martes, 18 de junio de 2013

VENERABLE HERMANDAD DEL STMO. CRISTO DE LOS FAVORES (Hermandad Pasionista)





Primitiva imagen del Stmo. Cristo de los Favores

Antonio Padial Bailón

Esta primitiva y venerable hermandad, es una de las que pudiéramos considerar con el título específico de "Pasionistas", que las distingue de las de penitencia, porque no realizaban estación durante la Semana Santa, aunque sí procesiones durante determinados días del año (hoy día su sucesora, si la realiza en el Viernes Santo por la tarde). También, las podemos distinguir de las hermandades de la Vía Sacra, que sí realizaban actos penitenciales, no necesariamente durante los días de Semana Santa, aunque a veces sí por itinerarios extramuros, como la Hermandad de Jesús del Pretorio, la del Cristo de la Esperanza de la Magdalena, la del Cristo de la Expiración del Sagrario y otras de las que ya hemos tratado en este blog.

Estas hermandades "Pasionistas" o de culto a un titular o misterio de la Pasión, sin estación de penitencia, forman el tercer bloque de hermandades, de la que será esta la primera que tratamos, por su carácter mixto a lo largo del tiempo. Fue pasionista, hasta 1928 en que se creó la penitencial. 

El gran fervor que ha tenido Granada a esta advocación se remonta a tiempos anteriores a la fundación de la hermandad, cuando en 1640 los vecinos del Realejo costean un cruz de mármol blanco con un Crucificado de piedra clavado en ella y una reja para protegerlo y embellecerlo. Lo colocaron primitivamente en la Placeta del Realejo Alto, quizá al inicio de la Cuesta del Realejo. Eran en realidad dos placetas, la Alta y la Baja, separadas por un pilar de agua ,donde existía un mercado de telas y carnes muy concurrido. El paisaje urbano sería en este lugar incomparable, aun hoy lo es. Allí acudían los vecinos frecuentemente a realizar sus ofrendas y a pedir al Cristo mercedes y favores. De esta manera, es el pueblo quien le va a otorgar la advocación a la imagen.

En los siguientes años a la erección de la Cruz monumental  la devoción va creciendo hasta convertirse en la más señera del barrio del Realejo, junto a la de la Virgen del Rosario del realejeño convento dominico de la Santa Cruz. 




LA FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD

Entre los años 1679 y 1680 una devastadora epidemia de peste bubónica asola a la ciudad de Granada y el pueblo se moviliza acudiendo a las imágenes de su mayor devoción: la Virgen de las Angustias, el Cristo de San Agustín, San Miguel, Ntra. Sra. de la Salud, el Cristo de los Favores y otras. También, se van a fundar bastantes cofradías en esos años y, entre ellas, esta del Stmo. Cristo de los Favores.

Será en 1682, en tiempos del arzobispo D. Bernardo de los Ríos, cuando se decide cambiar el emplazamiento de la Cruz monumental, para llevarla al cercano Campo del Príncipe, tal vez, impulsados por la necesidad de contar con un espacio más amplio para la devoción y más apartado, que propiciara un mayor recogimiento en los fieles que acudían con sus súplicas.

El Campo del Príncipe era llamado desde la época musulmana Fahs Abulnest, corrupción del término "Auneged"  o Campo de la Loma, por su configuración en terreno pendiente, bajo la colina sur de la Alhambra y perteneciente a la Casa Real Nazarí, donde se ubicaban sus huertas de recreo y un cementerio llamado Al-Assal. Pronto cambiaría su nombre árabe por el de Campo del Príncipe, con ocasión de haberse explanado la colina, para acoger las fiestas y espectáculos que se celebraron con ocasión de las bodas del Príncipe Juan, malogrado hijo de los Reyes Católicos, heredero de la Corona, casado con Margarita de Austria en 1497.

La Hermandad toma como sede la vecina iglesia de San Cecilio, lugar, asimismo, de ancestral historia, que parece se elevó sobre los restos de una sinagoga. La colina inmediata de la Antequeruela, formaba parte del extenso barrio judío (Garnatha) que dio nombre a la ciudad.  



