sábado, 29 de diciembre de 2012

LA HERMANDAD DE LOS NEGROS Y MULATOS DE GRANADA



COFRADÍA DE PENITENCIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN Y PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (De los negros y mulatos de Granada) 




Jesús de la Humildad y Paciencia, hoy de la Meditación. Siglo XVII  


 ANTONIO PADIAL BAILÓN



Esta hermandad penitencial tenía su sede en la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor, aunque la iglesia primitiva no es la actual de dicho título, sino otra que se alzaba en el solar que hoy ocupa la contigua placeta de la Encarnación.
    
La parroquia se erigió en ese lugar en 1501, utilizando, en sus inicios del siglo XVI, como iglesia una mezquita preexistente allí situada, llamada de Majadalbecy, cerca de la Puerta de San Jerónimo o Bib-Riha, que quiere decir “del abasto”, porque por ella entraban las mercancías de la Vega que se comercializaban en la ciudad. Después, se construiría la iglesia (en la hoy placeta de la Encarnación) con tres naves en estilo mudéjar, una torre, cementerio y fachada dando a la calle de San Jerónimo (Plaza de la Universidad) con entrada cubierta por pórtico (parecida a la Magdalena) y otra que daba a un callejón lateral.  

De esta parroquial se servían como capilla las monjas clarisas de la Encarnación, pues allí trasladaron su monasterio en 1541, habitando casas contiguas y abriendo su coro alto al templo.      


Convento de la Encarnación y solar de Stos. Justo y Pastor antigua
  
En esta iglesia primitiva de los Santos Justo y Pastor se fundaría una hermandad de penitencia en el último cuarto del siglo XVI, seguramente, por la conversión de una previa hermandad parroquial de culto a Nuestra Señora, que adquiriría después la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, titular del monasterio. Posiblemente, esta hermandad mariana se convertirá en cofradía de penitencia, añadiéndole a su primitivo título el pasionista de la Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo.    

El origen de esta cofradía de penitencia, basada en una previa hermandad de culto a la Virgen de la Encarnación, lo constata, a mi juicio, el hecho poco común de preceder en el título la advocación de la Virgen (Encarnación) a la pasionista de la Paciencia de Jesucristo. Decimos que esto era algo poco frecuente en las cofradías de penitencia que se creaban para conmemorar un misterio de la Pasión. Normalmente, al fundar una cofradía de penitencia prevalecía el título pasionista y, después, lo común era que se pusieran bajo la protección de una patrona mariana, yendo el nombre de ésta al final del título y, a veces, cuando la cofradía radicaba en un convento masculino, el del patrón de la Orden.



Ntra. Sra. de la Encarnación .Siglo XVI

Se trataba de una hermandad étnica, pues sus cofrades o gran parte de ellos eran de raza negra y mulatos. Es muy probable que con el tiempo, aquéllos también dieran culto al santo franciscano patrón y protector de los de su raza, San Benito de Palermo. No hay, por ahora, constancia documental de ello, pero la existencia en el Monasterio de la Encarnación de una imagen de este santo de color, induce a creer, que una vez se iniciara el expediente de canonización y, tras la muerte de este santo en 1589, en los conventos franciscanos se empezara a promover la devoción al mismo y, más aun, en aquellos que contaban con feligreses de raza negra.
   
Es por ello, más que probable, que la cofradía de negros, ya constituida, impulsara esta devoción a San Benedicto de Palermo en aquella primitiva iglesia de los Santos Justo y Pastor que, como nos hemos antes referido, servía de capilla al convento adjunto de clarisas franciscanas.
    
Este seguro culto de la hermandad de negros y mulatos al santo franciscano se pudo producir, tal vez, por indicación de las monjas clarisas, por ser santo de la orden, o que fueran aquellas gente de color las que decidieran impulsar con su cofradía la devoción al futuro santo de color en los años siguientes a su muerte.
      

San Benedicto de Palermo del convento de la Encarnación


La cofradía de los negros y mulatos realizaba su estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo, conociéndose escasos datos de la misma. Es, otra vez, Enríquez de Jorquera quien primero nos da noticias de la misma y lo hace al referirse a determinados sucesos acaecidos que obligan al Prelado a suprimir su estación de penitencia. Enríquez de Jorquera, de forma lacónica, nos dice hacia 1645, que es cuando escribe sus Anales, que “fue de penitencia de los negros y mulatos y salia el Viernes Sancto y por causas evidentes la quitó el ordinario y oy la sirben jente blanca”. 

