domingo, 19 de octubre de 2014

HERMANAD DE NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD Y ENTIERRO DE CRISTO









Antonio Padial Bailón




   Abordar la extensa historia de la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de Granada en un blog de estas características, viene a ser tarea harto dificultosa, en la que hay que optar o por un análisis lo más completo posible o por una simplificación del mismo. Voy a optar por esto último, dado que existe en el caso de Ntra. Sra. de la Soledad, un libro, por mí participado, finalizado y pendiente de ver la luz.   

FUNDACIÓN

     La Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro de Ntro. Señor Jesucristo es una de las hermandades de penitencia más antiguas de la ciudad; fue la tercera de las hermandades de penitencia que se fundaron en el siglo XVI, concretamente, en el año 1561; antes lo habían hecho la hermandad de la Santa Vera Cruz y la de Ntra. Sra. de las Angustias. 

   Nace al amparo de la comunidad masculina de carmelitas calzados, que antes de ocupar su convento de la ribera del Darro, dónde hoy se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad, se estableció en unas casas en la cuesta de Gomérez. No obstante, éste era el segundo emplazamiento que tenía el convento, pues el primero estuvo en el colindante barrio de la Churra. 

  Decimos que la hermandad se fundó cuando radicaba el convento carmelita en la cuesta de Gomérez, porque éste no se trasladó al lugar del hoy Ayuntamiento hasta 1572, once años después de la fundación oficial de la hermandad de la Soledad y con la comunidad se trasladó la cofradía. 

    Allí, en la cuesta de Gomérez, los frailes carmelitas calzados habían acogido, hacia 1554, una hermandad mariana de gran devoción: la de Ntra. Sra. de la Cabeza, que habiéndose fundado por mercaderes y plateros, unos años antes, en 1548, en el Convento de la Santísima Trinidad, se trasladó al del Carmen, que recibió el título de Ntra. Sra. de la Cabeza.



Cuesta de Gomérez, 2º emplazamiento del Convento Carmelita Calzado

   Quizás, por la circunstancia de que la cuesta de Gómerez era lugar en el que se ubicaban cierto número de plateros, fuera la razón por la que la hermandad de la Virgen de la Cabeza, fundada por plateros, cambiara su sede del convento trinitario al de los carmelitas calzados.


   Tal vez, la fundación de hecho de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad ocurriera antes de 1561, pues el lugar de la cuesta de Gomérez fue sede inicial del Hospital de San Juan de Dios, donde se practicaba la penitencia pública en Semana Santa de la que participaba el Santo y cierto número de plateros, que aparecen como testigos en la causa de santificación, y así declararon en el proceso dichas prácticas penitenciales en las que participó San Juan de Dios. Puede que dichos plateros, que pudieran haber pertenecido a la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza, cuando ésta se traslada al lugar que adquirieron los carmelitas calzados, fueran también el germen de la rama de la Soledad. 


     Fue en 1561, cuándo la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza consigue la confirmación del arzobispo D. Pedro Guerrero y sus cofrades habían sacado antes "... facultad y letras apostólicas del Papa Julio III para añadir y quitar algunas cosas de la cofradía". Esta facultad la utilizó la Cofradía de la Cabeza, en 1561, para añadir a su hermandad prácticas penitenciales, haciendo "...cofradía de Sangre todos los Viernes Santos, por la tarde, desde nuestro Convento, colocado en su segundo sitio, la que iba hasta la ermita de los Mártyres" (1).

       No cabe duda, de que estas prácticas penitenciales derivaron en la fundación de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro de Cristo, como rama penitencial de la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza, y que en el último cuarto del siglo XVI, formó cuerpo independiente de ella. También, en su peregrinación penitencial los Viernes Santos a la ermita de los Mártires, San Cosme y San Damián, sede posterior de los carmelitas descalzos, constituiría el antecedente de la vía sacra, frecuentada por varias hermandades en los dos siglos posteriores.  



     En 1572, se trasladan ambas cofradías al nuevo convento que sitúan en una ermita de Ntra. Sra. de la Cabeza o en unas casas - sobre esto existe en las fuentes cierta oscuridad- que adquieren los carmelitas en las cercanías del río Darro, a su paso por la que hoy es calle de Reyes Católicos. El convento e iglesia allí levantado en los años posteriores, ocupaba todo el solar del actual Ayuntamiento más la plaza del Carmen, donde se hallaba su segundo claustro, demolido en el siglo XIX para construir la citada plaza.


Litografía de Robert del río Darro descubierto por la calle Reyes Católicos. A la derecha, la
iglesia y convento del Carmen


         
   La hermandad de la Soledad, en 1561, venía a inaugurar un nuevo día procesional en la Semana Santa de Granada: el Viernes Santo. En esos años, solamente, había dos días procesionales: el Jueves Santo con las hermandades de la Vera Cruz y la de  Ntra. Sra. de las Angustias y el Viernes Santo con la Soledad. A lo largo del siglo, vendrían a añadirse otras cofradías más.

     En los años que restaban para finalizar la centuria del siglo XVI, la hermandad seguiría prosperando, especialmente, tras las disposiciones de las últimas sesiones del Concilio de Trento, por las que se avalaban desde la jerarquía eclesiástica las manifestaciones públicas procesionales y el culto a las imágenes, como contrapunto  a la reforma luterana; aunque los excesos de cofrades en boato y emulación entre las cofradías y las conductas inapropiadas de la población en los días de Semana Santa, amparados en la oscuridad de la noche, mereció censuras y prohibiciones de la autoridad eclesiástica.  



