lunes, 4 de marzo de 2013

LA HERMANDAD DE JESÚS NAZARENO DE LOS MÁRTIRES

PRIMITIVA  HERMANDAD DE LA SANTA CRUZ DE JERUSALÉN,  SANTA ELENA  Y  NTRO. PADRE JESÚS NAZARENO 

(CONVENTO CARMELITA DESCALZO DE LOS SANTOS MÁRTIRES DE GRANADA)

LA IMAGEN DEL NAZARENO EN SU ASPECTO ORIGINAL



                
ANTONIO PADIAL BAILÓN  
           
         
 INTRODUCCIÓN

La primitiva Hermandad de Jesús Nazareno, como corporación penitencial, se fundó en nuestra ciudad antes de 1582. Pasarán 400 años hasta que surja la hermandad actual de Jesús Nazareno de Granada, fundada en diciembre de 1981. Esta hermandad actual se erigirá, al igual que la primera, curiosa coincidencia, en un convento carmelitano: El de las Madres Carmelitas Descalzas. La antigua y primitiva Hermandad, de la que aquí trataremos, se fundó en el convento de frailes Carmelitas Descalzos de los Santos Mártires Cosme y Damián, situado en el denominado Campo de Ahabul o Corral de los Cautivos, después Campo de los Mártires, en una de las colinas en las que se eleva el monumento universal de la Alhambra.

Este convento estaba situado en el solar que hoy conocemos como jardines de los Mártires, perteneciente actualmente al Ayuntamiento de la ciudad, como perteneció tras la Exclaustración de 1835 a los señores Calderón, que construyeron el actual palacete en el solar del convento carmelita. Después, fue propiedad del consulado de Bélgica y del Duque de Infantado, cuya hija, la monja jerónima Sor Cristina de la Cruz Arteaga, lo vendió al Excmo. Ayuntamiento de Granada por la cantidad de doce millones de pesetas, en el año 1957, dedicándose sus huertas y jardines al actual y bello parque de situación y vistas panorámicas inigualables.



MAZMORRAS DEL CAMPO DE LOS MÁRTIRES

Las hermandades de penitencia de Jesús Nazareno han sido de las que más han perdurado a lo largo de los siglos en casi todas las localidades españolas, venciendo los más diversos avatares históricos. Lo mismo ha ocurrido con las hermandades de la Vera Cruz y las de la Soledad. Ello pudiera deberse a que calaron profundamente en el pueblo por ser las devociones más significativas de la conmemoración de la Pasión de Jesucristo. Sin embargo, esta hermandad de Granada se perdió en los desgraciados acontecimientos que sufrió nuestro país en el primer tercio del siglo XIX. Aún en la última década del Setecientos, realizaba sus estaciones de penitencia, y tal vez, en la primera del Ochocientos.

En algunos pueblos la devoción a Jesús Nazareno fue tan intensa que las imágenes de esta advocación llegaron a erigirse en patronos y protectores de muchos de ellos. Fueron bastantes los lugares en los que las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno se convierten en el centro devocional de la localidad y diana donde se dirigen las súplicas de amparo de sus habitantes. Es el caso de Loja, Cijuela, Huétor Tajar, Churriana, Priego, Jaén…etc. y otras muchas localidades de España. No siendo extraño que en esos lugares sus pujantes hermandades hayan llegado a tener templo propio o una gran capilla dentro de un templo parroquial o conventual.


Convento de los Mártires. Plataforma de Vico. Aún no se había erigido la gran capilla de la hermandad que comentaremos

Sin embargo, ésta hermandad de Granada viene a constituir una de las pocas excepciones, entre las cofradías de Jesús Nazareno, que sucumbieron por los efectos de los referidos avatares históricos.

Las cofradías de “Jesús” o de “Nuestro Padre Jesús”, como el pueblo las suele denominar, vinieron a constituir una especie de contrapunto y producto de las directrices del Concilio de Trento, a la forma más usual de hacer penitencia pública en las estaciones de Semana Santa. Así, frente al ejercicio de la disciplina o flagelación que practicaban los cofrades de la mayor parte de las hermandades penitenciales, las de Jesús Nazareno preconizaban la imitación a Jesús con la cruz a cuestas por la calle de la Amargura camino del Calvario, pero con el sentido de imitar los trabajos que Jesús había padecido por expiar nuestras culpas, cumpliendo el pasaje evangélico en que Él invita al creyente a negarse a sí mismo y seguirle, llevando la cruz de cada día [1].

Era tal la devoción y el impacto de estas hermandades de Jesús Nazareno y su propagación, que pronto los imagineros tuvieron que surtir parroquias y conventos de imágenes de Jesús con la cruz al hombro camino del Calvario, especialmente, cuándo durante los siglos XVII y XVIII se generalizan los "vía crucis", para recorrer las estaciones de la vía sacra.

FUNDACIÓN Y TÍTULO

En Granada, como hemos anticipado, no faltaron estas cofradías de Jesús Nazareno y la primera de ellas fue la del convento carmelita de los Santos Mártires. Fue una de las primeras que se fundaron en Andalucía, tal vez, a iniciativa de San Juan de la Cruz, que bien pudo redactar sus Reglas, cuando estuvo de prior en Granada.

Una de las más antiguas noticias que tenemos de la existencia de esta Cofradía de Jesús Nazareno, nos las proporciona Henríquez de Jorquera en sus célebres “Anales” en los que dice, al describir el convento de los Mártires:

"(...) sita en él la devota cofradía de Jesús Nazareno y Sancta Elena que sale de penitencia el Viernes Sancto por la madrugada y la sirven los mejores caballeros de Granada con grande devoción y edificación".

La primitiva hermandad granadina ostentaba el título de “Hermandad de las Cruces de Santa Elena y Jesús Nazareno” o, al menos, así se la conocía por el pueblo.

Todo apunta, a que esta antigua Hermandad de Jesús Nazareno fue el resultado de la agregación a una primitiva hermandad de Santa Elena, la de Jesús Nazareno o de la transformación de la de Santa Elena en hermandad de penitencia con la agregación del título de Jesús Nazareno.

De la más antigua, la de Santa Elena, podemos afirmar que su fundación se remontaba a los años siguientes a la conquista de la ciudad y daba culto a la Santa Cruz de Jerusalén, celebrando el día 3 de mayo la función principal en conmemoración del descubrimiento de la Cruz o de la Vera Cruz en que murió Jesús por la emperatriz Santa Elena, madre del emperador Constantino. La Emperatriz, en el año 326, manda destruir el templo de Venus, que se había construido sobre el Gólgota, y mandó cavar allí para buscar y encontrar la Cruz. Por ello, es muy probable que el título primitivo antes de convertirse en hermandad de Jesús Nazareno, fuere el de; “Hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén y Santa Elena”[2].


En cuanto a la fundación oficial de la hermandad, los datos del proceso de la reducción de Cofradías de 1597 ponen de manifiesto, al declarar su hermano mayor que la Hermandad estaba en posesión de sus Reglas desde hacía más de 18 años, que la fundación hubo de realizarse hacia los años 1579-1580, aunque la apreciación del hermano mayor pudiera no ser del todo exacta. 

Puede, como era usual en las cofradías de aquella época, que su fundación real se produjera unos años antes de la redacción de sus Reglas, con lo que nos llevaría a los primeros años del establecimiento de la Comunidad Carmelita en los Mártires, hecho que ocurrió en 1573, como posible fundación de la hermandad de penitencia a partir de esa fecha. 


RESTOS DE LA ERMITA-CASTILLO DE SANTA ELENA (Silla del Moro)


LA ANTIGUA Y LA NUEVA ERMITA

La Hermandad de Santa Elena había sido fundada en un morabito convertido en la ermita cristiana por los Reyes Católicos con el nombre de dicha santa emperatriz [3], que estaba situada en el Cerro que hoy denominamos “la Silla del Moro” o “de Santa Elena”, formando parte de una fortificación llamada, también, Castillo de Santa Elena, cuyos restos aún subsisten en los parajes cercanos al Generalife. 

Pronto, estos parajes se convirtieron en centro de oración por haberlos escogido numerosos eremitas para su retiro, aprovechando una serie de cuevas existentes en aquel lugar, que aún hoy podemos contemplar. Allí los eremitas, a lo largo de los años, proliferaron de tal forma, que llegaron en alguna época a ser más de doscientos.

Aquellos desiertos parajes de la Silla del Moro pronto estuvieron expuestos al ataque y pillaje de los moriscos sublevados en el Albaicín en 1568. Estos hechos motivarían, que por esas fechas la Hermandad de Santa Elena decidiera trasladarse a otra ermita, llamada de los Santos Mártires, cercana al recinto de la Alhambra y, por tanto, más vigilada y protegida por la guarnición de ésta, dependiente del “alcaide” de la fortaleza nazarí, el Marqués de Mondéjar. 

   Esta ermita de los Santos Mártires, a la que se le agregaba, por las circunstancias expuestas, la de Santa Elena, fue erigida también por los Reyes Católicos en época cercana a la Conquista de la Ciudad, para perpetuar el recuerdo de los mártires cristianos, Pedro de Dueñas, Juan de Cetina y Pedro N. Pascual, obispo de Jaén, sacrificados por los musulmanes en aquel lugar, lleno de mazmorras subterráneas.

Después, tomaría el nombre de los Santos Mártires Cosme y Damián, patronos de los médicos y cirujanos, en cuya ermita estos santos tuvieron próspera hermandad. Este título lo recibe la ermita hacia 1540, cuando estuvo allí predicando San Juan de Ávila el día de los citados santos, en que se dice que se “obró el milagro de la conversión de la beata María de Paz” [4].

La noticia de la citada agregación de la ermita de Santa Elena a la de los Santos Mártires Cosme y Damián y el cambio de sede de la Cofradía de las cruces de Santa Elena nos la transmite Henríquez de Jorquera cuando dice en sus Anales: “ Esta ermita es antiquísima y en tiempos de la rebeldía de los moriscos fue desamparada y la cofradía de Santa Elena, que sitaba en ella, se pasó a la ermita de San Cosme y San Damián, hoy convento de descalzos del Carmelo”.

La ermita de los Mártires de la Alhambra tenía antecedentes militares e históricos, por haberse realizado en aquel lugar la entrega de las llaves por parte de Aben Comixa al Conde de Tendilla. Ello era recordado, según documento que se conserva en el archivo municipal de la ciudad, por medio de una inscripción en una lápida, que estaba en las paredes de la antigua ermita de los Mártires.

La lápida a la que nos referimos se perdió tras la exclaustración de 1835. Sin embargo, el comprador del convento hizo llegar al Ayuntamiento la trascripción del texto de la misma que era el siguiente: “En este lugar se entregaron las llaves de la Real Fortaleza de la Alhambra el 2 de Enero de 1492, haciendo, asimismo, constar que allí dejaron unos cuadros SS los Reyes Católicos”. 

Más tarde, en 1573, el Marqués de Mondéjar, Alcaide de la Alhambra, cede la ermita y unos terrenos contiguos a la Orden de PP. Carmelitas Descalzos, por haberlo solicitado Fray Baltasar de la Cruz, para construir allí su convento. Entre los frailes que llegan a Granada en los primeros años de la fundación estaba San Juan de la Cruz, que en los años 1582 a 1588 fue designado Prior del convento granadino y allí concibió parte de sus escritos y pudo redactar las reglas de la Hermandad de Jesús Nazareno.

La ermita antigua de los Santos Cosme y Damián, al alzar su nueva iglesia los carmelitas, fue convertida en sala de cabildos de los frailes, eso ocurriría hacia 1614, año en el que realizaban los carmelitas una nueva iglesia más espaciosa. A dicha nueva iglesia le sirvió de campanario la antigua espadaña de la ermita, y que aún se apreciaba en los grabados del siglo XIX. 

Los cuadros que en ella había, en opinión de erudito periodista granadino A. Garrido del Castillo, eran los que después terminaron en el retablo de la iglesia de los Mártires, una vez que quedó inutilizada para el culto la antigua ermita. Posteriormente, con la  exclaustración no llegaron a perderse y hoy se conservan en el Museo Provincial de Bellas Artes [3].

Fundada la Hermandad, los miembros de la guarnición de la Alhambra y los principales caballeros de la ciudad, como apunta Henríquez de Jorquera, se vinculan a la Cofradía, pues en dicha ermita, de la que eran asiduos, era donde celebraban sus cultos en honor de dichos Mártires, el día de San Pedro Ad Vincula [4].  
    
