viernes, 29 de marzo de 2013

COFRADÍA DE LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO





 




ANTONIO PADIAL BAILÓN


 
No hemos de confundir esta cofradía con otra de título similar, la del Santo Crucifijo de la Sangre, Animas Benditas del Purgatorio y Ntra. Sra. de la Encarnación, que se servía en la iglesia del convento de Santa Cruz la Real (Santo Domingo) de la que ya se ha tratado en este blog. Esta de la Sangre de Jesucristo, nace en el siglo XVII en el Convento de Ntra. Sra. de las Mercedes (La Merced), de mercedarios calzados, donde después se fundarán otras hermandades de penitencia, desgajadas de esta de la Sangre de Jesucristo, como fueron la de Jesús de la Humildad, de la que ya hemos tratado anteriormente y la de Jesús Nazareno de la Merced, que trataremos en otra ocasión.

El convento de mercedarios calzados se establece en Granada muy tempranamente, porque lo hicieron por fundación Real, primeramente en una capilla levantada hacia 1497 por devoción de un tal Alonso Gallego, a la entrada de la ciudad por el Camino Real de Santa Fe en el lugar que fue después Hospital de San Lázaro (en la Caleta) y, años después, en 1514, adquieren un corral de ganado y matadero junto a la iglesia de San Ildefonso, cerca de la Puerta de Elvira, donde a partir de 1530 levantan la iglesia, que actualmente existe, aunque transformada y que ocupa la esquina que forman las calles Acera de San Ildefonso y Cuesta de la Alhacaba. La portada según fotografías y grabados de la segunda mitad del siglo XIX era similar a la del Hospital Real.
Situados extramuros de la ciudad, en lugar escasamente poblado, para atraer el mayor número de devotos (y con ello la posibilidad de mayores ingresos económicos en demandas, cultos y misas), al igual que otras órdenes religiosas, favorecen el establecimiento en la iglesia de su convento de hermandades y cofradías, fundándose allí, entre 1575 y 1580, la Hermandad de penitencia de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.



La comunidad de Mercedarios Calzados le cedería para dar culto a las imágenes de la hermandad “una grandiosa capilla” según nos dice Henríquez de Jorquera, que califica a la hermandad de “antigua”. La capilla era la tercera del lado izquierdo de la iglesia, según se entra, o lado del Evangelio, tras la que daba acceso al claustro del convento[1]. 

Antiguo Convento de la Merced Calzada. Después penal y hasta hoy establecimiento militar.
LA PROCESIÓN
La Cofradía de la Sangre de Jesucristo realizaba su estación de penitencia el Jueves Santo por la tarde, después de la Cofradía de la Virgen de las Angustias y Transfixión y de la Cofradía de la Vera Cruz, por ser estas más antiguas.
Seguramente en sus primeros años lo haría con la imagen de un Crucificado y una Dolorosa, para, y según era costumbre en las hermandades penitenciales granadinas, ir, más tarde, incorporando otros pasos a su estación de penitencia, como el del Ecce Homo o Señor de la Humildad, un Cristo Amarrado a la Columna y un Nazareno.
La imágenes de estos pasos que procesionaba la hermandad en su estación de penitencia, eran servidas por una  especie de subcofradía encargada de darles su culto y prepararlas para la procesión, a modo de cofradías filiales de la principal, que tendría el carácter de archicofradía de la Sangre de Jesucristo. Lo mismo ocurría con la Cofradía de la Pasión del convento de la Trinidad. Lo más seguro es que también procesionara, años después, al Patrón de la Orden Mercedaria San Pedro Nolasco, como también era usual en las cofradías establecidas en conventos[2].  
Esta gran cofradía de penitencia procesionaba varias imagenes, quizá la más devota durante el siglo XVI y XVII sería la del Crucificado, que tomaría la advocación generica de la hermandad, es decir, la de Cristo de la Sangre, del que trataremos después, cuando analicemos las imágenes de la cofradía y que cerraría la procesión de penitencia. Ésta seguría un orden cronológico de la Pasión, con la imagen de Jesús a la Columna, después la de Jesús de la Humildad, seguida de la de Jesús Nazareno y la de Nuestra Señora.

Crucificado de la Sangre


La estación de penitencia la realizaba a las ocho de la tarde, aunque los Prelados irán dictando una serie de decretos de obligado cumplimiento para las cofradías, a fin de que éstas adelantaran sus horarios, de modo que no hubiera ninguna en la calle después de las diez de la noche.
Henríquez de Jorquera nos da idea del hábito penitencial de sus hermanos. Éstos vestían hábito negro y no llevaban caperuz o capillo, “…salieron con sus túnicas negras y descubiertos los rostros con sus cuellos enmoldados”, es decir, irían con los cuellos almidonados de la época, bien de los llamados de “golilla” en el siglo XVI o cuellos amplios de encaje de la época de Felipe III en el siglo XVII. En la Semana Santa antigua de Granada, no todos los hábitos llevaban capirote; aun hoy en Loja se han coservado unos hábitos que carecen de él y estos de la Hermandad de la Sangre pudieran ser semejantes a los conservados en aquella localidad.  