Iglesia de San Cecilio, sede de la hermandad


La hermandad se crea como cofradía devocional a la Santa Imagen del Campo del Príncipe, para ofrecerle los cultos y mantener continuamente encendidos los faroles que se elevan en las esquinas de la verja de hierro que rodea el monumento. También sobre los años sesenta del siglo XVIII, por el mayordomo Manuel Palencia, se planta un pequeño bosque de 16 álamos negros y dos blancos alrededor del monumento del Crucificado de piedra, que aparece en los inventarios como propiedad de la Hermandad. 

Sin  embargo, estando dicho monumento al aire libre y tratando la corporación de ofrecerle otros diversos cultos a lo largo del año, seguramente, determinaron constituirse como hermandad en la iglesia de San Cecilio y, allí, ofrecerle los cultos internos a una imagen de bulto, que, además, pudieran procesionar. Para ello, elegirían en el momento de fundación a un Crucificado de finales del siglo XVI o principios del XVII. Esta imagen, quizás no sea del maestro Pablo de Rojas, pero sí de su entorno o taller,  dándole, también, la advocación de Favores. Muy parecidos Crucificados atribuidos a Rojas existen en diversos pueblos de la provincia ( Gójar, Quéntar, Padul, Alfacar, Melegís...etc.) que se apartan un tanto de los Crucificados genuinos de Pablo de Rojas, aunque están en su línea estilística.  

Este Crucificado de los Favores estaba colocado en la cuarta capilla de la derecha de la iglesia, bajando del presbiterio (parece que la siguiente a la que hoy ocupa Ntra. Sra. de la Paz), donde se ubicó la hermandad y en la que cada viernes de mes le ofrecían una misa cantada por los hermanos vivos y difuntos. Asimismo, en la capilla del Crucificado ardía continuamente una lámpara de aceite.     




Entre los fondos con que contaba la hermandad, además de las demandas con la bacinilla de plata, poseía como rentas un censo de 100 ducados que gravaba unas casas de la calle Plegadero Alto, cercana a la iglesia, que pagaba el portero de la Real Chancillería, Francisco del Mármol. Dicho censo fue tratado de redimir en 1703 por Juan Tovar y Peñalver.

Las fiestas principales de la hermandad eran el día 1 de enero (Circuncisión del Señor) y el 3 de mayo, día de la Invención  de la Cruz, en que se adornaba la capilla con ramos de flores y, hacia 1777, parece que realizaban algunos cultos en el Jueves Santo. La Junta de elecciones se celebraba cada año el 26 de diciembre, entregándose los bienes a los nuevos mayordomo a primeros de enero.

En 1766, por un inventario realizado como consecuencia de la entrega de bienes del mayordomo de ese año, Gabriel Moreno al mayordomo de 1767 Antonio de Aragón, sabemos que el Cristo de los Favores de la capilla poseía una diadema (hoy no la lleva, aunque sí se aprecia en fotografías de los años cuarenta del pasado siglo) y corona de espinas de plata, que será la que aun posee. Detrás del Cristo, llevaba como fondo una cortina de raso verde con punta de oro y otra morada, seguramente, para tapar la imagen en los días de Semana Santa y, como era costumbre en muchos Crucificados, poseía tonelete o sudario sobrepuesto al de talla. Cuatro de ellos se describen en el inventario: uno de color morado de "preciosa" con galón dorado, otro color verde, otro blanco con encaje fino y otro morado de "colina" con galón de oro, toneletes cuyo número aumentaría a cinco (otro blanco) unos años después.

El adorno de la capilla se completaba con dos frontales de altar, uno verde y otro encarnado; una lámpara para alumbrar al Cristo y otra de las llamadas de araña de cristal y bronce; más cuatro candeleros de bronce que estarían colocados a ambos lados del altar.También se realizaban estampas de la principal imagen devocional, que era el Crucificado del monumento del Campo de Príncipe, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días.

A principios de la década de los años setenta del siglo XVIII, la hermandad acuerda realizar un retablo para la imagen del Cristo - a este fin se aplicaba parte del producto del censo de la casa de Plegadero Alto-. Parece que dicho retablo se realizó, pero no sabemos si llegó a dorarse, pues en 1772 el párroco don Miguel de la Torre tenía en su poder en depósito 194 reales de vellón destinados al dorado, que entregó a la hermandad para dicho fin, de cuya constancia hay un recibo. La cantidad era ciertamente escasa para la obra del dorado y unos años después esta entrará en crisis.


