la ciudad, del Convento de San Francisco "Casa Grande", a la que nos vamos a referir; también los dominicos; los franciscanos de San Antonio y San Diego; los terceros de San Antonio Abad; los Carmelitas Descalzos de los Mártires; los Carmelitas Calzados, con la hermandad de la Orden Tercera, Ntra. Sra. del Carmen y Santo Escapulario; los Padres del Oratorio de San Felipe Neri, con la hermandad de los Servitas de Ntra. Sra. de los Dolores, cuya imagen era la hoy Soledad del Calvario de José de Mora. También existían en Granada algunas hermandades de Vía Sacra, que aunque no llevaban dicho título de orden tercera, lo eran en la práctica, como la de la Cuerda y Correa de San Agustín o la Confraternidad de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos. A algunas, como ésta última, o a la de los Servitas o las de los Terceros de San Antón, que hacía la vía sacra con el Nazareno, Soledad y Jesús de la Humildad y Trabajos del Pretorio, ya nos hemos referido en este blog.

La que vamos a tratar en este artículo: la Hermandad de la Orden Tercera de San Francisco de Asís del convento de San Francisco "Casa Grande", tuvo que ser una de las más antiguas de la ciudad, tal vez con la de Santo Domingo. Ambas se fundarían en el siglo XVI, aunque el ejercicio de la vía sacra de la de San Francisco fue algo posterior, ya en el siglo XVII, pero constituyó, tal vez la primera vía sacra construida y practicada en la ciudad. Después vinieron otras practicadas por hermandades de vía sacra, muy abundantes en Granada, algunas de las cuales nos hemos referido en otras ocasiones y que no tenían el carácter de órdenes terceras. 

Estas órdenes terceras tienen su origen en el año 1212 en el que San Francisco de Asís comenzó a integrar a seglares en la orden franciscana sin que tuvieran la obligación de renunciar a su estado seglar. En siglos posteriores fueron creándose en otras órdenes religiosas.

La expansión de la Orden Tercera de San Francisco en Europa se incrementa con la aprobación de una revisión de sus reglas por el Papa Nicolás IV en 1289.



La Hermandad de Penitencia de la Orden Tercera, tenía su sede en el convento de franciscanos observantes "Casa Grande", que estaba situado en lo que hasta hace pocas décadas era la Capitanía General y hoy sede del Madoc, cuyo claustro mayor abre sus puertas a la plaza de las Descalzas. La iglesia de San Francisco de dicho convento se situaba, aproximadamente, en la zona que hoy ocupa la placeta del Padre Suárez o de los Tiros.

Nada más conquistarse Granada, en aquel lugar de la judería se levantó lo que fue la primera catedral y sede del primer arzobispo fray Hernando de Talavera. Poco después, por deseo de la Reina Católica y mediante bula apostólica del Papa León X, la catedral pasó a edificio de la mezquita mayor de la ciudad (donde se levantó en el siglo XVIII la iglesia del Sagrario de la Catedral).

El lugar de la primitiva catedral, en el Realejo, fue ocupado en 1507 por los franciscanos observantes, erigiendo allí su convento (Casa Grande) y en el mismo se fundó la Orden Tercera y su hermandad de penitencia.

Muy ligadas las vías sacras al franciscanismo, aunque muchas otras órdenes terceras las practicaban, ésta del convento de San Francisco "Casa Grande", parece que fue la que desde más antiguo se fundó en Granada.


Ex-convento de San Francisco, plaza donde estuvo la iglesia y capilla de la Vera Cruz.

Esta de la Venerable Orden Tercera de San Francisco parece que comenzó a practicar la vía sacra al Sacromonte en 1633, creando una hermandad de vía sacra formada por trece hermanos, en recuerdo de Jesucristo y sus doce apóstoles, por los que el pueblo la llamaba la Hermandad de los Trece

Ya en 1635 se conoce por Enríquez de Jorquera que el día 7 de mayo de ese año la hermandad fue de sangre en procesión de rogativa por la sequía desde su sede del Convento de San Francisco "Casa Grande" con mucha cera y actos de penitencia, llevando por guía la imagen de San Francisco y un Santísimo Cristo, regresando a su templo a las doce de la noche.

