domingo, 30 de diciembre de 2012

ANTIGUA HERMANDAD DE PENITENCIA DE NTRA. SRA. DE CONSOLACIÓN ( De los Gallegos)




Ntra. Sra. de la Consolación en un triduo dedicado por su grupo parroquial. Septiembre 2013.



HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE LA  
                               CONSOLACIÓN: 
        
su fundación, desaparición, capilla e imagen.

Antonio Padial Bailón


Un gran desarrollo tuvo en Granada la devoción a Nuestra Señora de la Consolación, asociada a la Orden de San Agustín, tanto en sus conventos masculinos como en los femeninos. También proliferó esta devoción fuera de esos ámbitos agustinos, como en la ermita de San Juan de Letrán con una devota hermandad que se mantenía aún con vida en 1960. Otra hermandad se fundó en el convento de la Merced, inmediato a la iglesia de San Ildefonso y cerca de la Puerta de Elvira ( tal vez esta fuese la misma hermandad que la de la ermita de San Juan de Letrán, que aquí se trasladara).

En este trabajo nos vamos a referir a la hermandad de Ntra. Sra. de Consolación que se fundó en el convento de San Francisco "Casa Grande", asociada a la hermandad de la Santa Vera Cruz, y la única, que sepamos, que tenía una actividad penitencial en la Semana Santa de la antigüedad.



Convento de San Francisco. Antigua Capitanía, hoy sede del Madoc.
La hermandad, en forma de Esclavitud de Ntra. Sra. de la Consolación, se funda en el seno de la hermandad de la Vera Cruz  y por hermanos de ella de origen gallego.


La fundación 

La hermandad se erige mediante una escritura pública[1] firmada el 21 de abril de 1677 por el hermano mayor de la Vera Cruz, Juan Gallardo, alguacil de corte de la Real Chancillería, y el mayordomo, Juan de Santa María y un grupo de hermanos de la Vera Cruz de origen gallego tales como: Baltasar Gutiérrez, Benito de la Torre, Francisco de Ávila, Gerónimo de Zepes, Mateo Sanager, Francisco Andrés Martínez, Pablo Sánchez del Águila, Bernabé González del Campo, Domingo González de Castro, Domingo de Gude, Juan de Hermo, Juan Torredo, Benito Vázquez, Albertos García, Pablo Lariño, Pedro Piñeiro, Álvaro Rodríguez, Benito de Márquez, Pedro Dirién, Domingo de Otero, Pedro Castañeda, Domingo del Ojo, Benito de Fraga, Andrés Pequeño y Gregorio Trillo.

En ese documento público se dicen como motivos de la erección:


“…para bien servir a Dios Ntro Señor y deboción de su bendita madre Ntra Sra de Consolación, que está en la dicha capilla (de la Vera Cruz), tenían inbento de obligarse a sacar a su Divina Magestad (la Virgen) todos los años en el Juebes Santo con la cera y demás gastos que fueran necesarios, incorporada en el sitio lugar que le pertenece en la procesión de penitencia(…) que sacan por las calles desta ciudad, cuio título es la procesión de la santa bera cruz y san Juan de Letrán (...)que lo referido es en beneficio de la Birgen Stma. y aumento de la dicha cofradía an tenido por bien que se aga la dicha obligación por las dichas personas (…)y (...)en su obligación sacarán el dicho paso de Nuestra Señora de Consolación en la dicha procesión del Juebes Santo en la tarde, incorporada en la dicha procesión de la Santa Bera Cruz que sale del dicho conbento con la zera que les pareciere según su deboción y si les pareciere hacer qualquier fiesta a Ntra. Sra. qualquier día del año lo an de poder hacer. Y por lo que toca a sacar el dicho paso de nuestra Señora el Juebes Santo en la tarde se ha de poder executar y apremiar con esta escriptura (…)y(...)el dicho hermano maior y mayordomo y hermanos les dieron las gracias a los susodichos por la deboción que manifiestan tener a la dicha Santa Ymagen y se obligan a entregarla a los susodichos el dicho Juebes Santo para que baya en la dicha prozesión y no a otras (…)”.

Ntra.Sra. de Consolación antes de dale culto el grupo parroquial



De estos párrafos de la escritura se deducen los siguientes conclusiones: 1º) Que los hermanos de origen gallego de la Vera Cruz, con los directivos de esta hermandad, acuerdan dar un culto especial a la imagen de Ntra. Sra. de Consolación, creando el 21 de abril de 1677, una hermandad, que podríamos entender como filial, que la procesionaría el Jueves Santo, dentro de la procesión de la Vera Cruz. 2º) Que la imagen era propiedad de la hermandad de la Vera Cruz, que la prestaba a estos hermanos gallegos, para ese culto y procesión. Años después se promovería un pleito entre ambas hermandades sobre la propiedad de la imagen e independencia de la Consolación de su matriz la Vera Cruz. 3º) Que la imagen, en principio, se le venía dando culto, desde años anteriores, en la capilla de la Vera Cruz, por lo que su antigüedad parecer ser anterior a 1677.    

Unos meses después, el 13 de Julio de 1677, la hermandad de Consolación relata en su primer libro de actas, que comienza ese día, que era su primer hermano mayor el mayordomo de la Vera Cruz, don Juan de Santa María y el mayordomo de esta nueva filial, Gerónimo de Trillo, siendo su primer secretario Gerónimo González. Sin embargo, no consiguió aprobar su Regla y Constitución por el Provisor y Vicario de la diócesis, hasta el siguiente año de 1678. Esto era normal en las hermandades, que primero se constituyeran como contrato entre hermanos y después se aprobara por la autoridad eclesiástica.
En el capítulo 20 y último de la Regla se dice que esta fue hecha y ordenada por los hermanos en el cabildo de 27 de julio de 1678, poco más de un año después de haberse fundado la hermandad. Después, en 1683, se le añadieron a la Regla seis capítulos [2].