Recibo para el dorado de la Capilla de Stmo. Cristo de los Favores

En 1778, la hermandad sufrirá una crisis, pues el mayordomo saliente Manuel de Estrada se fue de la corporación debiendo 10 libras de cera. Y exigiendo el fiscal del arzobispado se dieran las cuentas de los últimos años, los mayordomos de esa etapa ( Blas Martínez y Fernando y Agustín de Aragón) , a los que no quiso el beneficiado de la parroquia aprobar las cuentas, instan al arzobispado para que obligue al beneficiado Alfonso Gómez de la Parra a recibirlas por ser más correctas que las que dio Estrada en 1777 y obligue a éste a entregar las 10 libras de cera y el aumento de una libra de ella a que estaban obligados los mayordomos salientes, acusando a los de los años 1766 a 1776 de poner en los gastos 18 libras de aceite cada año, cuando en realidad se habían consumido 13.

En 1779, la hermandad queda sin mayordomos, por no querer serlo ninguno de los cofrades, parece que por la irregularidades de las cuentas y por tener en contra al clero parroquial. El fiscal que entendió del conflicto pide informe al beneficiado del que se deduce que la hermandad no tenía constituciones, sino una mera concordia entre los hermanos, vecinos todos del Realejo. En  el año 1778, para tratar de arreglar el conflicto, se nombraron tres comisarios, en lugar de mayordomo, como era costumbre, pero al término del mandato no hubo nadie que los sucediera, entregándosele al párroco los mismos los libros y demás alhajas de la hermandad, aunque no las cuentas, por lo que no pudo aprobarlas. Alegaba, además, el párroco que Blas Martínez y su padre, que era secretario de la cofradía, eran militares y tenían prohibido por su institución manejar fondos de la hermandad.

No obstante, la hermandad aquel año de 1778 convoca una junta para "reformar la hermandad" y la divide en dos partidos, cuyo significado no se explica en los documentos : el "partido de alto" y el "partido de bajo", el primero con 48 hermanos y el segundo con 54. A mi juicio, esta división podría significar, que como todos los hermanos habitaban en la jurisdicción de la parroquia, hicieron la división por  las dos zonas geográficas de la misma, asignándolos a cada zona según su domicilio. 

El día 11 de enero de 1779, bajo la presidencia del beneficiado, se reúne el cabildo de la hermandad y nombran como mayordomos a Miguel Tarrio, Antonio López y Bernardo de Luque, quizás un Presidente y dos mayordomos, uno por cada partido, que parece que no llegan a hacerse cargo de la hermandad por negativa de los anteriores mayordomos a rendirle las cuentas de su mayordomía. Estos declaran que aún no se les había entregado las cuentas por los anteriores mayordomos de los últimos cinco años y se hace constar la falta de constituciones de la hermandad.

Ese mismo año, el fiscal del arzobispado informa en el sentido de que se aprueben los nuevos comisarios, pero que era imprescindible se formaran y aprobaran constituciones, sin las cuales la hermandad no debía de subsistir y en este sentido el Provisor y Vicario General de la diócesis, don Antonio de la Plaza, compele a la hermandad para que redacte y mande a aprobar sus reglas, pues venía funcionando sin ellas, al menos, cerca de cien años. Cosa que evidentemente la hermandad no realiza por existir entre ellos conflicto.

Todas aquellas circunstancias negativas para la hermandad, unidas a que ningún hermano quería hacerse cargo de ella, debido a las mismas razones y disidencias entre ellos, provocaría la suspensión de la misma por parte del arzobispado, que contaba con una excusa perfecta, como era la de no tener aprobadas sus reglas.

A partir de ese momento, no se reflejan más cabildos de elecciones en el libro correspondiente, siendo la referida la última acta y el resto de documento aparece con las hojas en blanco.  





Parece que la hermandad no consigue salir de la crisis en los últimos veinte años del siglo XVIII, ni redacta sus reglas, aunque los cultos al Cristo no faltan, ni, tampoco, la edición de estampas de la imagen del Campo del Príncipe, por lo que es de entender, que si la hermandad estaba en decadencia o actuaba extraoficialmente por no haber aprobado sus reglas, la devoción en el pueblo granadino continuaba. Los acontecimientos de principios del siglo XIX, con la epidemia de fiebre amarilla y la Guerra de la Independencia, mantienen en letargo a la hermandad.

