jueves, 24 de octubre de 2013

HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LA YEDRA ( Ajeros)






Santo Cristo de la Yedra de Granada. Foto de D. Héctor Olmedo Sánchez.


Antonio Padial Bailón

La Antigua y Venerable Hermandad del Santo Cristo de la Yedra, es una de las pocas hermandades granadinas que logró sortear las difíciles circunstancias históricas que llevaron a la desaparición de la mayor parte de las corporaciones cofrades granadinas, manteniéndose vigente hasta mediados del siglo XX. Aun hoy, aunque desaparecida ella y su ermita, está aun canónicamente viva y su imagen se conserva en la capilla del Colegio Cristo de la Yedra, detrás de donde estuvo enclavada su bella ermita, al final de la Calle Real de Cartuja.

El Barrio de la Calle Real, cuyos vecinos, dedicados la mayoría, hasta hace pocas décadas, a las labores de la agricultura en la Vega de Granada, se les llamaba "ajeros", por el cultivo de esta plata liliácea de tan excelente calidad en nuestra Vega. En contraposición, a sus vecinos del Barrio de San Lázaro, que se les denominaba con el mote de "cebolleros", como cultivadores de cebollas, no menos apreciadas.

Barrios de rivalidad ancestral, como es común entre lo que nos es vecino. Barrios de extremada convivencia entre sus habitantes, como si de pueblos se tratara, parientes más o menos lejanos muchos de ellos. Ambos barrios pertenecían a la feligresía de San Ildefonso, extramuros de la ciudad, hasta los años setenta del pasado siglo. 

Ambos barrios también tenían su patrono. El de San Lázaro, era la Virgen de Consolación y el de la Calle Real, el Santo Cristo de la Yedra a los que dedicaban fiestas y verbenas muy concurridas hasta los años cincuenta del pasado siglo. Nuestros padres y abuelos habrán disfrutado de ellas en unos tiempos en los que las gentes se regocijaban con estas convivencias y manifestaciones populares.

  
Calle Real de Cartuja. Fondo Ermita del Cristo de la Yedra. Foto proporcionada por Goyo
 La Ermita y el Cristo de la Yedra

Antes de construirse la ermita, en el lugar se erigía desde el siglo XVII una cruz de madera levantada por los devotos vecinos a la que Enríquez de Jorquera califica como "...la gran cruz de la calle Real, bien corpulenta y curiosa y se le celebra gran fiesta", en el día de la Invención de la Santa Cruz y a la que adornaban de flores, según señala el Padre de la Chica Benavides. Cruz que tenía fama de milagrosa. 

Aquel sitio era donde  se iniciaba el camino de Alfacar y la salida, por tanto, a los terrenos de cultivo de la alta Vega. También, detrás, los cartujos habían construido algunas décadas antes el monasterio de Cartuja, en el bello paraje de Ainadamar o Fuente de las Lágrimas, terrenos regados por la gran acequia, que partía unos kilómetros arriba, de la Fuente Grande de Alfacar, abastecedora de agua al Albaicín y sus cármenes desde épocas musulmanas. También a los famosos cármenes de Aynadamar, fincas de recreo de aristócratas y potentados nazaríes, en los terrenos del hoy Campus Universitario y de la Cartuja.

Aquella cruz levantada a final de la calle Real fue sustituida hacia 1708 por una ermita, levantada por los vecinos, que por estar distantes de la iglesia de los Capuchinos y de la parroquia de San Ildefonso, les era incómodo acudir a dichos templos los días de la canícula veraniega y los lluviosos del invierno.

Después de vencer la oposición del párroco de San Ildefonso, que se negaba al establecimiento de la ermita, el arzobispado le dio licencia a la hermandad para su erección. Terminada de construir, a ella trasladaron la Cruz de madera venerada y la efigie del Crucificado de la Yedra, imagen de finales de la segunda mitad del siglo XVII, a la que habían venerado los "ajeros", se decía, desde tiempo inmemorial.

La ermita se edificó en estilo neoclásico, según el gusto arquitectónico del momento, con planta rectangular, labrándose para presidir el presbiterio un pequeño camarín que sobresalía del edificio en su parte posterior, que daba a la carretera de Murcia, donde alojaron la imagen del Crucificado.