A la derecha, convento del Carmen, hoy Ayuntamiento. Lateral donde estaba la iglesia


Arco de la portada de la iglesia, por dónde tantos años saldría la procesión de la Soledad 

     La hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad en las décadas siguientes a su fundación, efectuaba su procesión del Viernes Santo, como ocurría con las demás cofradías, realizando un determinado número de estaciones a distintos templos de la ciudad. En aquellos tiempos, no se concebían itinerarios comunes, como hoy lo conocemos con los itinerarios oficiales. Seguramente, los primeros años seguiría haciendo estación al convento de los Mártires, en las colinas de la Alhambra, para después, cuando radicaba en el centro de la ciudad, realizar sus estaciones en iglesias de su itinerario.  


     LAS IMÁGENES DE LA COFRADÍA


  Aunque la hermandad llevaba como segunda advocación la de Entierro de Cristo, la escena pasionista que representaba, y aun representa en la actualidad, era el momento en que el cuerpo de Jesús es trasladado al sepulcro.


      De acuerdo con dicha escenografía, la hermandad, desde sus inicios, cuenta con la imagen de Jesús Yacente, hoy llamado Descendimiento. La imagen, no cabe duda, que sería encargada por la hermandad a un escultor en época cercana a su fundación, en 1561; de esa época son sus características de estilo, derivadas de las enseñanzas renacentistas de Diego de Siloé a alguno de sus discípulos, entre los cuales destacaba Diego de Aranda. Este escultor, cuya trayectoria artística ha sido escasamente estudiada, debido a la exigua documentación sobre el mismo, trabajaba en aquellos años iniciales de la hermandad.



Cristo yacente o " de la Sábana". Atribuido a Diego de Aranda, hacia 1561.

  Tradicionalmente, se la ha venido atribuyendo al gran maestro de la imaginería del último cuarto del XVI, Pablo de Rojas, pero sus improntas manieristas parecen acercarlo más claramente a la última época renacentista. Por ello, hoy se le viene atribuyendo a Diego de Aranda por su cercanía a otras obras a él atribuidas, como el Calvario de la iglesia de Santa Ana (Cristo de la Expiración de San Gil).                        

    Así como la hermandad mantiene la misma imagen de Cristo desde los tiempos de su fundación, no ha ocurrido lo mismo con la Virgen. No sabemos cual sería la imagen primitiva de la hermandad; probablemente, pudiera, incluso, haberse tratado de una imagen de talla, pues en la época de la fundación de la cofradía escaseaban las de vestir o eran sobrevestidas sobre una talla interior tosca, como es el caso de Ntra. Sra. de las Angustias, Patrona de Granada, que es de época cercana.     



NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD DEL CARMEN O DE SANTA PAULA O DE SAN JERÓNIMO,

LA HERMANDAD EN EL SIGLO XVII

   Las cofradías granadinas habían finalizado el siglo XVI con la suspensión o reducción de la mayoría de ellas por decreto del arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones. Esto ocurría en 1597 (reducción tratada en otros trabajos de este blog). Sin embargo, la hermandad de la Soledad se vio libre de la reducción, junto con la de la Vera Cruz y la de Ntra. Sra. de las Angustias, tal vez porque eran las más antiguas y, probablemente, por la austeridad que demostraban en sus manifestaciones públicas, ello, sin contar que eran las que más gracias papales habían obtenido.  


  La hermandad, como corporación de "sangre" presentaba en su cortejo procesional gran número de disciplinantes, que con los hermanos de "luz", acompañaban a los tres pasos de la cofradía: la Santa Cruz, el Señor trasladado al Sepulcro, de ahí, el título de Entierro de Cristo, y Ntra. Sra. de la Soledad. 



Disciplinantes de Goya  

     En 1616, cincuenta y cinco años después de su fundación, la hermandad se verá afectada por la competencia en el título con la fundación de la hermandad del Entierro de Ntro. Señor Jesucristo y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, fundada en la parroquial de Santiago. En realidad, fue esta última el resultado de convertirse en penitencial la preexistente hermandad de Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, añadiéndole el título y paso del Entierro de Jesucristo. 


“Ya tenia hermandad este tierno simulacro (refiriéndose a la Virgen de las Tres Necesidades) cuando se le agregó el Santo Entierro de Cristo” (2).

 No obstante, la coincidencia fue, primordialmente, en el título, porque el acto que se representaba en la de las Tres Nacesidades, según el capítulo 2º de sus constituciones, era el del Santo Sepulcro: 


"...esta hermandad a de ser de sangre y disciplina, la qual a de salir el Biernes Santo llevando el santísimo Sepulcro para açer el entierro y demás de esto a celebrar la Santísima Resuriçión el primero día de pascua..." (3).