También, el día 10 de abril de 1640, que era Martes de Pascua, realizó una procesión de desagravios por el famoso libelo difamatorio contra la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Partió de San Francisco para ir a la Catedral y seguir hasta el Triunfo, siendo esta congregación una de las que más se distinguieron en actos de desagravio a la Virgen.

Fundada de hecho esta hermandad de la Vía Sacra de los Trece, parece que no se formalizaron sus reglas con la aprobación eclesiástica hasta 1644. Y se establecía sacar la vía sacra todos los viernes por la noche, incluido el Viernes Santo, en que Granada se plagaba de procesiones de este carácter, además de las penitenciales de ese día.

Esta hermandad elige la subida al Sacromonte, en el paraje denominado Valle de Valparaiso, extramuros de la ciudad, de idílico paisaje, donde se conjugan de forma singular, con el serpenteante río Darro a los pies, el laberinto de calles moriscas del barrio del Albaicín y el troglodita caserío del Sacromonte, enfrentado a los universales palacios nazaritas de la Alhambra y, todo ello, coronado por la lejana inmensidad del níveo manto de la gran mole de Sierra Nevada.

Se buscaba el silencio meditativo necesario para la concentración de los hermanos en el drama de la Pasión de Jesucristo, a través de aquella Calle de la Amargura, que conjugaba en aquel marco bucólico granadino los dos principales símbolos de las culturas y religiones, que fueron y son la espina dorsal de nuestra Granada Eterna: la Alhambra y el Sacromonte. Todo ese paisaje encajaba perfectamente en el recuerdo de aquel camino de subida al Gólgota, regado por el sudor y la sangre del Salvador, en una Granada que se predicaba como la Nueva Jerusalén.

No fueron los hermanos de la Orden Tercera, sin embargo, los primeros en llegar con sus prácticas penitenciales a Sacromonte, la Duquesa de Sessa creó y amparó una comisión para impulsar estaciones de penitencia a Sacromonte, de hecho, algunas hermandades de penitencia, como la de Jesús Nazareno del convento de mínimos de la Victoria, después de su salida penitencial del Miércoles Santo por la ciudad, realizaba en el último tercio del siglo XVII, otra procesión de Vía Sacra con sus titulares el Jueves Santo por la tarde. También la Hermandad de Vía Sacra de San Francisco de Paula del mismo convento, acostumbraba a realizarla todos los domingos (1)

Otras hermandades, como la de la Virgen de la Aurora de San Gregorio, también andaban esta vía sacra sacromontana, que en algunos casos no estuvo exenta de conflictos con la Hermandad de los Trece de terceros franciscanos. 

Capilla e imágenes de la Orden Tercera

En la gran iglesia del convento de San Francisco, la Venerable Orden Tercera poseía una capilla propia dedicada a su patrona, la Stma. Virgen de la Paz o, al menos, residía en su capilla. Dicha capilla se situaba entre la torre de la iglesia y la capilla de la Santa Vera Cruz, que constituía toda una iglesia dentro de la de San Francisco, con entrada independiente.

Sabemos que en 1751 se le estaba realizando un nuevo retablo con camarín a la Virgen de la Paz, en el que empleaba cuatro horas al día, y desde el mes de marzo al de agosto de ese año, el escultor y retablista Blas Moreno Pizarro, en cumplimiento de una penitencia exigida por la bula apostólica para otorgarle dispensa matrimonial por parentezco de segundo y tercer grado con su futura esposa Isabel Follentes. Por el trabajo en dicho retablo no habría de cobrar estipendio alguno.
Plano del convento de San Francisco y de su desaparecida iglesia
El escudo de la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco consistía en la representación de la cruz con los estigmas de la Pasión, que padeció el propio Santo y, bajo ella, cruzados los brazos de Cristo y de San Francisco, las palmas de las manos llagadas de ambos; las Cinco Llagas y la corona de espinas y los clavos de la Crucifixión.