Nazarenos de Loja
La hermandad seguirá a finales del siglo XVI y primera mitad del XVII las vicisitudes de las restantes cofradías con su suspensión en 1597, de la que hemos tratado en otras cofradías, su autorización en 1612 y la reducción en los años treinta del siglo XVII. Todo ello no le efectó a su continuidad, hoy lo sabemos por ciertos documentos que obran en el archivo Histórico del Arzobispado.

Periodos de decadencia alternaron con otros de auge y, así, la hermandad continuó su vida a lo largo de este siglo XVII y aun realizaba su procesión de penitencia en 1706, más tarde de lo que pensabamos hasta hoy. Esto nos lo constatan los documentos de un conflicto entre el  mayordomo de la Hermandad de penitencia del Señor San Pedro, el mínimo Julián Martínez, sita en el convento de mínimos de la Victoria, y el beneficiado de la parroquia de San Juan de los Reyes, por el cobro de la asistencia del beneficiado de dicha parroquia a la procesión del Miércoles Santo que realizaba la Hermandad del Señor San Pedro.
Como prueba, el beneficiado de San Juan de los Reyes, presenta un certificado de lo cobrado por la parroquia de San Ildefonso en la procesión de la Hermandad de la Sangre de Jesucristo:
"Como beneficiados que somos desta iglesia parrochial de San Ildefonso desta ciudad de Granada, certificamos que los derechos parrochiales que se han dado a esta dicha parrochia y ha sido siempre costumbre por la procesión de penitencia de la Sangre de Jesucristo, que sale del convento de Ntra. Sra. de las Mercedes, Redempción de Cautivos término desta dicha parrochia con la asistencia de ocho eclesiásticos regularmente han sido ocheta y ocho reales de vellón … a 24 de marzo de 1706"3].  
Años más tarde, la hermandad sí perece que entró en una  decadencia de la que no se repuso como tal hermandad. Las filiales, a lo largo del siglo XVIII, van a recoger el testigo de la principal, independizándose de ella. Así, en 1729, aparece en el convento de la Merced la Hermandad de Jesús Nazareno, con nuevas reglas en la que se aprecia como una reorganización después de la decadencia de la matriz, pues en la solicitud de aprobación de su regla dice: …an procurado restablecer esta venerable hermandad que de muchos años a esta parte se allaba perdida con el fin de aumentar a Jesús Nazareno el maior culto y veneración posible…” [4].
Asimismo, unos años después, en 1740, se reorganiza independiente la hermandad de Jesús de la Humildad, de la que ya hemos tratado en este blog, y la de Ntra. Sra. de la Soledad, como ramas desgajadas del árbol de la Hermandad de la Sangre de Jesucristo.
De todo este galimatías, se deduce que, a pesar de todos estos desgajes del tronco de la matriz, ésta pudo continuar a lo largo del siglo XVIII. La creencia en esta continuidad nos viene avalada por el hecho de que, a mediados de ese siglo, aparece una hermandad de la Sangre de Jesucristo unida a la Jesús de la Humildad en el convento de la Victoria. A este convento de los Mínimos, fueron a parar algunas cofradías de la Merced, entre ellas la de Nuestra Señora de la Guía y Conversión de San Pablo (de ciegos) y lo mismo pudo ocurrir con la hermandad de la Sangre. Incógnita ésta que aun está por aclarar.
Podría tratarse de una fusión de los restos de la Cofradía de la Sangre con la Hermandad de la Humildad del convento de la Victoria, por algún conflicto con las filiales y los mercedarios calzados. En esa época, una cuestión parecida llevó a la Hermandad de Ntra. Sra. de Guía, al convento de la Victoria para agregarse a la Hermandad de la Asunción por un conflicto parecido.       
Sin embargo, en 1765, el Padre Lachica Benavides nos da la noticia de la existencia en el convento de la Merced Calzada de una cofradía del Cristo de la Buena Muerte, que pudiera seguir dando culto al Crucificado de la Sangre y nos dice:
 “... y en ella hai Imagenes muy debotas, y que han obrado muchas maravillas. Una es el Sto. Christo de la Buena Muerte. Es muy antigua y se ignora su origen, solo se sabe que esta en este convento desde su primero establecimiento”.  
¿Pudiera haber ocurrido, que en la hipótesis de que, desgajadas sus filiales del Nazareno y Humildad, los restos de la Cofradía de la Sangre al pasar al Convento de la Victoria, para unirse a la antigua Hermandad de Jesús de la Humildad de este convento, hubieran dejado al Crucificado en la Merced, trasladandose sólo el resto de los hermanos sin imagen? Son incognitas que, por ahora, no estamos en disposición de resolver.  