     En 1616, eran dos únicas cofradías las que salían el Viernes Santo, después de haber sido, en 1597, reducidas las otras; lo hacían ambas a las tres de la tarde; ambas eran de disciplina, aunque inmediatamente, la de las Tres Necesidades cambió este carácter para convertirse, únicamente, en cortejo representativo del Entierro, alegorías bíblicas incluidas, todo ello, por consejo de la autoridad eclesiástica (4)

     Por todas estas circunstancias, entre ambas hermandades la competitividad y rivalidad estaban servidas, como se demostró en años posteriores por los pleitos que entre ellas se incoaron.


"pleytearon sobre primacía y antes de pronunciarse sentencia por el ordinario, se le dio traslado a esta hermandad de las Necesidades, la que sólo pidió reserva de su derecho, y dexar abierto el juicio, para cuando tuviera por oportuno pedir lo que bien le estuviese; y lo mismo le fue otorgado" (6).

  En 1631, hubo por parte del provisor de la diócesis otra reducción de cofradías, por motivos similares a la anterior y por las demandas de limosna que perjudicaba a las parroquias. Pero esta reducción tampoco afectó a la hermandad de la Soledad, por las mismas razones que la anterior. 

     El esplendor de las cofradías en esos años era manifiesto, compitiendo algunas de las hermandades en el exceso de gasto y boato. De esta ostentación no se libraría la hermandad de la Soledad, de modo que en 1639, se le prohibió realizar sus estación de penitencia, según Henríquez de Jorquera:


"... y la cofradía de la Soledad quiso salir en competencia de esa otra (la Oración en el Huerto) y estando ya para salir el Viernes Santo mandó el señor porvisor que no saliese, pena de desmunión mayor y obedeciendo el mandato no salieron y esto fue por los grandes gastos que tenían hechos que dedican a la pasión y soledad, que más pertenecía para fiestas que para tristeÇas" 5.  

   Al año siguiente, salió, también, en procesión de desagravios, para ir a la Catedral y al Campo del Triunfo, por el libelo difamatorio contra la Pura Concepción de María, colocado en la casa del cabildo de la ciudad ( palacio de la Madraza) aquel Viernes Santo.
   
   La hermandad de la Soledad, no sólo pleiteó con la de las Tres Necesidades. La advocación y devoción a la Soledad de María al pie de la Cruz, que la cofradía había introducido en Granada, tuvo como efecto el nacimiento de otras hermandades de Ntra. Sra. de la Soledad, como la del convento de San Antón, de terceros franciscanos, que tuvo que mantener, en 1669, pleito por el título con la hermandad del convento del Carmen.



Ntra. Sra. de la Soledad de San Antón

     Por aquellas fechas del último cuarto del siglo XVII, la hermandad decidiría encargar otra imagen de la Virgen, más idónea para los tiempos barrocos que corrían, y desechando la antigua, encargó la imagen actual que todos conocemos. No se sabe el escultor de la misma, pero sí que en su hechura encierra las más puras características de las Dolorosas de los maestros de la Escuela Granadina.

   Tradicionalmente atribuida a Pedro de Mena, creemos que, en la cima de su fama, este escultor, probablemente, no estaría dispuesto a avenirse a realizar una imagen de vestir, aunque labró alguna de ellas. Por ello, creemos que bien pudiera ser de su taller o de alguno de sus discípulos. Por otra parte, como indica el profesor D. Juan Jesús López- Guadalupe, la imagen "persigue un aislamiento y sobriedad expresiva, distante del gesto declamatorio de las Dolorosas de vestir del maestro granadino (refiriéndose a Pedro de Mena), como la desaparecida de la iglesia de los Mártires de Málaga".        


Ntra. Sra. de la Soledad 

        Ntra. Sra. de la Soledad, procesionaba delante de una cruz de plata grande; esto lo sabemos por un documento fechado en 1665, obrante en el Archivo de Protocolos Notariales de Granada, datos que el profesor D. Lazaro Gila Medina ha revelado (7), por el que la hermandad le encargó al platero Andrés Ortiz unas andas de plata y la referida cruz. Por la calidad de los encargos, parece que la corporación presentaba en dichas fechas un auge que le permitió renovar imagen y enseres de patente valor; exponente de ello era la valía de la talla de la Virgen, de las andas y de la cruz, porque quizás de esa época pudiera ser la imagen de la Soledad. 

LA PROCESIÓN

      La procesión de la Soledad, como otras de la ciudad, especialmente, la de las Tres Necesidades y las del convento de la Merced Calzada, se barroquizó en el siglo XVIII, aunque no alcanzo los excesos de aquéllas. Se incorporaron a su desfile las chías y armados; tal vez justificados, en el caso de las chías, que llevaba diecinueve delante del paso del Señor, por su misión de anunciar la ejecución del reo y su acompañamiento a darle sepultura; y en el caso de los armados, por acercarse al contexto histórico de la presencia de Roma en el proceso de la Pasión de Jesús. La exageración de los atuendos y plumajes de los armados, que a veces hacía peligrar el equilibrio al andar de sus protagonistas, constituían motivo de irrisión en el pueblo que los contemplaba, provocando las censuras, e incluso, la prohibición de la autoridad eclesiástica.   
   