Sin embargo, esta ermita primitiva no fue la que llegó (y que yo he conocido) hasta tiempos relativamente recientes. En 1811, la ermita construida en 1708 sufrió el embate de un temporal que la dejó en ruinas y tuvo que ser reedificada en 1818 con cierto parecido a la de San Miguel del Aceituno. Probablemente, para su reedificación se aprovecharon algunas partes servibles de la antigua.

La construida en 1818 estaba formada, por una fachada neoclásica con espadaña y un pequeño frontón, con pináculos de adorno. Sobre la puerta existía una ventana para iluminación del interior y flanqueando ambas y dos ventanas mas pequeñas a los lados de la puerta, cuatro pilastras de ladrillo, que llegaban hasta la cornisa. Junto a la ermita se levantaba en su parte izquierda la vivienda del sacristán y la sacristía.


Plumilla de la ermita de la Yedra.1940

El inicio de la devoción lo cuenta el Padre de la Chica Benavides, tomándolo, en 1764, de los relatos de personas que habían vivido dicho inicio; y cuenta que "...habiendo un Crucifixo de gran devoción con este título a media legua de Baeza...a donde acuden muchos Christianos en Romería, acordó alguno que se le diese este mismo nombre, por devoción que tendría a aquella Soberana imagen". Luego, parece ser, que la devoción granadina al Cristo de la Yedra procedía de algún o algunos devotos del Cristo de Baeza, que contando en Granada con la imagen de un Crucificado le dieron tal título.

La imagen del Cristo de la Yedra es un Crucificado de la Escuela Granadina de finales del siglo XVII o principios del XVIII. Gracias a unas bellas fotografías actuales de D. Héctor Olmedo  Sánchez, podemos apreciar mejor las características de la imagen.

 
Esta imagen, según mi criterio, se podría encuadrar en la producción de los Moras. Por esa época los dos talleres más significativos en Granada, especialmente a principios del XVIII, eran: el de José Risueño Alconchel, aunque sus imágenes documentadas o atribuidas, poco tienen que ver con este Crucificado; el otro, el de los Mora. José, Diego y Bernardo "el Joven".

El idealizado patetismo de los Cristo de José de Mora, creo que lo alejan de este Crucificado de la Yedra de factura más mórbida y suave. Sí, por el contrario, se acerca a las imágenes cristíferas de su hermano Diego de Mora, muy activo a principios del XVIII. Observemos el rostro de los Nazarenos, que en los últimos años se le atribuyen (Nazareno de San Antón, de las agustinas del Corpus Christi, de Talará...etc. y, especialmente, de Jesús del Rescate. Creo que la mano de este maestro puede estar en la imagen por sí o en colaboración de algún discípulo de su taller. La boca pequeña y carnosa, con labio superior picudo, moratón en la mejilla izquierda, que en el caso de la  Yedra  llega a deformar el pómulo, presenta cierto paralelismo con el Rescate. Que yo conozca, podría ser el único Crucificado que se podría atribuir a Diego.

Añadir leyenda

Nos queda Bernardo de Mora "Joven", hermano de los anteriores, del que poca o casi ninguna producción se le conoce. Bien pudiera estar su mano en algunas de las imágenes atribuidas a su hermano Diego, tal vez el Cristo de la Salud de la Magdalena.   


Jesús del Rescate de Granada. Atrib. Diego de Mora
Junto al Cristo de la Yedra, la hermandad fue adquiriendo algunas otras imágenes, como la de San José y la de Ntra. Sra. de los Dolores y además dos cuadros: uno de la Anunciación, que encargaron a Jerónimo de la Cárcel y otro de la Asunción de Jacinto de Molina y Mendoza. 


DOLOROSA DE LA YEDRA. Foto. Héctor Olmedo Sánchez. 2013



La imagen de la Virgen, así como los dos querubines de bella policromía que se encuentran en su peana, se realizarían probablemente en la última mitad del siglo XVIII. Hoy la Virgen, que necesitaría ser vestida adecuadamente, se guarda en la sacristía de la nueva ermita y Colegio Cristo de la Yedra.

Asimismo, la imagen de San José al que daba culto y procesionaba la hermandad es una imagen del último barroco, seguramente de uno de los imagineros de mas renombre de la segunda mitad del XVIII ( ¿Felipe González Santisteban?).