Iglesia de la Merced en la actualidad

LAS IMÁGENES
Las imágenes a las que diera culto la Hermandad y procesionara en sus estaciones de penitencia, serían con toda seguridad algunas de las pasionistas que hoy se veneran o se han venerado hace algunos años en la cercana iglesia de San Ildefonso. Me inclino a pensar que las mayor parte de las imágenes de la cofradía fueron realizadas en el taller de Pablo de Rojas, maestro de Martínez Montañés, bien de su mano o de la de sus discípulos. Esta teoría va sustentada por el hecho de que el maestro mantenía un taller muy activo en Granada y su antiguo reino y, además, ya había realizado trabajos importantes para la iglesia del Convento de la Merced en la época de la fundación de la hermandad de penitencia, como el retablo de la Inmaculada Concepción y puede que también las imágenes de dicho retablo.
Se sabe que la iglesia de la Merced contaba con tres Crucificados. Uno de ellos venerado en la capilla de la Cofradía de la Sangre, y a sus pies una Dolorosa. Estas imágenes fueron  a las que daba culto y procesionaba la Hermandad el Jueves Santo; y otros dos Crucificados en la sacristía del templo, aunque estos, según el inventario de la Exclaustración publicado el día 30 de agosto de 1837, uno era “mediano de talla” y el otro Crucifijo “de talla alto con cruz y diadema de madera”, es decir corona de espinas naturales o talladas. Por ello, el paso del Crucificado (que gozaría de mas devoción que los de la sacristía), sería el de su capilla, que parece no ser otro que el que fue a parar con la exclaustración a la cercana Iglesia de San Ildefonso. Es una imagen de Cristo en la Cruz, atribuido al círculo de Pablo de Rojas, que se ha venerado en la citada iglesia hasta 1982, año en el que pasó a presidir el presbiterio de la nueva iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Mercedes de la Casería de Montijo. Este Cristo es de tamaño natural, de la época cercana a la fundación de la cofradía, pues es imagen de un naturalismo inicial, sin apenas “contrapostto”, con diadema de limbo de plata y que pasó a San Ildefonso procedente de la iglesia de la Merced Calzada.



Tradicionalmente los vecinos de la Calle Real, con este Crucificado de San Ildefonso y la Dolorosa, realizaban un Vía Crucis el Viernes Santo por la tarde y cuyo itinerario lo llevaba hasta las calles de San Juan de Dios y del Santísimo, visitando también las ermitas del Cristo de la Yedra, en la calle Real, de San Isidro Labrador y la del Santísimo. Este Vía Crucis con dichas imágenes, y que yo he presenciado, se celebró hasta los años setenta del pasado siglo.
        
Crucificado de tradición en nuestra Semana Santa, pues en torno a él fue fundada en 1935 la Cofradía del Cristo de la Expiración (Escolapios). Que este Cristo procedía de la Merced Calzada, parece ser que era la opinión (tal vez transmitida por tradición oral) de directivos de la Federación de Cofradías, pues en el acta de 23 de marzo de 1935 en la que se alude a la salida de la nueva Hermandad del Cristo de la Expiración, lo denominan “Cristo de la Merced”[5].
Respecto a la Dolorosa que procesionara y diera culto la Cofradía de la Sangre de Jesucristo, no podemos afirmar con certeza que imagen sería. Si sabemos que en la capilla de la Cofradía existía una Dolorosa, que sin duda sería a la que daba culto la Hermandad. De hecho, en la capilla, dicha Dolorosa estaba junto al Crucificado y a sus pies. El inventario de 1837 de la Exclaustración dice: “ hay en la capilla tercera- que era la de la Sangre- un altar y ara quebrada con un Crucifijo y una Dolorosa al pie, dos atrileras y una lámpara de hoja de lata”.


Dolorosa procedente de San Ildefonso y de la Merced, hoy en las Calabaceras
Esta Dolorosa, pudiera ser la que con la advocación de Nuestra Señora de la Luz [6] aparece en el inventario de la Hermandad de Jesús Nazareno del convento de la Merced, hermandad, que como hemos antes afirmado, parece que se desgaja en 1729 de la Cofradía que estamos tratando de la Sangre de Jesucristo. Esta imagen pudo también pasar tras la Exclaustración,  junto con el Crucificado, a la iglesia de San Ildefonso. De hecho, a sus pies, se veneraba en esa iglesia desde tiempo inmemorial a una Dolorosa, de la misma forma en que se veneraban en la capilla de la Cofradía de la Sangre de la iglesia de la Merced, es decir, al pie del Crucificado. A ambas imágenes las he visto de esa forma en San Ildefonso en mi adolescencia, porque fui feligrés de aquella parroquia.



Antes del envío del Crucificado a la parroquia de la Casería de Montijo, me comentó una persona informada que un capellán de las monjas entregó la Dolorosa a las Carmelitas Calzadas (Calabaceras), en cuyo convento está hoy dentro de su clausura. Alguna vez la imagen de esta Dolorosa he sido colocada en el altar de cultos de la Hermandad  del Cristo de la Luz, residente últimamente en dicho convento, en los llamados “Reviernes” de dicho Crucificado de la Luz.




Cristo de la Humildad o de las Burlas de San Ildefonso ¿ Pablo de Rojas ? ¿Diego de Vega? Hacia 1580-1585.