Es decir, que hacia mediados del siglo XVII ya estaba servida por gente blanca, aunque también contara con gente de color.


No explica cuáles fueron las "causas evidentes" por las que la suprimió el Prelado, aunque nos puede inducir a suponer que dichas causas pudieron ser de carácter racial de sus cofrades; y ello, porque al describir que eran de esa raza sus cofrades, es decir, “por causas evidentes”, continúa con una especie de justificación, al decir que “hoy la sirven gente blanca”.
     
Era una época en la que la limpieza de sangre constituía requisito fundamental para acceder a determinadas corporaciones religiosas, para lo que se examinaba, incluso, la procedencia de los antepasados de los hermanos y los de sus esposos,  por lo que no es de extrañar que esta cofradía étnica no fuera aceptada por determinados estamentos civiles y religiosos.
    
Suspendida la cofradía por los motivos que sospechamos, la reducción de hermandades penitenciales de 1597 decretada por el arzobispo Pedro de Castro y Quiñones le afectaría de derecho, aunque no de hecho, por llevar algunos años suspendida por causas propias y no genéricas como el resto de las cofradías. Sabemos que en ese año sólo se autorizaron las más antiguas: la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad.
      
Parece que tras la prohibición de la hermandad, que sería a los pocos años de realizar sus primeras estaciones de penitencia, la cofradía vuelve a realizar en 1606 otra procesión de sangre o de flagelantes. Es decir, que la cofradía continuó con vida, conservando su carácter penitencial (al ir de sangre ese año), a pesar de no realizar su estación de penitencia de la Semana Santa.

Esa salida de sangre de 1606 fue con motivo de una gran sequía que se produjo dicho año. El arzobispado ordenó realizar plegarias en todos los templos y rogativas para implorar la lluvia, para que cesase la hambruna y carestía que la sequía había provocado.


El prelado ordenó que saliesen todas las cofradías de sangre como si fuese Semana Santa, las que salieron “con mucha gente de azote”. Entre ellas, volvió a procesionar de sangre la de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “que solía ser de negros”, sigue diciendo Henríquez de Jorquera, aunque más tarde, hacia 1646, la componían mayoritariamente gente blanca.

     

Aquella salida de 1606 la hizo con gente de azote o disciplinantes para hacer estación en el convento de la Victoria, de Mínimos de San Francisco de Paula. Este convento con su iglesia estaba al final de la Cuesta de la Victoria, que parte del Paseo de los Tristes, bajo la Alhambra, y termina en la calle de San Juan de los Reyes, donde estaba su iglesia y convento.

Un suceso acaecido en esta procesión de 1606, conmovió a la ciudad. Un sujeto principal de la misma, el caballero noble don Pedro de Aranda, que ese día era el encargado de llevar el estandarte de la Cofradía de la Encarnación y Paciencia de Cristo, “murió de cansancio”  (probablemente fue un infarto) y fue llevado a sepultar a San Jerónimo.

Las últimas noticias que teníamos de la cofradía de los negros y mulatos eran, hasta hace poco tiempo, de ese año de 1606, pues casi la única fuente que hasta aquí se ha manejado, es decir, Los Anales de Henríquez de Jorquera, no revelaban más detalles. Sin embargo, la hermandad continuó a lo largo del XVII, como veremos a continuación.


Y es que las cofradías no desaparecían ipso facto por muchas dificultades que tuvieran a lo largo de su existencia; aunque no realizaran su acostumbrada estación de penitencia, o al menos, no haya noticias de que la realizaran de forma regular, seguían dando culto a sus titulares, ocupándose de las actividades que ordenaban sus estatutos y ésta conservo el culto a sus imágenes y ciertas prácticas penitenciales.


Hace años, encontré en el Archivo del Arzobispado de Granada otras noticias de la hermandad, entre ellas que, en 1624, el hermano mayor y prioste, Juan de Cepeda y Ayala, llegada la Semana Santa de ese año, puso "como era de costumbre", el paso de la Humildad de Jesucristo 

"(...) se puso en el cuerpo de la Iglesia, como es uso y costumbre, el paso de la Humildad de Nuestro Señor Jesucristo y una cruz al lado." (1).