San José de la Hermandad de la Yedra. S. XVIII. Foto Héctor Olmedo Sánchez 2013
La hermandad celebraba la misa semanal de los domingos y días festivos y  le dedicaba al Cristo una función solemne, también anual, en el segundo domingo de octubre, precedida de un triduo los días anteriores con jubileo.

Pronto consigue indulgencias papales durante el pontificado de Clemente XI (1700-1720) con 200 días a todos los que rezaren un credo ante la imagen y otros 200 a los que hicieren actos de Fe, Esperanza y Caridad y otros 200 a los que confesados y comulgados participen en los cultos y procesión y los hagan por la paz. Otras indulgencias se las concedió Pío VI a principios del XIX a los fieles que confesados y comulgados visitaren la ermita la víspera del día 29 de septiembre, hasta la puesta del Sol de día 30. 


Patente de hermano de 1872, con las indulgencias papales, derechos y obligaciones

También era una hermandad de sufragios y entierro de hermanos difuntos, asistiendo al funeral y traslado con el estandarte, doce faroles y dos cirios, doble de campanas y pago de portadores, tres misas de luz y seis rezadas y media libra de cera para el velatorio. Cuando el difunto tenía el cargo de oficial de la hermandad se aumentaba la dotación en cuatro cirios más y una libra de cera. Igual comitiva iría para llevar el viático a los hermanos enfermos.

A veces, se la consideraba como una hermandad de ánimas y así, en 1776, la autoridad eclesiástica comunica a el hermano mayor Blas Hernández y al mayordomo Roque Crespo que  no pidan limosna para las ánimas fuera de la circunscripción de su parroquia.

En 1750, al iniciarse la procesión que anualmente se celebraba y en la que el Cristo recorría el barrio, se produjo un suceso que en la época se calificó de milagroso. Tal hecho fue: que saliendo el Cristo de la ermita y estando la campana repicando se desprendió ésta de la espadaña, en el momento en que en la puerta había muchas personas contemplando la procesión. La campana quedó enganchada  en la cornisa del templo y, con ello, se  evitó un luctuoso suceso. Todos los asistentes lo achacaron a la protección del Cristo de la Yedra. 

También, en 1764, se creyó milagro de la imagen el hecho de que cuando concluyeron las trece misas de aguinaldo que celebraba la hermandad los días antes de Navidad, en cuyas misas se encendieron seis cirios y cuarenta y dos velas para alumbrar a la imagen, al contabilizar la merma de la cera gastada se encontró que ésta solo había mermado una cantidad insignificante.  
La hermandad en el siglo XIX. Las fiestas de un barrio

Finalizada la reedificación de la ermita, el siglo XIX va a constituir una época de esplendor para la hermandad. Las fiestas del barrio con motivo de la procesión y cultos al Cristo de la Yedra, con toda seguridad se iniciaron con brillantez en el siglo XVIII, y, tras la reedificación de la ermita, dichas fiestas fueron costadas por los jóvenes de barrio, llegando las celebraciones a su culmen en la segunda mitad del XIX, siglo muy dado a estas manifestaciones populares y romerías.

En dicho siglo, van a acudir a las fiestas del Cristo de la calle Real, no sólo los vecinos del barrio y aledaños, sino de toda la ciudad. La víspera, se celebraba un castillo de fuegos de artificio y se iluminaba la fachada de la ermita y la calle con farolillos a la veneciana y los vecinos ponían en las fachadas de sus casas cuadros de Jesús y de la Virgen iluminados con velas, haciendo colgar de los balcones sus mejores colchas y cortinas. La fiesta se solía amenizar con bandas de música y bailes en la víspera, sacando las familias, dice la prensa de 1884, "sus mejores trajes del arcón".

Algunos años, la celebración no se hacía en octubre sino a finales de septiembre, probablemente en fechas cercanas a la Exaltación de la Cruz y más tarde se trasladarían al mes de octubre, seguramente para no coincidir con la romería de San Miguel. Así, en 1860, se celebraron el 23 de septiembre con suma brillantez a pesar de que en el mes de agosto los mayordomos habían gastado mucho dinero en la celebración de una rogativa al Cristo con novena y predicadores con motivo de una epidemia de cólera  que amenazaba a la ciudad. 