Dentro del carácter de las antiguas hermandades penitenciales granadinas, la Cofradía de la Sangre de Jesucristo procesionaba otros pasos, como se ha dicho anteriormente, cuyas imágenes pasionistas no podían ser otras que las que existían en el Convento de la Merced, algunas de las cuales subsisten en la iglesia de San Ildefonso. Tal es el caso del Señor de la Humildad, llamado hoy de las Burlas, imagen de bulto y tamaño inferior al natural que está en dicha iglesia de San Ildefonso. Se trata de una imagen de Cristo sedente cubierto con manto púrpura, que representa a la Coronación de Espinas. Aunque se presenta sin el cetro y la corona, seguramente era de plata u hoja de lata con nimbo, que llevaba antiguamente. Es una imagen del estilo de Pablo de Rojas, bien del maestro o de algún discípulo, por las características que en ella se manifiestan se le podría atribuir, sin olvidarnos de otro escultor con él relacionado como Diego de Vega, al que hoy se le atribuye el Cristo de la Columna de Guadix.



Cristo de la Columna de Guadix. atribuido a Diego de Vega

Señor de la Humildad, procedente de la Merced, hoy en San Ildefonso
En el inventario después de la Desamortización, publicado el 31 de agosto de 1837, aun quedaba esta imagen en la capilla de la Sangre, pasaría después a San Ildefonso. Dicho inventario dice:

“…un altar con un Ecce Homo de talla (Señor de la Humildad), lámpara de hojalata y cuadro con moldura blanca y negra de San Juan Bautista”.

Otro paso sería el de Señor Amarrado a la Columna. Obra que parece de taller, que también sigue el tipo de los de Rojas, especialmente del Señor de la Paciencia de la Cofradía de las Penas. De tamaño inferior al natural, esta atado a una columna alta y se venera actualmente en la capilla tercera de la izquierda de la iglesia de San Ildefonso.


Amarrado a la Columna de San Ildefonso, posible imagen de la Cofradía de la Sangre de la Merced
Por último, también procesionaba el paso de Jesús Nazareno, de cuya imagen desconocemos su paradero y que, como hipótesis, probablemente fue realizado por Rojas o por discípulos de su taller, pues este escultor trabajó en esa época tridentina de fundación de cofradías para varias de ellas, como fue el caso del Nazareno la de la Virgen de las Angustias. En cuyo caso sería imagen de talla completa y formas parecidas a los Nazarenos de las Angustias, de Huetor Vega (antes en el convento de los Mártires) o el de Priego (también realizó el maestro un Nazareno para la Cofradía de la Pasión de Cristo del Convento de la Trinidad, que tampoco sabemos cual será su paradero). 

Si nos figamos en el grabado del Nazareno de la Merced, que ponemos a continuación, podemos apreciar el arqueamiento de las piernas, postura necesaria para arrastrar la cruz, muy típico de los Nazarenos de Rojas, con la faz erguida mirando al pueblo. Llevaba corona de espinas de plata con nimbo, soga al cuello y los remates de la cruz esféricos o de perinola.

Este Nazareno, como antes hemos manifestado, será titular, también, a partir de 1729 de la Cofradía de Jesús Nazareno de la Merced, descgajada del tronco de la Sangre de Jesucristo.
    


Grabado de estampa del archivo de don Armando López Murcia
En el inventario de la Desamortización que se realiza en la iglesia de la Merced publicado en el B.O.P de 31 de agosto de 1837, se describe que en la capilla segunda del colateral derecho un altar con la efigie de Jesús Nazareno (parece que al haberse creado hermandad propia con dicha imagen, la nueva cofradía del Nazareno, abandona la capilla de la Sangre, que era la tercera del lado izquierdo de la iglesia para trasladarse a la segunda del lado derecho, que la de Ntra. Sra. de la Asunción:

 “… hay un altar de material con la efigie de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas. Una lámpara de metal y dos efigies de San Joaquín y Santa Ana de talla”.  
También en la sacristía constata la existencia de“…un arcón de pino largo con cerradura y llave, dentro la túnica de Jesús Nazareno y varias ropas de sacristía”.
¿Donde iría a parar este Nazareno, que por lo que hemos expuesto, pudo haberlo realizado Pablo de Rojas?   Para ello, quiero lanzar una última hipótesis: 
En el último tercio del siglo XIX se oficiaba en el Beaterio del Santísimo en la calle de ese nombre, un triduo a la imagen de Jesús Nazareno seguido de procesión que se celebraba todos los años el último domingo de enero, procesión que iba hasta la plaza de la Merced y el Arco de Elvira. Imagen que tuvo que contar con cierta devoción, pues en 1885 se le hace una rogativa para que remitiera la epidemia de cólera. ¿Podría la imagen del Nazareno haberse entregado a este Beaterio cercano a la Merced Calzada? No he visitado este beaterio en su interior y, por lo tanto, no puedo contar con fotografía de dicha imagen, ni sé si aun está en dicho establecimiento, sí permanecía aun en 1918, porque la Hermandad del Santo Via Crucis realizó la estación de ese año al Cerro del Aceituno con dicho Nazareno[8].
 