Libro de Reglas de la Hermandad de Consolación


La hermandad va a tratar de buscar desde ese momento cierta independencia de la de la Vera Cruz, incluso  físicamente, pues se establece en otra capilla colindante, situada en el acceso a gran capilla de Vera Cruz, desde el interior del templo de San Francisco. Para ello, consigue la cesión de una capilla propiedad de la familia Altamirano. A esta cesión se alude en el citado libro de actas, que comienza con una declaración en la que se manifiesta que la hermandad “se sirve en el Seráfico conbento de nuestro Padre San Francisco, casa grande, de esta ciudad en la capilla de la Santa Bera Cruz y en la que en dicha capilla está incorporada la de Ntra. Sra. de la Consolación…” y continúa: “... de dicha capilla nos hizo donación Dn. Gregorio Altamirano, patrón de dicha capilla, ante dn. Juan de Padilla, escribano del nº de esta ciudad”.

La gran capilla de Vera Cruz estaba situada, ocupando parte de la actual Plaza de los Tiros y del solar del edificio de restaurante “Alhacena de las Monjas”, detrás tenía la casa de los Ballesteros, que aún subsiste. La gran capilla de la Vera Cruz era por sus dimensiones un verdadero templo adosado al de San Francisco, situándose éste en las, hoy, dependencias del Madoc (antigua Capitanía General). Los claustros del convento, hoy subsistentes, están frente a la Placeta de las Descalzas.

Plano del Convento.Ubicación de la Capilla de Consolación
La capilla de Ntra. Sra. de la Consolación, llevaba la advocación de Santa Ana, y era propiedad de la familia Altamirano y Céspedes-Patiño,Señor de la Villa de Alhendín y la Malá”, que la cede a la Hermandad de la Consolación en un momento cercano a su fundación, bajo la formalidad de escritura pública.

La situación exacta de la capilla la dan varios documentos: la regla 4ª de sus constituciones nos dice “…que es la que Dn Gerónimo Altamirano nos dio para fundar Nuestra Hermandad de Consolación, que llaman de mi Señora Santa Ana, que está en la capilla de nuestra Señora de la Concepción, entrando por ella, la segunda a mano izquierda…”. Esta de la Concepción, estaba a los pies del templo de San Francisco, lindando con la gran capilla de la Vera Cruz, que por ese lugar estaba adosada al templo franciscano.   

Por otra parte, en el libro de actas se dice que la capilla de Consolación  “está arrimada a la capilla de la Bera Cruz”, y otro documento se refiere a que[3]“…la capilla de la señora Santa Ana (Consolación), que está en la dicha iglesia del Señor San Francisco, que tiene dos puertas de reja, que la una dellas sale a la dicha capilla de la Santa Vera Cruz, y la otra a la de Nuestra Señora de la Concepción…”. De esto deducimos que estuvo a los pies de la Capilla de la Vera Cruz, integrada en ella, por una puerta de reja salía a la de la Vera Cruz y, otra, que daba a la Capilla de la Concepción.



Dicha capilla la había heredado de un antepasado, D. Juan de Cuellar Aranda, veinticuatro que fue de Granada y de Dª. María de Cuellar, mujer de Cristóbal de Esquevas, y que con ciertos bienes la agregaron al mayorazgo que fundó Baltasar de Cuellar en virtud de facultad del Emperador Carlos V.

La cesión se hacía con la condición de que se mantuviera el título de Santa Ana para la capilla; que los propietarios habían de tener llave de ella; que las mejoras se incorporarían a su fábrica; que en su bóveda se enterrarían los hermanos, pero no otras personas, salvo “condecoradas” y con licencia del propietario, so pena de desenterrarlas y multa de 4 ducados; que se habrían de poner de pintura o mármol el escudo y armas de los Altamiranos, sin taparlos nunca. 

También en los libros de cuentas de la Vera Cruz se refleja, que en esos años, la hermandad de la Consolación paga 55 reales de “propina” a la capilla de la Vera Cruz por salir en su procesión.

1ª página del Libro de Reglas

Parece que pocos años después la hermandad realiza para la Virgen un retablo, pues en una escritura pública que ésta otorga en mayo de 1681, siendo hermano mayor Alonso Blanco de Castro y mayordomo Francisco García, se contrata el dorado del retablo de la Virgen y sus candelabros, que se contrataron por 3.450 reales más 50 del “agasajo”. De la escritura también se deduce la situación de la capilla, pues dice que la Virgen  “(…) está en la capilla que tiene salida a la de la Santa Vera Cruz, cuia ermandad sirven los gallegos". Lo que confirma la ubicación que antes hemos descrito: al entrar a la capilla de la Vera Cruz desde la iglesia de San Francisco, concretamente desde la Capilla de la Concepción de esta iglesia.

El dorado del retablo, que se contrató con el maestro dorador y estofador Manuel de Villaquirán, estaba terminado el 21 de noviembre de 1681, fecha en que dicho maestro otorgó carta de pago por la cantidad antes citada [4].

En la procesión de Jueves Santo


La actividad procesional de la hermandad comenzó de forma inmediata a su fundación, aunque parece que la hermandad de la Vera Cruz ya sacaba a la Virgen en su procesión antes de fundarse la hermandad de la Consolación. Así, en 1678, solicita licencia al Provisor y Vicario General, para pedir limosnas para hacer unas andas procesionales y para dorar el retablo.