   Tampoco descartamos en la hermandad de la Soledad la realización de la ceremonia del desclavamiento de la cruz, aunque no hay fuentes que lo confirmen, como las hay en las constituciones de la hermandad del Entierro de Jesucristo y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades de la iglesia de San Gil, que sí realizaba dicha ceremonia. Tal vez, como residuo de aquel desclavamiento la hermandad de la Soledad aun conserva los personajes que representan a San Juan, Nicodemo y Arimatea, así como, las Tres Marías en el traslado al Sepulcro. Pudiera ser ,que cuando se reorganiza la hermandad en 1925 se cambia la advocación de la imagen del Cristo por la de Descendimiento, evocando aquella ceremonia del desclavamiento, probablemente transmitida oralmente. 

Señor del Descendimiento o de la Sábana, titular de la hermandad de ¿Diego de Aranda?. Foto de José Velasco.


    En la procesión de la tarde del Viernes Santo se practicaba las disciplina pública desde la fundación de la hermandad, llevando en 1640 numerosos flagelantes y hermanos de luz, portando hachas encendidas, en número de más de 1.400 (8). El número de luces era pues considerable y oscilaba la mayor parte de los años entre 700 y 1.000. Sería sobrecogedor en el Viernes Santo de esos siglos ver discurrir la procesión, solamente alumbrada por los centenares de hachas portadas por nazarenos de hábito negro, sin más rumor que el sonido cadenciosos de los flagelos al golpear las espaldas de cientos de disciplinantes, acompañado por el lúgubre son lastimero de las bocinas de las chías.

   No obstante, a medida que se barroquizaba la procesión, la práctica de la la flagelación fue decayendo, hasta desaparecer por prohibición de las pragmáticas de 1777 del rey Carlos III, derivadas de las ideas racionalistas de la Ilustración. Probablemente, los disciplinantes habrían desaparecido antes de promulgarse dichas disposiciones.


FLAGELANTES

    Es importante indicar que la secular competencia entre las dos hermandades de entierro (Soledad y Tres Necesidades), que las había conducido a pleitos entre ellas se termina en el siglo XVIII, concretamente en 1770, con la firma de una concordia por ambas. El acuerdo consistió en alternarse  en sus salidas, una un año y la otra al siguiente; así se evitaba la duplicidad de la representación sacra del paso del Entierro de Cristo (9).
    
    La excusa fue evitar gastos innecesarios y suprimir gran parte del boato en que habían caído ambas hermandades en sus procesiones barrocas, con las representaciones de personajes bíblicos, chías y armados, que en muchos casos servían de jolgorio y propiciaban múltiples irreverencias en el público. Aunque estas razones eran ciertas, estimamos que en el fondo de la cuestión latía el deseo de acabar con pleitos costosos y calmar a la autoridad eclesiástica, que sin duda presionaba, en unos tiempos marcados por las ideas ilustradas, que veían todas aquellas manifestaciones barrocas como signo de incultura, superstición y atraso.



Una de las Chías en 1983

  
   
     No siempre todo fue paz entre ambas cofradías después de la concordia firmada, la misma se alteraría en 1777, y seguramente, algunas veces más. Ese año, se renovó el conflicto por suprimir la hermandad de la Soledad su paso por plaza Nueva, que al parecer, tenían acordado en la concordia. El resultado fue la prohibición decretada por el provisor de la diócesis, de acuerdo con el arzobispo, de suprimir ese año la procesión que le correspondía a la Soledad:
      "...negar absolutamente la licencia de esta jurisdicción para que se forme y salga la procesión, evitando de este modo la turbación y escándalo, que es de temer en el estado de resentimiento y quejas en que hay abierto en ambas hermandades" (10). 
     
   La hermandad en el convento del Carmen poseía una capilla en el lado del Evangelio, en el que la Virgen de la Soledad ocupaba una hornacina central con dos querubines a los lados, uno lloroso y otro con atributos de la Pasión; y bajo la misma, otra horizontal para albergar la imagen del Cristo Yacente, como se puede apreciar en el grabado de 1788, siendo mayordomos Andrés de Mena y Damián Serrano.   


SOLEDAD EN EL CARMEN. LITOGRAFÍA DEL MUSEO CASA DE LOS TIROS



 SIGLO XIX: LA DECADENCIA DE LA SEMANA SANTA

      El siglo XIX viene marcado desde sus principios por acontecimientos de diversa índole: epidemias, guerras, exclaustración de conventos, anticlericalismo y conflictos políticos, económicos y sociales que mermarán paulatinamente a las hermandades, hasta lograr la extinción de la gran mayoría de ellas.

        El siglo comienza con una epidemia de fiebre amarilla que se introdujo en España por el puerto de Cádiz en el año 1800; la seguiría la Guerra de la Independencia, que produjo una importante disminución de la población. La ocupación napoleónica de casi todos los conventos masculinos de la ciudad, provocará que las hermandades radicadas en ellos tengan que abandonarlos y buscar asilo en otras iglesias, no siempre fácil, o trasladar imágenes y enseres a domicilios de algunos hermanos.

   Puede que la hermandad de la Soledad permaneciera durante la referida ocupación en su sede del convento del Carmen, aunque éste lo destinaron a alojamiento de tropas y caballerías. Y si estuvo fuera del mismo, volvió a él para reanudar su procesión los años en que las condiciones eran favorables, una vez expulsado el invasor francés.

   Desde la fecha de la concordia, las dos hermandades seguían turnandose anualmente en sus salidas penitenciales del Viernes Santo. Dicha alternancia se tiene documentada, al menos, hasta el año 1827, probablemente algunos años más, hasta producirse la desamortización y exclaustración de los frailes en 1835-36.