La hermandad, como se ha dicho, daba culto en su capilla a la imagen de Nuestra Señora de la Paz, obra atribuida a Diego de Mora, que hoy se encuentra en el convento de clarisas del Santo Ángel (ver nota al pie); allí llegó, tras la exclaustración del convento de San Francisco "Casa Grande", pues por un inventario realizado los días 1 y 4 de septiembre de 1835, sabemos, que entre otras imágenes, estaban en un altar de la iglesia del convento de franciscanos observantes, las imágenes de Ntra. Sra. de la Paz y la de San Francisco con la impresión de las llagas, y también, un Ecce Homo, como imágenes de la capilla de la Orden Tercera (2)




La Virgen de la Paz, es una imagen sedente de talla completa y tamaño natural, aunque se la vestía, y con el Niño en brazos. Presidía la capilla en su camarín, y en altares independientes, el Ecce Homo y San Francisco, imagen objeto del principal culto de la hermandad.

Probablemente, no fue la primera de esa advocación que hubo en la capilla de la Orden Tercera, pues el autor al que se atribuye (Diego de Mora) la realizaría en el primer cuarto del siglo XVII o principios del XVIII. Puede que antes existiera otra imagen de esta advocación y que se sustituyera por esta atribuida a Diego de Mora.

Con la invasión francesa se ocupó y demolió la iglesia del convento franciscano, pasando, seguramente, a la parroquia o a otros conventos femeninos, muchas de la imágenes de la misma; quizás, también, a casas particulares de devotos o hermanos de las cofradías. Finalizada la invasión se volvió a reconstruir la iglesia de San Francisco y el altar mayor, cuyo antiguo retablo realizara Bernabé de Gaviria y que se perdió con dicha invasión, fue sustituido por un tabernáculo. En dicho altar mayor se pusieron las imágenes de la Virgen de la Paz y de la impresión de las llagas de San Francisco, que estaban en la capilla de la orden tercera que se había destruido.

El San Francisco con las llagas, bien pudiera ser el que se encuentra en el altar mayor del convento de clarisas de la Encarnación, que puede ser de Diego de Mora.

San Francisco del convento de la Encarnación

El Ecce Homo, probablemente de Diego de Mora, según Ceán Bermúdez, que estaba en un altar de la capilla, aún se encontraba en la iglesia en 1835, según un inventario de la desamortización del convento. Esta imagen pasó a la iglesia de San Gregorio Magno y de allí a la del Salvador, donde puede que se perdiera en el incendio de ésta en 1936 (3)

La Vía Sacra del Sacromonte

En 1636, la hermandad va a construir la ermita del Santo Sepulcro, final y última estación de la vía sacra -en otras fuentes se dice que se construyó a mediados del siglo-. La ermita se levantó al pie de las Siete Cuestas que conducen a la Abadía del Sacromonte, erigida a principios del siglo por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones, para venerar las Santas reliquias de San Cecilio, San Tesifón y otros mártires de la persecución romana 

Dicha vía sacra no partía de la capilla del convento de San Francisco, sede de la orden tercera, sino de la iglesia parroquial de los Santos Pedro y Pablo, en la Carrera del Darro, quizás por ser la parroquia que más cercanía presentaba del lugar donde la vía sacra de había de realizar, es decir, por el Camino del Monte hasta la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte.

Pronto la hermandad materializa las 14 estaciones, levantando en ellas cruces y capillas permanentes a lo largo del itinerario, desde la iglesia de San Pedro hasta la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte, templo que, asimismo, es costeado por la Hermandad de los Trece y devotos de la vía sacra sacromontana.

Decimos que muchas de ellas fueron costeadas por devotos, como el Marqués de Estepa, que tenía un carmen frente a la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte; el abad del Sacromonte, D. Pedro de Ávila o el canónigo, D. Francisco Barahona o el mercader genovés afincado en Granada, Rolando u Orlando de Levanto...etc. (4) 


San Pedro y San Pablo, inicio de la Vía Sacra de los Trece

Las estaciones con sus cruces y capillas permanentes se levantaron en el año 1633 y llevaban en la peana de las cruces el nombre de sus patrocinadores. Algunas, aunque pocas, han llegado hasta nuestros días. La primera cruz, que era de madera, se puso en la Casa del Chapiz, en la cuesta de su nombre: comienza, como relata Henríquez de Jorquera, "... junto a las principales casas del Chapiz y acaba en el monte Calvario y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que están fundados al principio y subida de la cuesta del dicho Sacro Monte Ilipulitano, obra de grande admiración e igual costa, hecha por la devoción y limosna de los hermanos terceros, que frecuentaban esta vía sacra todos los viernes del año por la noche. Son muchas las cruces y todas de piedra repartidas a corta distancia, donde se meditan los pasos de la Pasión. Muchas de ellas son puestas a costa de particulares devotos que ofrecieron sus limosnas para tan grande obra, cuyos nombres se leen en los pedestales de dichas cruces... ”.