La Virgen de Consolación, no era una imagen de Dolorosa, sino de gloria (actualmente, como se dirá mas adelante, la hemos identificado). En Semana Santa se le quitaba el Niño y se la vestía con saya y manto de color negro  para la procesión del Jueves Santo. No era la única en las hermandades de penitencia granadinas; la Virgen de la Encarnación, titular de la cofradía de los negros y mulatos, era también una imagen letífica, se la vestiría de dolorosa, para su procesión de penitencia.


Retablo de Ntra Sra. de Consolación


Por un acta del cabildo de 30 de marzo de 1687, sabemos que las horquillas que llevaban el paso de Dolorosa de la Virgen de Consolación se repartían entre los hermanos por medio de subasta. Las andas procesionales eran sencillas, pues sólo contaban con cuatro horquillas, que se subastaron por la elevada cantidad de 150 reales, y un palio, de los llamados de respeto, cuyas ocho varas, también se subastaron en menor cantidad (30 y 40 reales). De la misma manera, se subastaban los dos ciriales que acompañaban a la Virgen en 40 reales. También poseía la hermandad 72 hachas de cera, que normalmente sería el número de hermanos que la acompañaban, guardadas en arca especial y que se utilizarían para la procesión.  El mayordomo rendía cuentas el Domingo de Cuasimodo, el siguiente al de Resurrección.  

Sobre Ntra. Sra. de Consolación se conserva un grabado de 1784 de Manuel Jurado, grabador que vivía en la calle de Elvira, que hizo también el conocido grabado de Jesús de las Tres Caídas. Eran mayordomos Dionisio Mariño y Melchor Antelo.

En el capítulo cuarto de su Regla se determinaba que la fiesta o función de Ntra. Sra. de la Consolación se haría con toda solemnidad el primer domingo del mes de julio con misa cantada, diáconos, sermón, procesión y música. También, en el mes de noviembre, se debía de decir una misa solemne “(…) por los hermanos difuntos con su túmulo, lo más inmediato que se pudiere a nuestra capilla (...)”. La hermandad, asimismo, contaba con otras 30 hachas de cera para acompañar a los entierros de hermanos difuntos, guardadas en una segunda arca.

Archivo de la Casa de los Tiros



La Hermandad en el siglo XIX


Hasta ahora, no sabíamos que había sucedido con la hermandad de Ntra. Sra. de la Consolación, ni si había traspasado los umbrales del siglo XIX, pero la existencia de unos documentos en el archivo arzobispal nos confirman que dicha hermandad llegó a tener vida, al menos, hasta 1832  y, seguramente, algunos años después. Su procesión de penitencia en la Semana Santa, probablemente, hacía años que no la realizaba, encontrándose separada, como en cierto modo pretendían desde antiguo, de su matriz la Hermandad de la Vera Cruz.

También sabemos ahora, que la hermandad abandonó con su imagen la capilla del convento de San Francisco, antes de la desamortización y exclaustración de sus frailes, pues la encontramos en la iglesia de San Matías en 1814, y con toda probabilidad, desde 1810, año en que se demolió la iglesia de San Francisco y la capilla de la Vera Cruz por las tropas de Napoleón y utilizaron sus sillares como cantera para otras obras de la ciudad. 
Iglesia Imperial de San Matías

Esa fecha de traslado a San Matías nos la daban las actas de la hermandad que encontré en el archivo Arzobispal y era la fecha con la que contaba cuando se realizó este artículo en diciembre de 2012, que ahora se actualiza. 

Sin embargo, en fecha reciente, el grupo parroquial de Ntra. Sra. de la Consolación en la iglesia de San Matías, dirigido por don Emilio Martos Marín, que desde el año 2013 está intentando recuperar y consolidar el culto a esta imagen, advirtió que en la reja de la inmediata capilla de San José reza una inscripción con la leyenda siguiente: "Hermandad de Ntra.Sra. de Consolación 1804". 




Este hallazgo nos decía que, evidentemente, la capilla donde la hermandad se residenció cuando cambió de sede a la iglesia de San Matías no era en la que le ha venido dando culto y donde la hemos conocido (parece que a esta la mudaron hacia 1906), sino la capilla donde se daba culto a la imagen de San José.  Probablemente allí se trasladó la hermandad de San José cuando desapareciera la hermandad de Consolación.

Esta evidencia indujo al citado grupo parroquial a conseguir del párroco el permiso para trasladar a Ntra. Sra. de la Consolación a la capilla que todo hacía suponer había sido la de su hermandad. Allí se le han tributado los cultos últimos de septiembre de 2015.

Pero ha habido un último descubrimiento que reafirma que dicha capilla había sido la de Ntra. Sra. de la Consolación en la iglesia de San Matías; al preparar la capilla para el traslado de la Virgen detrás del retablo se ha encontrado una lápida en jaspe gris con la inscripción siguiente:

"Se renobó esta capilla de Nuestra Señora de Consolación, siendo Hermano Mayor Joseph de Sebes y Mayordomo Pedro Antelo. Año de 1797".

 


De forma inmediata el Sr. Martos Marín tuvo la amabilidad de avisarme del hallazgo de las inscripciones y en ese sentido ampliar con nuevos datos este artículo.

Todo nos indica que la hermandad no pasó a la iglesia de San Matías por los avatares políticos de la Guerra de la Independencia o la posterior exclaustración de frailes del convento de San Francisco, que afectó a tanta hermandades que llegaron a extinguirse, sino que tuvo que ser un acontecimiento o motivo de otro carácter. Quizás el afán de independizarse de la Hermandad de la Vera Cruz o el estado precario con que ésta llegara a finales del siglo XVIII - la última noticia que se tiene de su estación de penitencia fue la que realizó en 1795- pudo ser la causa del traslado de la hermandad de Consolación a la parroquia en cuya jurisdicción estaba el convento franciscano, es decir, la de San Matías. 