La hermandad solía editar en el siglo XIX una serie de estampas litografiadas, a veces anunciando cultos, de las que existen algunos ejemplares. Una de esos ejemplos es una estampa devocional en la que se recrean de forma ideal, como era común en estas litografías, las imágenes del Cristo de la Yedra y de Ntra. Sra. de los Dolores; bella estampa que nos proporciona D. José Cecilio Cabello Velasco.


          Estampa proporcionada por Cecilio Cabello Velasco






Era hermano mayor ese año, José Lledó, y mayordomos, José Beltrán, Andrés Montijano, Francisco Cambil, Juan García, Jacinto Baena, entre otros, y secretario Manuel de la Cruz.

Llegadas las fiestas y después del jubileo y triduo, el domingo por la mañana se celebraba la función principal con orquesta y a las cuatro de la tarde salía la procesión con las imágenes del Cristo, la Virgen de los Dolores y San José en preciosas andas con flores, que preparaban las tres camareras, que vestían las imágenes. El acompañamiento musical solía correr a cargo de la banda del Hospicio y de un regimiento militar. A veces eran tres las bandas de música que llevaba.

En 1884, al paso de las imágenes se quemaron dos castillos de fuegos, uno en el Arco de Elvira y otro en el Triunfo, frente a San Ildefonso. Una profusión de cohetes y palmas reales acompañaba a la procesión en todo su recorrido, además de las bengalas que los vecinos encendían a su paso por la calle Real. 


Querubines de la peana de San José de la Yedra. Foto Héctor Olmedo

En 1872, el hermano mayor José Fernández Garzón y el párroco de San Ildefonso Francisco Martín Gutiérrez solicitan del arzobispo que conceda a la hermandad para las tres misas de luz a sus difuntos declare altar privilegiado de Ánimas, en base a las indulgencias pontificias con que contaba la hermandad y que ratificase las indulgencias.
No estaban exentos los festejos y procesión de ciertos altercados, como el ocurrido en 1888, en que hubo disparos realizados por unos jóvenes en riña del que resultaron dos de ellos heridos. No eran raros estos casos, sobre todo, por la rivalidad en sus fiestas entre los vecinos del barrio de San Lázaro (cebolleros) y los de la calle Real (ajeros o gargajosos), como ocurrió el 13 de octubre del año siguiente de 1889 durante la procesión de ese año, en el que resultó herida gravemente una persona por dicha rivalidad.


Final de la calle Real de Cartuja. Al fondo, los jardincillos donde estuvo la ermita
El periódico "El Defensor de Granada", relataba los incidentes de esta forma:

"Se apostrofan de “Cebolleros” y “gargajosos”  y algunas veces llegan a las manos como anoche, con motivo de celebrarse ayer la función al Stmo. Cristo de la Yedra. Había salido la procesión y varios jóvenes de San Lázaro iban por el paseo de la Virgen cantando ¡vivan las cebollas y mueran los gargajosos¡".

"Los vecinos de la calle Real, Antonio Liñán Pérez, de 18 años, sacó la navaja y se arrojó sobre Francisco Cuadros Martín  de 18 años también, que era el que más cantaba y le asestó dos puñaladas en el costado, sin mediar palabra y lo hirió grave, que tuvo que hospitalizarse en el Hospital de San Juan de Dios".


La procesión en esos años de finales del XIX y principios del XX, iba por la calle Real y, a mitad de la misma, se adentraba en el barrio por la calle del Agua, Ancha y Parra, para volver otra vez a la calle Real y por la del Hornillo salir a Ancha de Capuchinos y bajar hacia la Fuente Nueva y Almona de San Juan de Dios ( a veces visitaba la Basílica del Santo) y por la calle del Santísimo iba a la de Tinajilla y Arco de Elvira para regresar a su ermita por Acera de San Ildefonso y calle Real.
 
 En 1890, seguramente en otros años también, asistieron los concejales del Ayuntamiento y el alcalde bajo mazas, así como, la Banda de música del Hospicio, que no faltaba casi ningún año, la del Regimiento de Córdoba y la de cornetas y tambores de la Guardia Civil. La prensa calificaba el acto de mayor brillantez que los años anteriores, debido al esfuerzo de su nuevo mayordomo Tomás Guiral Amigo (que, al parecer, era concejal del Ayuntamiento). Se quemaron bengalas en casi todos los balcones y "arbolillos de fuegos" en San Juan de Dios esquina con la calle de la Almona. Todos estos festejos se anunciaban el domingo anterior mediante la "pública" que recorría las calles con banda de música.