      Ya en 1837, según un inventario del B.O.P, parece que no quedaba en el convento carmelita más que "la capilla de Ntra. Sra. de la Soledad y Santo Sepulcro con la lámpara de lata", no describe las imágenes, tal vez, porque ya no estuvieran allí (11).

  
La torre del convento del Carmen y el río Darro por el puente del Carbón, espacio que hoy ocupa la calle Reyes Católicos


     Sabemos que en 1819, fue la hermandad de la Soledad a la que correspondió realizar la estación de penitencia, y aunque el arzobispo Álvarez de Palma le dio licencia, les prohibió sacar los armados, las chías y músicas que no fueran fúnebres. Las Chías, no obstante, salieron, lo que costó al prior de los carmelitas y a los directivos sendas multas.   
     
Los "Armaos" de la Macarena

La hermandad en el convento de Santa Paula

    Con la supresión del convento del Carmen en 1836, la hermandad ha de dejar su sede y el convento fue destinado a cuartel de la Milicia Urbana. No se sabe donde radicó la hermandad en los años 1837 y 1838, probablemente en la parroquia o en el Museo establecido en el convento de la Santa Cruz, aunque parece que ese último año ya se había trasladado al convento de monjas jerónimas de Santa Paula. En todo caso, con certeza, ya estaba en este convento en 1840.

     275 años había estado la hermandad en el convento de carmelitas calzados y comenzaba una nueva y difícil etapa, que la llevará hasta nuestros días en el convento femenino jerónimo de Santa Paula. Pronto la Virgen se convertiría en desvelo de estas monjas, que suplirán con su celo y amor a la imagen, los tiempos procelosos del siglo XIX, en los que la hermandad podríamos decir que estaba bajo mínimos.  

     En la pequeña iglesia de Santa Paula se le cedió una capilla del lado del Evangelio, colocándose las imágenes en un retablo de estilo neoclásico con la misma disposición que había tenido en el Carmen: la Virgen en una hornacina y el Cristo a sus pies.

    En los primeros años de su estancia en Santa Paula se continuó la alternancia en la salida procesional del Viernes Santo con la hermandad de las Tres Necesidades y su necesario paso por plaza Nueva, donde residía esta última hermandad. Veamos la descripción correspondiente a 1840:
   “Santo Entierro. Se anuncia que el día 18 de Abril a sus tres de la tarde saldrá del Monasterio de Santa Paula, con la magnificencia debida, el Santo Entierro de Cristo, el que hará estación, desde dicho monasterio, por las calles de Azacaya, Elvira, Pilar del Toro, plaza Nueva, Zacatín, plaza de la Constitución (Bibrambla), calle de Mesones, Capuchinas, placeta de Pasiegas, Santa Iglesia Catedral, calle de la Cárcel Baja, placeta de Villamena, San Agustín y Tendillas de Santa Paula, para entrar en dicho Monasterio ”.


Iglesia del convento de Santa Paula, segunda sede de la hermandad

   Puede que este año de 1840 fuera el último o de los últimos en que se produciría la alternancia con la hermandad del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades. Eran años de los gobiernos liberales más radicales del General Espartero, en los que no todos los años se realizaban las procesiones de Semana Santa, por temor a escándalos e insultos por parte de la gente más radical y antirreligiosa.

   Sí salieron el año 1844, con un gobierno más moderado. La Virgen de las Angustias lo hizo el Jueves Santo, aunque por la lluvia hubo de retrasar su hermandad la salida al Domingo de Resurrección.También salio el Santo Entierro el Viernes Santo.  

     En 1848 el Ayuntamiento de la ciudad adquirió el convento del Carmen, sede anterior de la hermandad de la Soledad, para establecer allí sus oficinas a partir de 1858, que conservará hasta nuestros días.

     Mientras la hermandad entraba en una etapa de decadencia, la Virgen de la Soledad en su nueva sede del monasterio de Santa Paula, había ido calando en la devoción de los vecinos del barrio del Boquerón y la iban considerando como su patrona. Serían las monjas con los escasos miembros de la cofradía quienes se encargaran de realizar los cultos a la Virgen, mientras el Señor Yacente o de la Sábana, a partir de mediados del siglo XIX, permanecía en su capilla, sin salidas procesionales que se sepan. Sólo lo haría la Virgen de la Soledad a partir de entonces en la tarde del Viernes Santo en la única procesión del Entierro de Cristo que se va a configurar a partir de los años cincuenta del siglo XIX. 



PORTADA DE SANTA PAULA



      También, en la hermandad de Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, ésta Dolorosa (Virgen actualmente de la Esperanza) quedará olvidada en su capilla y el Cristo Yacente en la Urna será el que saldrá el Viernes Santo con la Soledad, que acudirá a Santa Ana para incorporarse a la procesión del Santo Entierro.

  Con ello, la alternancia entre ambas hermandades había finalizado, después de casi setenta años y se habría una nueva concepción procesional de la Semana Santa granadina: la de la procesión única del Viernes Santo. No obstante, la hermandad de la Virgen de las Angustias seguiría saliendo, en Semana Santa o el Sábado de Gloria o el Domingo de Resurrección, como paso previo a su paso al mes de septiembre, al ser declarada patrona oficial de la ciudad. 
   