Portada del libro de cuentas de la Hermandad de 1685



         

















La Reducción

En 1597, los abusos de los disciplinantes de muchas hermandades, que se excedían en su práctica de la flagelación para competir o presumir ante las mujeres por la mucha sangre que se provocaban sus espaldas con los flagelos, las demandas continuas de limosnas a los fieles y otras irregularidades, serían causa continua de conflictos con la autoridad eclesiástica, y los motivos que llevaron al Arzobispo D. Pedro de Castro a decretar ese año la reducción de las cofradías de penitencia. Pero a pesar de que la Hermandad de Jesús Nazareno y Santa Elena no participaba de los citados inconvenientes, ni era de flagelantes, no por ello se vio libre de padecer la reducción. Sólo perdonó a las tres hermandades más antiguas y de más devoción en el pueblo, como eran las de la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad, que además contaban con gracias papales o eran fundaciones vinculadas a iglesias de Roma, como el caso de la Vera Cruz, dependiente de la Basílica de San Juan de Letrán.



   Inmediatamente, las hermandades reducidas entablaron un sonado pleito  ante la Real Chancillería contra el decreto de 1597 del Arzobispo,fallando ésta a favor de las cofradías y decretando la suspensión del citado decreto. Pero la de Jesús Nazareno, como ocurrió con las restantes hermandades suspendidas, no se atrevió a salir en los años sucesivos por temor a la amenaza de excomunión y multa lanzada por el Arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones.



     Una vez nombrado D. Pedro para ocupar la sede episcopal sevillana, el nuevo arzobispo, Fray Pedro González de Mendoza, autoriza, en 1612, a la Hermandad de Jesús Nazareno y a las restantes a reanudar sus estaciones de penitencia con la condición de aportar cada una de ellas la cantidad de cien ducados, para contribuir a sufragar los costos del dorado de la Capilla Mayor de la Catedral, que se estaba realizando en esa época.



Esa nueva salida de 1612 nos la describe Henríquez de Jorquera de la siguiente manera: “ (...) en este año, por la quaresma, el ilustrísimo señor don fray Pedro Gonçales de Mendoza, arçobispo de Granada, dio licencia a los hermanos y cofrades de la antigua cofradía de Jesús Nazareno y Santa Elena que se sirve en el real convento de los santos Mártires san Cosme y san Damián para que saliesen con su cofradía de penitencia de cruces de nazarenos el viernes santo, como antiguamente solían, a las quatro de la mañana; concedióseles la dicha licencia dando cien ducados de limosna para el dorado de la capilla de la Santa Iglesia”.



Jesús Nazareno de los Mártires, tras su restauración. Año 2000

             
LAS REGLAS DE LA HERMANDAD

   
San Juan de la Cruz profesaba una profunda devoción a Jesús Nazareno. Existe la tradición en dicha Orden de que tal devoción arranca de un día, en que estando el santo postrado en oración ante el cuadro de Jesús con la Cruz a cuestas, que se conserva hoy en el convento de Segovia, la imagen le habló de esta manera: “Fray Juan, pídeme lo que quieras que yo te lo concederé por tu servicio”, a lo que Juan responde: “Señor, lo que quiero que me deis es trabajo para padecer por Vos y que yo sea menospreciado y tenido en poco”. 

Esta devoción profunda a Jesús Nazareno se va inculcando en los conventos de la Orden, comenzando en muchos de ellos a fundarse hermandades de esa advocación, entre ellas, la del convento granadino de los Mártires, cuando estuvo aquí de prior.

En cuanto a las Reglas de la Hermandad, como se ha transmitido por tradición oral en los conventos carmelitas, es muy probable, como hemos dicho, que San Juan de la Cruz redactara los Estatutos de ésta hermandad de Granada, durante su estancia como prior del convento en esas fechas (1582-1588).

Se sabe que los Carmelitas Descalzos tenían la costumbre de imponer siempre unas mismas reglas a sus hermandades y, aunque las de la hermandad granadina de Jesús Nazareno no se conservan, es muy probable que fuese similares a las que se conservan de hermandades del Nazareno de otras localidades establecidas en conventos de carmelitas descalzos. Así, tales constituciones serían similares a las de la Hermandad de Jesús Nazareno de Baeza, que redacta sus reglas en 1586-87, y se sabe que fueron copiadas de la granadina de Jesús Nazareno [6].También las de Mancha Real de 1596, eran copia exacta de las reglas de la hermandad granadina, que vienen a reproducir, según Ortega y Sagrista en “Vida religiosa en Mancha Real...”, las de la antigua hermandad granadina, por lo que las del Nazareno de Granada tuvieron que ser más antiguas y contemporáneas a la estancia de San Juan de la Cruz en la ciudad nazarí. Por lo tanto, su contenido se puede conocer indirectamente a través de las reglas de las hermandades antes citadas[7]. También se sabe que San Juan de la Cruz redactó los estatutos de la Hermandad de Jesús Nazareno de los carmelitas de Úbeda.

   Las reglas de la Hermandad de Mancha Real, y, por consiguiente, las de Granada, se iniciaban con la advocación principal de Santa Elena:

"… en memoria de lo mucho que por nosotros padesció y movidos por esta consideración y buen zelo ciertos hermanos devotos con chatolico zelo a la veneración y reverencia de la santísima cruz en que fuimos redemidos avemos ordenado una hermandad y cofradía cuyo nombre a de ser de Sta Helena y an de guardar los estatutos siguientes…" [8].

Las reglas, de escasa extensión, se componían de once capítulos y declaraban, como motivos de la fundación de la Hermandad, "el seguimiento por el cristiano, a imitación del Redentor, de su Santísima Cruz, portada por éste, con graves sufrimientos, camino del Calvario, y que por agradecimiento y a su imitación, ha de ser cargada, rememorando sus padecimientos".

La función principal de instituto se celebraba con sermón y misa cantada el día 3 de Mayo, día en el que se celebra la Invención de la Cruz. Después, había una procesión por el claustro en la que se portaba un crucifijo acompañado por los hermanos con cirios. Otra solemne función se celebraba el día 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Cruz, esta vez sin procesión. El día de los difuntos celebraba cultos por los hermanos fallecidos y otros solemnes en la Semana Santa.

Luego, tenían obligaciones semejantes al resto de las cofradías, como la asistencia con diez cirios a los entierros de los hermanos fallecidos, y con cuatro si era un familiar; sufragar los gastos de enterramiento y exequias, así como, rezar el rosario por el alma del fallecido. Practicar la caridad, era un fin primordial de la hermandad de Jesús Nazareno, asistiendo a presos, enfermos y otros menesterosos (era la Seguridad Social de la época la llevada a cabo por las cofradías).

Se celebraban tres cabildos generales al año: uno el día de la Candelaria, en el que comenzaba a preparar la estación de penitencia de la Semana Santa; otro el Domingo de Ramos, para concretar todo lo concerniente a dicha estación. Los cabildos los presidía siempre el prior de los carmelitas, que recordaba a los cofrades sus obligaciones como tales, reprendiendo sus faltas y excesos. Se llamaba a la hermandad a estos cabildos por escuadras, lo que daría idea de que eran numerosos los hermanos, prohibiéndose  llevar armas a dichos cabildos[9]. 

No existía el cargo de Hermano Mayor, sus funciones las desempañaba el Alférez, y por encima de él estaba el Prior del convento. También tenía la Hermandad un mayordomo, un secretario, un fiscal, consiliarios, diputados y jefes de escuadra o sección. Todos eran elegidos en el Cabildo de la Pascua de Resurrección, el tercero que celebraba la hermandad.

     Estaban prohibidas las demandas públicas, financiándose la Cofradía con las cuotas de entrada de seis o doce reales, según fuera soltero o casado el cofrade. También, los sábados se daba la limosna que cada uno considerara conveniente y las multas que se imponían eran de media libra de cera.

          
            La Procesión

Parece ser, que durante los primeros años después de la fundación no realiza su estación de penitencia. Ésta empieza a efectuarse, según testimonio de su hermano mayor o mayordomo, por los años 1586 o 1587, quizá cuando ya Pablo de Rojas le hubiera realizado la imagen del Nazareno.
           
La estación de penitencia se va a desarrollar, como se hacía en la mayor parte de las hermandades de Jesús Nazareno, en la madrugada del Viernes Santo, iniciándola esta hermandad granadina a las cuatro de la mañana, como antes hemos referido. 

Siguiendo a Enríquez de Jorquera, al relatar la Semana Santa de 1612, en que volvió a salir tras la Reducción, nos dice: “ (…) dio licencia a los hermanos y cofrades de la antigua cofradía de Jesús Nazareno y Santa Elena, para que saliesen (...) el Viernes Santo por la mañana, como antiguamente solían a las quatro de la mañana (…) para que saliesen con su cofradía de penitencia de Cruces de nazarenos (...)". [10]

Todos los asuntos de la procesión de la madrugada del Viernes Santo, se trataban en los cabildos celebrados el día de la Candelaria y, sobre todo, en el del Domingo de Ramos. 

Como decíamos, estas hermandades de Jesús Nazareno inician una segunda forma de hacer penitencia distinta de la común de disciplina. Al no ser hermandad de flagelantes, los hermanos portaban unas cruces en la estación de penitencia de más de dos metros de largo, constando documentalmente que a éstos hermanos de Jesús Nazareno de Granada, como ocurría con los de Sevilla, se les denominaba por el pueblo como la cofradía de las cruces de nazarenos, por las largas cruces que llevaban al hombro. También, en Granada, el pueblo la conocía como la de las Cruces de Santa Elena.

       
Foto: A. Guzmán Úbeda

  
Los hermanos, después de confesados y comulgados, iniciaban la estación descalzos y en silencio. Los “nazarenos” portadores de cruces al hombro, iban delante de la imagen de Jesús Nazareno, vistiendo el sayal morado, y cíngulo de rudo esparto, portando, en muchos casos sobre su cabeza, una corona de espinas naturales y cabellera de estopa, en lugar de caperuz, como ocurría en la estación de penitencia de los nazarenos sevillanos.

Delante de la procesión iban dos niños vestidos de carmelitas que pregonaban: “ Esto se hace en remembranza de la Pasión de Nuestro Redemptor, Jesucristo (...)”. Era la imitación a Jesús en los padecimientos sufridos por la calle de la Amargura. Un estandarte morado les seguía, llevando sus borlas dos caballeros y dos alcaldes con cetros, y además de algunos hermanos jóvenes y fuertes, en prevención y defensa de la Hermandad, que solía tener problemas durante el recorrido, al enzarzarse muchos años en disputas por prelación de paso con la hermandad trinitaria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que salía al despuntar el alba, y coincidir ambas hermandades en el Zacatín y Bibrambla, cuando la del Nazareno, que la precedía, iba ya de retirada hacia la Cuesta de Gomérez.

A continuación, iban los hermanos organizados por escuadras (secciones o tramos) portando las cruces y cuidando de la vigilancia y orden un diputado o jefe de escuadra. Una vez pasado el primer tercio de la procesión, venía el paso del Nazareno, en unas sencillas andas escoltado por seis hermanos con cirios para su alumbrado. Después, venían las andas de la Virgen, escoltadas por cuatro hermanos, y de la que ya sabemos, por un inventario de la Exclaustración, que tenía la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Por último, la comunidad carmelita, entonando salmos y cánticos penitenciales[11].

                 Ntra. Sra. de los Dolores del convento de los Mártires.
           
Asimismo, procesionaba y daba culto a la imagen de la Verónica; éste era un paso muy común en las Hermandades de Jesús Nazareno, como en las de Loja, Lucena, Baena, Puente Genil, Montoro o La Rambla, entre otras. La existencia de la imagen de la Verónica de la Hermandad de Jesús Nazareno de Granada la tenemos ya documentada en el inventario de la capilla de Jesús Nazareno, que se hizo tras la exclaustración, cuando el párroco de Huétor Vega le pide al arzobispado las imágenes de la cofradía. Seguramente, la incorporación al cortejo de la Verónica fuera ya, en pleno siglo XVII, cuando en estas procesiones se van barroquizando, para escenificar el pasaje del “Encuentro”. En hermandades de Jesús Nazareno como la de Lucena (Córdoba) o la de Loja, ya contaban con esta imagen de Santa Marcela o Verónica en el primer tercio del siglo XVII[12].

En las reglas de estas hermandades carmelitas y, por tanto, de esta granadina, se prescribía que para la procesión “(…) se quitasen y no se permitiesen enemistades entre ellos (…) que en la procesión todos fuesen con el mismo vestido y calzado, sin exceder uno a otro (…) que las cruces fuesen iguales y de la misma manera”. La emulación, muy común en estas hermandades, hacía que se cometiesen excesos en ese sentido.


            
No sabemos el itinerario de la procesión, sí que iba a la Catedral y pasaba por la Plaza de Bibrambla y el Zacatín de regreso a  su convento. Por ello, cabe plantearse algunas hipótesis; una de ellas sería la siguiente: se recorría el Paseo de los Mártires en cuyo centro se erigieron las cruces de su devoto Vía Crucis, y, de allí, pudo bajar a la ciudad por la Cuesta de Gomérez para hacer estación en la Santa Iglesia Metropolitana. En el trayecto se realizaban cinco estaciones en otros tantos templos ubicados en camino. Dicho número de estaciones se practicaban en recuerdo de las Cinco Llagas que padeció el Salvador en su Crucifixión. 