Nazareno de 1918 de la Hermandad del Vía Crucis, porcedente, según la prensa, del Beaterio del Santísimo



Muchas incógnitas quedan por resolver de esta hermandad que en este trabajo tratamos y, en general, del resto de nuestras antiguas hermandades. A medidas que se despejan algunas de dichas incognitas surjen otros enigmas que impiden completar su historia. Sin embargo, hoy estamos en la situación de ir desvelando muchos de sus secretos, que hasta hace poco menos de dos décadas se mantenían insondables en muchos de sus detalles.  

Una más de nuestras antiguas hermandades penitenciales, que desapareció desafortunadamente y que ,de permanecer aun o de haberse recuperado después, si la cultura de nuestros cofrades hubiera contribuido a ello, habría engrandecido, devota, histórica y artísticamente nuestra Semana Santa y sus estaciones de penitencia.
   

[1]
GILA MEDINA, Lázaro, LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús y iguel Luis. Los Conventos de la Merced y San Francisco Casa Grande de Granada, pág 16, plano. Universidad de Granada 2002.
[2] ANTONIO PADIAL BAILÓN, Antonio, La Cofradía de penitencia de la Sangre de Ntro. Sr. Jesucristo, Revista Gólgota nº 39 de Junio de 2008.  
3] ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 34 f, pieza 34. 
[4] Libro de Cabildos y Cuentas de la Hermandad de Jesús Nazareno del Convento de la Merced de Granada.
[5] PADIAL BAILÓN Antonio, La Semana Santa de Granada a través de la Federación de Cofradías, pág 126. Granada 2002.
[6] Libro de Cabildos y Cuentas de la hermandad de Jesús Nazareno de la Merced
[7] ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 27 F,pieza1.
[8] Diario La Gazeta del Sur de 31 de marzo de 1918.













miércoles, 20 de marzo de 2013

LA ANTIGUA HERMANDAD DE LA ORACIÓN EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS







SEÑOR DE LA ORACIÓN EN EL HUERTO DE SAN ANTÓN


Granada contó entre sus primeras hermandades de penitencia con la de la Cofradía de la Oración en el Huerto de los Olivos. Ésta nace en el convento granadino de San Antonio Abad, al amparo de los frailes Terceros de San Francisco, que llegan a Granada en 1534 y se establecen por disposición del arzobispo Gaspar de Ávalos en un morabito musulmán al otro lado del río Genil, en la hoy calle del Santo Sepulcro. Allí existían dos morabitos desde la época musulmana mandados construir por el rey Alhamar extramuros de la ciudad y que conquistada ésta se van a cristianizar, convirtiéndose dos ermitas: la de San Antón, llamado "El Viejo" y la del Santo Sepulcro en el Cerro de los Rebites.

Por un documento del Archivo Histórico Nacional investigado por el profesor Gómez-Moreno Calera, parece que el primer asentamiento de los frailes estuvo en la ermita del Santo Sepulcro.   

Allí hay un promontorio sobre el río Genil, una vez cruzado el Puente Verde, donde se erigieron ambos morabitos a unos 500 metros, uno del otro. Al inicio de la cuesta, que parte del principio de la actual Avenida de Cervantes, se erguía la ermita de San Antón Viejo y  la del Sepulcro algo más arriba, junto a la hoy urbanización del Serrallo. Ambos, como hemos dicho, pertenecían a la citada Orden Tercera.

Cuesta del Santo Sepulcro en Avda. de Cervantes
Normalmente, los primeros establecimientos de religiosos regulares se solían erigir extramuros de la ciudad, porque, en principio, los arzobispos eran muy reticentes a aprobar fundaciones de conventos en el centro  de la urbe. Esto se debía, a que estos establecimiento de frailes representaban cierta competencia económica para las parroquias, en cuanto a la recogida de limosnas, celebraciones de funciones y otros cultos. También, los escasos medios económicos con que contaban determinadas órdenes religiosas, hacía que estas eligieran comprar inmuebles para su establecimiento, donde les resultaba más barato o también solían aprovechar la cesión de ermitas en el extraradio, como sería el caso de estos Terceros Franciscanos.


Ermita del Santo Sepulcro. Grabado de Chapuy.
La Hermandad de la Oración en el Huerto, seguramente, se va a fundar en alguno de estos primitivos establecimientos cercanos al Camino Alto de Huétor, es decir, o en la ermita de San Antón "el Viejo" o en la del Santo Sepulcro. La fecha de fundación tuvo que ser poco después de 1580, pues en ese año, el dos de marzo, se funda la Hermandad de la Humildad de Jesucristo del convento de mínimos de la Victoria, que era más antigua que la de la Oración en el Huerto. Todo apunta a que ésta sería fundada en los primeros años de esa década de los ochenta del siglo XVI.