1820. Intento de reorganizarse la hermandad

Será después de dicha guerra, cuando da síntomas de vitalidad, concretamente el 8 de febrero de 1820, cuatro devotos o hermanos: Juan Sola, Josef Sánchez, Pedro Sánchez y Manuel Ruiz solicitan del Vicario General, Antonio Martín Montijano, para que mande reunir la hermandad con las formalidades precisas, para que se nombren cuatro mayordomos y renovar el culto a las dos imágenes: la de la capilla y la del Campo del Príncipe. En la petición se hace referencia a los álamos que aun en esa fecha rodeaban el monumento del Cristo.

El Vicario pide informe al párroco de San Cecilio que se demora en darlo, lo que conduce a que cuarenta vecinos insistan en otro escrito el 20 de dicho mes y año, pidiendo el restablecimiento de la hermandad. Alegaban la falta de interés del párroco en dar el informe, invitando al Vicario a que lo pidiera al presbítero rector del Hospital de Santa Ana y a otros mayordomos de la hermandad aun vivos, como el predicho Blas Martínez, Gabriel Pulpillo, Agustín y Fernando Aragón, Francisco López y Salvador Torres.

Por fin, el que da el informe es el racionero de la catedral, diciendo que no existen libros o no se los quieren dar al cura para que informe; que el párroco mantiene adecuadamente el culto, celebrando una misa todos los domingos a la que no acuden los hermanos "...que se jactan de estar llenos de culto religioso y cristiano y sólo lo manifiestan quando hay tambores, platillos y alboroto, más propios de un paseo profano".  También, añadía, que hay muchos feligreses que se habían venido a quejar contra la petición de restablecimiento de la hermandad, pues se veían agobiados por las demandas de limosnas de otras hermandades de la parroquia, como la de las Ánimas, la de Ntra. Sra. de la Salud y la de Ntra. Sra. de la Paz, por lo que se veían obligados a dar un rodeo para entrar en la iglesia, y, así, no encontrarse con los demandantes, por ser una feligresía muy pobre. 


Primitiva imagen del Cristo de los Favores de San Cecilio 

No cabe duda de que el párroco tuviera cierta razón en los motivos de informar negativamente, pero se aprecia también el sempiterno conflicto de intereses entre las cofradías y las parroquias por la competencia económica que las hermandades residentes en las mismas suponían para los ingresos parroquiales. Esta oposición continuada en el tiempo, creo que fue una de las causas que condujeron a que muchas de nuestras hermandades desaparecieran tras la Guerra de la Independencia y la Exclaustración de 1835, seguramente por negarse a acogerlas en las parroquias por parte de su clero.

Es posible que después de este informe del racionero, el Provisor decretaría que no había lugar al restablecimiento de la hermandad.

Relación de mayordomos en el siglo XVIII

1766  Gabriel Moreno
1767  Antonio Aragón
1768  Estanislao de Arista
1769  Manuel Moreno
1770  Francisco Polo
1771  Antonio de Aragón
1772  Gabriel Moreno
1773  Manuel de Palencia
1774  Juan de Escoz
1775  Manuel de Estrada
1776  Manuel de Estrada
1777  Manuel Moreno
1778  Blas Muñoz, Fernando de Aragón y Agustín de Aragón
1779 Miguel Tarrio, Antonio López y Bernardo de Luque

Cristo de los Favores del Campo del Príncipe


LA REORGANIZACIÓN DE 1884

La devoción a la imagen, especialmente a la titular del Campo del Príncipe, pese a su intento de destrucción en 1836, no decaerá en los sesenta años siguientes, lo que conducirá a una reorganización de la hermandad en 1884.

El día 3 de enero de ese año un grupo de vecinos y devotos escribe una carta al arzobispo don Bienvenido Monzón, firmada por 350 personas, exponiéndole la creciente devoción a la imagen del Campo del Príncipe donde "...la devoción lejos de disminuir crece día a día, sirviendo de edificación a todos los granadinos y aun a los pueblos cercanos, donde cunde la noticia de los beneficios  que el Señor dispensa a las almas que se encomiendan a su Sagrada Ymagen...".  Eran favorables, en esta ocasión, el párroco don Manuel Maldonado y el gobernador eclesiástico don Antonio Arce y Peñuelas, que manda poner cepo en la verja para recoger las limosnas, que aprueban de hecho el culto.    