Seguramente, tales iglesias en la que hacía estación la hermandad, pudieran ser: la de San Gil, situada entonces en la salida de la calle de Elvira a Plaza Nueva, los Hospitalicos o el Hospital del Refugio, el Santo Ángel Custodio, situado en el lugar que ocupó el edificio del Banco de España. Quizá se acercara a San Agustín para hacer estación ante el Cristo de San Agustín de gran devoción ya en esta época, según nos dice Henríquez de Jorquera, y por último, en el Hospital de San Sebastián, contiguo al Zacatín y a la Plaza de Bibrambla. 

Sin embargo, tengo documentado que a finales del siglo XVII, era recibida la Cofradía por la Hermandad de la Santa Vera Cruz, con gran capilla en el Convento de San Francisco "Casa Grande", por lo que cabe la verosímil hipótesis, de que la procesión bajase por la Cuesta de la Escoriaza, hasta San Cecilio, a cuyo término pertenecía el Convento de los Mártires, para seguir a la de Santa Escolástica (antigua) y a la inmediata capilla de la Vera Cruz, para cruzar el río Darro, quizá por el Puente del Carbón o el de San Francisco.

Entraba en la Catedral, y después, por la plaza de las Pasiegas y Bibrambla, llegaría al Zacatín, donde parece ser se reproducían muchos años los altercados con la Hermandad de la Pasión, como se ha dicho, por prioridad de paso. De regreso, subiría a su convento por el Zacatín, la Plaza Nueva y por Gomérez regresaría a su sede de los Mártires, donde llegaba sobre las ocho de la mañana, hora de los oficios matutinos del Viernes Santo.  

Otra procesión a la que la Hermandad de Jesús Nazareno asistía era a la del Corpus, en ella iban 10 hermanos con cirios y la Comunidad de Descalzos. En el año de 1603, se sabe que por estar la Comunidad carmelita en pleito con el Arzobispado, se excusaron de asistir, alegando que la hermandad estaba establecida fuera de los límites de la ciudad, pues el hecho de estar en el recinto de la Alhambra la sustraía del ámbito administrativo de aquélla, ya que en aquel recinto el mando lo ostentaba el alcalde de la fortaleza, el Marqués de Mondéjar, que mantenía autonomía con respecto a Granada.     


LA HERMANDAD EN LA ÉPOCA BARROCA

Jesús Nazareno en la época barroca

Los años siguientes a la "reducción", la hermandad seguirá realizando su acostumbrada estación de penitencia a los templos del recorrido y a la Iglesia Metropolitana, hasta el año 1631, en el que vuelve a producirse otro proceso reductor que también afecta a la esta hermandad. El Vicario del Arzobispado, D. Juan Palacios, cuando llega a Granada el nuevo arzobispo, D. Miguel Santos de San Pedro, prohíbe las demandas de las cofradías, excepto las de las sacramentales. Para ello, dictó un auto el Domingo de Ramos de 1631, con el acuerdo del Cabildo de la Catedral, por el que se prohibían las procesiones de Semana Santa, salvo, otra vez, las de las cofradías de la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad, bajo penas de excomunión y multa de 200 ducados. De esta época vuelve a ser Henríquez de Jorquera quien nos da estas noticias.

Poco duró esta prohibición, pues a los dos años, es decir en 1633, coincidiendo con la muerte de arzobispo D. Miguel Santos, se autoriza la salida de las hermandades de penitencia, entre ellas, la de Jesús Nazareno, por el nuevo Vicario D. Alonso García de Villamayor con el acuerdo del Cabildo de la Catedral. De la Semana Santa de ese año, nos dice Henríquez de Jorquera que las cofradías “ (...) salieron este año muy lucidas y copiosas”. 

La Hermandad, también, participa en los actos inmaculistas de 1638 y en los de desagravio a la Inmaculada Concepción, por el libelo difamatorio contra la pureza de María, que apareció pegado en las esquinas de la Casa de Cabildos de la Ciudad (La Madraza), el día 6 de Abril, Viernes Santo, del año 1640. En desagravio, esta hermandad del Nazareno, junto con la Comunidad Carmelita Descalza y la Hermandad de Ntra. Sra. del Sepulcro, que radicaba también en la Iglesia de los Mártires, organiza el 6 de Mayo una función y procesión con la imagen de Ntra. Sra. del Sepulcro, en la que portaba el estandarte de la cofradía el hermano mayor del Nazareno, Juan de Mestanza y otros nobles de la hermandad, como el Señor de Huélago, D. Diego Carrillo y D. Luis de la Maza y Mendoza (13) (esto nos vuelve a ratificar carácter nobiliario y elitista de la hermandad nazarena). También, participará en los actos de acción de gracias que se celebraron cuando se descubrió al culpable del libelo, que era, precisamente, el encargado de mantener el ornato del monumento del Triunfo de la Inmaculada.

Hace pocos años, cuando en junio de 2006 escribí un artículo sobre esta hermandad en la revista Gólgota, decía que a partir de 1640 casi no se tenían más noticias de ella. Hoy, por documentos consultados, que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano, sabemos que la hermandad continuó con vida a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

Ahora podemos afirmar que continuó realizando sus cultos y la estación de penitencia al centro de la ciudad. Lo que ocurre es que las noticias que se tienen de la cofradía y de muchas otras, en la primera mitad del XVII nos las proporciona, en gran medida, Henríquez de Jorquera, y éste se traslada en 1642 a Sevilla, donde relata anales de esta ciudad en los años 1645-46, fecha en la que es posible que falleciera.

Lo cierto es, que la hermandad de Jesús Nazareno, como muchas otras, no desaparece en la década de los cuarenta del siglo XVII, que es cuando finalizan los “Anales” de Jorquera, sino que continuará y, de ello, hay importantes confirmaciones en épocas posteriores. 

Sin embargo, los acontecimientos que durante el reinado de Felipe IV se producen, los enfrentamientos con la jerarquía eclesiástica, las prohibiciones de ésta, como la de que las cofradías realizaran demandas para costear los cultos, y las continuas guerras que diezmaron a las hermandades, tanto de personas como de recursos económicos, provocaron su decadencia a mediados del XVII. 

La cofradía nazarena a lo largo de dicho siglo, se había barroquizado, añadiendo a su procesión las imágenes de San Juan Evangelista y de la Verónica. Posiblemente, también realizaría la representación del "Encuentro en la Calle de la Amargura" con las imágenes de la Virgen y dicha piadosa mujer. Estas representaciones, aún hoy, siguen siendo tradicionales en algunas hermandades de Jesús Nazareno en Andalucía Oriental y algunos pueblos de Córdoba. 

Poco a poco, van apareciendo documentos que nos revelan la continuidad de la vida de la Hermandad de Jesús Nazareno, después de los años en los que de ella escribió Enríquez de Jorquera. Así, el profesor Lázaro Gila nos aporta la existencia de un poder notarial que otorga en febrero de 1648 el mayordomo de ese año, Juan Ferrer González, al también mayordomo de la Hermandad, José de Hervás, residente en Cádiz, para que compre, en nombre de la Cofradía, las cantidades de cera blanca y amarilla que estimare convenientes para procesión y otros menesteres. Este documento nos revela noticias interesantes de la Cofradía, como que aun realizaba la estación de penitencia y que utilizaba dos colores de cera. La cera blanca, probablemente para los cultos y sección de la Virgen y la amarilla para la estación de penitencia (14). 


Ntra. Sra. de los Dolores de los Mártires, ante de ser reformada por Miguel Zúñiga

Tal vez, pudiéramos considerar un indicio de su existencia, el hecho de que por esos años se funda en el convento de San Francisco " Casa Grande" la Hermandad de Jesús Nazareno, llamado "El Pobre", seguramente, en contraposición a la Hermandad de Jesús Nazareno del convento de los Mártires, formada por gente noble y notables de la ciudad, que el pueblo llamaría de Jesús Nazareno "El Rico" o " hermandad de los Caballeros". Esta dicotomía que se producía en Granada no era única, también se daba en otras localidades de su antiguo reino, como Málaga o Vélez Málaga, en las que aun se conservan las hermandades de Jesús Nazareno el "Rico" y el "Pobre". Asimismo, en Madrid, tenemos en la iglesia de San Pedro la de Jesús Nazareno el "Pobre" en contraposición de Jesús de Medinaceli, llamado el "Rico" (15). 

Otro dato de su permanencia lo tenemos en 1682, con ocasión de que el beneficiado de la parroquia de Santa Escolástica quiere justificar el derecho a cobrar la asistencia a la procesión de la Vera Cruz, presentando un certificado beneficiado de San Cecilio, por el que esta parroquia cobraba 72 reales por asistir a la procesión de Jesús Nazareno de los Mártires. Esto nos confirma, no sólo su existencia en esa época sino también que aún bajaba a la ciudad a realizar sus estaciones de penitencia, al menos, hasta 1699, como veremos después.

"Joseph Martínez Ballesteros beneficiado de la parrochial de San Cecilio  certifico que los mayordomos de la Hermandad sita en el Convento de los Mártires que por derechos a esta iglesia por la procesión que sale el Viernes Santo por la mañana (Jesús Nazareno) de 72 reales, que de ellos se le paga  a la acompaña de 4 reales y 8 al sacristán y 16 al beneficiado, que hacen los 72 reales, porque lo ordinario es asistir demás de los ministros de la iglesia, 9 clérigos (...) y esa es la costumbre que siempre ha habido y practicado este año" (16).

También sabemos por el libro de cuentas de la Hermandad de la Santa Vera Cruz, que ésta salía a recibir la procesión de Jesús Nazareno, cuando pasaba por el convento de San Francisco "Casa Grande", con doce hachas de cera y el muñidor. Lo que, asimismo, como hemos anticipado, nos hace pensar, que en esa fecha el Nazareno de los Mártires bajara a la ciudad por el Realejo, seguramente, por la Cuesta de San Cecilio, donde haría estación en su parroquia. Apunta el libro de la Vera Cruz citado: " (...) doce hachas para el recibimiento de la procesión de los Mártires y doce reales  al muñidor ese día" (17).   


Otro documento del Archivo Histórico Diocesano de Granada, nos confirma la gran devoción que debió tener la imagen en el Siglo XVIII; y es que fuera de la iglesia, frente a la portería del convento, existía una réplica de la imagen del Nazareno para hacerla más asequible a la contemplación de los devotos, cuando la iglesia estuviese cerrada. Así, en 1733, el caballero Veinticuatro de Granada D. Sebastián de Ballesteros y su esposa Úrsula Collantes y Valdivia dejaron por testamento un vínculo sobre su mayorazgo, por el que se legaban cuatro arrobas de aceite para que ardiera continuamente el farol que alumbraba esta imagen del exterior del convento. Para atender a esta manda y a los sufragios que se harían en la iglesia del convento, sometieron bienes situados en Los Ogíjares y la mansión de la familia en Granada, que estaba (aún esta mansión subsiste) frente a la capilla de la Vera Cruz del convento de San Francisco, hoy desaparecida (en la calle de Ballesteros, nombre de esta familia que todavía mantiene la calle. 


La obligación al pago de dicho aceite aún subsistía en 1771, porque el nieto de los otorgantes, Bernardo Joseph, fue demandado en ese año para que cumpliera la obligación perpetua creada por su abuelo de proporcionar las cuatro arrobas de aceite (18).


A mediados del siglo XVIII (parece que a partir de 1699), la hermandad ya no bajaba a la ciudad en la madrugada del Viernes Santo, pero seguía celebrando sus cultos y realizando procesión por los alrededores del convento carmelita, es decir, por el Campo de los Mártires, haciendo, seguramente estación en las catorce cruces que poblaban dicho Campo.

Lo anterior se puede deducir de las  noticias que nos proporciona un pleito de la hermandad de los santos médicos Cosme y Damián, residente en el convento carmelita, derivado de un conflicto con la parroquia de San Cecilio, que se suscitó en 1767.

Los beneficiados de la parroquia pretendían cobrar derechos por la asistencia parroquial a la procesión, a pesar de que ésta no salía de los límites del Campo de los Mártires, considerado término del convento, para dar la vuelta en la 5ª cruz del Vía Crucis allí erigido y regresar a su templo y capilla.


