domingo, 9 de marzo de 2014

HERMANDAD DEL CRISTO DE LA EXPIRACIÓN y VÍA SACRA DE SAN GIL





CRISTO DE LA EXPIRACIÓN, TAMBIÉN LLAMADO DE LA ESPERANZA. (HOY EN SANTA ANA)




ANTONIO PADIAL BAILÓN


 La Hermandad del Santo Cristo de la Expiración y Vía Sacra de la iglesia parroquial de San Gil quizás sea una de las hermandades más antiguas de la ciudad de Granada. Fundada en dicha iglesia, probablemente a finales del siglo XVI o inicios del XVII.

   Aunque el cronista de la ciudad, Henríquez de Jorquera, no nos informa de que existiera en esa fecha una hermandad, implícitamente se deduce de sus manifestaciones que la tendría. Nos dice: "[...] en la capilla de los cavalleros Moreno de León ay un santísimo Crucifijo de gran devoción, ante quien se hace disciplina los viernes de quaresma y se canta el miserere con grande música y se ganan indulgencias en su capilla" (1).  

   No me cabe duda, que la existencia de un grupo de disciplinantes flagelándose frente a la imagen en su capilla y el canto del miserere todos los viernes de la Cuaresma con música, serían unos cultos organizados que requerirían la existencia de una asociación o hermandad, en principio sin reglas aprobadas, que organizara dichos cultos penitenciales asiduos.     

     El Padre de la Chica Benavides nos amplía el conocimiento acerca de la imagen, diciéndonos que la capilla fue donada por el arzobispo D. Gaspar de Ávalos, en 1539, a D. Juan Moreno de León, antecesor de la Casa y Señorío de Alhendín, donde construyeron bóveda para el enterramiento de la familia. También nos relata, puede que transmitido por tradición de la familia, que su padre había traído el Crucifijo de Italia y que, lógicamente, lo habían puesto en la capilla de su propiedad, añadiendo que unos decían que era de corcho y otros de caña (2).



    Todo esto despista un poco, en cuanto que la imagen es tallada en madera y no de caña o de corcho, ni de tiempos anteriores a la donación de la capilla, que fue en 1539, siendo una imagen manierista, del último Renacimiento, atribuida de forma general al discípulo de Diego de Siloé, Diego de Aranda, que la pudo hacer hacia mediados del XVI. 

  Independientemente de la leyenda transmitida por tradición familiar de que la imagen procedía de Italia, lo más congruente es que una vez adquirida la capilla, la familia Moreno de León, en años posteriores, encargaran la imagen del Crucificado, que pudo ser a mediados del siglo y parece evidente, que a Diego de Aranda.

     A principios del siglo XVII, concretamente en 1615, fallece el nieto del fundador de la capilla y de su mismo nombre, Juan Moreno de León, caballero veinticuatro de la ciudad, del que nos dice Henríquez de Jorquera que "fue enterrado en la capilla del Santo Cristo, entierro de sus padres y abuelos", capilla que heredó un pariente por no tener el difunto descendencia (3). Tres años después, en 1618, se entierra también en la capilla su suegro, Francisco Sandoval y Rojas, alcalde de Corte de la Real Chancillería y del Consejo de Su Majestad. 

    Estos Señores de Alhendín, que por rama femenina se enlazaron con los Altamirano en el siglo XVII, consiguieron de Felipe V transformar el Señorío en Marquesado con el título de Marqueses de Alhendín y siguieron manteniendo la titularidad de la capilla. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII se desentendieron de sus gastos y adorno, probablemente por poseer otra capilla en la iglesia del convento de San Francisco, junto a la de la Vera Cruz, que en 1683 cedieron para el culto de Ntra. Sra. de la Consolación, cuya hermandad era filial de aquélla (4).   

     A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, la imagen iría creando devoción hasta ir conformándose como una hermandad de disciplinantes que, más tarde, cuándo adquieren vigor las vías sacras, se convierte en hermandad de este último carácter. 

     A la imagen del Cristo se le añadirían a ambos lados, seguramente desde el principio, las imágenes de la Dolorosa y San Juan Evangelista, de la misma época que el Cristo y atribuidas al mismo autor, para formar la iconógrafía de un Calvario.    



CALVARIO CON EL CRISTO DE LA EXPIRACIÓN




¿Cual de los dos Crucificados de la iglesia de Santa Ana es el Cristo de la Expiración de San Gil?