Dichos vecinos ponían de manifiesto el gran concurso de gentes que todos los viernes del año y a todas las horas acudían a postrarse ante imagen y pedirle sus favores, pidiéndoles al prelado que aprobara oficialmente dicha manifestación popular de culto y la concesión de indulgencias, para fijarla en la verja. Asimismo, le solicita se imprima un Quinario de las Cinco Llagas y se apruebe un día de jubileo en la iglesia de San Cecilio con función solemne. Por último, solicitan indirectamente la revitalización de la hermandad, pidiendo se nombre una junta o comisión con un presidente y cinco vocales,  para que recaude fondos y los invierta en los cultos. 




El arzobispo don Bienvenido Monzón no deja pasar demasiado tiempo para su aprobación, mediante su decreto de 19 de febrero de 1884, aludiendo, también, a que la petición la firman "muchas personas distinguidas de Granada".

El arzobispo, si bien aprueba esta reorganización de la hermandad del Cristo de los Favores de 1884, la someterá a un estricto control e intervención eclesiástica. Nombrará, asimismo, una Junta, presidida por el párroco Sr. Maldonado, como delegado arzobispal; don Antonio Arce y Peñuelas, como presidente; don Antonio Afán de Ribera, que fue alcalde de la ciudad, dueño del albaicinero y morisco Carmen de las Estrellas; don Joaquín López Moreno; Manuel Gómez Moreno, el ilustre artista, arqueólogo y profesor y don Joaquín María de los Reyes, presbítero.

El arzobispo concedía 80 días de indulgencias para aquellos que acudieran a la imagen a rezar postrados con los brazos en cruz los siete padrenuestros y tres avemarías y otros 80 días por cada una de dichas jaculatorias. El decreto del arzobispo regulando el culto al Cristo venía a constituir un verdadero estatuto de aquella especie de Comisión o Asociación del Cristo de los Favores formada por eclesiásticos y próceres de la ciudad. También, aprobó un quinario especial para el Crucificado, que se mandó imprimir y distribuir para con él obtener fondos para el culto.

La junta de gobierno creada, se va a encargar de celebrar la función del día 3 de mayo, cada año, ante la ancestral imagen del Cristo que se veneraba e su capilla de San Cecilio y una procesión, dicho día, desde San Cecilio al monumento del Campo del Príncipe ante la imagen de piedra, titular principal de los cultos y devoción. 

También, encargará a Francisca Plata, vecina cercana al monumento y verdadera institución en el barrio, el cuido del mismo y de las velas y faroles de la verja que adornaban al Cristo de los Favores. Esta santera cuidará del recinto del Cristo hasta los primeros años del siglo XX con un salario escaso de 14 reales, en compensación se le arregló la habitación de la casa en donde se guardaban los faroles, el aceite y las velas. 

Entre las primeras actuaciones propuestas por la junta estuvieron restaurar las manos del Crucificado de piedra, de lo que se encargó el presidente Nicolás Palomares  y la verja y pilastras que lo rodean, que estaban en 1884 muy deterioradas, a estas restauraciones se dedicaron 1.000 reales. Asimismo, intervino en el arreglo del conjunto Manuel Ribot, sufragando su coste, y cuyo resultado no satisfizo demasiado a la junta. En ese primer año, se realiza un estandarte con la imagen en pintura del Crucificado.

No sabemos, sí entre los arreglos se incluían o consistían, también, en cubrir el monumento con un templete de estilo neogótico, muy del gusto de le época, de hecho muchos pasos de la Semana Santa de Sevilla, revitalizada en esos años, adoptarán este estilo neogótico. El templete se diseñó por F. Casado y se proyectaba dentro de la verja, protegiendo la escultura. Quizá la falta de fondos o el estilo inadecuado para el monumento hizo que no se llevara a su ejecución. 