Por las inscripciones halladas, una de 1804 y otra de 1797, se nos dice que en esas fechas ya estaba la hermandad en la citada parroquial y la última fecha, en la que se renovó o acondicionó la capilla sería la fecha del traslado. Con ella pasaría en 1797 su retablo realizado en 1681.

Retablo que pudo ser el que la hermandad traería del Convento de San Francisco "Casa Grande".

Probablemente la hermandad llegó a San Matías en decadencia. Las penosas vicisitudes que había pasado la hermandad de los gallegos a la entrada del siglo XIX, se deducen del libro de cargo y data de la cofradía en el que se dice, que en 1814 la hermandad contaba sólo con 27 hermanos, siendo por sus apellidos la mayor parte de origen gallego, como Batallán, Doval, Do Campo, Blanco, Nepueira…etc. Se había mantenido hasta los últimos tiempos de la hermandad el origen étnico de la mayor parte de sus hermanos.

Parece que la actividad cultual y procesional (aunque no en Semana Santa) se mantenía, no obstante, con un octavario a las ánimas y una función religiosa a la Virgen “con música de tambor y pito” o de la Capilla Real, cantores, colgaduras, juncia del campo para el suelo y adorno de las gradas, donde se haría el altar de cultos, y profusión de cera y, asimismo, procesión, probablemente el día de la función. 



Ntra. Sra. de Consolación en San Matías























Hacia 1827, tal vez en recuerdo de su antigua actividad penitencial, hay en el libro un gasto de cera de seis cirios que se pusieron a la Virgen el Jueves y Viernes Santos. También, ese año de 1827, siendo mayordomo José Cazorla, se hacen gastos en una peluca nueva para la imagen, se arreglan sus las pulseras, el rostrillo y “de limpiar y gobernar el corazón”, probablemente de plata, que se le pondría en el pecho. También se mantenía la procesión (parece que no se celebraba en Semana Santa) pues hay gastos anotados de llevar y traer las andas y horquillas.

En 1829, puede que la hermandad tuviera dificultades económicas, ya que se da autorización al mayordomo para que venda todos los vestidos de la Virgen y del Niño:

 exceptuando solamente los cuatro vestidos enteros, el uno de “galu”, otro morado, otro de terciopelo negro con franja de plata (seguramente el que le ponían en Semana Santa), y el que tiene puesto. Y otros tantos para el Niño y los dos rostrillos y que dichos bienes están en casa de los mayordomos”.

En la pieza 22 del legajo citado, existen documentos de la hermandad hasta el año 1833 en que era mayordomo Antonio San Martín, así como, diversas cartas de pago del “censo de la abuela” por una casa que poseía la hermandad en la Calle de la Cerrajería y un requerimiento del comisario de apremios al mayordomo “Antonio San Martín, mayordomo de la Hermandad de los Gallegos, antes de Consolación en San Francisco y ahora en San Matías, para que pague 124 reales por el censo de la Abuela que debe por fin de 1832 y los costos, de la casa nº 30 manzana 565 que hace esquina calle de Benamar en el Zacatín”.

De todo ello se deduce la difícil situación por la que atravesaba la hermandad en los años treinta del siglo XIX, que parece que pudo marcar su fin. Sin embargo, la Virgen de Consolación seguiría teniendo devoción en San Matías hasta hace pocas décadas. En 1853 se funda una asociación de señoras llamada Corte de María, que acudía cada día del mes a tributar culto a diversas imágenes de la Virgen, correspondiendo a la Virgen de Consolación en San Matías, el día 18 de cada mes. De esta asociación devota tengo referencia de sus últimas actuaciones de culto a la Virgen de Consolación en 1942, probablemente haya perdurado algunos años más. 

La imagen, que es de vestir con el Niño en brazos, permanece en San Matías, sede de la hermandad en su última etapa y en un retablo barroco, fuera de las capillas de la iglesia, a la izquierda del altar mayor. 

Actualmente se ha trasladado a su capilla, como se ha hecho referencia, colocándose la imagen de San José, que parece ser del escultor Jaime Foch y que antes la ocupaba a un lateral de la misma.






 El fervor continúa


Me es sumamente grato, que unos meses después 

de publicar el artículo inicial, del que este es 

una actualización, sobre esta histórica hermanda

de Ntra. Sra. de la Consolación de San 

Francisco,  surgiera un grupo de fieles que 

se esmera en reavivar el culto y devoción de 

esta singular imagen mariana, de tan honda 

raíz en el pasado.

Desde 2013, en el mes de septiembre y en los días cercanos a la celebración de la festividad de María, este meritorio grupo de devotos, le dedica un Triduo solemne, tras más de 150 años sin cultos, al menos, continuados ( la Asociación de Señoras de la Corte de María, le dedicó visitas hasta los años cuarenta del pasado siglo).      

Dicho Triduo consiste en el ejercicio del mismo y del Santo Rosario y una Felicitación y función el día 7 de septiembre, elaborando un bello cartel de cultos y celebraciones. También montan un elegante altar de cultos, delante de su retablo en el que homenajear a la Stma. Virgen de la Consolación.


Ntra. Sra. de Consolación en los cultos de 2013. Foto SGC.