Cruz de la Vía Sacra de los Trece

Ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte, donde finalizaba la Vía Sacra

Después de realizar un acto de contrición, rezando el yo pecador, salía de San Pedro la Hermandad de los Trece por la tarde, a la hora de las oraciones, acompañada de mucha gente a realizar las estaciones, llevando una cruz alta, con un crucifijo en ella y con dos faroles a los lados para alumbrarla y otros tres faroles para dar luz a la comitiva. 

Al llegar a donde estaba la imagen de Nuestra Señora, que estaba antes de comenzar las estaciones, se hacía una primera parada o estación por los que estaban en pecado mortal, alabando la Pureza Original de María. Otra segunda parada o estación se hacía para pedir por las Ánimas del Purgatorio y otra, la tercera, por las intenciones de la Iglesia Católica.

Después, en el Peso de la Harina, se comenzaba la primera de las catorce estaciones del Vía Crucis. En cada una se rezaban seis padrenuestros, seis avemarías y seis glorias, ganándose por cada estación treinta días de indulgencia plenaria y se sacaban dos almas del purgatorio.

Al llegar a cada cruz de las estaciones se arrodillaban se decían las oraciones y se predicaba el significado de cada una de ellas. Parece que los hermanos hacían diversos actos de penitencia, como la flagelación o portando pesadas cruces a imitación de los padecimientos del Salvador en su Pasión.

Tras la primera estación de la Vía Sacra, que estaba en la Cuesta del Chapiz, había una capilla que se dedicó a Ntra. Sra. de las Angustias en la Puerta de Osario o Peso de la Harina, edificio de la capilla, que muy reformado, aún existe en la actualidad. Por este lugar se entraba al Camino del Monte o Sacromonte, a lo largo del cual estaban el resto de cruces y capillas, para terminar en la cruz aún existente, que se encargó por la Venerable Orden Tercera en 1636 al escultor Alonso de Mena, en memoria de los cristianos martirizados por el Emperador Diocleciano. 


Ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte y última cruz de Alonso de Mena

En el pedestal de dicha cruz de Mena figura la leyenda de que la realizó la Orden Tercera de Ntro. Padre San Francisco; que realizando la vís sacra se sacaban trece almas del Purgatorio y se ganaban 30 días de indulgencias.





Esta última cruz estaba y está delante de la ermita del Santo Sepulcro, donde finalizaba la vía sacra, pero continuaban diversos actos del ejercicio, subiendo, ya muy tarde, hasta las Santas Cuevas y abadía del Sacromonte Ilipulitano, rezando por la cuesta tres salves a la Virgen y una estación al Santísimo Sacramento; llegados a los Santo Hornos donde pereció San Cecilio, se arrodillaban todos rezando alabanzas al Santo, a los mártires y a la Virgen con un padrenuestro y la invocación a Jesús tres veces con los que se ganaban indulgencias.





Los que querían, dado lo intempestivo de la hora, entraban en la iglesia de la Abadía, para adorar al Santísimo y escuchar un sermón por un canónigo del Sacromonte. Después se hacía disciplina o flagelación y otros ejercicios, como el de la oración al Santo Sudario por los difuntos a los que se quisiere aplicar y por lo que se sacaba un alma del Purgatorio, en virtud de la Bula que el Papa Clemente VIII concedió a la Duquesa de Saboya. Finalizados estos actos se salía del templo y por el camino de regreso se rezaban la Corona Dolorosa y los Gozos de la Virgen (5).

La vía sacra se unía al culto externo de gremios y cofradías, que desde hacía más de tres décadas, cuando se descubrieron en 1595 las sagradas reliquias del Sacromonte (restos de San Cecilio y San Tesifón y los libros plúmbeos) en las Santas Cuevas, se había iniciado en aquellos parajes. Dichos gremios y cofradías irán levantando cruces y columnas por la falda del Monte Sacro, que estaba cuajado de ellas, pero apenas si quedan hoy unas cuantas, como la de los soldados de la Alhambra, los tejedores de sedas, de los ganapanes o palanquines, la de los franciscanos o la columna de la Inmaculada; se dice, que más de un millar de cruces se construyeron en aquellas laderas. 