Los frailes terceros comprobarían que en aquellos lugares apartados donde estaban las ermitas de su primer establecimiento, no tendrían la afluencia de fieles necesaria para sus fines apostólicos, y como era usual en estas órdenes establecidas extramuros, buscaron la primera ocasión propicia para trasladarse lo más cerca posible del centro de la ciudad. Y así, en 1565, consiguen de la Casa Real, en tiempos de Felipe II, unos terrenos en las atarazanas de la ciudad, pertenecientes a la renta de hábices, cerca de la Alhóndiga Zaída y de la Puerta Real, en el sitio que después sería el inicio de la Calle Recogidas, donde aun hoy está enclavado el convento e iglesia de San Antón.

Decimos que la cofradía se pudo fundar en alguna de las citadas ermitas, porque, si bien los frailes adquieren los nuevos terrenos en el centro en 1565, no empezaron a construirlos inmediatamente, sino de forma paulatina. La iglesia comenzó a construirse a principios del siglo XVII, hacia 1612 (1). Por ello, es muy probable que la Cofradía de la Sagrada Oración en el Huerto empezase a realizar su estación de penitencia desde el nuevo y céntrico convento de San Antón a partir de ese año, aunque la iglesia en 1612 sólo estaba levantada hasta los arcos de las capillas laterales.


Desde sus inicios, la Cofradía de la Oración en el Huerto salía de “sangre”, es decir, con flagelantes, y a la temprana hora de las cuatro de la tarde del Miércoles Santo, día en que también procesionaba la Cofradía de la Humildad de Ntro. Señor Jesucristo, del convento de la Victoria, de Mínimos de San Francisco de Paula, que salía a la misma hora desde su iglesia de la Cuesta de la Victoria. La coincidencia de ambas cofradías en las calles de la ciudad provocaba conflictos por prelación de paso y horario, que con otras emulaciones, hacían que ambas cofradías mantuvieran una tradicional rivalidad. De hecho, los horarios no los observaba la Cofradía de la Oración, dando lugar a frecuentes incidentes entre ambas, al anticiparse algunos años a la de la Humildad, que por ser más antigua, pretendía pasar antes que la Oración en el Huerto.


El itinerario de la Oración en el Huerto en esas primeras décadas en que pudo salir de alguna de las antes mencionadas ermitas, debió de ser espectacular en su llegada al Puente del Genil, discurriendo por sus alamedas, hasta entrar en la ciudad por la hoy Carrera de la Virgen.

SEÑOR DE LA ORACIÓN EN SU PRIMITIVO RETABLO

"Cofradía- ésta de la Oración en el Huerto- de grande ostentación”, según Henríquez de Jorquera, contaba en sus filas, hacia 1597, con más de seiscientos hermanos, según declaraba su hermano mayor, cuando ese año quedó reducida en el proceso entablado por el arzobispo don Pedro de Castro y Quiñones contra las cofradías de penitencia.

Era, en esos años de finales del Quinientos, de las que más excesos cometían en su salida penitencial, causados, especialmente, por sus escuadras de flagelantes. Así, se le acusa en referido proceso de haber dado en 1595 a sus hermanos de disciplina confituras, vino y otras viandas por su jefe de escuadras Sebastián Ruíz, participando en la procesión en estado ebrio, cosa que provocó gran escándalo. Dichas viandas las costeaba la Cofradía, afirmaba la acusación, porque el tal Sebastián Ruiz era un hombre pobre, talabartero de profesión. También, se acusaba a la Cofradía de que dicho Sebastián trataba de sustraer flagelantes de otras cofradías, ofreciéndoles recompensas para atraerlos a las escuadras de la Cofradía de la Oración en el Huerto.

Parece, no obstante, que los métodos empleados para obtener  las pruebas de los excesos cometidos no fueron demasiado ortodoxos, pues el prioste de la hermandad manifestó en el proceso: “que hicieron que dijese que lo consentía (los referidos excesos) sin poderlo hacer, ni dejar 

defenderse”. 

En 1612 el arzobispo, don Pedro González de Mendoza, autorizó su salida penitencial, previo pago de cien ducados para el dorado de la capilla mayor de la Catedral, que en ese tiempo se estaba haciendo. También ese año, dio autorización para que saliese en la madrugada del Viernes Santo a la de Jesús Nazareno del convento de los Mártires.

Es muy probable que esta salida de 1612 la hiciera desde la nueva iglesia de San Antón (Jorquera dice expresamente que salió ese año del convento de San Antón). “…salieron estas dichas cofradías este año - se refiere también a la de la Humildad a se autorizó a salir el año anterior de 1611  - muy grandiosas y muy copiosas de gente y de cera, porque por haber tantos años que no salían estaban perdidas”.

Iglesia de San Antón

Ese paréntesis parece que no le afectó demasiado a la Cofradía, porque según Henriquez de Jorquera sus hermanos mayores y mayordomos lo trabajaron mucho con sus personas y haciendas.