Mis más efusivas felicitaciones a esos jóvenes devotos y preocupados por recuperar tan ancestral devoción  a María Santísima de la Consolación, que ha sido parte importante de la historia cofrade de Granada. Devota efigie de María, que fue contemplada con fervorosa mirada por aquellos granadinos, antepasados nuestros, en su capilla de San Francisco y en las calles granadinas las tardes del Jueves Santo vestida de Dolorosa.    
  



El referido Grupo Parroquial de Ntra. Sra. de la Consolación ha recuperado y allegado hermosas  prendas de vestir de Nuestra Señora para los citados cultos, que podrán apreciar en el blog del Grupo y que algunas subo aquí para que los lectores contemplen la belleza de las mismas. Doy las gracias al citado Grupo Parroquial y a SGC por tan bellas fotos, que realzarán el interés por esta devota imagen y para que después de tanto tiempo pueda estar presente otra vez en nuestras devociones.   


Altar de cultos. Septiembre 2013. Foto SGC.





En cultos. 2015



[1] Archivo Arzobispal de Granada. Legajo 34 f. pieza 21.

[2] Ibídem. Pieza 24.

[3] Ibídem. Pieza 20.

[4] Ibídem. Pieza s/n.

5. Diversos periódicos de los siglos XIX y XX.












sábado, 29 de diciembre de 2012

LA HERMANDAD DE LOS NEGROS Y MULATOS DE GRANADA



COFRADÍA DE PENITENCIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN Y PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (De los negros y mulatos de Granada) 




Jesús de la Humildad y Paciencia, hoy de la Meditación. Siglo XVII  


 ANTONIO PADIAL BAILÓN



Esta hermandad penitencial tenía su sede en la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor, aunque la iglesia primitiva no es la actual de dicho título, sino otra que se alzaba en el solar que hoy ocupa la contigua placeta de la Encarnación.
    
La parroquia se erigió en ese lugar en 1501, utilizando, en sus inicios del siglo XVI, como iglesia una mezquita preexistente allí situada, llamada de Majadalbecy, cerca de la Puerta de San Jerónimo o Bib-Riha, que quiere decir “del abasto”, porque por ella entraban las mercancías de la Vega que se comercializaban en la ciudad. Después, se construiría la iglesia (en la hoy placeta de la Encarnación) con tres naves en estilo mudéjar, una torre, cementerio y fachada dando a la calle de San Jerónimo (Plaza de la Universidad) con entrada cubierta por pórtico (parecida a la Magdalena) y otra que daba a un callejón lateral.  

De esta parroquial se servían como capilla las monjas clarisas de la Encarnación, pues allí trasladaron su monasterio en 1541, habitando casas contiguas y abriendo su coro alto al templo.      


Convento de la Encarnación y solar de Stos. Justo y Pastor antigua
  
En esta iglesia primitiva de los Santos Justo y Pastor se fundaría una hermandad de penitencia en el último cuarto del siglo XVI, seguramente, por la conversión de una previa hermandad parroquial de culto a Nuestra Señora, que adquiriría después la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, titular del monasterio. Posiblemente, esta hermandad mariana se convertirá en cofradía de penitencia, añadiéndole a su primitivo título el pasionista de la Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo.    

El origen de esta cofradía de penitencia, basada en una previa hermandad de culto a la Virgen de la Encarnación, lo constata, a mi juicio, el hecho poco común de preceder en el título la advocación de la Virgen (Encarnación) a la pasionista de la Paciencia de Jesucristo. Decimos que esto era algo poco frecuente en las cofradías de penitencia que se creaban para conmemorar un misterio de la Pasión. Normalmente, al fundar una cofradía de penitencia prevalecía el título pasionista y, después, lo común era que se pusieran bajo la protección de una patrona mariana, yendo el nombre de ésta al final del título y, a veces, cuando la cofradía radicaba en un convento masculino, el del patrón de la Orden.



Ntra. Sra. de la Encarnación .Siglo XVI

Se trataba de una hermandad étnica, pues sus cofrades o gran parte de ellos eran de raza negra y mulatos. Es muy probable que con el tiempo, aquéllos también dieran culto al santo franciscano patrón y protector de los de su raza, San Benito de Palermo. No hay, por ahora, constancia documental de ello, pero la existencia en el Monasterio de la Encarnación de una imagen de este santo de color, induce a creer, que una vez se iniciara el expediente de canonización y, tras la muerte de este santo en 1589, en los conventos franciscanos se empezara a promover la devoción al mismo y, más aun, en aquellos que contaban con feligreses de raza negra.
   
Es por ello, más que probable, que la cofradía de negros, ya constituida, impulsara esta devoción a San Benedicto de Palermo en aquella primitiva iglesia de los Santos Justo y Pastor que, como nos hemos antes referido, servía de capilla al convento adjunto de clarisas franciscanas.
    
Este seguro culto de la hermandad de negros y mulatos al santo franciscano se pudo producir, tal vez, por indicación de las monjas clarisas, por ser santo de la orden, o que fueran aquellas gente de color las que decidieran impulsar con su cofradía la devoción al futuro santo de color en los años siguientes a su muerte.
      

San Benedicto de Palermo del convento de la Encarnación


La cofradía de los negros y mulatos realizaba su estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo, conociéndose escasos datos de la misma. Es, otra vez, Enríquez de Jorquera quien primero nos da noticias de la misma y lo hace al referirse a determinados sucesos acaecidos que obligan al Prelado a suprimir su estación de penitencia. Enríquez de Jorquera, de forma lacónica, nos dice hacia 1645, que es cuando escribe sus Anales, que “fue de penitencia de los negros y mulatos y salia el Viernes Sancto y por causas evidentes la quitó el ordinario y oy la sirben jente blanca”. 

Es decir, que hacia mediados del siglo XVII ya estaba servida por gente blanca, aunque también contara con gente de color.