Personas ilustres y con halo de santidad, como Luis de Paz y Medrano, (1604-1667), era tercero franciscano, que acudía casi diariamente y todos los viernes del año a andar las estaciones a la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte. Salía de su casa para este ejercicio a horas de menor concurrencia de gente con hábito nazareno y con una pesada cruz pesadísima al hombro, los pies descalzos y piernas descubiertas, a imitación de Cristo. 

Un día desapacible, al llegar a la ermita, se decía, que descansando fatigado en su humilladero vio a otro Nazareno con la cruz al hombro y con un resplandor que salía de su cuerpo; se arrodilló ante dicho Nazareno, que le dijo a don Luis: toma aliento que yo llevo por ti esta cruz y por todos los pecados de los hombre(6).

También, se hizo hermano de la llamada Cofradía de los Humildes de la iglesia de la Magdalena, formada por ganapanes o cargadores (era la cofradía de la Candelaria o Purificación). Organizó una procesión de niños con banderolas que lo llevó hasta Ntra. Sra. del Triunfo.

La hermandad de la Venerable Orden Tercera, no sólo realizaba los ejercicios de la Vía Sacra todos los viernes del año y, también, los miércoles de Cuaresma, sino otras manifestaciones. Así, Henríquez de Jorquera nos dice en sus Anales que en mayo de 1635 realizó una procesión de sangre (disciplinándose) y en rogativa por la pertinaz sequía para lo que obtuvo licencia del Provisor. En ella se llevó procesionalmente y (...) con grandísima deboción y con mucha cera: llevaron por guía al bienaventurado San francisco y un Santísimo Christo. Bolvió la procesión cerca de las doce hedificando mucho a la jente en actos de penitencia". Estas imágenes que llevó en procesión serían las que la venerable orden daba culto en su capilla.


Restos de pedestales de Vía Sacra, según Francisco Alfonso Fernández

Otra fiesta de desagravios a la Virgen re realizó en el convento en diciembre de 1638, con la ayuda de los hermanos de la Orden Tercera. El motivo fue la afrenta del protestante Príncipe Enrique de Nassau. Ese año las imágenes más devotas de la Virgen en Granada fueron desagraviadas con procesiones y festejos. 

Dos años después, en 1640, la Venerable Orden Tercera, realizó una gran procesión el día 10 de abril de desagravios por el libelo contra la Inmaculada Concepción de María que apareció el Viernes Santo en la esquina del Palacio del Cabildo de la ciudad (Madraza). Fue la procesión hasta la Catedral y después al Triunfo, regresando de noche, cuando, por el mismo motivo, salía la Virgen (seguramente, la del Socorro) del inmediato templo de Santa Escolástica. Diez días después, el viernes 20 de abril, acompañados de mucha gente, hicieron su vía sacra al Sacromonte, donde fueron recibidos por el abad y canónigos con mucha cera, sermón del canónigo Barahona ( que había costeado una de las cruces de la vía sacra) fuegos y luminarias. Esta vez la intención fue que se descubriera el autor del libelo difamatorio. 

La ermita del Santo Sepulcro, fin de la vía sacra, contaba con un púlpito en el exterior desde donde se realizaban los sermones y rezos finales de las estaciones, que estaba junto a un pozo de agua llamado de la Samaritana. Probablemente los fieles bebieran de sus aguas por considerarlas con propiedades curativas como ocurría en muchos santuarios.


Lápida del Pozo de la Samaritana de 1673. Costeado por Miguel de Paredes, definidor de la Orden Tercera

La Venerable Orden Tercera poseía rentas importantes que recababa por distintos conductos, especialmente de censos a su favor impuestos por devotos de elevado poder económico, para que se dijeran misas a los difuntos y sus familiares. Uno de ellos fue el que impuso don Diego Álvarez el 8 de abril de 1679 de 500 ducados sobre el Molino Alto de Güevéjar y otras fincas. De un pleito que se suscitó sobre este censo se deduce que la capilla de la Virgen de la Paz, tenía un sacristía, donde se reunía en capitulo la hermandad. Este pleito duró hasta 1730 (7)