1884. Proyecto de templete de F. Casado





















Otra de las primeras actuaciones en 1884 fue adquirir una imagen de Dolorosa para la procesión de la tarde del día 3 de mayo, de lo que se encargó el párroco de San Cecilio don Manuel Maldonado Escolano. No sabemos donde encontraría la Dolorosa que ha estado en la iglesia hasta tiempos relativamente cercanos y parece que se perdió en el incendio de 22 de diciembre de 1969, junto con la devota Virgen de la Salud. 

En el altar de cultos que se montaba para la función en San Cecilio se ponía al Cristo de los Favores de la iglesia, junto a la citada Dolorosa, y a la que, en la procesión de la tarde, se le recitaba la Corona Dolorosa. Llegada la comitiva al monumento del Cristo de los Favores se hacía el ejercicio de la Cinco Llagas y los canticos correspondientes por cada uno de los siete padrenuestros que componían el ejercicio.

En los primeros años, asistía a la función el arzobispo y la corporación municipal y otras autoridades, casi siempre con la intervención de la capilla de música de la Catedral. En 1885, se celebró, además, otra especial en el Domingo de Quincuagésima o 1º de Carnestolendas, en acción de gracias al Cristo de los Favores, con sermón y orquesta, por haber preservado a la ciudad del terremoto de la Navidad de 1884. El domingo día 10 de mayo acudió el arzobispo a celebrar una misa de campaña ante la imagen con asistencia de los enfermos del Hospital Militar del Campo del Príncipe y, al mes siguiente, acude a implorar a la imagen para que alejara la epidemia de cólera morbo que aquejaba a la ciudad y por la que falleció su antecesor.

Esos años, son de un señalado auge en los cultos y procesión y en los que la junta ve aumentarse los fondos por las limosnas de los devotos que llegan a ascender en 1886 a 7.855 reales. En los años siguientes no se llegará nunca a semejante cifra.  

Esta euforia de cultos y de fondos económicos lleva a que  se apruebe celebrar una misa cantada "... por el estilo de la que se celebra en el convento del Ángel Custodio al Santísimo Cristo de San Agustín con música de capilla, que se cante todos los viernes del año e la capilla del Cristo de los Favores de San Cecilio..." . Esta misa se propone costearla con los donativos y a intención de los donantes y con fondos del cepo.


También, se propone que se encargue por don Manuel Gómez Moreno a un escultor un busto de mármol de Ntra. Sra. de los Dolores para colocar a los pies del Cristo del Campo del Príncipe, en la concha de mármol que hay bajo la cruz, y un poyete de piedra alrededor de la verja para asiento de enfermos y ancianos. Asimismo, se acuerda poner losas alrededor del monumento y dos hileras de ellas para que los devotos que desean llegar de rodillas ante el Cristo, lo hagan de forma más cómoda.  

Algunos de estos proyectos no se verán realizados, porque en los siguientes años las limosnas irán decayendo paulatinamente. A pesar de ello y de recortarse algunos gastos, nunca faltó la celebración de la fiesta y procesión del día de la Cruz, quizá inicio del esplendor que tuvo en Granada en las décadas siguientes y hasta en la actualidad dicha celebración. La víspera se iluminaba por el Ayuntamiento el monumento y, a veces, el Campo del Príncipe con luces de gas y farolillos venecianos, haciéndose célebre la "velada" del Cristo de los Favores, amenizándola la música de una banda u orquesta, donde concurrían gran número de vecinos del barrio, a los que se apodaba como "greñúos", y de otras partes de la ciudad.



Bajo el Cristo de los Favores


 En 1890, fallece uno de los miembros más activos de la junta, don Joaquín López Moreno, que había sido secretario de la misma y entra don Mariano Jiménez de la Serna, persona de relieve social en Granada, que tendrá el cargo de tesorero y, al año siguiente, don Antonio Sánchez Arce y Peñuela, arcipreste y gobernador del arzobispado y delegado del prelado; otra de las personas que habían luchado más eficazmente por la reorganización. Nombran en su lugar a don Juan A. Carulla doctoral de la Catedral.

En esos años, grandes oradores religiosos de la ciudad intervienen en las funciones del Cristo de los Favores, como don Maximiano Rincón, que fue obispo de Teruel, el escolapio de Loja, Padre Jiménez Campaña, el mismo Arcipreste Sánchez Arce o don Manuel Arcoya o don Joaquín María de los Reyes.