No explica cuáles fueron las "causas evidentes" por las que la suprimió el Prelado, aunque nos puede inducir a suponer que dichas causas pudieron ser de carácter racial de sus cofrades; y ello, porque al describir que eran de esa raza sus cofrades, es decir, “por causas evidentes”, continúa con una especie de justificación, al decir que “hoy la sirven gente blanca”.
     
Era una época en la que la limpieza de sangre constituía requisito fundamental para acceder a determinadas corporaciones religiosas, para lo que se examinaba, incluso, la procedencia de los antepasados de los hermanos y los de sus esposos,  por lo que no es de extrañar que esta cofradía étnica no fuera aceptada por determinados estamentos civiles y religiosos.
    
Suspendida la cofradía por los motivos que sospechamos, la reducción de hermandades penitenciales de 1597 decretada por el arzobispo Pedro de Castro y Quiñones le afectaría de derecho, aunque no de hecho, por llevar algunos años suspendida por causas propias y no genéricas como el resto de las cofradías. Sabemos que en ese año sólo se autorizaron las más antiguas: la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad.
      
Parece que tras la prohibición de la hermandad, que sería a los pocos años de realizar sus primeras estaciones de penitencia, la cofradía vuelve a realizar en 1606 otra procesión de sangre o de flagelantes. Es decir, que la cofradía continuó con vida, conservando su carácter penitencial (al ir de sangre ese año), a pesar de no realizar su estación de penitencia de la Semana Santa.

Esa salida de sangre de 1606 fue con motivo de una gran sequía que se produjo dicho año. El arzobispado ordenó realizar plegarias en todos los templos y rogativas para implorar la lluvia, para que cesase la hambruna y carestía que la sequía había provocado.


El prelado ordenó que saliesen todas las cofradías de sangre como si fuese Semana Santa, las que salieron “con mucha gente de azote”. Entre ellas, volvió a procesionar de sangre la de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “que solía ser de negros”, sigue diciendo Henríquez de Jorquera, aunque más tarde, hacia 1646, la componían mayoritariamente gente blanca.

     

Aquella salida de 1606 la hizo con gente de azote o disciplinantes para hacer estación en el convento de la Victoria, de Mínimos de San Francisco de Paula. Este convento con su iglesia estaba al final de la Cuesta de la Victoria, que parte del Paseo de los Tristes, bajo la Alhambra, y termina en la calle de San Juan de los Reyes, donde estaba su iglesia y convento.

Un suceso acaecido en esta procesión de 1606, conmovió a la ciudad. Un sujeto principal de la misma, el caballero noble don Pedro de Aranda, que ese día era el encargado de llevar el estandarte de la Cofradía de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “murió de cansancio”  (probablemente fue un infarto) y fue llevado a sepultar a San Jerónimo.

Las últimas noticias que teníamos de la cofradía de los negros y mulatos eran, hasta hace poco tiempo, de ese año de 1606, pues casi la única fuente que hasta aquí se ha manejado, es decir, Los Anales de Henríquez de Jorquera, no revelaban más detalles. Sin embargo, la hermandad continuó a lo largo del XVII, como veremos a continuación.


Y es que las cofradías no desaparecían ipso facto por muchas dificultades que tuvieran a lo largo de su existencia; aunque no realizaran su acostumbrada estación de penitencia, o al menos, no haya noticias de que la realizaran de forma regular, seguían dando culto a sus titulares, ocupándose de las actividades que ordenaban sus estatutos y ésta conservo el culto a sus imágenes y ciertas prácticas penitenciales.


Hace años, encontré en el Archivo del Arzobispado de Granada otras noticias de la hermandad, entre ellas que, en 1624, el hermano mayor y prioste, Juan de Cepeda y Ayala, llegada la Semana Santa de ese año, puso "como era de costumbre", el paso de la Humildad de Jesucristo 

"(...) se puso en el cuerpo de la Iglesia, como es uso y costumbre, el paso de la Humildad de Nuestro Señor Jesucristo y una cruz al lado." (1).


La anterior descripción nos da idea de que en esa fecha se seguía representando, al poner la cruz al lado del Cristo, el momento en que Jesús aguarda paciente la preparación de los elementos de su Crucifixión, iconografía que suscita la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia (hoy de la Meditación) que se conserva en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor. Un conflicto surgió ese año, cuando el hermano encargado de recoger de los fieles las limosnas del Jueves y Viernes Santos, un tal Muñiz, las entregó al beneficiado de la parroquia, don Pedro Gutiérrez de Estella, y éste las hace suyas, sin querer entregarlas a la hermandad, alegando que:


"(...) no la ha de dar por quanto es dueño de la dicha yglesia y la limosna es suia y el tal passo de la dicha Santa Umildad se a de poner por su voluntad, sin que en esto tengan los hermanos acción alguna". 


No estando conformes los hermanos con esta actitud del beneficiado acuden al Provisor, manifestando que el paso es de la Cofradía por haberlo hecho a su costa y le reclama al beneficiado 100 reales, que era la cantidad que por lo común se recogía en años anteriores en esos días de la Semana Santa. También, denunciaban al sacerdote por su gran avaricia, que no se contentaba con lo mucho que le pagaba la cofradía, siendo ésta pobre: 

    
"(...) por ser como a sido en su servicio de gente  humilde y pobre como son negros y mulatos, que frecuentemente le an consentido al dicho beneficiado las dichas exacsiones illicitas contra todo derecho,  a los que extorsionó por más de veinte años"

Asimismo, pedían que el beneficiado no impidiese realizar las cosas que incumbían a la cofradía, como eran las fiestas que se hacían a Ntra. Sra. de la Encarnación como:
 
 " (...) traer danças, ministriles, músicas y repiques de campanas, así menores como mayores y colgar la iglesia; asimismo, se tase las limosnas que se deben dar por las misas de las nueve fiestas de Ntra. Sra., Pascua de Reyes y de la Encarnación y no pueda en las tales misas estorbar que aia sermones(…)"


Este párrafo resulta de interés porque nos dice las fiestas que, además de la principal, que era el día de la Encarnación, patrona de la cofradía, celebraba las otras nueve fiestas de la Virgen y lo hacía de forma bastante festiva (con danzas, músicas y repiques). 