    La Soledad saldrá como única Dolorosa en esta procesión del Santo Entierro, por lo que nunca ha dejado de salir en Semana Santa y así lo hará hasta la reorganización de su hermandad en 1925. A pesar de ello, la Soledad, después de su sermón en Santa Paula, acudía a la plaza Nueva con comitiva independiente para unirse a la del Sepulcro de San Gil y Santa Ana (12). El los días anteriores su decaída hermandad organizaba una pública por la ciudad con las chías para recabar fondos. 




     Una asociación llamada la Corte de María, le dará culto a Ntra. Sra. de la Soledad los días 23 de cada mes a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX.

    Había años en los que no salía la procesión del Viernes Santo por circunstancias difíciles de carácter político-social, como ocurrió en algunos años sesenta del XIX, sí lo hizo, al menos, en 1864 y 1865, para dejar de hacerlo en el periodo de 1868-1874, por la revolución de esos años, en los que la hermandad del Santo Entierro pasa a Santa Ana, por la demolición de San Gil.

 Pasados esos años y restaurada la monarquía borbónica, vuelve a salir la procesión con la Soledad en 1881: "Hoy comienza la cuestación para la procesión del Santo Entierro y dada la religión del pueblo Granadino creemos se obtendrá un buen resultado” (13).

    Ese año de 1881, la Soledad estrenó su rico manto bordado, con saya y pecherín, comenzado a realizar por las monjas jerónimas en 1878, con los fondos de un legado de una de ellas. Joya del bordado granadino que aun luce en sus estaciones de penitencia. 



    Habrá años en los que la Soledad llevará en su comitiva la imagen de San Juan Evangelista o la de Jesús de la Humildad del convento de Santa Paula, llamada Jesús Preso ante los Tribunales, y al que se le hizo una túnica bordada que costó 6.000 duros (unas treinta mil pesetas), cantidad importante para aquella época.   


   En 1885, la hermandad parece revitalizarse por unos jóvenes devotos que forman una corporación, presidida por Isidoro Arnau Peña, para darle el culto debido a la Virgen de la Soledad. El motivo de constituirse fue la epidemia de cólera que padeció la ciudad en 1884 y dichos jóvenes la sacarán en procesión multitudinaria el día 31 de octubre de ese año. En ella, además de la Virgen de la Soledad, que iba con el palio de respeto de la Virgen de las Angustias y con la corona que realizó para ella el orfebre Emilio Muñoz - que aun hoy la ciñe - se procesionó a Jesús Ante los Tribunales y la carroza del Santísimo de la iglesia de San Ildefonso. 

     Estos jóvenes le dedicarán a la Virgen un setenario en septiembre y la sacarán en procesión el día 19 de ese mes, pero el año siguiente (1887) no pudieron procesionarla por prohibición de la curia eclesiástica. Parece que estas prohibiciones hace decaer la actividad en años sucesivos de aquellos jóvenes.

       En 1886, sale la Soledad en la procesión del Viernes Santo con su revitalizada hermandad, con la previa pública de las chías para recaudar fondos, realizada el Sábado de Pasión. Ya parece que no procesionará hasta 1890 y lo hará sola por estar la hermandad del Santo Entierro muy decaída en esos años, y pidiendo autorización al gobernador civil. Y de la misma manera lo hacen el Viernes Santo de 1891, encargándose de la procesión del Entierro de Cristo, puede que con el paso e imagen del Señor de la Sábana ( hoy llamado Descendimiento), después de cincuenta años sin salir este paso (14). 


Jesús ante los Tribunales, hoy en San Jerónimo 

    Al año siguiente de 1892, vuelve a salir la procesión del Santo Entierro de San Gil y Santa Ana, y con él, la Virgen de la Soledad, como había sido costumbre, produciéndose un tumulto de corridas y gritos, que partió en dos la procesión y entuvo el paso de San Juan a punto de caer al suelo. 

"Después, en actitud de supremo dolor y 
suelta la negra cabellera sobre el amplio
manto de terciopelo, bordado en oro y 
pálida faz, brillando el llanto en sus
pupilas  seguía la imagen de la Virgen, 
cuyo paso se doblaban las rodillas"
  
   Curiosa descripción de la Virgen de la Soledad, que ese año se le había suprimido la toca, para dejarle suelto el cabello sobre su rico manto y que, en 1893, procesionó sin él debido a la amenaza de lluvia, que al final deslució la procesión. 

  Estos últimos años de la centuria decimonónica van a ser de intentos continuados de independizarse la hermandad de la procesión conjunta del Santo Entierro, para hacer la suya propia, para volver a como se realizaba en tiempos antiguos. Por esta aspiración fue prohibida su salida en 1894, en que fue sustituida por la portentosa imagen de la Soledad de José de Mora -hoy Soledad del Calvario-, atribuida entonces a Alonso Cano y titular de la antigua hermandad de los Servitas de Granada. 

  En los años siguientes, hasta finalizar el siglo, volvió la Soledad a las calles de Granada y lo hará en 1895 con el Señor Preso ante los Tribunales y la Verónica. Y en 1897 volverá a salir independientemente del Santo Entierro, esta vez con acuerdo de ambas hermandades. Por lo visto, se organizó precipitadamente, motivando un retraso en la salida. La Dolorosa arrodillada de Mora, también la volvió a sacar la hermandad del Santo Entierro y que, a partir de 1924, se convertirá en su titular, olvidando para siempre la anterior: Ntra. Sra. de la Tres Necesidades. Ello vendría a constituir los prolegómenos de la indepedización porcesional total que se producirá en los años veinte del siglo pasado.   