La anterior descripción nos da idea de que en esa fecha se seguía representando, al poner la cruz al lado del Cristo, el momento en que Jesús aguarda paciente la preparación de los elementos de su Crucifixión, iconografía que suscita la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia (hoy de la Meditación) que se conserva en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor. Un conflicto surgió ese año, cuando el hermano encargado de recoger de los fieles las limosnas del Jueves y Viernes Santos, un tal Muñiz, las entregó al beneficiado de la parroquia, don Pedro Gutiérrez de Estella, y éste las hace suyas, sin querer entregarlas a la hermandad, alegando que:


"(...) no la ha de dar por quanto es dueño de la dicha yglesia y la limosna es suia y el tal passo de la dicha Santa Umildad se a de poner por su voluntad, sin que en esto tengan los hermanos acción alguna". 


No estando conformes los hermanos con esta actitud del beneficiado acuden al Provisor, manifestando que el paso es de la Cofradía por haberlo hecho a su costa y le reclama al beneficiado 100 reales, que era la cantidad que por lo común se recogía en años anteriores en esos días de la Semana Santa. También, denunciaban al sacerdote por su gran avaricia, que no se contentaba con lo mucho que le pagaba la cofradía, siendo ésta pobre: 

    
"(...) por ser como a sido en su servicio de gente  humilde y pobre como son negros y mulatos, que frecuentemente le an consentido al dicho beneficiado las dichas exacsiones illicitas contra todo derecho,  a los que extorsionó por más de veinte años"

Asimismo, pedían que el beneficiado no impidiese realizar las cosas que incumbían a la cofradía, como eran las fiestas que se hacían a Ntra. Sra. de la Encarnación como:
 
 " (...) traer danças, ministriles, músicas y repiques de campanas, así menores como mayores y colgar la iglesia; asimismo, se tase las limosnas que se deben dar por las misas de las nueve fiestas de Ntra. Sra., Pascua de Reyes y de la Encarnación y no pueda en las tales misas estorbar que aia sermones(…)"


Este párrafo resulta de interés porque nos dice las fiestas que, además de la principal, que era el día de la Encarnación, patrona de la cofradía, celebraba las otras nueve fiestas de la Virgen y lo hacía de forma bastante festiva (con danzas, músicas y repiques). 



El hermano, Alonso Muñiz, encargado de las limosnas, defraudó a la cofradía, al alegar ante el Provisor, que aunque la póstula la realizó con la insignia de la Humildad y junto a su capilla, lo hizo en nombre de la Hermandad del Santísimo, aunque, también, pidió para Ntra. Sra. de la Encarnación y para el aceite de la Madre de Dios, en la noche del Jueves Santo y, por el día, para el Señor de la Humildad, acudiendo, asimismo, a las tres de la madrugada de Jueves Santo para pedir en la cercana iglesia de la Compañía de Jesús (la actual de los Santos Justo y Pastor); y que al Señor de la Humildad se le pusieron 24 velas alrededor y un ciento de naranjas y lo demás para la lámpara. 


El beneficiado se defendió por su parte, diciendo que no impedía la actividad de la hermandad, sino que era magnánimo con ella y sólo quería que se respetara el derecho parroquial y que le pidieran permiso para celebrar las funciones y fiestas; también pedía que se le comunicara quién sería el predicador y el agasajo que se le daba.




La Hermandad Rosariana
 
A finales de ese siglo XVII la hermandad sufre una importante modificación, probablemente desaparece como hermandad de culto pasionista para convertirse en rosariana, con la celebración de rosarios públicos, que podríamos decir que era la novedad en las últimas décadas de ese siglo y durante el siguiente.


En 1698, Alfonso de Aguirre, hermano mayor de la Cofradía y Hermandad de la Esclavitud del Santísimo de la parroquia de Santos Justo y Pastor, protesta, manifestando "(...) que de poco tiempo a esta parte se ha fundado en dicha iglesia una llamada hermandad con el título del Rosario de Nuestra Señora de la Encarnación (...)" , y que dicha hermandad pedía en días para los que no tenía licencia (sólo lo podían hacer los sábados y algunos días más) y que procedía a hacer nóminas de hermanos, apuntando a personas por el barrio para cobrarles por semanas, haciendo competencia a la Esclavitud del Santísimo. 