El hermano, Alonso Muñiz, encargado de las limosnas, defraudó a la cofradía, al alegar ante el Provisor, que aunque la póstula la realizó con la insignia de la Humildad y junto a su capilla, lo hizo en nombre de la Hermandad del Santísimo, aunque, también, pidió para Ntra. Sra. de la Encarnación y para el aceite de la Madre de Dios, en la noche del Jueves Santo y, por el día, para el Señor de la Humildad, acudiendo, asimismo, a las tres de la madrugada de Jueves Santo para pedir en la cercana iglesia de la Compañía de Jesús (la actual de los Santos Justo y Pastor); y que al Señor de la Humildad se le pusieron 24 velas alrededor y un ciento de naranjas y lo demás para la lámpara. 


El beneficiado se defendió por su parte, diciendo que no impedía la actividad de la hermandad, sino que era magnánimo con ella y sólo quería que se respetara el derecho parroquial y que le pidieran permiso para celebrar las funciones y fiestas; también pedía que se le comunicara quién sería el predicador y el agasajo que se le daba.




La Hermandad Rosariana
 
A finales de ese siglo XVII la hermandad sufre una importante modificación, probablemente desaparece como hermandad de culto pasionista para convertirse en rosariana, con la celebración de rosarios públicos, que podríamos decir que era la novedad en las últimas décadas de ese siglo y durante el siguiente.


En 1698, Alfonso de Aguirre, hermano mayor de la Cofradía y Hermandad de la Esclavitud del Santísimo de la parroquia de Santos Justo y Pastor, protesta, manifestando "(...) que de poco tiempo a esta parte se ha fundado en dicha iglesia una llamada hermandad con el título del Rosario de Nuestra Señora de la Encarnación (...)" , y que dicha hermandad pedía en días para los que no tenía licencia (sólo lo podían hacer los sábados y algunos días más) y que procedía a hacer nóminas de hermanos, apuntando a personas por el barrio para cobrarles por semanas, haciendo competencia a la Esclavitud del Santísimo. 


Esta transformación se había realizado, dándose nuevas Constituciones  el día 15 de septiembre de 1694, impulsada por elementos del clero, bajo la protección del arzobispo don Martín de Ascargosta,  seguramente, cuando la anterior hermandad racial estaba decaída y como una forma de impulsar la práctica del Rosario y preservar el culto antiguo de Ntra. Sra. de la Encarnación. El arzobispo concedía 40 días de indulgencias a las personas que asistieran cada vez que saliera el rosario por las calles de la ciudad (2).


     El Provisor dictó auto, dando la razón a la hermandad rosariana, que fue apelado por la Esclavitud del Santísimo. El pleito duró hasta 1704, finalizándose con una resolución salomónica por parte de la autoridad eclesiástica.



La hermandad sigue viva durante todo el siglo XVIII, pues, en 1765, el Padre Lachica Benavides nos notifica la existencia en la antigua iglesia de los Santos Justo y Pastor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación. En esa fecha, se veneraba su imagen en un altar del colateral derecho, que sería el de la hermandad. También la hermandad aparece en el informe sobre las cofradías que mandó elaborar el arzobispo Barroeta en 1769.  

Aún en 1773, hay constancia de la existencia de la hermandad, pues existe una calcografía de Ntra. Sra. de la Encarnación de la parroquia de los Santos Justo y Pastor en Museo de la Casa de los Tiros de esa fecha, realizada en tiempo de los mayordomos Manuel González y Joseph López.

Probablemente, la hermandad desapareciera cuando las disposiciones ilustradas de Carlos III exigieron a las hermandades, cofradías y congregaciones presentar sus estatutos a la aprobación de Real Consejo de Castilla, bajo pena de supresión de la corporación que no lo hiciera. A partir de último cuarto del siglo XVIII, parece que no hay más noticias de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Encarnación, aunque los cultos a la imagen siguen realizándose a lo largo del siglo. 

Expulsados los jesuitas, en 1767, de su Colegio de San Pablo (actual Universidad) y de su iglesia, la parroquial de los Santos Justo y Pastor pasa, en 1799, a la iglesia jesuita, donde hoy permanece. 

La antigua parroquial queda como iglesia del Monasterio de la Encarnación, hasta su demolición en 1837 por orden de Pedro Lillo, presidente de la Junta de Enajenación de Bienes Desamortizados y, en su lugar, se construye la actual placeta de la Encarnación (3) y a las monjas no les queda otro remedio que construir nueva capilla en una sala dentro de su monasterio, donde hoy permanece.

Probablemente la hermandad no pasó a la nueva parroquial, ni tampoco sus imágenes, que aún se conservan en la capilla del Convento de la Encarnación (Nuestra Señora y San Benedicto de Palermo). La Virgen de la Encarnación, titular del convento, y, por los tanto, ligada al mismo, al igual que su hermandad, quedaron en el mismo. 