HORNACINA DE LA PORTADA DE SANTA PAULA
          

La Soledad en el siglo XX

  En aquellos intentos de conseguir una procesión propia, saliendo unos años de forma independiente y otros con el Santo Entierro, finaliza el siglo XIX, para comenzar un siglo XX, muy esperanzador para la emana Santa granadina, en el que se verá su renacer con la fundación de las actuales treinta y dos hermandades de penitencia.

   Los primeros años del siglo XX, se sigue produciendo la única procesión del Viernes Santo, porque este era el deseo de la autoridad eclesiástica, a pesar de que la hermandad de la Soledad, con más actividad que la del Santo Entierro, mantuvo sus intentos de independencia, pero lo único que consiguió en 1901 fue que se le autorizara a realizarla en un día tan inusual, como el Domingo de Ramos. Ese día todo estaban preparados los dos pasos: el del Señor ante los Tribunales y el de Ntra. Sra. de la Soledad, pero un fuerte aguacero impidió su salida, que fue trasladada al Jueves Santo, pero la prohibió el arzobispo, y tampoco, salió la del Santo Entierro por falta de medios económicos; cosa que no ocurría con la Soledad por haber recabado fondos de los vecinos del Boquerón y personas de la nobleza y burguesía granadinas. 

     Seis años (1901 a 1906) pasaron sin que la Soledad saliera en la Semana Santa, tampoco lo hizo el Santo Entierro, pero en 1907, con un nuevo arzobispo, Mons. Meseguer y Costa, mas deseoso de recuperar la procesión del Viernes Santo, mandó formar comisiones para recuperar la procesión. En los últimos años sin Semana Santa procesional, ambas hermandades estaban tan decaídas que fueron necesarias dichas comisiones para organizar y sufragar la procesión.

      Las comisiones, haciendo caso omiso a las las depauperadas hermandades, sacaron en 1907 a la Soledad del Convento de San Antón, quedando en su templo aquel Viernes Santo la Soledad de Santa Paula, que tanto veneraba el pueblo granadino (15).


EL BOQUERÓN Y CALLE SANTA PAULA

   Al año siguiente de 1908, vuelve el arzobispo a autorizar la salida de la hermandad de la Soledad, así como el Santo Entierro, como antaño. Da la impresión que no se tenían las ideas nada claras con estas autorizaciones y prohibiciones de salida en esos años. 

      De la siguiente manera salió en 1908 Ntra. Sra. de la Soledad de Santa Paula: 

       “Abría la procesión el estandarte de la 

hermandad, llevado por un asociado y detrás 

varios cofrades. Sigue la imagen de San 

Juan, llevada por su hermandad de 

horquilleros. Sigue el estandarte de la 

Cofradía de la Soledad, y la imagen de 

Nuestra Señora dirigida por el Sr. Arnau 

Peña. La Procesión se recogió a las nueve 

de la noche” (16).



     

       De la anterior referencia podemos deducir que la hermandad aun subsistía, pese a las dificultades, y formaba parte de la misma, aquel Isidoro Arnau Peña, uno de los jóvenes que había intervenido en su reorganización en 1885.      
      Las indecisiones finalizarán en 1909 con la creación del Santo Entierro Antológico, con la salida en él de varias imágenes de reconocido valor artístico, entre ellas la Soledad y que serán la base de la creación y germen de distintas cofradías que se fundan con dichas imágenes, a partir de 1917. Con ello, renacerá con distintas cofradías la Semana Santa de Granada, después de casi un siglo sin ellas. 

    Nunca faltará la Virgen de la Soledad, y algunos años el Señor Yacente, a este Santo Entierro Antológico que perdurará durante veinticinco años, es decir, desde 1909 a 1925, inclusive.


Señor Yacente o de la "Sábana" en 1915, con los Santo Varones y las Marías. Tal como se había presentado a lo largo de la historia de la hermandad. Foto de D. José Martínez Rioboo.

    Es de destacar que en 1910, la Virgen llevó una toldilla costeada por señoras devotas y señoras vestidas de mantilla, que irían en los años sucesivos (16).


La reorganización de la hermandad

     En 1925, ya existían cinco hermandades de penitencia, recién fundadas o reorganizadas: Vía Crucis, Santo Entierro, Cristo de la Misericordia del Silencio, Jesús del Rescate y Ntra. Sra. de la Soledad.


LAS CHÍAS 

      La hermandad de la Soledad, presentó a la autoridad eclesiástica las nuevas constituciones de su reorganización el 25 de febrero de 1925, aprobadas por los 19 refundadores, entre los que estaban: D. Pedro Manjón, sobrino del fundador de las escuelas Ave María; D. Francisco Vázquez Casas, primer hermano mayor; D. Santiago Valenzuela Suarez, fundador de la hermandad del Vís Crucis; D. Narciso de la Fuente, que fue presidente de la Asociación de la Prensa, secretario de la Federación de cofradías, vice-hermano mayor de la Soledad y alma ejecutiva de la misma.