Última cruz de Alonso de Mena

Para anotar las procesiones que la Hermandad de los Trece Hermanos de la orden tercera hacía a la vía sacra, tenía un libro en pergamino titulado "visitas del Santo Sepulcro del monte Balparaiso" del año 1649. De él se deducía que la hermandad tenía un hermano al cuidado de la ermita al que el ministro y proministro de la orden tercera le hacía entrega de los bienes de la ermita y rendía cuentas de limosnas.  En él estaba anotó que el día 5 de mayo de 1701 ( había otra anotación de 8 de junio de 1704), la existencia de un cuadro de Jesús Nazareno en una de las capillas del itinerario de ladrillo con reja, entre la 7ª y 8ª estación, que aún hoy existe, frente al Carmen de las Niñas (8).

Como hemos apuntado, la concurrencia de varias hermandades en la vía sacra del Sacromonte, llevó a lo largo de su existencia algunos conflictos con la Orden Tercera y su hermandad, como el que se suscitó en 1693 con la hermandad de San Francisco de Paula del convento de la Victoria. Juan Gómez del Álamo, hermano mayor de la de San Francisco de Paula y Andrés Gutiérrez Monturque hermano mayor de la Hermandad de los Trece, tuvieron un altercado un domingo en el que ambas hermandades subieron a realizar el ejercicio; los de la orden tercera ordenaron a los de San Francisco de Paula que se detuvieran y dejaran pasar a los terceros, porque de ellos era la vía sacra y las ermita y tenían preferencia, aunque iban con retraso de cuatro estaciones y que se fueran si no les convenía a realizar la vía sacra de San Lázaro o la de San Antón. Más adelante ordenó al ermitaño que cerrara la ermita y se plantó delante de ellas dándoles voces e improperios.

Los de San Francisco de Paula alegaban que su vía sacra era los domingos y que los terceros la realizaban los viernes y, por lo tanto, no se esperaban que la hicieran ese domingo. No se sabe cual fue la resolución de este pleito, aunque después de presentar la hermandad de los terceros las escrituras de propiedad de la vía sacra y de la ermita del Santo Sepulcro, es posible que se fallara a favor de esta hermandad de los terceros.

De la escritura de propiedad se deduce que el 24 de agosto de 1650 se le dio licencia por el arzobispado para hacer dos capillas y una casa al ermitaño por necesidad de ampliarla dada las obras de arte que tenía y la mucha gente que concurría. Se especifica el nombre de los trece hermanos terceros que componían la hermandad en 1650: Juan Gómez, Antón García, Alonso Morales, Juan Puerta, Jacinto Lozano de Arce, Pedro Coloma, Salvador de Espinosa, Juan Jacinto, Pedro Mathías, Álvaro de Villareal, Juan de Rivera, Juan Durán y Bartolomé Hernández (9)

Se sabe que solía la Orden Tercera participar en la procesión del Corpus Christi, noticia de ello la tenemos en 1764, en el que participó con otras ordenes seglares y regulares (10).


Cruz de los Soldados de la Alhambra

Como orden seglar también participaban de ella mujeres. Precisamente una de las últimas noticias que tengo de esta orden tercera se refiere a ellas a finales del siglo XVIII; el 25 de mayo de 1797, desde la Ascensión del Señor a la Pascua del Espíritu Santo, la venerable orden realiza en la iglesia de San Francisco, probablemente en su capilla, realiza unos ejercicios espirituales, sólo para mujeres. Todos los días que se realizaron, desde las 5 de la tarde a las 6:30, se exponía el Santísimo y para mayor intimidad se cerraba la iglesia, accediendo a ella por el claustro (11).

Probablemente, a finales del siglo XVIII, ya no practicaría la vía sacra o lo haría de forma esporádica y en algunas épocas del año, como Cuaresma o Semana Santa.

En 1808, España sufría la invasión napoleónica y un año después la ocupación de Granada por las tropas francesas era inminente. La Venerable Orden Tercera y la comunidad de San Francisco Casa Grande, realizan una rogativa conjunta al Arcángel San Miguel para implorar su mediación y patrocinio. Con dicho motivo, a partir del día 5 de febrero de 1809, a la temprana hora de las 3:30 de la tarde de cada día, se realizó una novena-misión al arcángel con lectores y predicadores y exposición del Santísimo Sacramento.