Por esos años, la hermandad acudía con su estandarte junto con las hermandades de Ntra. Sra. de las Angustias (Patrona), la del Rosario y la de Ntra. Sra. de la Consolación a la procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo.

La hermandad y procesión en el siglo XX. Esplendor de las fiestas del barrio.
Los dos primeros años del nuevo siglo los festejos y procesión se vieron entorpecidos por la lluvia. Un gran chaparón cayó en 1901 cuando la imagen regresaba a su ermita. Igual ocurrió en 1902, en que se suspendió el castillo de fuegos del sábado, aunque el domingo se encendieron cuatro ( placeta de la Cruz, ante el monumento del Triunfo, Arco de Elvira y calle Real). Ese año el Ayuntamiento había concedido una subvención a la hermandad para los festejos.

En esos años, la procesión pasaba por los llamados Jardincillos del Triunfo, que estaban donde hoy se levanta el edificio de Hacienda y las casas de esa fachada hasta Severo Ochoa y, en 1906, hizo estación la procesión  en la Basílica de San Juan de Dios. No sería la primera vez, en otros años la volvió a realizar.
Además de la procesión, la hermandad asistía con sus estandarte a las procesiones del Viático de varias parroquias (San Ildefonso, Sagrario, El Salvador o las Angustias).


Uno de los querubines de la peana de la Virgen de los Dolores. Foto Héctor Olmedo

El número de hermanos en esos años de principios del siglo era importante, exponente de ello fue que en 1907 el número de hermanos fallecidos  se elevó a 35, costándole a la hermandad la atención a los difuntos la suma importante para la época de 700 pesetas, cuando las cuotas pagadas por los hermanos eran de 2.50.- ptas. anuales. Una misa de difuntos se empezó también a celebrar el sábado, víspera de la procesión. 

El Ayuntamiento solía asistir acompañado de la Banda Municipal. En 1912 la pública del sábado anterior, recorrió las calles por donde iría la procesión con un séquito de cabezudos y toda la calle Real se adornó de guirnaldas y gallardetes y en la iglesia de San Juan de Dios los niños de su asilo entonaron la salve a las imágenes. Fueron ese año las fiestas esplendidas y muy concurridas, pues los vecinos tenían ganas de ver a su Cristo en la calle, ya que el año anterior fue suspendida la procesión por causa de una lluvia intensa y un ciclón.

Todos esos años del primer cuarto del siglo XX se celebraron los cultos, procesión y fiestas como de costumbre. La nueva junta elegida en octubre de 1922, como era ya costumbre en  hermandades de esa época, eligió como presidente honorario a una persona influyente en la sociedad granadina, a D. José Casinello, que vivía en un palacete junto al Asilo de San Rafael, en la calle San Juan de Dios. No obstante, la hermandad estaba bajo la supervisión del párroco de San Ildefonso, don Ángel de Guevara, estando la junta formada por Enrique   Carmona, como hermano mayor; Juan Parejo López, como vicehermano mayor; Antonio Quero Heredia, como tesorero; José Reyes Osuna, como y Francisco Medina López, como secretario. Además la junta contaba con trece vocales.

Esta junta de 1922 renovó ampliamente la hermandad, entrando en ella 120 hermanos nuevos. Asimismo, la renovación afectó a los cultos al Santísimo Cristo de la Yedra, instaurando cultos mensuales, además de las misas de los domingos y festivos. Estos nuevos cultos consistían en misa los primeros viernes de mes por la mañana, en sufragio de los hermanos difuntos y por la tarde, exposición del Santísimo, rosario y ejercicio de la Cinco Llagas.

Además, el año siguiente de 1923, se organizó un festival  los días 2 y 3 de mayo en honor de la Santa Cruz, con un precioso altar de cultos en la ermita, verbena e iluminaciones por una familia de electricistas muy conocida en la época (los Bombillar), postulando las cofrades jóvenes vestidas con mantón de Manila.