Esta cofradía parece que contó en sus filas con personas nobles y  caballeros adinerados, como Don Pedro de Hinojosa y Venegas de Granada, que ese año de 1612 portó el estandarte de la hermandad, y que por su apellido debía de ser descendiente de la Casa Real Nazarí, del Príncipe Al-Nayar y de Cetti Meriem, que adoptaron al cristianizarse el apellido Granada, dueños del palacio que conocemos como Casa de los Tiros.

Durante el periodo que media entre 1612 y 1631, la cofradía hace su estación de penitencia con regularidad, desde la iglesia de San Antón, afirmando Jorquera que en la primera mitad del siglo estaban muchas hermandades en él establecidas, entre ellas esta de la Oración que poseía, como las otras, capilla propia dentro del templo.

En 1631, el Provisor del arzobispado Juan Palacios, a petición del Cabildo de la Catedral, vuelve a prohibir las cofradías por sus excesivas demandas. En el fondo de estas prohibiciones estaba la cuestión económica, ya que las cofradías suponían una competencia importante en esta materia para el clero. Así, lo primero que hizo el Provisor fue prohibir las demandas de limosna, “pues había cofradías que las pedían tres o cuatro veces al día”. La suspensión afectó a todas, a excepción, otra vez como ocurrió en 1597, de las tres más antiguas: Vera Cruz, Angustias y Soledad y a las Sacramentales. 

Las cofradías suplicaron al Prelado que las dejara realizar sus respectivas estaciones, ya que tenían hecho todo el gasto, cosa que no hizo mella en el arzobispo que se mantuvo firme en la prohibición, bajo amenaza de excomunión y pago de una multa de doscientos ducados.

Contra esta resolución, al llegar la Semana Santa de 1632, la Cofradía de la Oración en el Huerto se une a su rival la de la Humildad de Cristo del convento de la Victoria, para acudir ante el Nuncio de Su Santidad en apelación a la reducción del año anterior. Alegaban dichas cofradías que habían estado saliendo desde 1612, sin contradicción por parte del arzobispado en su estación (2).  

Sin embargo, ocho años después, en 1639, se vuelve a autorizar la procesión de penitencia de la Oración en el Huerto por el arzobispado. Así, en la Semana Santa de 1640 nos dice Henríquez de Jorquera : 

“El 4 de Abril de 1.640 salió tan opulenta y grandiosa que no se a bisto en esta dicha ciudad. Fueron novecientas hachas por número, los cuales salieron con banderolas grandiosas. Fue tanta la jente que salió a ver esta cofradía que no se podía rejender por las calles...”

Este mismo año intenta salir el día 13 de Abril en una segunda procesión de sangre hasta el Triunfo, junto con la Archicofradía del Rosario. El motivo era el desagravio por el libelo aparecido el contra la virginidad de María, clavado en la pared del Ayuntamiento, que estaba situado entonces en el edificio de la Madraza o Medersa en la calle Oficios. Sin embargo, no llegaron a realizar esta procesión al Triunfo por así disponerlo el Provisor de la Diócesis.

Dos años después, en 1642 la cofradía no hizo su estación de penitencia por estar falta de medios económicos. En los años cuarenta del siglo XVII las guerras que sostenía la nación y las crisis económicas dejaron al país sin dinero y sin hombres, lo que probablemente motivó que la Cofradía, con escasos medios humanos y pecuniarios, entrara en decadencia, como tantas otras hermandades.


El Señor de la Oración en el Huerto de San Antón. Foto de José Martínez Rioboo, hacia 1915. Catálogo Exposición 2002.

Esta cofradía, no era la única que daba culto y procesionaba al misterio de la Oración en el Huerto. En el Convento de la Santísima Trinidad la Cofradía de la Pasión de Ntro Señor Jesucristo, sacaba en su estación de penitencia de la mañana del Viernes Santo, una serie de pasos que constituían una síntesis de la Pasión, entre ellos, Jesús de la Columna, la Flagelación y la Oración en el Huerto de los Olivos. Por lo que este último misterio, estaba ampliamente representado en nuestra antigua Semana Santa. 

La hermandad no desaparece

Sin embargo, hoy estamos en condición de afirmar que la hermandad no desapareció, como se creía hasta hace poco tiempo. Tras los acontecimientos referidos de la década de los años cuarenta del XVII, volvió a realizar sus estaciones de penitencia, quizás no todos los años. La prueba de ello la tenemos por un informe de 1682 por el que el beneficiado de la parroquia de Ntra. Sra. de las Angustias, a la que pertenecía el convento de los Terceros, lo certifica, diciendo lo siguiente: 

"Asimesmo certifico que en la procesión que sale el Miércoles Santo, a que asiste esta parrochia, del Convento de San Antonio Abad (la de la Oración en el Huerto) se pagan los mesmos derechos referidos. Dado en 29 de mayo de 1682" (3)

Con la anterior cita nos encontramos documentada la existencia de la Hermandad de la Oración en el Huerto aun a finales del siglo XVII, realizando su estación de penitencia el Miércoles Santo, en el mismo día en que la realizaba desde su fundación. Probablemente, llegaría a los inicios del siglo XVIII, en el cual, por ahora, no se tienen noticias de la cofradía.  