Detrás del Cristo del Consuelo de los Gitanos, la capilla de la Vía Sacra de Jesús Nazareno, aún existente

Con dicho motivo, otras órdenes terceras, como la de San Antonio Abad, que también realizaba otra vía sacra: la del Pretorio al Santo Sepulcro de los Rebites, promovió cultos a sus titulares ( Jesús del Pretorio, Jesús Nazareno y la Soledad), en la iglesia de San Antón, el domingo, día 9 de abril de aquel año. Por la tarde reintegró a sus respectivas ermitas, haciendo la vía sacra, las imágenes antes citadas (12)

La Venerable Orden Tercera desaparecería del convento de San Francisco "Casa Grande" tras la desamortización y exclaustración de los frailes en 1835, demoliéndose la iglesia de San Francisco, y con ella, su capilla. Pero la Orden Tercera, ya sin su Hermandad de los Trece pasaría al convento de franciscanas clarisas de Santa Isabel la Real en el Albaicín, donde la encontramos en noviembre de 1854 realizando una novena a San Francisco con procesión (13). Ejercicio que repetía todos los domingos, con gran concurso de gente, procesión que a veces, como ocurrió el 15 de agosto de 1857, después de la función al Tránsito de Nuestra Señora, se sacó a San Francisco, a la Virgen, a Santa Clara, y en andas portadas por cuatro sacerdotes, al Santísimo Sacramento.

La pervivencia de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, realizando cultos en Santa Isabel la Real, entre ellos a las Cinco Llagas, está constatada, al menos, hasta 1899 o 1901. Después aparece a principios del siglo XX, una Orden Tercera de San Francisco en las capuchinas de San Antón, que no sabemos si es que se trasladó a este convento o desaparecería, después de más de tres siglos de existencia. No parece verosímil, aunque es posible, que se trasladara a las capuchinas, cuando había otros conventos de la observancia franciscana (14).    

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1. PADIAL BAILÓN, Antonio, La Granada Eterna: Cofradía y Hermandad de Jesús Nazareno de la Victoria (tejedores de seda de Granada), http://apaibailon.blogspot.com.es/2014/02/cofradia-y-hermandad-de-jesus-nazareno.html.
2. RODRIGO HERRERA, José Carlos, El convento de San Francisco Casa Grande y su patrimonio inmueble, revista Alonso Cano, nº 14, 2007.
3. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús, Los conventos de la Merced y San Francisco Casa Grande de Granada..., p. 147. GALLEGO Y BURÍN, Antonio, José de Mora, p. 210. Archivum. Ed. Facsímil, 1988.  Universidad de Granada.
4. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada, tomo II, pág. 735. Ed. facsímil, Archivum, UGR, 1987.
5. HAMMER DEL RÍO, Lorenzo, Vía Sacra...principio fundación y antigüedad de la Venerable Orden Tercera de penitencia del Seráfico Padre San Francisco...Imprenta Real, Francisco Sánchez. Granada 1656.
6. FRAY ANTONIO DE JESUS, Epytome... de la vida del Ilustre varón don Luis de Paz y Medrano, caballero de la orden de Calatrava...de Granada, p. 33, 88, 93 y 149. Imprenta Francisco Gómez Garrido. Granada 1688.
7. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, leg. 34 f, pieza 22.
8. Ibídem, pieza 18.
9. Ibídem, leg.29 f, pieza 33.
10. B.O.P. de 6 de junio de 1840.
11 . Mensajero Económico y Erudito de Granada de 25 de mayo de 1797.
12. Diario de Granada de 4 de febrero y 9 de abril de 1809.
13. Diarios Eco de Libertad de 19 de noviembre de 1854 y La Alhambra de 16 de mayo y 14 de agosto de 1857.
14. Diario "El Defensor de Granada" de 20 de marzo de 1901.

Nota: según Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz en Los conventos de la Merced y San Francisco Casa Grande de Granada...., la Virgen de la Paz, que perteneció al convento de San Francisco, se encuentra actualmente en el monasterio de la Encarnación. Sin embargo, Gallego y Burín en su Guía de Granada, nos dice que es la del Santo Ángel Custodio.