Vía Sacra de los Mártires. Litografía de Chapny. Patronato de la Alhambra

Las hermandades radicadas en el convento, desde 1699, no podían traspasar en sus procesiones los marmolillos que ese año puso el cabildo de la ciudad alrededor de dicha 5ª cruz, que indicaba el término de la jurisdicción del convento. Esta sería la causa por la que la hermandad de Jesús Nazareno, no bajaría a hacer sus estaciones de penitencia a la ciudad, conformándose, con realizarlas en el ámbito del Campo de los Mártires. Así lo manifestaba el prior del convento en su declaración en el pleito:


"(...) que en este Real Conbento ai Hermandad con los Caballeros della con el título de Jesús Nazareno y Santa Cruz de Jerusalén y por dicha razón se hacen anualmente fiestas y procesiones, como son los días de mi madre Santa Teresa, Domingo de Ramos y Fiesta de la Candelaria en los que se hace procesión solemne, y su estación es como se sale de la iglesia de dicho convento, bajando por la alameda, que es propia de él, hasta la 5ª cruz (...) donde están puestos unos marmolillos que sirven de término para dichas procesiones, pues así lo determinó esta nobilísima ciudad en el año pasado de 1699, mandando poner los marmolillos como divición de termino de dicho convento por cuias prozesiones no se paga estipendio alguno, ni tiene asistencia de llevar la respectiva parrochia…(19)." 

Este documento nos informa, que la hermandad había sustituido la procesión de la madrugada del Viernes Santo, en la que bajaba a la ciudad, por la del Domingo de Ramos, realizando otras los días de la Candelaria y de Santa Teresa. En el citado expediente se describe la procesión del Domingo de Ramos de 1767 "de la hermandad que se intitula de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén serbidera en dicho Real Conbento por los Caballeros de esta ciudad (...)". Llevaba el estandarte de terciopelo carmesí con su tarjeta de orfebrería de plata el caballero maestrante  y mayordomo de la cofradía D. Manuel de Cañaveral (de la familia de los Condes de Benalúa), seguido de los hermanos y los religiosos de la comunidad. Describe que salió por la puerta principal y gradas de la iglesia, bajando por la alameda de la derecha y siguiendo hasta los marmolillos de la 5ª cruz de la Vía Sacra del Campo de los Mártires, regresando por la alameda de la izquierda.

         En esta circunstancia, quizá no tenía mucho sentido bajar a la ciudad en la madrugada del Viernes Santo y serían los granadinos lo que subían a las colinas de la Alhambra a ver la procesión de Jesús Nazareno en el Domingo de Ramos y en sus otras dos salidas del 2 de febrero, día de la Candelaria y del 16 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús. 

Iglesia de los Mártires con la Capilla de Jesús Nazareno. Lit. de Escourt 1832.

LA CAPILLA DE JESÚS NAZARENO

En los grabados referidos, se aprecia el volumen de una gran capilla octogonal, decorada a base de pilastras, que sobresalen del edificio del templo carmelita por el lado izquierdo de su crucero, en el lado del Evangelio. 

Por lo que diremos a continuación, la gran capilla octogonal que se aprecia en los grabados no puede ser otra que la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, verdadero camarín de esta devoción alhambreña. Para ello, nos vamos a referir a varios documentos singulares, como son: los inventarios de la exclaustración que se publican en el Boletín Oficial de la Provincia; el inventario del convento que manda realizar el arzobispo Álvarez de Palma; las cartas del párroco de la parroquia de Huétor y Cájar y decretos y contestaciones a las mismas por parte del Arzobispado.

Convento de los Mártires con la capilla adosada desde la Antequeruela

Del relato que se deriva de los inventarios de bienes efectuados en 1837, después de la desamortización del convento y de la iglesia carmelitana de los Mártires, se desprende que la única gran capilla adosada que existía en la iglesia era la de Jesús Nazareno, el resto eran altares: el Mayor dedicado a Nuestra Señora del Carmen y otros a Ntra. Sra. del Sepulcro, a San Miguel, a San José y dos pequeñas capillas, una dedicada a los Santos Mártires Cosme y Damián, y otra al Santo Cristo, todos ellos en la única nave con que contaba la iglesia. 


PARTE DEL INVENTARIO DEL CONVENTO DE LOS MÁRTIRES EN EL QUE SE  DESCRIBE EL CONTENIDO DE LA CAPILLA DE JESÚS NAZARENO

El inventario que realiza el arzobispado, cuando describe la Capilla de Jesús Nazareno nos detalla los distintos elementos que la componían, deduciéndose de ellos la amplitud y grandes dimensiones de la misma. Constaba de un altar principal con retablo dedicado a la imagen de Jesús Nazareno, dos altares colaterales y cuatro nichos, todos con sus respectivas imágenes. Por ello, dadas las dimensiones que debía de tener la capilla para contener tantos elementos, ésta no podía ser otra que la gran capilla octogonal que sobresalía del conjunto de la iglesia en su lado oeste y que se aprecia en los referidos grabados. El octágono lo formaban ocho pilastras dóricas y cornisa, ambas de ladrillo árabe - una en cada vértice de la capilla- con paramentos lisos entre las pilastras, donde se abrían, en su parte superior, ocho ventanales que le proporcionaban luz natural.


El azar, como ocurre en buena parte de los descubrimientos, ha hecho que hacia finales de la década de los noventa del siglo XX, conozcamos cuáles eran las imágenes titulares de la Hermandad del Nazareno granadino. Doña María Luisa García Valverde al documentarse para su tesis doctoral realizada en 1998, sobre el inventario de los fondos de los archivos de los conventos femeninos de Granada, se tropieza en el Archivo Diocesano con una serie de documentos pertenecientes al expediente de exclaustración del convento de los Santos Mártires y conociendo mis investigaciones sobre las antiguas hermandades me proporcionó una fotocopia de dichos documentos. En dicho expediente aparece el inventario que manda realizar el Arzobispado de Granada, y en él, se describe, entre otras interesantes aportaciones, la que fue Capilla de la Hermandad de Jesús Nazareno.

Según dichos documentos, presidiendo la capilla estaba el retablo de Jesús Nazareno “…con retablo dorado e imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno grande con su cruz corta, y cortina morada, y frontal de madera”. A la imagen la alumbraban cuatro candeleros grandes de madera y, como es usual, portaba en la capilla una cruz corta, pues la de procesionar se guardaba en una caja de madera dentro de la sacristía "(...) junto a la ropa del Santo Cristo del Coro, una Cruz procesional de madera plateada”. Ésta cruz sería, seguramente, la que habría la procesión como "cruz de toallas" (20). 

La cruz de procesionar del Nazareno era de carey, como detalla el inventario : “una cruz de concha con su caja de madera para Jesús Nazareno”, lo que constituye un claro indicio de la pujanza de la hermandad esta cruz de procesionar de concha (carey), con incrustaciones de orfebrería de plata, como se aprecia en la foto que sigue, y que guardan las monjas Carmelitas Descalzas de Granada (no sabemos si esta pudo ser la cruz de procesionar del Nazareno de los Mártires o la de menos calidad con la que hoy procesiona en la cercana localidad de Huétor Vega).
  

Cruz que guardan las Carmelitas Descalzas de Granada

Continuando con la capilla, en los dos paramentos a ambos lados del principal, estaban el altar y nicho con Nuestra Señora de los Dolores “(…) con puerta de cristales , dos manteles, un cornualtar, cuatro candeleros, cruz, y atril de madera, y el altar con frontal de ule”, y al otro lado, el altar y nicho donde se halla colocada Santa Teresa “(…) con puerta de cristales, frontal de lienzo, dos manteles, un cornualtar, cuatro candeleros, y una cruz de madera, y una cruz de Yd”. Esta imagen de Santa Teresa de Jesús, según otro documento del inventario, queda en la iglesia de San Cecilio a petición de su párroco y Comisionado del convento suprimido, D. José de la Rosa.

En cada uno de los cuatro paramentos restantes se abrían otros tantos nichos donde se veneraban otras imágenes de la Hermandad, como Santa Elena, primera titular de la Cofradía, San Juan Evangelista y la Verónica. También, en el cuarto nicho estaba la imagen de la Beata María de la Encarnación.


Virgen de los Dolores, restaurada por Miguel Zúñiga Navarro


Un confesionario de madera, donde los cofrades practicarían el Sacramento de la Penitencia, obligatorio para realizar la estación de penitencia, completaba con los correspondientes bancos el mobiliario de la capilla.  


Paradero actual de las imágenes.

Cuando en 1999, doña María Luisa García Valverde me entrega una fotocopia de dichos documentos del archivo arzobispal, en uno de ellos, el citado párroco solicita las imágenes para su parroquia de "Huétor y Cáxar", creyéndome, dado lo borroso de la referencia, que se trataba de Huétor Tajar. A esta localidad me dirigí inmediatamente y lo que encontré fue el Nazareno de esta localidad que es de Espinosa Cuadros, realizado después de la Guerra Civil. Pero en un examen más detenido de los documentos aprecié que la parroquia de que se trataba era de de Huétor Vega y Cájar, entonces ambos pueblos unidos en una sola parroquial. 

En dichos documentos se relataba como el párroco de “Huétor y Cáxar” había solicitado las imágenes de los Mártires depositadas en 1836 en la iglesia de San Cecilio, parroquia a la que pertenecía el convento carmelita.        


SOLICITUD DE LAS IMÁGENES POR EL CURA DE HUÉTOR VEGA

La transcripción de la solicitud del párroco es la que sigue:

Exmo. Señor Arzobispo/ D. Antonio del Villar, cura propio de la Iglesia de Huetor y Caxar  V. E. Con el debido respeto
    
DICE : que la Iglesia de Huetor es sumamente  pobre y carece de las principales imágenes y  otras cosas por lo que:

A V.E. suplica se digne concederle las imágenes de Jesús Nazareno, Jesús Crucificado y María Stma de los Dolores, dos lámparas de azófar, las tres sillas del Presbiterio, seis jarras de oja de lata, las gradas del monumento, la puerta de cristales del camarín de la Virgen, la peana donde se coloca la custodia, con toda la ropa, adornos e insignias de las referidas imágenes, todo ello reside y pertenece al convento de los Santos Mártires.  Favor  y gracia que espera merecer de la bondad de V.E cuya importante vida guarde Dios. 

Huétor Vega y Abril 12 de 1836/  Antonio 

del Villar.

Respondiendo a esta solicitud, el Secretario de Cámara del Arzobispo, Dr. D. José María Tenorio, encargó al cura de San Cecilio que certificra la existencia  en dicha iglesia de las imágenes y efectos solicitados por el párroco de Huétor Vega, contestándole el párroco el 18 de Abril de 1836, que, efectivamente, se hallaban en la iglesia del suprimido convento de P.P. Carmelitas Descalzos de los Mártires.

Crucificado de Huétor Vega procedente del Convento de los Mártires



Jesús Nazareno del Convento de los Mártires, tal vez con su cruz original de procesionar

Ante la comprobación de la existencia de las imágenes y que aún éstas no se había trasladado al Museo creado en el Convento de Santa Cruz la Real con imágenes de los conventos exclaustrados, el arzobispo aprueba  la solicitud, y las imágenes de Jesús Nazareno, Ntra. Sra. de los Dolores, el Crucificado y Nuestra Señora del Carmen del Convento de los Mártires se envían a la referida localidad de Huétor Vega. 

De la recepción de las imágenes y de sus vestimentas da testimonio uno de los recibos, (expidió otro por la imagen de la Virgen del Carmen y otros efectos). Todos ellos los firma el párroco de Huétor Vega (21).

“He recibido del Sr. Dn. José de la Rosa, cura propio de la iglesia del Sr. San Cecilio de esta ciudad, como comisionado del Convento de Carmelitas Descalzos los efectos siguientes: las ymagenes de Jesús Nazareno, Jesús Crucificado, María Stma. de los Dolores con la ropa de ordinario, dos lámparas de azófar, tres sillones del presbiterio, seis jarras de oja de lata, las gradas del monumento, la puerta de cristales del Camerino de la Virgen y una peana dorada y para que sirva de resguardo firmo Granada abril 20 de 1836. Antonio del Villar “.


RECIBO DE LAS IMÁGENES POR EL CURA DE HUÉTOR VEGA

En el referido recibo se dice que “con la ropa de ordinario”. No cabe duda que las imágenes contarían con vestimenta de procesionar, más rica en bordados y que por su valía puede que los frailes la hubiesen puesto a buen recaudo. La existencia de ropa en las imágenes nos hace deducir que la del Nazareno, aún siendo de talla completa, era vestida con túnica como era usual vestir las imágenes en el barroco, vestimenta que aún llevan muchas otras de talla de Jesús Nazareno, de las que citamos, por pertenecer al mismo autor, la del Nazareno de Priego de Córdoba o el Nazareno de la Virgen de las Angustias, también de talla y de Pablo de Rojas, que, asimismo, posee túnica bordada. 