San José de la Yedra. Foto de Héctor Olmedo


Llegadas las fiestas del mes de octubre se impulsaron éstas con una gran verbena en la placeta de la Cruz, amenizada por una banda de música, otra velada frente a la ermita, carreras de sacos en la calle Real, suelta de globos, cucañas y fantoches, todo ello el viernes  y sábado y, el domingo, la correspondiente función por la mañana y procesión con las tres imágenes por la tarde por el itinerario de costumbre. Sin embargo, la fiesta del segundo domingo de octubre, tuvo  que ser aplazada hasta la siguiente semana por causa del mal tiempo, saliendo ese año la procesión el día 21 de octubre. Ese año, entre las bandas de música figuró la de Ntra. Sra. de los Dolores de Churriana de la Vega. Las otras fueron la del Hospicio y la Municipal, como de costumbre. Normalmente, la procesión estaba en la calle desde las cinco de la tarde hasta las nueve, en que se encerró con una gran traca. En todo el itinerario se adornaron los balcones con mantones de Manila.

Los años siguientes, fueron de igual esplendor, aunque a finales de abril de 1925, hubo un accidente aéreo en Armilla en el que fallecieron dos aviadores, Dávila y Jiménez. Este último era cofrade del Cristo de la Yedra, disponiendo la hermandad unos solemnes funerales en la ermita ante el Cristo con asistencia de los jefes y oficiales de la base aérea de Armilla.

En la procesión de 1927 se estrenaron dos candelabros de plata de seis tulipas, que se ponían a ambos lados de la cruz, corriendo el exorno del "trono" del Cristo a cargo de las camareras de la imagen Conchita y Pepita González Blasco.

Gracias a una fotografía que aparece en un periódico de principios del siglo pasado conocemos al Cristo de la Yedra en sus andas procesionales. Detrás de la Cruz llevaba un lienzo y en él pintado un "Universo", con el Sol, la Luna y las estrellas y unas guirnaldas de flores rodeando los cuatro extremos de la cruz, cuyo estípite terminaba en un florón con flores de tela y papel. Tras la cabeza, llevaba un gran nimbo con Sol radiante en madera dorada y la imagen se cubría con tonelete o perizoma.  Delante de la imagen llevaba una candelería que lo alumbraba y era portado a hombros por horquilleros.


Parte posterior del Cristo de la Yedra. Foto de D. Héctor Olmedo Sánchez

La imagen, hoy bastante desconocida por estar en la capilla del Colegio Cristo de la Yedra, de difícil acceso, parece, como dijimos, corresponder a finales del siglo XVII o inicios del XVIII, es decir, de unos años antes de constituirse la hermandad. Hay una imagen de parecidas características y tamaño en la iglesia de la Magdalena, conocida como Cristo de la Salud, que pudo ser titular de una hermandad de jóvenes  que se fundó en 1748 y, seguramente, del mismo taller ¿Bernardo de Mora "el Joven"? .


Cristo de la Salud. Iglesia de la Magdalena

Del esplendor a la decadencia 

La llegada de los años treinta del siglo XX, suponen el inicio de la decadencia de la hermandad. El 9 de diciembre de 1933, hubo un intento de incendiar la ermita con sus imágenes y enseres dentro. La pronta intervención de los vecinos y devotos del Cristo y el aviso a las fuerzas de seguridad evitó la catástrofe, porque ese día fueron incendiadas varias iglesias en el Albaicín, entre ellas, la de San Luis de los Franceses, el Salvador y las Tomasas.

En esos años conflictivos, se suspendieron las fiestas y las imágenes del Cristo de la Yedra, Ntra. Sra. de los Dolores y San José, se llevaron a  la iglesia de San Ildefonso para protegerlas. Allí se celebró un setenario en la Cuaresma, con misas, salve, coplas y letanía.

Pasada la Guerra Civil, la hermandad volvió a celebrar sus cultos y fiestas en la ermita en 1941, con su verbena, función y procesión habitual. Ese año y los siguientes con señoras fueron de mantilla vestidas de largo, y se volvieron a celebrar los actos festivos del barrio. La procesión salió a la seis de la tarde, aunque los años siguientes se atrasó a las siete,  y se celebró con la parafernalia e itinerario de los años anteriores. A lo largo de la calle Real se establecían puestos de frutas de otoño, además de los castillos y tracas de costumbre.

Pero a finales de los años cuarenta se dejó de celebrar la procesión y fiestas, por falta de medios y entusiasmo de los directivos de la hermandad y así estuvo varios años hasta 1952 en que volvieron a celebrarse ese año y los siguientes.