PINTURA DE LOS 7 DOLORES DE LA VIRGEN EN SAN JERÓNIMO

     El arzobispado aprobó las nuevas reglas de la hermandad el 17 de marzo de  1925 y la cofradía empezó a prepararse para la procesión del Entierro antológico, que saldría por última vez ese año. En el mismo figuraban ya varias hermandades independientes ( Santo Entierro, Soledad, Vía Crucis y Silencio). En la Semana Santa de 1926, todas ellas saldrían de forma independiente con sus propios itinerarios.

    La hermandad de la Soledad hizo con la reorganización un cambio en el título de su imagen de Cristo, ya no se titularía Soledad y Entierro de Cristo, que desde su fundación, en 1561, había ostentado, sino del de Soledad y Descendimiento, advocación esta última, no del todo acorde con la representación del misterio; más correcto, ami juicio, hubiera sido el de Traslado al Sepulcro

    Nuevos hábitos adoptará la hermandad, siendo la túnica de veludillo negro con botonadura amarilla y capilla de raso color caña, formando escapulario con tres clavos bordados por la parte delantera y hasta las rodillas; y la trasera en forma de esclavina puntiaguda. 


SOLEDAD EN PLAZA NUEVA PARA UNIRSE AL SANTO ENTIERRO


    En la procesión de 1925, llevaría la sección de San Juan Evangelista, imagen del convento de Santa Isabel la Real (17), con nazarenos de hábito blanco. El Señor del Descendimiento o de la Sábana iba en sus angarillas tradicionales portado por hombres representando a los Santos Varones y detrás las Tres Marías. Doce nazarenos vestidos de negro escoltaban con hachetas el Misterio del Traslado, en años anteriores lo hacían con cirios color tiniebla. También llevaba las ancestrales chías, tocando sus trompetas de son lastimero, y los armaos. Todo recordaba a aquellos tiempos barrocos de la hermandad.

   
    A la sección de nazarenos de la Virgen de la Soledad, no había sido posible cambiarle el hábito, por los que salió con las túnicas antiguas color morado. La Virgen salió sobre una carroza, escoltada por la guardia civil, que se había fabricado para el Sagrado Corazón de Jesús, empujada por mandaderos asalariados, en el interior del paso.

   En esos momentos de 1926, en los que la hermandad consigue reorganizarse y hacer estación pública de penitencia como corporación, pongo fin al análisis de su extensa historia. Sería demasiado dilatado para continuar en este medio de publicación el resto de su devenir histórico hasta nuestros días; es decir, desde 1926 a 2014, todo lo cual vendrá en el libro de la historia de la hermandad, pendiente de publicar.


Soledad en San Jerónimo. 2011, 450 Aniversario

     Sólo añadir, que la hermandad adquirió por esos años el carácter de Real y Pontificia y que permaneció con sede en el convento de Santa Paula, hasta que fue enajenado éste y las monjas se trasladaron al monasterio de San Jerónimo, mausoleo del Gran Capitán, y cenobio que fue de los monjes de la misma orden. A la monumental iglesia de los jerónimos también se trasladó la hermandad en 1978, dónde hoy permanece y ha celebrado en 2011 el 450 Aniversario de la fundación de la hermandad.






MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO, ÚLTIMA SEDE DE LA HERMANDAD

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1. RODRÍGUEZ CARRETERO, Miguel, Epytome historial de los carmelitas de Andalucía... (Biblioteca Nacional, Manuscritos, 18. 113 y 118). Ed. de Ismael Martínez Carretero, en Sevilla, 2000._ Detalladamente en LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luís, "Orígenes de las cofradías penitenciales granadinas: la fundación de la Vera Cruz", en CORTÉS PEÑA, A. L. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, M. L. y LARA RAMOS, A. (eds.), Iglesia y Sociedad en el Reino de Granada (Ss. XVI-XVIII), Granada, 2003, pp. 357-373.


2. DE LA CHICA BENAVIDES, Francisco. Gazetilla Curiosa o Semanero Granadino...Papel Nono 1764.
3ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 8 F, pieza nº 7.
4. Ibídem legajo 8 F, y PADIAL BAILÓN, Antonio,  blog, la Granada Eterna: Hermandades Pasionistas de Granada, apaibailon.blogspot.com / entrada 18 de octubre de 2013. 

5. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, F. Anales de Granada, Granada, 1987,  vol. II, p. 826.

6DE LA CHICA BENAVIDES, Francisco., op.cit. Hoja 1. 

7. LÓPEZ- GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús, Imágenes Elocuentes,p. 235-236Editorial Atrio. Granada 2008. 

8. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, F. Anales de Granada, Granada, 1987,  vol. II, p. 848.

9. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, leg. 17F, piezas 39 y71.

10. ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA, auto de 26 de marzo de 1777, caja 4430, pieza 28.

11. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA de 17 de julio de 1937. 

12. Diario La Alhambra de 11 de abril de 1859.

13. Diario El Defensor de Granada de 7 de abril de 1881.

14. Ibídem de 4 de abril de 1891. 


15. Ibídem de 30 de marzo de 1907.

16. La Gaceta del Sur de 19 de abril de 1908. y el Defensor de Granada de 6 de abril de 1912.

17. Libro de Actas I de la hermandad de la Soledad, p. 6.

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