El Nazareno de los Mártires o de Huétor Vega es escultura de talla completa y túnica con estofado color dorado, con delicados motivos vegetales en un estofado más oscuro, distribuidos uniformemente. Se atribuye, como decimos, a Pablo de Rojas y el estofado seria realizado por el pintor Pedro de Raxis, pariente del maestro alcalaíno. Sería la primitiva y única imagen con que contó la cofradía, perteneciendo a los primeros tiempos de dicho escultor, en coincidencia con la época de fundación de la hermandad, hacia 1580. 


Nazareno de los Mártires sin peluca natural

Presenta las piernas en forma arqueada y flexionadas, en el esfuerzo de sostener el peso de la cruz, avanzando la pierna izquierda sobre la derecha, de forma que los pies marcan un ángulo recto, en un leve "contraposto", dirige la cabeza hacia la derecha. Entre los muslos se deslizan los pliegues de la túnica, marcando considerablemente las rodillas, la anatomía y musculatura de dichos muslos. El puño de la manga derecha de la túnica aparece remangado, posando la mano suavemente sobre la cruz. El puño izquierdo de la túnica aparece suelto, marcando esta divergencia, una apreciable originalidad.

Es un tipo de Nazareno que difundió entre sus discípulos el maestro Pablo de Rojas, siendo la postura que presenta el Nazareno de los Mártires muy típica en los nazarenos atribuidos a este maestro, tales como, el Nazareno de Priego de Córdoba o el de la Basílica de la Virgen de las  Angustias de Granada. El primero, atribuido a dicho maestro por el profesor Orozco Díaz y el segundo por Gallego Burín. También, el tratamiento que da a las túnicas con el puño izquierdo remangado y los pliegues cayendo entre sus piernas, así como el giro del torso en sentido contrario al de las caderas es similar en las tres esculturas. 




La imagen presentaba larga melena de pelo natural, seguramente añadida durante el barroco, al igual que la túnica de tejido, hoy carente de ellas. Actualmente, la imagen presenta una melena de talla, que no sé si es la original o ha sido labrada en el año 2000, con motivo de la exposición celebrada en la Catedral de "Jesucristo y el Emperador Cristiano". La cabeza la muestra erguida con un gran hematoma bajo el ojo izquierdo, que se extiende por todo el pómulo. Tiene una serena expresión de sufrimiento y profundidad en la mirada. Por el rostro y cuello resbalan  varios hilos de sangre que desde su frente, ceñida con corona de espinas metálica, caen abundantemente por el rostro y su cuello.  





Pablo de Rojas es el que introduce en la escuela granadina, en el último cuarto del siglo XVI, la figura del Nazareno con la cruz a cuestas. Y lo hace, curiosamente, por encargo de cinco cofradías de penitencia.  En 1586, según Gallego y Burín, concierta otro Nazareno con la Cofradía de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con sede en el Convento de la Santísima Trinidad de Granada, obligando la Cofradía al escultor a que la hiciera de hechura análoga al de la Virgen de las Angustias, y cuyo paradero nos es desconocido (22). Otro Nazareno, quizá el último de una serie de cuatro, y el más bello a mi juicio, lo realiza en 1592 para la hermandad del Nazareno de Priego.


Nazareno de Priego de Córdoba

En cuanto a la imagen de la Virgen, con el título de Ntra. Sra. de los Dolores, es dolorosa de candelero de la escuela granadina, probablemente del Siglo XVII. Presenta las manos entrelazadas, con corona real y ráfaga realizada en metal plateado. Ha conservado, hasta hace poco tiempo, su primitiva policromía marfileña, que ha sido alterada por una restauración del granadino Miguel de Zúñiga. También, se le ha sustituido su vestimenta y rostrillo monjil, al modo tradicional de las Dolorosas, por un tocado moderno.



Como ha quedado la Virgen de los Dolores de los Mártires y como estaba antes de su restauración.



De las imágenes de San Juan Evangelista y la Verónica, que figuran en el inventario de la Capilla de Jesús Nazareno, no se sabe su paradero, ni se tiene, por ahora, más noticia que la que nos proporciona en citado inventario. 




Tras su llegada a Huétor Vega, la imagen de Jesús Nazareno siguió posesionándose en este pueblo cada Semana Santa en la tarde del Viernes Santo. El periódico “El Defensor de Granada” en su número de 17 de abril de 1889, nos relata la Semana Santa en Huétor Vega con una procesión de la Oración en el Huerto, el Jueves Santo y, el Viernes Santo, a la una de la tarde, la de Jesús Nazareno y la Verónica. En la procesión salían soldados romanos y figuras bíblicas. Unos años después, hacia 1891, salía a las tres de la tarde del Jueves Santo, en que se representaba la prisión de Jesús por los sayones y romanos, que concluía en la ermita, regresando la procesión a la iglesia después de realizar el "paso de Abraham". El Viernes se celebraba la procesión con Jesús Nazareno con la Dolorosa y la Verónica. Después, se pronunciaba el pregón de Pilatos y el sermón de las Siete Palabras, seguida de la procesión del Santo Entierro con nazarenos y Apóstoles y la música de la Real Maestranza.

Es de imaginar, que esta imagen de la Verónica pudiera ser la de la Hermandad de Jesús Nazareno de Granada. Hay noticias en la prensa de la celebración de esta procesión a finales del  siglo XIX y hasta finales de los años veinte del siglo XX, a la que acudían a Huétor muchos granadinos para presenciar el paso del “Encuentro”, con la Verónica y con la imagen del Nazareno granadino de los Mártires, último recuerdo de aquella que realizaba en la madrugada del Viernes Santo granadino.En el siglo XIX la hermandad decaería por los avatares de la Guerra de la Independencia y desamortizaciones del primer tercio del siglo, perdiendo Granada esta histórica hermandad, cosa que no tuvo lugar en la mayor parte de las localidades andaluzas.Las imágenes continuarían en su capilla, tal vez recibiendo culto interno por los últimos cofrades que quedaran de su hermandad.

Los edificios y la iglesia subsistieron algunos años después, pero la huerta del convento pasó a ser propiedad privada de D. Rafael García, al que se le adjudicó en 1837, una vez desamortizada la finca, por 202.460 reales de vellón (23). Parece ser que los edificios y la iglesia se demolieron a partir de 1843, cuando fueron adquiridos en ese año por Francisco López Castaños por el precio de 75.000 reales (24).

Después, la finca pasa a ser propiedad de algunas familias de la burguesía granadina, entre ellas, la de Calderón, que la habitaba a mediados del XIX, familia que construye el palacete y el jardín decimonónico que todos conocemos. La Reina Isabel II en su visita a Granada,  en 1862,  es invitada por esta familia a su palacete, donde se celebra un “Buffet” preparado bajo el famoso cedro de San Juan de la Cruz. En 1930, la adquiere el Duque del Infantado, cuya hija Sor Cristina de la Cruz Arteaga, religiosa jerónima, la vendió hace sólo unas décadas al Ayuntamiento de Granada.


Jesús Nazareno de la hermandad actual

En nuestros días, se recuperó esta advocación al fundarse, en 1981, la hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y María Stma. de la Merced, que sin buscarlo expresamente, ha dado la casualidad de que se ha fundado en el Convento de Descalzas Carmelitas, al igual que su hermandad antecesora, aunque aquella lo fuera en el convento de varones.
  


***




1. ZURITA ABRIL, José Luis  O.C.D. : “ Religiosidad popular andaluza y San Juan de la Cruz” Revista “ María, Hoy” Editorial Miriam. Sevilla 1990.

2. BERMÚDEZ DE PEDRAZA, Francisco: "Historia Eclesiástica de Granada"

3. Revista "Granada Gráfica" en su número de Octubre de 1927.

4. GALLEGO Y BURÍN, Antonio: “Guía de Granada” pag. 226-229. 

5. SZMOLKA CLARES, José.: “La primitiva Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santa Elena”. Revista “Gólgota 1990”.

6.  ZURITA ABRIL, José Luis, O.C.D. Ob.Cit. , p.

7. SZMOLKA CLARES, José. Ob.Cit., pp. 60-61.

8. JIMÉNEZ COBO, Martín.: "Documentos de la fundación de Mancha Real". Mancha Real 1989.

9. SZMOLKA CLARES, José.: " La primitiva Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santa Elena”. Revista “Gólgota 1990”.

10. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco: “Anales de Granada”, p.579

11. SZMOLKA CLARES, José. Ob.Cit. , p.62.

12. RODRÍGUEZ DE MILLÁN FERNÁNDEZ, José y LÓPEZ SALAMANCA, Francisco, :  “…La Archicofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno: Cuatrocientos años de historia”, p.179. Lucena 2000.

13. ENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Ob. Cit., p. 855-85.

14. CÓRDOBA SALMERÓN, Miguel.: “La documentación y la memoria de la Semana Santa de Granada”, pp. 44-46.  “Gólgota”, Diciembre 2003.

15.  GUEVARA PÉREZ, Enrique Y CALLEJA MARTÍN, Pedro.: "Semana Santa en Madrid", p. 110. Ediciones La Librería. Madrid 2000.

16. ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO DE GRANADA, legajo 11 f, pieza 5.

17. Ibídem, libros de cuentas de la Hermandad de la Vera Cruz del Convento de San Francisco "Casa Grande".

18. Ibídem, legajo 37 F, pieza 12.


19. PADIAL BAILÓN, Antonio, Sobre la hermandad granadina de los Santos Cosme y Damián. Convento de los Mártires. apaibailoni.blogspot.com. Venerable Hermandad de los Santos Cosme y Damián/ 14 de junio de 2016.

20. PADIAL BAILÓN, Antonio, La Capilla de Jesús Nazareno de Granada, Revista "Hora Nona", pp. 2-4. Edición de Junio 2001. 

21. ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO DE GRANADA. Inventario del Convento de los Mártires. Datos proporcionados por Doña María Luisa García Valverde.

22. GALLEGO Y BURÍN, Antonio. : “José de Mora: su vida y su obra”, p. 45.Granada 1925. Edición facsímil de 1988. Universidad de Granada.

23. Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 17 de abril de 1837.

24. Ibidem de 31 de julio de 1843





viernes, 22 de febrero de 2013

ILUSTRE Y VENERABLE HERMANDAD DE LA SANTA VERA CRUZ Y SAN JUAN DE LETRÁN


  


    
Antonio Padial Bailón

         
     Es durante el siglo XVI, cuando se va a configurar la verdadera naturaleza penitencial de algunas hermandades en las distintas ciudades y localidades de Andalucía y del resto de España. Antes de ese siglo, aunque existían hermandades de parecido carácter, éstas, más bien, se establecían para dar culto a algún misterio o imagen pasionistas, con nulas o escasas manifestaciones penitenciales públicas o privadas. Granada no fue una excepción, aunque su recristianización comenzó a partir de 1492. La Granada cristiana del siglo XVI se incorpora a las manifestaciones religiosas del resto de ciudades en ese siglo y pronto comienzan a fundarse hermandades con carácter penitencial impulsadas, más tarde, por el Concilio de Trento.

La primera de la que tenemos noticia es de la Hermandad de la Vera Cruz, considerada la más antigua penitencial de la ciudad, fundada antes de 1539, pues en mayo de ese año, asiste con otras cofradías de la ciudad, "con sus cruces y crucifijos", al entierro de la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, cuyos restos se habían traído a Granada para su sepultura en la Capilla Real [1].

No obstante, según un artículo de Antonio Merino Vílchez[2], parece que hubo indicios de prácticas penitenciales por la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario en el Viernes Santo a partir de su fundación en 1492[3].


La Vera Cruz de Granada era de las pocas cofradías de este título que se fundaron fuera de un cenobio franciscano (estas hermandades de la Vera Cruz fueron impulsadas en casi todas las localidades por los franciscanos en sus respectivos conventos). La hermandad granadina aparece en el pequeño hospital de la Vera Cruz, situado en la calle de Mesones, junto a la iglesia de la Magdalena.

Sería en la década en 1564 cuando la hermandad se traslada a la iglesia del convento de San Francisco (actual sede del Madoz), habiéndole cedido ese año la comunidad franciscana una capilla en su gran iglesia[4]. Por aquella fecha, ya había otras dos hermandades que hacían estación de penitencia: la de Nuestra Señora de las Angustias y la de Nuestra Señora de la Soledad, esta como rama penitencial de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza.