Esta transformación se había realizado, dándose nuevas Constituciones  el día 15 de septiembre de 1694, impulsada por elementos del clero, bajo la protección del arzobispo don Martín de Ascargosta,  seguramente, cuando la anterior hermandad racial estaba decaída y como una forma de impulsar la práctica del Rosario y preservar el culto antiguo de Ntra. Sra. de la Encarnación. El arzobispo concedía 40 días de indulgencias a las personas que asistieran cada vez que saliera el rosario por las calles de la ciudad (2).


     El Provisor dictó auto, dando la razón a la hermandad rosariana, que fue apelado por la Esclavitud del Santísimo. El pleito duró hasta 1704, finalizándose con una resolución salomónica por parte de la autoridad eclesiástica.



La hermandad sigue viva durante todo el siglo XVIII, pues, en 1765, el Padre Lachica Benavides nos notifica la existencia en la antigua iglesia de los Santos Justo y Pastor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación. En esa fecha, se veneraba su imagen en un altar del colateral derecho, que sería el de la hermandad. También la hermandad aparece en el informe sobre las cofradías que mandó elaborar el arzobispo Barroeta en 1769.  

Aún en 1773, hay constancia de la existencia de la hermandad, pues existe una calcografía de Ntra. Sra. de la Encarnación de la parroquia de los Santos Justo y Pastor en Museo de la Casa de los Tiros de esa fecha, realizada en tiempo de los mayordomos Manuel González y Joseph López.

Probablemente, la hermandad desapareciera cuando las disposiciones ilustradas de Carlos III exigieron a las hermandades, cofradías y congregaciones presentar sus estatutos a la aprobación de Real Consejo de Castilla, bajo pena de supresión de la corporación que no lo hiciera. A partir de último cuarto del siglo XVIII, parece que no hay más noticias de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Encarnación, aunque los cultos a la imagen siguen realizándose a lo largo del siglo. 

Expulsados los jesuitas, en 1767, de su Colegio de San Pablo (actual Universidad) y de su iglesia, la parroquial de los Santos Justo y Pastor pasa, en 1799, a la iglesia jesuita, donde hoy permanece. 

La antigua parroquial queda como iglesia del Monasterio de la Encarnación, hasta su demolición en 1837 por orden de Pedro Lillo, presidente de la Junta de Enajenación de Bienes Desamortizados y, en su lugar, se construye la actual placeta de la Encarnación (3) y a las monjas no les queda otro remedio que construir nueva capilla en una sala dentro de su monasterio, donde hoy permanece.

Probablemente la hermandad no pasó a la nueva parroquial, ni tampoco sus imágenes, que aún se conservan en la capilla del Convento de la Encarnación (Nuestra Señora y San Benedicto de Palermo). La Virgen de la Encarnación, titular del convento, y, por los tanto, ligada al mismo, al igual que su hermandad, quedaron en el mismo. 

Respecto a la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia, actualmente se me presentan razonables dudas de que saliera del convento. Si bien, hasta ahora, hemos supuesto que dicha imagen podría ser la del actual Jesús de la Meditación, de la Cofradía de los Estudiantes, no me parece razonable, que quedaran las imágenes antes dichas y la cofradía en el convento y la de Jesús de la Humildad y Paciencia pasara en 1799 a la actual parroquial de Santos Justo y Pastor. De todas formas, no es descartable que lo hiciera, si la imagen hubiera sido propiedad de la parroquia.

Pero es que, dentro de la clausura del monasterio de la Encarnación existe una imagen de Jesús de la Humildad, aunque representa iconográficamente a un Ecce Homo, que pudiera haber sido la imagen de la cofradía, si bien no la primitiva, porque es imagen del círculo de Pedro de Mena.


A lo largo del siglo XIX, a la imagen de Ntra. Sra. de la Encarnación, que queda en el convento, es objeto de funciones y cultos. A partir de 1853, es la Asociación de señoras de la Corte de María, la que le dedica cultos los días 25 de cada mes, hasta bien entrado el siglo XX (en 1916 se anuncian sus cultos por la prensa).