   Es llegado el momento de manifestar porqué la imagen que traigo a colación en este artículo (el del Calvario de la iglesia de Santa Ana) es la de la Hermandad del Cristo de la Expiración de la antigua y desaparecida iglesia de San Gil, y no el Crucificado de la Expiración, atribuido a Alonso de Mena, que se venera en la sacristía de Santa Ana, de la que tradicionalmente se ha afirmado que era la titular de la hermandad de San Gil.

  Los inventarios que se conservan en la iglesia de Santa Ana, que se hicieron cuando se fusionaron ambas parroquias definitivamente, al demolerse San Gil en 1868, revelan que el referido Calvario del Cristo de la Expiración, pasó a Santa Ana desde San Gil y que el Cristo Expirante de Alonso de Mena de la sacristía de dicha iglesia de Santa Ana ha pertenecido siempre a ésta, por lo que no cabe afirmar que fuera el titular de la hermandad de San Gil que estamos tratando. Veamos porqué:

    En el libro realizado por D. Joaquín y D. Antonio Villena Delgado sobre dichas iglesias, al tratar de las imágenes y capilla del Calvario del Cristo de la Expiración nos dice, que procede de la iglesia de San Gil y que ello viene reflejado en diversos inventarios de esta iglesia. Entre dichos inventarios de San Gil escogen los autores la descripción del de 1867, previo al traslado de las imágenes a Santa Ana, que dice al folio 10, vuelto, bajo el epígrafe "Capilla de Jesús de la Esperanza o del Señor de la Expiración": "Un retablo blanco con mesa de altar y frontal de madera... en el centro del retablo existe un crucifijo grande de talla con sudario de terciopelo con galón y encaje dorado todo fino. También existen al pie del crucifijo las imágenes de talla de la Virgen y San Juan" (5). 

   Al Cristo en esa fecha se le conocía con las advocaciones de Expiración y Esperanza, éste seguramente impuesto en el siglo XIX, tras la desaparición de su hermandad. La descripción del Calvario que hace el inventario con las imágenes de la Virgen y San Juan al pie de la Cruz, no dejan dudas de que el Calvario de Santa Ana procede de San Gil y que el Cristo es el de la Expiración de esta última iglesia.

    Pero es que, además, nos dicen los citados autores, que el Cristo del mismo título de la Sacristía de Santa Ana, ha pertenecido siempre a esta iglesia y no a la de San Gil, según los referidos inventarios, luego el de la sacristía de Santa Ana no puede ser el Cristo de la Expiración de San Gil, a pesar de que siempre lo hemos creído.       


CRISTO DE LA EXPIRACIÓN DE LA SACRISTÍA DE SANTA ANA. Atribuido a Alonso de Mena 


   También, el Cristo de la referida sacristía es de fecha muy posterior al de la Expiración de San Gil, que tenía culto en esta iglesia desde que los Moreno de León lo incorporaran a su capilla de enterramiento (es escultura del XVI) y el Cristo atribuido Alonso de Mena es de la primera mitad del siglo XVII (el escultor murió en 1646).

     Pero lo que, definitivamente, apoya la tesis de que el Calvario (hoy en Santa Ana) atribuido a Diego de Aranda es el del Cristo de la Expiración de San Gil, es un grabado de Juan Luengo de 1730 en el que aparece la representación de dicho Calvario al que daba culto la hermandad con el Santo Cristo acompañado e las imágenes de la Virgen y San Juan, tal y como hoy se conserva en una de las capillas de la iglesia de Santa Ana. La leyenda de dicho grabado, procedente de la biblioteca de Gómez Moreno dice: 


"Verdadera efigie del Santísimo Cristo de la Expiración y Vía Sacra que se venera en la parroquia sel Señor San Gil de esta ciudad de Granada, se hizo (la estampa) año de 1730 a devoción de los mayordomos Francisco Rodríguez, Gerónimo Chacón, Rafael García y Juan González. El Eminentisimo Sr.Cardenal de Borja concedió 100 días de indulgencias y el Ilmo. Sr. arzobispo,obispo de Cartagena D.Thomás Joseph de Montes 40 a todas las personas que rezaren un credo y dieren limosna para el culto de dicha sagrada imagen".