En un documento que he consultado, sobre la exigencia por el Provisor de entrega de cuentas a los mayordomos de la hermandad, del año 1672 a 1676, estos se defienden, aduciendo que la hermandad no estaba sujeta a la jurisdicción diocesana desde 1588, por así determinarlo la Bula de su Santidad Sixto V:
  
"...por pertenecer a su santidad el conocimiento  de qualquiera cosa que se ofrezca a dicha hermandad y Cofradía  manteniéndoseles y amparándoseles en la posesión en que se hallan de tomar quentas de unos mayordomos a los otros sin intervención de ningún juez eclesiástico. Lo otro porque la dicha Cofradía se fundó en el año de 1588  en virtud desta Bulla concedida por su Santidad Nuestro Padre Sixto Papa V de que hago demostración...en qual se concede a la dicha fundación todas las gracias, esempciones, prerrogativas y privilegios que a la Santa Iglesia de San Juan de Letrán  en Roma y asi es preciso que se le guarden, so pena, de incurrir en la censuras y demás amenaças y maldiciones que en ella se expresan" y "Todo porque en la Bulla que se sigue a la referiza empieza: Inosentius episcupus servun servorum Dei, también esempta la dicha fundación de todas las jurisdicciones eclesiásticas y sólo la sujeta a Su Santidad inmediatamente..." [5]
De este párrafo se pudiera deducir que la hermandad se fundó en 1588. No es así, ese año lo que la corporación obtuvo fue la gracia de unirse a los privilegios de la Basílica de San Juan de Letrán de Roma, lo que la exoneraba, en cierto modo, de estar sujeta en algunos aspectos a la jurisdicción del ordinario. Ello le daba un carácter especial, que, probablemente, hizo modificar sus estatutos en ese año, pero no fue el de su fundación. Por este motivo, de ahí en adelante, modificó su título para llamarse: Ilustre y Venerable Hermandad de la Santa Vera Cruz de San Juan de Letrán. 
 La hermandad durante finales del siglo XVI gozó en su gran capilla en la iglesia de San Francisco de estas gracias y jubileos, siendo en ese siglo la más preclara de nuestras hermandades penitenciales y realizando sus estaciones de penitencia a la catedral y otros templos  el Jueves Santo por la tarde, como es usual en estas hermandades de la Vera Cruz.
La Vera Cruz es la primera que comienza a realizar estación de penitencia, portando, en su primera época, un Crucifijo o cruz por uno o dos alcaldes o por frailes. Dicha Cruz iba abriendo el cortejo, cosa muy común en estas hermandades de la Vera Cruz en sus primeros tiempos y va a ser el precedente de la cruz de guía. Inmediatamente, se incorporarían las imágenes de un Santo Cristo, y una Dolorosa. Henríquez de Jorquera nos relata que además procesionaba en la estación de penitencia a un devoto Ecce Homo con fama de milagroso, y con seguridad, al patrono de la Orden San Francisco de Asís, cuando se trasladó el cenobio franciscano[6]. 


Cualquier devoto Crucifijo que tuvieran en el antiguo Hospital de la calle de los Mesones sería, en principio, la imagen con la que iniciaría sus estaciones de penitencia esta antigua hermandad. No obstante, ¿a qué devoto crucifijo darían culto y procesionarían estos hermanos de la Vera Cruz?

En el convento de San Francisco existía un Crucificado, parece que realizado hacia 1543, época en la que nacía la Vera Cruz,  por el escultor  Jerónimo de Quijano (1500-1563), con influencias de Jacobo Florentino “El Indaco”. Este Crucificado es hoy uno de los titulares de la hermandad de la Vera Cruz de la vecina ciudad de Antequera, conocido como “Cristo Verde”, color del madero de la Crucifixión en las hermandades de la Vera Cruz.

La iconografía de la Cruz en las hermandades de la Vera Cruz, solían, y suelen en la actualidad, representar las cruces con toallas y pintadas de verde, en alusión al pasaje evangélico de San Lucas del versículo 23,28-31, cuando Jesús, llevando la cruz al hombro, se dirige a las mujeres de Jerusalén que lloraban mostrando su compasión por el Condenado y les dice: “Dirán los collados: ¡ocultarnos! Porque si esto se hace en el leño verde, en el seco, ¿qué se hará?".

Este Cristo Verde está documentado que fue llevado en 1631 desde el convento granadino de San Francisco “Casa Grande” al convento franciscano de Antequera (San Zoilo), y que fue adquirido dicho año por Fray Juan del Castillo para trasladarlo al convento antequerano desde el de Granada. Su policromía verdosa y de tonos marfileños le dio desde antiguo su nombre de Señor Verde, aunque en la restauración de 1996, perdió el verde oscuro de su policromía[7].




Todas estas circunstancias y la época de ejecución de la escultura (1543), nos puede llevar a la hipótesis de que este Crucificado podría ser el que procesionara y diera culto la Cofradía de la Vera Cruz de Granada desde la fundación de la misma, y durante la segunda mitad del siglo XVI y primer tercio del XVII. La imagen pudiera haber sido encargada por la hermandad en los primeros años de su existencia, trasladándose con la hermandad en 1564 al convento de San Francisco “Casa Grande”. No obstante, la imagen parece ser un Crucificado de retablo y que, por lo tanto, estuviera desde su ejecución en 1543 en el convento de San Francisco, aunque nada se opone a que en el acuerdo de 1564, entre la hermandad y los franciscanos, cuando estos le ceden en esa fecha una capilla en su iglesia, también le cedieran este Crucificado.  
  



Cristo Verde. Atri. Jerónimo Quijano. Mediados XVI

El Cristo Verde es una imagen italianizante que corresponde al estilo manierista con elementos goticistas. Para barroquizarlo, en tiempos recientes, se le ha añadido un mechón en la melena y el nudo en el paño de pureza.

Era usual que a lo largo de la existencia  de las cofradías, que estas cambiaran sus imágenes titulares, bien por deterioro de las mismas o bien por deseo de adaptarse a los estilos escultóricos de cada época, cosa que ocurre también en nuestros tiempos. Por ello, no es de descartar, que sí aceptamos la hipótesis planteada, la hermandad tuvo que cambiar por otra la imagen de Crucificado de Jerónimo Quijano, al venderse ésta a la comunidad franciscana de Antequera.

¿Qué Crucificado pudo sustituir a la imagen de Quijano? Es arriesgado señalar qué imagen tendría la hermandad desde 1631, hasta finales de ese siglo. Pudiera ser la del Crucificado de la iglesia de San Pedro, llamado “Cristo de las Ánimas”, que hoy preside el altar mayor de la misma. Esta imagen un poco menor que el natural, representa a un Cristo muerto en el momento previo a ser descendido de la cruz. De los brazos de esta pende un sudario a modo de lo que se llama en el argot cofrade “Cruz de toallas”, que es arbórea y pintada de verde. En contra de ello, podemos decir que dicha imagen parece haber sido la titular de la Hermandad de las Ánimas de dicha iglesia.   

Pero hay un tercer Crucificado en Granada que pudiera haber sucedido en el tiempo al de San Pedro y que con bastante probabilidad pudo estar relacionado con la Vera Cruz de Granada. Este es el Crucificado del escultor José Risueño (1665-1732) que se venera en el convento de franciscanas del Santo Ángel Custodio, llamado por ellas “Cristo de los Amores”. Este bello Crucificado de tamaño inferior al natural también pende de una cruz arbórea pintada de verde como simbología de la Vera Cruz. Es, asimismo, un Cristo ya expirado que llegó, muy probablemente, al convento del Santo Ángel Custodio desde el de San Francisco Casa Grande, sede de la Hermandad de la Vera Cruz, como tantas otras esculturas, pinturas y enseres que las franciscanas recibieron de dicho convento masculino. Es más, ha sido un Cristo procesionado, cosa no muy usual en la antigüedad en una imagen perteneciente a un convento femenino de clausura. Las andas de procesionar las han conservado las monjas hasta hace pocos años en que se han deshecho de ellas. 


Cristo de los Amores de José Risueño
 Risueño, en esta obra del convento del Ángel, nos da un enfoque mucho más original, con un paño de pureza que se aparta de los cánones mas extendidos, pues en vez de estar anudado en uno de los costados, como era lo tradicional, aparece cruzado en el centro del vientre, siendo la técnica del artista en esta época mucho más depurada, suelta y personal, por lo que el profesor Sánchez Mesa le atribuye una fecha de ejecución que va de 1693 a 1712[8]. Éste sería, seguramente, el que la hermandad diera culto hasta su extinción en el primer cuarto del siglo XIX.

La invasión napoleónica, y después, la Exclaustración de 1835, supusieron un trasiego de imágenes de los conventos masculinos a los femeninos, normalmente de la misma orden, y a las iglesias parroquiales, que hacen muy dificultoso identificar las imágenes que fueron titulares de las antiguas hermandades.

Por apuntar posibilidades, con poco sostén, pudieran haber sido candidatos al primer Crucificado de la Vera Cruz, si es que no lo fue el Cristo Verde de Antequera, algunos de los Crucificados que tuviera la parroquia de Santa Escolástica, a la que pertenecía el convento franciscano, como  el que, actualmente, está en la capilla de la Hermandad del Rosario en Santo Domingo, iglesia que acogió a la parroquia de Santa Escolástica o en los conventos franciscanos femeninos, como las clarisas de la Encarnación con su Cristo de la Buena Muerte de Diego de Siloé, que son Crucificados del siglo XVI. Pero esto no deja de ser meras elucubraciones. 


Las primeras procesiones de penitencia

Su procesión de penitencia de la tarde del Jueves Santo vendría a ser el modelo que inspirara las demás estaciones penitenciales del resto de las hermandades granadinas de este carácter. El sermón, la confesión y comunión, constituían el inicio y preparación para la estación de penitencia. La procesión, con  hermanos de luz y flagelantes practicando la disciplina pública, recorría cinco estaciones en templos del itinerario, para recordar las Cinco Llagas de Jesús.

El acompañamiento musical de la imagen o imágenes, lo constituían la bocinas, probablemente parecidas a las que llevan las actuales"chías", pues en el libro de cuentas de la hermandad de 1685, hay una partida de pago a Isidro del Castillo "... por el trabajo de tocar la bocinas el Juebes Santo". También algún otro acompañamiento musical por el pago de 66 reales para los músicos de dicho día [9].   

Salía en sus primeros años de la capilla del hospital de la calle de Mesones, para después, a partir de 1564, hacerlo desde convento de San Francisco. En el hospital se atendían, terminada la procesión, las heridas que se infringían con los flagelos los disciplinantes con ungüentos y vino. 




Procesión de flagelantes de Francisco de Goya
        Por el capítulo 27 de la Regla sabemos cómo se celebraba la procesión de penitencia del Jueves Santo, que llama "de la Zena". Los cofrades y cofradas de la hermandad debían acudir confesados y comulgados a la puesta del Sol al hospital a la hora que el prioste señalase, para salir en la procesión e ir a las iglesias y monasterios que se indicase, llevando el paso de la Santa Cruz, el del Santísimo Crucifijo y el de Nuestra Señora, con mucho orden silencio y quietud, portando antorchas (los cofrades de luz)  y, tras ellos, los clérigos cantando salmos de la Pasión. Cuando la hermandad se traslada al convento de San Francisco "Casa Grande", esta misión la harían los franciscanos.

Detrás iban los tres pasos citados con las imágenes y, tras ellos, todos los cofrades penitentes con hábito, cordón, capillo y flagelos para la disciplina y en el hospital se habían de desnudar antes de salir, cubriéndose con sólo la camisa con las espaldas al aire y descalzos y "se baian disciplinando mui onestamente y con mucho silencio sin nombrar a otro por su nombre". Tampoco debían de llevar ningún distintivo por el que se les pudiera reconocer, porque la penitencia debía de ser anónima para el perdón de sus pecados, siendo el prioste el responsable de la procesión, que debía cuidar de que se tuviera preparado el vino para lavar las llagas de la flagelación.   

También iban en la procesión las cofradas con candelas encendidas, pero estas no se podían disciplinar, sino en sus casas delante de un Crucifijo, pues la disciplina era obligatoria para todos y así se comprometían al jurar la regla, siendo la pena, para los que sin excusa importante faltaban a la procesión, de  cuatro libras de cera. Otra obligación era la de no salir en ninguna otra procesión que en la de la Vera Cruz, bajo pena de una arroba de cera para el arca de la cofradía. Solo se podía excusar de asistir el cofrade que viviera a mas de cinco leguas de Granada [10].   
     



                                      Semejante a este sería el escudo de la Vera Cruz 




La Hermandad en el siglo XVII

A finales del XVI, en 1597, no le va afectar la consabida reducción de cofradías penitenciales, que decreta el arzobispo don Pedro de Castro y Quiñones y la hermandad, junto con las Angustias y la Soledad, fueron las únicas que realizaron su estación de penitencia en los siguientes años. Poco a poco, fueron autorizadas las demás por el nuevo arzobispo don Pedro González de Mendoza, normalizándose las procesiones de casi todas las hermandades, hasta la nueva reducción que se produjo en 1631, durante el mandato del arzobispo don Miguel Santos de San Pedro, que tampoco afectó a la Vera Cruz.