Dolorosa de la Yedra. Foto Héctor Olmedo
Estas fiestas populares granadinas, fueron cayendo en el ostracismo y la decadencia en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Muchas causas se pueden achacar a ello, como la fuerte emigración de los vecinos de estos barrios populares a otros más modernos de la ciudad, como el Zaidín, Camino de Ronda o La Chana, así como, al extranjero y otras ciudades industriales de España. Ello  tuvo como efecto el sustraer la base popular y la tradición  de estas fiestas. Las viviendas del barrio se vieron abandonadas o con moradores de pueblos emigrados a la capital, ajenos a dichas tradiciones del barrio.

Otros medios de distracción  se fueron imponiendo, como la televisión, el coche u otros, que constituían una novedad más atractiva para los ciudadanos, que aquellas fiestas y devociones tradicionales de sus mayores.

Por otro lado, la ermita se vio afectada por los terremotos de Albolote de 1956, quedando hundidas algunas de sus dependencias.

Todo ello, contribuiría a la pérdida en los años sesenta de la hermandad del Cristo de la Yedra, como otras semejantes y, así, en mi búsqueda en las hemerotecas de la vida de esta hermandad encuentro como última salida procesional del Cristo y fiestas de la calle Real el año 1958 y en la Navidad de ese año la imagen, dadas las condiciones de la ermita tuvo que ser trasladada a una nueva capilla provisional, que se habilitó en una casa de la calle del Agua.


Ermita nueva del Cristo de la Yedra y jardines delanteros donde estuvo la ermita antigua

Muchos de nosotros, aunque niños, recordamos haber visto uno de esos años la procesión subiendo por la calle Tinajilla hacia la calle Real de Cartuja. La ermita abandonada no tardó en ser vendida al Ministerio de Obras públicas con la idea de ampliar la antigua carretera de Murcia, aunque tampoco llegó a hacerse tal ampliación y el solar de la ermita, demolida en 1963, fue dedicado a los jardincillos, que hoy podemos contemplar.

Después, en los años sesenta, se construyó una ermita moderna detrás del solar de la antigua, donde se trasladaron las imágenes, sirviendo de capilla al Colegio Cristo de la Yedra, levantado detrás de la ermita también por esos años. Otra capilla se construyó en el interior del citado colegio y allí se conserva hoy la imagen del Cristo de la Yedra, presidiendo el presbiterio.

Un monumento a la tradición, cultura y sabor popular con fiestas, procesión y devoción forjadas por un barrio castizo se han perdido para siempre por la necedad de los hombres y el escaso cariño a unas tradiciones de siglos que nos legaron nuestros mayores.

Nota. Por la dificultad de acceso a la capilla del Colegio Cristo de la Yedra, no he podido coger fotografías de la imagen, sólo cuento con la que he subido al inicio de este trabajo, de muy mala calidad. Espero poder encontrar otras mejores.

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HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada.
DE LA CHICA BENAVIDES, Antonio. Gazetilla Curiosa... 1765.
ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 90 F, pieza nº24.
PRENSA LOCAL DE LOS SIGLOS XIX Y XX.






2 comentarios:

  1. Alucinando estoy de lo que acabo de leer, nunca jamás hubiera pensado que aquel cristo de la capilla de mi colegio, que da nombre a un colegio y que en muchas ocasiones se tapa con mantas o telas, fuera en su tiempo semejante punto de referencia devocional y despertara tantos festejos, que verdad que es que perdemos muchísimo por la necedad de los hombres...

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  2. Nacho, vivimos en una época que trata de enterrar el Humanismo, seguramente a ningún profesor de ese colegio se le ocurrió preguntarse y explicar a sus alumnos, la razón del nombre del mismo, el Barrio Histórico en que se encuentra, le ermita que desde el siglo XVII hasta 1973 estaba en los jardincillos al final de la calle Real y por ende, la imagen que fue su patrono y aunó la devoción y el hermanamiento de los vecinos. Estamos en una verdadera Edad Media de la cultura humanista, ahogada por las inquietudes mecánicas y técnicas, tenemos verdadera devoción a la informática, pero no la utilizamos nada más que para comunicar determinadas vivencias de poco valor, así como los IPAD, redes llamadas sociales y programas basura de las teles, que verdaderamente nos están alienando (quizá interese). La ermita desapareció como exponente por esta falta de interés y respeto al patrimonio que nos legaron nuestras generaciones pasadas con mucho esfuerzo.

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