La necesidad de darle más impulso al culto y devoción y, con ello, el aumento de recursos económicos, hace que la junta apruebe su difusión en los periódicos de la ciudad e insertar artículos sobre la historia de la imagen. 

Otro camino  para  evitar la decadencia fue la idea de constituir en 1896 una hermandad, dirección acertada, sin duda, para dicha finalidad, pues los miembros de la junta, la mitad sacerdotes y la otra mitad seglares de relieve social, se veían incapaces de promocionar el culto y allegar recursos. Parece que pensaban, y no iban descaminados, que con hermanos, que probablemente serían muy numerosos, el proyecto iniciado en 1884 no fracasaría, como temían que lo hiciera.  

El asunto de formar hermandad se fue demorando en los años siguientes, seguramente por oposición de parte de los miembros de la junta (en las actas no se especifica el motivo). Lo cierto es, que la cosa quedó como estaba y los miembros de la comisión siguieron luchando con cada vez más escasos recursos (estos se habían reducido a la tercera parte de los que tenían en el inicio).

En 1898, la función se aprueba con carácter de rogativa por las guerras que supusieron la pérdida de las últimas colonias del Imperio Español (Cuba y Filipinas).

En esos años de finales del siglo XIX y principios del XX, se siguen celebrando los cultos principales, tratado de mantener la devoción al Cristo, que presentaba por esas fechas cierta languidez. No obstante, a la velada de la víspera del día de la Cruz, seguían acudiendo los granadinos y los vecinos del Realejo. En realidad los componentes de la junta se limitaban a reunirse una vez al año, a mediados de abril (acudían sólo la mitad o menos de sus componentes) y, solamente, para ajustar las cuentas de ingresos y gastos y preparar la función y procesión del día 3 de mayo. 

En 1904,deciden incorporar a la junta a Antonio Castillo Valdivia, feligrés de San Cecilio, con la idea de que llevara más de cerca las responsabilidades de la misma y tratara de incrementar las limosnas. Al año siguiente, también fallecería Francisca Plata, la santera del Cristo.

En 1906, se procede al arreglo de los brazos del Cristo del Campo del Príncipe, que estaban deteriorados, sufragados por la familia de don Luis Moreno. A partir de esa fecha, parece incrementarse la devoción y, con ello, las limosnas, que se duplican con respecto a años anteriores y se adecenta el monumento y se pinta su verja en 1910. También, la encargada de la música de la función y Ejercicio de las Cinco Llagas en estos años será la Capilla Isidoriana.

En 1913, en el que se celebró el XVI Aniversario de la Paz del Emperador Constantino, cuya madre Santa Elena mando descubrir en Jerusalén la Santa Cruz en la que murió el Salvador, se acuerda por la junta celebrar un Quinario-Misión al Cristo de los Favores, desde el 28 de abril al 3 de mayo. El arzobispo, Mons. Meseguer y Costa, asiste el día de la función a una comunión general y a la misa solemne, que se celebró de forma multitudinaria en el Campo del Príncipe a los pies del Cristo, interviniendo la Capilla de música de la Catedral y se cantó el Miserere del maestro Palacios. Ese año fallece el presidente de la junta y delegado episcopal, Sr. Carulla.

En 1915, se establece por la junta un triduo para pedir por la finalización de la Guerra Europea. Por esta época, los oradores sagrados de las funciones serán, entre otros, el Padre Bermejo, de los Reyes y Fernández Arcoya, catedrático del seminario y rector de la Basílica de la Patrona.   Nuevos miembros de la junta se incorporarán, como Emilio Muros Robledo, coadjutor de San Cecilio, en sustitución del Padre Maldonado, Miguel María Damas y Alonso Calatayud, aun en 1918 permanecía en ella el Sr. Gómez Moreno. Ese año, como los fondos habían aumentado, se repara la capilla del Cristo en la iglesia de San Cecilio.