Jesús de la Meditación. Miércoles Santo 2012





     Las imágenes



      
Como hemos analizado, no se sabe con certeza cuáles fueron las imágenes a las que daba culto la Cofradía de Ntra. Sra. de la Encarnación y Paciencia de Cristo. Tradicionalmente, se supone, que el hoy llamado Jesús de la Meditación, que se venera en la actual iglesia de los Santos Justo y Pastor, pudo ser una de sus imágenes, si bien tampoco la primitiva, pues ésta sería del siglo XVI y Jesús de la Meditación es talla del siglo XVII y que se atribuye al círculo de los Mora, si bien ha sido poco estudiada hasta el momento. Si fue esta imagen la titular de la antigua cofradía, lo sería cuando ya había perdido su carácter penitencial

La iconografía de esta talla, en la que Jesús espera pacientemente sentado sobre una roca a que terminen los preparativos de la Crucifixión, se presta a que pudiera representar el momento pasionista al que daba culto la antigua cofradía de penitencia de la Paciencia. No obstante, las noticias sobre nuestras hermandades de penitencia en la segunda mitad del siglo XVII, son escasísimas. Pudiera, tras los desastres económicos y de las guerras que mantiene España en Portugal y Cataluña en la década de los años cuarenta de ese siglo, haber recuperado la hermandad su naturaleza penitencial y haber encargado entonces la imagen. También, como era usual, podría la hermandad haber realizado salidas penitenciales esporádicas a lo largo del XVII con esta nueva imagen. 






Aunque antes se ha tratado, no quiero dejar de referirme a la otra imagen de Ecce Homo que conservan las monjas dentro de su clausura, que lleva clámide púrpura y cetro de caña, que aunque pudiera haber sido titular de la Cofradía, tampoco es seguro que lo fuera, porque también adosada al muro exterior del convento, existía una capilla callejera, dando a la calle de San Jerónimo en la que se veneraba un Ecce Homo conocido como el Ecce Homo de la Puerta de San Jerónimo, de notoria devoción para aquéllos que entraban y salían por dicha puerta para viajar o para realizar sus labores en la Vega. La imagen estaba alumbrada por constante lamparilla de aceite, y que al demolerse la citada puerta, dice Enríquez de Jorquera, que la pusieron en la pared del convento de la Encarnación. Aun éste conserva la huella en el muro del convento de lo que parece que fue su capilla pública.  



En cuanto a Ntra. Sra. de la Encarnación, la principal titular de la hermandad y patrona del convento, en la capilla del Monasterio se venera la imagen de esta advocación, que por sus características pertenece al último cuarto del siglo XVI y que sí puede ser con más seguridad la imagen titular de la hermandad. Es una imagen de talla completa con el Niño en sus brazos y, como se ha dicho reiteradamente, era común en siglos pasados que las imágenes de la Virgen con advocaciones letíficas y que a su vez eran titulares de hermandades de penitencia, llegada la Semana Santa se las vistiera de duelo con mantos y sayas negras para realizar la estación de penitencia.


Como he escrito en este artículo, es probable que la hermandad de negros y mulatos dieran culto y procesionaran la imagen de San Benedicto de Palermo, que aún se encuentra en la capilla del Monasterio de la Encarnación. Gallego y Burín da por hecho su pertenencia a la cofradía de negros y mulatos, tal vez, por conocer algún documento que así lo confirmara y la atribuye a José de Mora. El santo viste el hábito franciscano y porta en su mano una cruz, mientras con la izquierda abre su hábito para mostrar un corazón flameante. 

      




San Benito de Palermo, titular de la Hermandad de Negros y Mulatos. José de Mora S.XVII

     

Activo Mora desde 1660, aproximadamente, nos puede indicar que la cofradía de negros, pese a las prohibiciones que padeció, seguía con vida suficiente en la última mitad del siglo XVII, como para encargar esta imagen del Santo de color a dicho escultor.
         
Mucho nos queda por conocer de nuestras antiguas hermandades; muchas incógnitas que plantearnos ante los indicios que poco a poco se presentan. Muchas de ellas tuvieron una vida más rica y más duradera de la que los documentos que nos van llegando por ahora nos presentan.
  

La actual capilla del convento hoy es sede de la Hermandad de Jesús Cautivo y María Santísima de la Encarnación. Es curioso como en los tiempos actuales, la advocación de Encarnación, vuelve a ser titular de una hermandad de penitencia y en el mismo lugar donde nació la antigua cofradía. 


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1 Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 7 f, pieza 9.

2. Ibídem , pieza nº 7.    

3.  BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GRANADA de 20 de octubre de 1836.


 

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