Respecto a la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia, actualmente se me presentan razonables dudas de que saliera del convento. Si bien, hasta ahora, hemos supuesto que dicha imagen podría ser la del actual Jesús de la Meditación, de la Cofradía de los Estudiantes, no me parece razonable, que quedaran las imágenes antes dichas y la cofradía en el convento y la de Jesús de la Humildad y Paciencia pasara en 1799 a la actual parroquial de Santos Justo y Pastor. De todas formas, no es descartable que lo hiciera, si la imagen hubiera sido propiedad de la parroquia.

Pero es que, dentro de la clausura del monasterio de la Encarnación existe una imagen de Jesús de la Humildad, aunque representa iconográficamente a un Ecce Homo, que pudiera haber sido la imagen de la cofradía, si bien no la primitiva, porque es imagen del círculo de Pedro de Mena.


A lo largo del siglo XIX, a la imagen de Ntra. Sra. de la Encarnación, que queda en el convento, es objeto de funciones y cultos. A partir de 1853, es la Asociación de señoras de la Corte de María, la que le dedica cultos los días 25 de cada mes, hasta bien entrado el siglo XX (en 1916 se anuncian sus cultos por la prensa).







Jesús de la Meditación. Miércoles Santo 2012





     Las imágenes



      
Como hemos analizado, no se sabe con certeza cuáles fueron las imágenes a las que daba culto la Cofradía de Ntra. Sra. de la Encarnación y Paciencia de Cristo. Tradicionalmente, se supone, que el hoy llamado Jesús de la Meditación, que se venera en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor, pudo ser una de sus imágenes, si bien tampoco la primitiva, pues ésta sería del siglo XVI y Jesús de la Meditación es talla del siglo XVII y que se atribuye al círculo de los Mora, si bien ha sido poco estudiada hasta el momento. Si fue esta imagen la titular de la antigua cofradía, lo sería cuando ya había perdido su carácter penitencial

La iconografía de esta talla, en la que Jesús espera pacientemente sentado sobre una roca a que terminen los preparativos de la Crucifixión, se presta a que pudiera representar el momento pasionista al que daba culto la antigua cofradía de penitencia de la Paciencia. No obstante, las noticias sobre nuestras hermandades de penitencia en la segunda mitad del siglo XVII, son escasísimas. Pudiera, tras los desastres económicos y de las guerras que mantiene España en Portugal y Cataluña en la década de los años cuarenta de ese siglo, haber recuperado la hermandad su naturaleza penitencial y haber encargado entonces la imagen. También, como era usual, podría la hermandad haber realizado salidas penitenciales esporádicas a lo largo del XVII con esta nueva imagen. 






Aunque antes se ha tratado, no quiero dejar de referirme a la otra imagen de Ecce Homo que conservan las monjas dentro de su clausura, que lleva clámide púrpura y cetro de caña, que aunque pudiera haber sido titular de la Cofradía, tampoco es seguro que lo fuera, porque también adosada al muro exterior del convento, existía una capilla callejera, dando a la calle de San Jerónimo en la que se veneraba un Ecce Homo conocido como el Ecce Homo de la Puerta de San Jerónimo, de notoria devoción para aquéllos que entraban y salían por dicha puerta para viajar o para realizar sus labores en la Vega. La imagen estaba alumbrada por constante lamparilla de aceite, y que al demolerse la citada puerta, dice Enríquez de Jorquera, que la pusieron en la pared del convento de la Encarnación. Aun éste conserva la huella en el muro del convento de lo que parece que fue su capilla pública.  



En cuanto a Ntra. Sra. de la Encarnación, la principal titular de la hermandad y patrona del convento, en la capilla del Monasterio se venera la imagen de esta advocación, que por sus características pertenece al último cuarto del siglo XVI y que sí puede ser con más seguridad la imagen titular de la hermandad. Es una imagen de talla completa con el Niño en sus brazos y, como se ha dicho reiteradamente, era común en siglos pasados que las imágenes de la Virgen con advocaciones letíficas y que a su vez eran titulares de hermandades de penitencia, llegada la Semana Santa se las vistiera de duelo con mantos y sayas negras para realizar la estación de penitencia.


Como he escrito en este artículo, es probable que la hermandad de negros y mulatos dieran culto y procesionaran la imagen de San Benedicto de Palermo, que aún se encuentra en la capilla del Monasterio de la Encarnación. Gallego y Burín da por hecho su pertenencia a la cofradía de negros y mulatos, tal vez, por conocer algún documento que así lo confirmara y la atribuye a José de Mora. El santo viste el hábito franciscano y porta en su mano una cruz, mientras con la izquierda abre su hábito para mostrar un corazón flameante. 

      




San Benito de Palermo, titular de la Hermandad de Negros y Mulatos. José de Mora S.XVII

     

Activo Mora desde 1660, aproximadamente, nos puede indicar que la cofradía de negros, pese a las prohibiciones que padeció, seguía con vida suficiente en la última mitad del siglo XVII, como para encargar esta imagen del Santo de color a dicho escultor.
         
Mucho nos queda por conocer de nuestras antiguas hermandades; muchas incógnitas que plantearnos ante los indicios que poco a poco se presentan. Muchas de ellas tuvieron una vida más rica y más duradera de la que los documentos que nos van llegando por ahora nos presentan.
  

La actual capilla del convento hoy es sede de la Hermandad de Jesús Cautivo y María Santísima de la Encarnación. Es curioso como en los tiempos actuales, la advocación de Encarnación, vuelve a ser titular de una hermandad de penitencia y en el mismo lugar donde nació la antigua cofradía. 


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1 Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 7 f, pieza 9.

2. Ibídem , pieza nº 7.    

3.  BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 20 de octubre de 1836.