A los largo del Seiscientos la hermandad va añadiendo pasos a los tres primeros que formaban la procesión primitiva. Así, a poco más de mediados del siglo la hermandad contaba con la imagen del Nazareno, pues sabemos, que en 1676 Francisco Sánchez Chacón, tratante de especería, hace una donación a la imagen de Jesús Nazareno de la capilla de la Vera Cruz de una corona con potencias de plata, túnica y cordón, mediante escritura ante el escribano público Bartolomé Sánchez de Godoy.  Estas prendas, no obstante, las guardaba en su casa para entregarlas a la cofradía para ponerlas a la imagen en los cultos y en la procesión del Jueves Santo. Cosa que hizo hasta 1691, en que habiéndose ido a vivir a una legua de la ciudad, al Pago de Andarax, no entregó para esa Semana Santa las alhajas.

El hermano mayor, Francisco Merino y el mayordomo Francisco Solera, aducen que dichas prendas las costearon los ocho horquilleros del Nazareno, pagando cada uno de ellos más de 200 reales, y que no las entregó, tampoco, el día de San Juan Bautista de 1690, para la función que celebraba ese día la hermandad, conmemorando la publicación de las Bulas papales con que gozaba la hermandad, ni lo hizo para la fiesta principal del día de la Santa Cruz. También alegan que las había empeñado por un préstamo de 30 ducados que le dio Jacinto Framil, otro hermano de la Vera Cruz, que, a su vez, reempeñó las alhajas a una tal María Ximénez por 240 reales.

Curiosamente, parece que la imagen del Nazareno no era de la hermandad, pues piden los mayordomos al juez que se depositen las prendas de la imagen en casa del librero Juan Luis que era el dueño de ella, por habérsela cedido un tal Juan de Jerez [11].

El siglo XVII, fue de esplendor y crecimiento de la hermandad, tanto en cultos,como en su manifestación más externa, como era la estación de penitencia. Asimismo, se va a convertir en una verdadera Archicofradía, dentro de cuyo seno van a funcionar una serie de hermandades asociadas a ella, como la de San Francisco o la de Ntra. Sra. de Consolación o del Nazareno de San Francisco. Estas, también, aportarán sus imágenes a la procesión del Jueves Santo.

Las cofradías anejas

La Ilustre Hermandad y Archicofradía, que así se la viene identificando en la última parte de ese siglo, va a firmar en escritura pública concordias con las hermandades asociadas. En 1677, por escritura de 19 de abril, parte de la hermandad, especialmente la formada por gallegos, formalizan una concordia con la Vera Cruz, formando una corporación con la imagen de Ntra. Sra. de la Consolación, cuya efigie parece que era propiedad de la Vera Cruz, pues así ésta la reivindica en algunos conflictos que tuvo con ella, alegando que la cedió por la concordia firmada a los gallegos, sólo para que le dieran culto y sacaran en la procesión del Jueves Santo.



   

Todo indica que la fecha de fundación de la hermandad aneja de la Consolación, fue el 19 de abril de 1677, ahí comienzan sus actas y ese día se hace la escritura de concordia con la Vera Cruz, siendo su primer hermano mayor Juan de Santa María y su primer mayordomo Gerónimo de Trillo y hermano mayor de la Vera Cruz Juan Gallardo, alguacil de corte de la Real Chancillería. Sin embargo, la aprobación canónica por el Provisor don Francisco Ruiz Noble se realizó al año siguiente el día 9 de agosto de 1678, no aprobándose la constitución 16, sobre hacer demandas por las calles de la ciudad, para no perjudicar a las hermandades sacramentales, ni otras que tuvieran dicho privilegio. La escritura de concordia, entre otras obligaciones, prescribía:

"…en su obligación sacarán el dicho paso de Nuestra Señora de Consolación en la dicha procesión del Juebes Santo en la tarde incorporada en la dicha procesión de la Sta Bera Cruz que sale del dicho convento con la zera que les pareciere según su deboción y si les pareciere hacer qualquier fiesta a Ntra. Sra. qualquier día del año lo an de poder hacer. Y por lo que toca a sacar el dicho paso de nuestra Señora el Juebes Santo en la tarde se ha de poder executar y apremiar con esta escriptura…".

Por su parte, los de la Vera Cruz se obligaban a entregarles la imagen de la Virgen para la procesión y las fiestas que le quisieran dedicar. Luego, en la práctica la entrega se hizo definitiva de hecho.


Libro de Reglas de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Consolación

Esta Hermandad de Ntra. Sra. de la Consolación, había conseguido, no sólo, la cesión de la imagen por parte de la Cofradía de la Vera Cruz, sino también una capilla a la entrada de ésta última, cedida por el Señor de Alhendín don Jerónimo Altamirano y Céspedes ( más tarde Marqueses de Alhendín), dedicada hasta ese momento a Santa Ana, capilla de enterramiento de dicha familia.

Poco después, en 1681, la hermandad de Consolación realizó en su capilla un retablo para la Virgen, encargando su dorado y estofado al maestro estofador Manuel de Villaquirán por el precio de 3.450 reales.

Por fechas cercanas también se había fundado una concordia con la Hermandad de Ntro. Padre San Francisco, aprobada por el Provisor Juan de Leyva (compuesta de 100 hermanos), cuya imagen se veneraba en la capilla de la Vera Cruz, para sacar aquéllos en la procesión del Jueves Santo el paso de este santo. Sus reglas, en badana encarnada, constaban de once hojas y la primera contenía la estampa de San Francisco.

"...las constituciones que tiene la hermandad de San Francisco sita en la capilla de la Santa Bera Cruz del convento de San Francisco casa grande tienen 11 hoxas de pergamino y otra donde está la ymagen de dicho Santo.


San Francisco en el Monasterio de Clarisas de la Encarnación. José de Mora


La concordia, que establecía la obligación de sacar el paso el Jueves Santo en la procesión de la Vera Cruz, no fue cumplida en 1679, lo que provocó cierto conflicto. Ese año, los hermanos de San Francisco se habían negado a sacar la imagen y la viuda del hermano Joseph Pérez, que tenía el paso en su casa (probablemente serían las andas) se negaba a entregarlo. De esto surgió la querella consiguiente por parte del hermano mayor y mayordomo de la Vera Cruz, Francisco Framil y Pedro Vázquez, contra los mismos cargos de la Hermandad de San Francisco, Francisco Cobo y Benito de la Torre.  

Las constituciones de la hermandad establecían en su regla 4ª, que los cien hermanos de San Francisco debían de costear cada uno un hacha  de cera blanca y su renuevo, para salir con sus túnicas cada Jueves Santo con San Francisco en la procesión de la Vera Cruz y que esa era la razón fundamental por la que se había fundado dicha hermandad. Las hachas se guardaban en una arca, que también se las habían llevado de la capilla el 16 de marzo, según testigos, para esconderla en el Realejo Alto en casa de un tal Pedro García, junto a la Puerta de los Molinos, llevándose al huerto de la misma 88 cirios empezados.

Por esos días, hicieron cabildo en un carmen más allá de las Vistillas de los Ángeles, en casa del mayordomo Benito de la Torre, que les dijo que les había prometido el padre guardián que les daría capilla y otra imagen del santo para que se apartasen de la capilla y hermandad de la Vera Cruz. Varios hermanos, no conformes, pidieron su cirio y se salieron de la reunión. 

El provisor determinó que devolvieran la cera a la capilla de la Vera Cruz y les obligó a salir en la procesión del Jueves Santo, llevando el paso de San Francisco, no valiéndole las excusas que habían alegado de tener pocos medios económicos y de que dicha obligación de sus reglas era facultativa.

Otras de las imágenes, como la de Jesús Nazareno y San Juan tenían grupos de devotos, que se cuidaban de su culto y arreglo y a los que la hermandad, en una especia de concordia les tenía entregadas las horquillas para que los procesionaran y a los que se les daba cierta ayuda económica y un agasajo para sacar los pasos con su insignia y estandarte y restaurando la imagen de San Juan en 1687. 

En 1682 la Hermandad de la Vera Cruz no quiso satisfacerle al beneficiado de Santa Escolástica los cinco ducados de la asistencia de los ministros de dicha parroquia a la procesión del Jueves Santo, tal vez por lo elevado de la suma que le reclamaba. Alegaba el eclesiástico que desde hacía más de 15 años que estaba de beneficiado se había pagado dicha cantidad. 

Pero lo interesante de este documento es que para demostrar el beneficiado que todas las hermandades de penitencia pagaban la asistencia de la parroquia a sus procesiones, presenta certificados de dichos pagos, por los que nos enteramos que algunas hermandades que creíamos se habían perdido o no hacían su estación de penitencia en esas fechas de finales del XVII, la efectuaban. Y así, constatan dichos certificado, que seguía saliendo la hermandad de la Oración en el Huerto de San Antón, el Miércoles Santo; la Hermandad de la Virgen de las Angustias; la de la Merced Calzada (Sangre de Jesucristo y Nazareno); la de Jesús Nazareno del convento de los Mártires, afirmando que lo seguía haciendo en la mañana del Viernes Santo y la de las Tres Necesidades dicho día por la tarde.   

Es más, hay otros datos interesantes en las cuentas de la hermandad de 1691, en que asistió el día de San Juan a la procesión en la que se llevó a San Sebastián a su ermita, concurriendo con cien luces y 24 hachas a dicha procesión. Y en 1694,  en que se gastan doce hachas de cera para recibir la procesión de Jesús Nazareno de los Mártires y se le da al muñidor 12 reales ese día. Esto nos ratifica que en esos años aun bajaba a la ciudad el Nazareno y pasaba por la capilla o puerta de la Vera Cruz, cuya hermandad la recibía con el muñidor anunciándolo. También  en 1696, hay una nota en las cuentas de "...tres libras de zera que se gastaron en los nueve días que estuvo Jesús Nazareno en la capilla", para dedicarle un novenario costeado por Dª. Isabel Córdoba ¿Es indicativo esto de que el Nazareno de los Mártires estuvo esos días en la capilla de la Vera Cruz o se refería a la imagen de su Nazareno, cuando éste siempre estaba siempre? Parece, no obstante, que debía de ser éste último.

La procesión barroca

A lo largo del siglo XVII, se nota en los documentos de la Vera Cruz una paulatina deriva hacia una barroquización de su procesión de Semana Santa. Cada vez son más las imágenes que salen en su estación de penitencia (pasos de la Santa Cruz, San Francisco, el Crucificado, el Nazareno, San Juan, la Virgen de Consolación y Santa Elena, cuyo paso no se sabe si era alegórico). El Ecce Homo, parece que no lo sacaba en esta época, aunque si lo conservaba porque en 1706 se le hace "una cabellera al Señor de la Umildá" . Los flagelantes van desapareciendo, animada esta desaparición por la normativa legal y dictámenes de los arzobispos.

Junto a las imágenes, se aprecian elementos barrocos, como el palio de tafetán verde enmarcado y adornado con aros en cada vara y cintas, que llevaba el paso de la Santa Cruz, con ocho varales portado por hermanos con túnicas. En 1697 se va a adornar con sedas y oro y se va a poner palio a otras imágenes. En 1706 el palio fue portado por sacerdotes y en 1708 se adornó con encajes y dorados. La Virgen de la Consolación también llevaba palio, probablemente de respeto, con ocho varales y caídas de terciopelo negro y el techo de tafetán del mismo color con una cruz estampada en color verde[12].


La imagen de Ntra. Sra. de la Consolación, vestida para la procesión con  "bestido de terciopelo negro" y "manto grande para las andas" que era de lama negro. Además, contaba con más de diez vestidos de diferentes telas y bordados, que sería largo enumerar. También varios rostrillos con pedrería y gargantilla de perlas y corales y toca de Cambray, portando sobre su pecho un corazón de filigrana de oro, enmarcando otro de cristal más pequeño y cruz y clavos de filigrana de oro. Esta preciosa alhaja la conservó la imagen, al menos, hasta 1829, que aun figuraba en su inventario. La corona era imperial y en 1704 se le hizo una nueva de plata con pedrería del mismo estilo se le añadió una esmeralda   "con cuatro botones de Bohemia en oro". Otros ricos elementos adornaban la imagen. Lo que denota que tuvo una notoria devoción. 

La procesión la abría el paso del estandarte como guión que representaba a la hermandad, que en 1704 se renovó por uno nuevo de damasco verde y blanco con fleco, e iba alumbrado por dos hachetas y cierto número de hermanos penitentes con hachas de cera amarilla, que se fue incrementando hasta  el de 36 hermanos y un bocinero con túnica. Los cañones del estandarte eran de plata con crucifijo dorado, costeados por varios hermanos en 1696.  

En 1697 se hizo otro palio de tafetán verde probablemente para el paso de la Santa Cruz y al siguiente año se hicieron 55 túnicas blancas, pues de este color eran las que vestían los hermanos, aunque parece que existían, según los pasos, otras de diferente estilo y color. En la procesión iban dos hermanos con túnica pidiendo limosnas.