Pero a partir de 1917, la prensa da la noticia de que una nueva comisión más popular (no viene reflejada en las actas), establece unas fiestas de barrio en otoño, concretamente en octubre al Cristo de los Favores. A la velada con iluminación y puestos de frutas y dulces concurrió mucho público. Estaba esta comisión o junta presidida por Manuel López Ladrón de Guevara, como presidente de honor, Juan L. Trescastro, Juan Cabezas Vinuesa, presidente efectivo y Miguel peregrina Gándara, como vicepresidente; Luis Quero Fernández, tesorero y José Reyes Martín, secretario. Quesada Fernández, Nicolás ladrón de Guevara, Miguel Anguita y Miguel Ferrer España eran otros componentes (algunos de estos aparecen unos años después en la hermandad de penitencia que se funda en 1928 ¿No sería esta comisión su germen?)

A partir de 1919 no aparecen más actas en el libro de la Asociación, pues así se califica al referirse a su presidente. Posiblemente, continuara unos años más dirigida por el nuevo párroco de San Cecilio don Ulpiano Montoro Ramírez, que, en 1924, tiene la idea de lo que será, desde entonces, el acto culmen de nuestra Semana Santa: trasladar el Ejercicio de las Cinco Llagas a las tres de la tarde del Viernes Santo en el Campo del Príncipe, donde acude la ciudad masivamente a postrarse ante la imagen del Cristo de los Favores, para rememorar el momento en que expiró Jesús y pedirle los tradicionales "Tres Favores", procesionándose hasta el lugar, desde 1926 hasta nuestros días, a la venerada imagen de la Soledad de Nuestra Señora.   

No cabe duda, de que con este acto de las tres de la tarde del Viernes Santo, lo que se hizo este año de 1924 fue institucionalizar una tradición, pues sí cada viernes acudían los granadinos a postrarse ante el Cristo, con más razón y de forma masiva lo harían el Viernes Santo, desde hacía bastantes años antes.      

Cristo de los Favores atribuido a Pablo de Rojas, hacia 1609. Actual titular de su Hermandad de Penitencia


La Hermandad de Penitencia del Stmo. Cristo de los Favores

Con la decadencia manifiesta de la junta, comisión o asociación del Cristo, sin que por ello decayera una devoción que necesitaba de un cauce más adecuado para expresarse, y dicho cauce fue la creación de su hermandad de penitencia en 1928, para dar culto y procesionar en Semana Santa al Cristo de los Favores. Lo hizo en sus primeros años con su imagen ancestral de la capilla que tenía la antigua hermandad en la iglesia de San Cecilio (después la Guerra  Civil procesiona otra el del mismo título, que encargó al escultor Martínez Olalla, hoy en Loja)  y, desde 1948, a la portentosa imagen actual, debida, no con entera seguridad, a la gubia de Pablo de Rojas, maestro de Martínez Montañés (sobre ciertas teorías sobre autoría y procedencia de la imagen ver en este blog la entrada de 29 de noviembre de 2014, acerca del Cristo de la Redención de Cautivos).

A la hermandad de culto pasionista le sucedió la hermandad de penitencia. Los años veinte del pasado siglo, fueron decisivos para la revitalización de la Semana Santa de Granada, que se empezó a conformarse tal como hoy la conocemos.    

La Hermandad del Cristo de los Favores y María Stma. de la Misericordia Coronada, a partir de entonces, con estación primero en la tarde-noche del Jueves Santo y, después, en la del Viernes Santo, es hoy una de la hermandades señeras de nuestra Semana Santa. Gran esplendor, con sus etapas naturales de decadencia, la ha acompañado hasta nuestros días, en los que goza de una brillantez y auge inusitado, que ha culminado con la Coronación canónica de su titular mariana en mayo de 2007.

Pero este no es el lugar para referirnos a la historia de la hermandad penitencial, que ya tuve el honor de describir con otros compañeros en 2003 en el libro "75 Años de Favores". Título éste inadecuado, pues Granada y su antigua hermandad han gozado de los mismos desde 1640.



Misericordia Coronada



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FUENTES

- Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, Legajos 13 F (d), 271 F y Caja de Archivo 56 (2)

- Periódicos "El Defensor de Granada", "La Gaceta del Sur", "La Alhambra, revista decenal", El Popular", "La Publicidad", "El Noticiero Granadino".

- Historia de la Hermandad del Cristo de los Favores, "75 años de Favores", realizada por López- Guadalupe Muñoz, Miguel L,, Padial Bailón, Antonio, Caro Rodríguez, Emilio, Peregrina Palomares, Manuel; Pérez Gamarra, Juan Carlos. Granada 2003.    

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