A lo largo del siglo XVIII, el convento de San Antón no se vio privado de hermandades carácter pasionista o penitencial. Del seno de la Oración en el Huerto, seguramente en ese siglo surgió la Hermandad de Ntra. Sra. de las Lágrimas, que parece que más tarde adoptó la advocación de Soledad y que aun subsiste en 1809. Lo cierto es que en la capilla de dicha Dolorosa, según un inventario de 1724 aparece la imagen del Señor de la Oración en el Huerto. 
También en esa época, adquieren auge las vías sacras granadinas, en las que las hermandades de ese carácter solían procesionar imágenes, recorriendo las estaciones, cruces o capillas callejeras de dichas vías. Y en el convento de San Antón surge la Vía Sacra llamada de San Antón el Viejo, que mantenía la Orden Tercera.

Esta Vía Sacra, que ya he subido a este blog, procesionaba imágenes de Pasión desde la ermita del Pretorio (junto a los Escolapios) hasta la ermita del Santo Sepulcro de los Rebites. En la Vía Sacra procesionaba, al Señor del Pretorio, (aún hoy en su capilla dentro del colegio de del Sagrado Corazón), el Nazareno, una Soledad. Y también salía en Semana Santa, precisamente el Miércoles Santo (4).  


Nazareno de San Antón. Puede ser de Diego de Mora y posible Nazareno de la ermita del Santo Sepulcro.


NAZARENO DE SAN ANTÓN. Probablemente venerado en la Ermita del Santo Sepulcro de los Rebites.
De la celebración de este vía crucis y de los cultos que organizó la Orden Tercera de San Antón a principios del siglo XIX, concretamente el día 9 de abril de 1809 -en plena Guerra de la Independencia-, poseo constancia escrita. Probablemente la Vía Sacra se estuvo andando hasta 1835 en que se exclaustraron los frailes y se vendieron las ermitas. Ese día 9 de abril era domingo y de la procesión que se realizó desde San Antón con las imágenes de Jesús del Pretorio, Jesús Nazareno y Nra. Sra. de la Soledad. Estas dos últimas imágenes seguro que son las que se conservan hoy en la clausura de San Antón.

Soledad de San Antón. Pudo ser de la Antigua Hermandad del Huerto

Esta Soledad es la que saldrá en la Semana Santa de 1901, cuando una orden del arzobispo don José Moreno y Mazón, por haberse producido determinados conflictos con la Hermandad de la Soledad de Santa Paula (hoy de San Jerónimo), desautorizó la salida de ésta y ordenó sacar en su lugar la de San Antón para procesión del Viernes Santo de ese año. En los años posteriores estuvo prohibida la procesión del Viernes Santo, pero volvió a celebrarse en 1907, en que el Prelado ordena la formación de una comisión para sacar la procesión de la Soledad, pero no con su hermandad tradicional de Santa Paula, ni con su imagen, sino con esta Soledad del convento de San Antón.
Aun hoy podemos venerar a la imagen de esta antiquísima hermandad de penitencia de la Oración en el Huerto en la misma sede de San Antón de los frailes Terceros, aunque tras la exclaustración allí se trasladaron las Madres Capuchinas, donde actualmente permanecen. Esta imagen del Señor ha estado también presente en nuestra Semana Santa moderna, al ser procesionada, a inicios del siglo XX, en los Viernes Santo de 1909 a 1918 en la llamada Procesión del Santo Entierro Antológico. Iba con una palmera y algunos años con un Ángel de San Miguel Bajo, atribuido a José de Mora (5).

En 1910 no salió por oponerse a ello don Francisco de Paula Valladar, presidente del Centro Artístico, que organizaba la procesión, quizás por entender que no tenía mucho valor artístico. En 1911 estrenó una túnica realizada por las monjas de Santa Paula. Tenía otra  bordada en oro regalada por dos señoras, que seguramente conservarán las capuchinas.
 
Señor de la Oración en el Huerto de la actual hermandad.


Ventiseis años después de aquella última salida del Señor de la Oración en el Huerto de la iglesia de San Antón, dentro del Santo Entierro Antológico, se fundará, en 1944, la nueva hermandad del Señor en el Huerto de los Olivos y María Santisima de la Amargura, con el bello misterio debido a la gubia de Domingo Sánchez Mesa y la sin par Dolorosa de la Amargura salida de la mano de los Moras.  



    María Santísima de la Amargura de la actual Hermandad de la Oración en el Huerto


____________________________ 
1 GOMEZ-MORENO CALERA, José Manuel, Arquitectura religiosa granadina en la crisis del Renacimiento, págs. 203-204. Granada 1989.
2 ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 11 F, pieza nº5.
3 Ibídem, legajo 8 F. pieza S/N.
4 PADIAL BAILÓN, Antonio. Revista "Calle Elvira", Las ermitas del Pretorio y del Santo Sepulcro y su Vía Sacra. Nº de Marzo de 2013. Granada.
5. Prensa de la época.