Festividades y cultos

No era la procesión de Semana Santa la única que realizaba la hermandad. Vinculada como lo estaba, la hermandad San Francisco, se celebraban las llamadas procesiones de cuerda en los terceros domingos de cada mes. Seguramente esta procesión era claustral o por los alrededores del convento. Se llevaba cera y música de chirimías.

Asimismo, celebraba con gran fiesta, función y procesión el día de la Santa Cruz, en el que se renovaban los cargos de hermano mayor y mayordomo. El altar de la capilla se adornaba sobremanera, siendo un verdadero espectáculo las varias decenas de ramos de flores y guirnaldas, las 200 luces y cuatro hachones que alumbraban la Santa Cruz. Se llenaban de colgaduras las paredes de la capilla y el suelo de la misma, así como el compás de la iglesia se sembraban de juncia y se iluminaba la torre del templo franciscano por los novicios del convento.

También se traía la música de la Capilla Real para la función y de clarines y tambores y, por los cultos de la tarde un arpista y otros músicas de chirimías. Además en la procesión del día de la Cruz se traían diablillos (cabezudos) y carros triunfales, dos danzas y, por supuesto, cohetes y "truenos". Para estas fiestas se realizaban algunos años más de sesenta carteles para ponerlos en calles y plazas.  

En las cuentas hay gastos por "los soldados y pólvora", lo que quiere decir, seguramente, que se traían mosqueteros con arcabuces a los que se le daba después un agasajo. Estos gastos eran considerados excesivos por algunos hermanos, que piden en un cabildo de 1694 se intenten moderar. Y  en 1695 lo vuelven a denunciar, diciendo que la hermandad no estaba obligada por reglas más que a celebrar la procesión de penitencia del Jueves Santo y no la de la Santa Cruz, ni otras aunque fuera claustrales, ni las fiestas de San Francisco, San Juan San Pedro y Ntra. Sra. de Agosto u otras, que también se celebraban con mucho boato. 
  
Efectivamente, el mayordomo modera los gastos en los años siguientes, aunque no sabemos si por las protestas o por haberse metido la hermandad en hacer obras en la capilla, osario y sacristía, así como en retablos.

En 1689, la hermandad de la Vera Cruz, decide no salir el Jueves Santo de ese año, queriendo obligar a la hermandad filial de Ntra. Sra. de la Consolación a que tampoco lo hiciera. Alegaba la Vera Cruz, que la imagen de la Virgen era de su propiedad y que su hermandad estaba agregada y no era independiente de la Vera Cruz por escritura pública ante don Juan de Padilla y que, por lo tanto,  al salir de forma independiente estaban incumpliendo las bulas de que gozaba la hermandad matriz.

Los de la Consolación aducían que las excusas de la Vera Cruz  de estar empeñada por los gastos de renovar las bulas y los gastos que estaban haciendo en la capilla, que los llevaba a no sacar la procesión, carecían de entidad y que, en realidad, la causa era el que se había prohibido salir a sus hermanos con la cara descubierta.

El provisor Martín Torrico de Pedrajas admitiendo las razones por los que la Vera Cruz no sacasen ese año la procesión, autorizó a la hermandad de la Consolación a procesionar la imagen de la Virgen. Ante este decreto del provisor y vicario general la hermandad de la Vera Cruz, expuso sus derechos derivados de las bulas papales para sustraerse a la jurisdicción arzobispal, apelando a la Santa Sede y a la justicia ordinaria. Entre tanto, había pasado más de un año y la hermandad de Consolación haría uso de la licencia para sacar por sí la procesión con su estandarte y con la Virgen [13] .

También daba culto a San Juan, con música, iluminaciones, misa cantada y adorno de la capilla y a Ntra. Sra. de los Ángeles en su festividad, en que se celebraba el jubileo  franciscano de la Porciúncula; se ponían colgaduras y se llevaba música para la función. Aderezándose su altar en 1705 con un precioso frontal de tafetán carmesí  y se le restauraron las manos a la imagen y en 1711 se le hizo nuevo altar, al igual que al Nazareno. 

La hermandad incluso llegó a realizar publicaciones literarias, como ocurrió en el año 1712, en que Tomás de Roa compuso en prosa el relato de la Fiesta de la Santa Cruz y se imprimió con el sermón para enviársela al Duque del Infantado a fin de conseguir de él limosna para hacer la reja de la capilla.   

Plano de la iglesia de San Francisco con las Capillas de la Vera Cruz y Consolación (ver nota)

Capilla y retablos

Dentro de la iglesia de San Francisco, situada en la zona frontera a la casa del Padre Suárez (hoy archivo de la Real Chancillería), en la calle de Pavaneras, se alzaba la gran capilla de la Vera Cruz, como una iglesia dentro de la de San Francisco. Ocupaba  parte de la Plaza de los Tiros o del Padre Suarez.

Como se ha afirmado en el estudio que hemos hecho de la Hermandad de la Tres Caídas, fue la iglesia de San Francisco la primera sede, por pocos años, de la catedral granadina. Y allí, se erguía la capilla de Vera Cruz "la otra Roma", según Heríquez de Jorquera, ampliada por la hermandad sobre la primitiva capilla que le cedió la comunidad franciscana, con 74 pies de largo y 24 de ancho (21x 7 metros, aproximadamente) y, además,  se le ceden del cementerio 64 por 63 pies más, donde ampliaría la capilla, sacristía y otras dependencias (14) En total, unos 260 metros cuadrados ocupaba el recinto de la capilla y dependencias.

En este gran espacio de la capilla, se contenían los altares, capillas y retablos de las distintas imágenes con que contaba la hermandad, como los de Ntra. Sra. de los Ángeles a la que daba culto la hermandad y la tenía como patrona, Jesús Nazareno, el Crucificado, San Juan, San Francisco y Santa Elena. También, a la entrada de la misma, desde la iglesia de San Francisco, se situaba la capilla de Ntra. Sra. de la Consolación, cedida por la familia Altamirano Céspedes en 1677, (aunque la escritura parece que se formalizó en 1684) con un retablo, que esta familia mandó respetar, en el que se veneraba la imagen de Santa Ana y donde se colocaría a Ntra. Sra. de la Consolación. También contaba con bóveda de enterramiento, en la que no se podía enterrar persona alguna, ni condecorada a no ser con consentimiento de la familia. Ésta obligaba, asimismo, a que se respetaran los blasones y armas que identificaban la capilla [15].

Por su parte la hermandad de la Vera Cruz proyectó realizar el dorado del retablo, ampliándolo con cornisas, para lo que en 1693 promovió una suscripción para recabar fondos, que ese año consiguió reunir 36 donantes. Contratándolo con el dorador Juan Recio de Iniesta, a quien le entregó ese año 200 ducados. 

También en esta época de finales del siglo XVII y principios del XVIII, la hermandad realizó importantes obras en la capilla. Una en el año 1689, por cuyos gastos y la renovación  de las bulas, determinó no salir el Jueves Santo, como antes se ha indicado. Otras en 1711, entre las que renovó los altares de Jesús Nazareno y de Ntra. Sra. de los Ángeles, en lo que se gastó más de 6000 reales.

Estas obras continuaban en 1712 en la capilla mayor, la escala, la sacristía  y en la capilla de Jesús Nazareno, donde se tuvo que derribar el muro que amenazaba ruina y poner arco de sostén. Se repararon los tejados y el muro que daba al compás, que costaba más de 400 ducados, así como la bóveda de la capilla de la Escala.  

El hermano mayor Juan de la Calle y el mayordomo Juan de Rojas, antes estos gastos importantes g por lo que volvió a pedir al Provisor don Cristóbal Danusio que les diera licencia para no sacar la procesión al menos en cuatro años. Visto todo en un expediente con el informa del fiscal general del arzobispado los autorizaron, únicamente, a no sacar la procesión de la Semana Santa de 1712[16].   

Entre otras noticias que se tienen de la hermandad en el siglo XVIII la realización de un grabado con la Santa Cruz encargado al grabador  Tomás Mateo López Hidalgo de la que realizó en 1715  dos mil quinientas estampas. Ese año, terminadas las obras se doró la capilla mayor.

A los largo del referido siglo la hermandad realizaría sus cultos y procesiones con la solemnidad que acostumbraba, revitalizándose especialmente los cultos al patrón del convento San Francisco, con cuya archicofradía estaba unida, apareciendo en el último tercio del siglo la hermandad con el título de Ilustre y Venerable Hermandad de la Santísima Vera Cruz de San Juan de Letrán de Roma y Archicofradía del Cordón de Ntro. Seráfico Padre San Francisco, de la que imponían cordones a los que otorgaban las patentes de hermanos, que tenía repartidos por todo el ámbito del antiguo Reino de Granada.

En 1775, la hermandad de la Vera Cruz, sufre una denuncia por la práctica de estas demandas fuera de la ciudad por incumplir una real cédula de Fernando VII, dictada en 1757, por la que se pretendía frenar ciertos abusos en este sentido, originados por la Hermandad de Ntra. Sra. de Monserrat en Cataluña. La Vera Cruz alega no tener medios para sostener el culto y pretende estar fuera de dicha norma por tener una bula pontificia, en la que se ampara. Bula que se dio para "... para la fundación o reedificación de un hospital para curar enfermos, que en la actualidad está sin exercicio por no tener fondos con los que poder soportar los gastos de seis camas que en otros tiempos a habido". No sé si con  esta alegación la hermandad aun mantenía el hospital sin actividad y no había renunciado a su rehabilitación. Pese a todo, el provisor don Antonio de Vera les deniega el permiso para hacer demandas por los pueblos.

Parece que hermandad en los últimos años del XVIII, no estaba en las mejores condiciones económicas, realizando su estación de penitencia de forma no continuada. De esta forma llegaría al siglo XIX, en el que, los acontecimientos bélicos, la ocupación francesa de la ciudad y el espolio, requisa y semidestrución de la iglesia por las tropas invasoras del general Sebastiani conducirían a la hermandad a una decadencia irrecuperable.

Si se tiene noticias de la hermandad filial de Ntra. Sra. de la Consolación, al menos, hasta 1832, acogida en la parroquial de San Matías. Estos datos lo hemos tratado en este blog, al describir esta hermandad, que será objeto de ampliación en otra ocasión, para actualizar la visión de esta cofradía.   

Es de sentir, que ésta, en otros tiempos, esplendorosa archicofradía, no haya sido recuperada en nuestra Semana Santa actual, cuando se han creado tantas cofradías, sin tradición histórica ni en la devoción, ni en la advocación de sus titulares. La ignorancia de nuestro pasado cofrade y devocional produce tan lamentables efectos.  



[1] HEMEROTECA DE LA CASA DE LOS TIROS. GRANADA GRÁFICA, nº de abril de 1922. 

[2] Artículo de Marino Antequera en el periódico “Ideal” de 10 de marzo de 1942.

[3] PADIAL BAILÓN, Antonio “La Semana Santa de Granada a través de la Federación de Cofradías”. Granada 2002.  

[4] LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis “Historia viva de la Semana Santa de Granada”. Granada 2002.

[5] ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 34 f , a, pieza s/n.

[6]H ENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco. “Anales de Granada”. Granada 1987, Edición de A. Marín Ocete, p. 234.

[7]ROMERO BENÍTEZ, Jesús "Patrimonio escultórico de la Cofradía de la Sangre y Santa Vera Cruz de Antequera" Vía Crucis de

Málaga,IV (1992),nº 14,p.56; LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Jesús Juan y otros " Los conventos de la Merced y San Francisco, C

Casa Grande de Granada...", p.138. Universidad de Granada 2002.

[8] SÁNCHEZ-MES MARTÍN, Domingo “José Risueño, escultor y pintor granadino (1665-1732). Granada 1972.

[9] ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO, Lejajo 34 f, pieza 2.

[10] Ibídem, legajo 35 f, pieza s/n.

[11] Ibídem, legajo 35 f. pieza 11. y  LOPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis. Opus Cit, pags.179-180.

[12] Ibídem, legajo 35 f, pieza s/n.

[13] ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA,legajo 34 F, pieza nº2.

[14] ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA,legajo 34 F, pieza nº10.

[14]ARCHIVO NOTARIAL DE GRANADA, LEG. 138, fols. 914-931, investigado por el Dr. Lazáro Gila Medina.

[15]ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, LEG. 35 F. pieza 20.

[16] Ibídem, leg. 35, pieza s/n.

NOTA. Plano  de San Francisco de "Los conventos de la Merced y San Francisco ..." Opus. Cit. de GILA MEDINA, Lázaro, LÓPEZ -GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús y Miguel Luis. El autor de este artículo ha hecho la señalización de calles y del nombre de algunas capillas.