Grabado de 1730 del Calvario del Cristo de la Expiración de San Gil . Museo Casa de los Tiros
     
     Por dicha leyenda del grabado sabemos que la hermandad la regían cuatro mayordomos, fórmula no demasiado habitual en las hermandades, que normalmente se regían por un hermano mayor y un mayordomo, aparte de los oficiales que formaban las juntas directivas.
    
     La Hermandad del Cristo de la Expiración mantenía cultos semanales a la imagen, todos los viernes del año con misas cantadas, aunque a principios del siglo XVIII no practicaban el acto penitencial de la flagelación que se había sustituido por el ejercicio de la Vía Sacra, haciendo sus estaciones, probablemente, hasta el convento carmelitas descalzos de los Mártires.

  En la Vía Sacra y en otras salidas procesionales intermitentes por la ciudad que se hacían a mediados del siglo XVIII, se portaría la imagen del Cristo por sus veintiún horquilleros perpetuos (6). 

     A parte de la misas cantadas de lo viernes, la hermandad celebraba jubileos con exposición del Santísimo en los que se ganaban indulgencias y, también, administraba determinados legados de misas como el instituido por Beatriz Vega Vizcaino de cien misas anuales, hasta 1768. 

Otros datos sobre la Capilla de la Expiración

  La iglesia de San Gil tenía su portada principal abierta a la calle de Elvira, en la manzana primera de esta calle, con las capillas de su costado derecho que daban a casas adosadas con fachada a Plaza Nueva. Las del costado izquierdo daban a la Calle del Pan, con una portada lateral que se abría a dicha calle. En esta vía se eleva la torre de la iglesia y casas adosadas a la misma, en algunas de las cuales había un bodegón, una conocida buñolería en el pie de la torre de la iglesia y una pastelería. Era ésta una zona muy comercial de la ciudad y desde donde se iniciaba el Zacatín antes de abrirse la Gran Vía a principios del siglo XX.

   En este costado derecho, el que lindaba con la calle del Pan, estaba la capilla del Cristo de la Expiración, inmediata al crucero de la iglesia, sacristía y capilla mayor. En 1782, el dueño de una casa adosada, Juan José Díaz, levantó una torreta, descansando parte de su fábrica sobre los muros de la capilla de la hermandad, cegando la ventana por donde recibía luz la capilla mayor y la del Cristo de la Expiración. Ésto motivó la denuncia por parte de los afectados (7). 

     El arzobispado envió a su maestro mayor de obras, Francisco Castellanos, que ordenó que se rebajara de altura la torreta y se aligeraran los materiales empleados con pilastras de madera y así quitar peso a los muros de la capilla, para que no se impidiera la entrada de la luz.   

   No gustó esta solución al administrador de la fábrica de la iglesia, tachándola de complaciente y alegaba, que daría lugar, si se consentía, a que en la terraza de la torre se "hicieran bailes, cantos y diversiones pecaminosas". 



Iglesia de San Gil en Plaza Nueva antes de 1868 con las casas adosadas alrededor de la misma

    Por estas fechas la hermandad estaba muy ligada a la parroquia y algo decaída, de modo que, los beneficiados se instituían como comisarios de la misma para que los cultos no decayeran.  

    Siguiendo con las noticias de la capilla del Cristo de la Expiración, la hermandad decide ampliarla, hacia la primera mitad del siglo XVIII, adquiriendo de los agustinos calzados una casa adosada a la iglesia por la zona de la capilla del Santo Cristo, sobre la que recaía un censo que pagaban dichos frailes. 

    Una vez realizada la obra de ampliación quedó un sobrante o habitación que la hermandad optó alquilar por la falta de recursos con que contaba. Tal alquiler le proporcionaba 8 o 10 reales mensuales que se empleaban en ayuda para sostener el culto y las misas de los viernes (8). 


VIRGEN DE LOS DOLORES DEL CALVARIO DE LA EXPIRACIÓN
  Esta escasez de recursos, nos hace patente la decadencia de la hermandad en esa fecha (1782), que se mantenía por unos cuantos hermanos dirigidos por el beneficiado, como comisario, y con el alquiler de la habitación que daba a la calle del Pan, aneja a la capilla. 

  Por otra parte, los agustinos dejaron de pagar el censo desde fechas anteriores a 1778, por lo que se tuvo que entablar un pleito con ellos en 1783, pues el acreedor del censo se lo exigía a la hermandad y a la fábrica de la iglesia. El referido pleito duraba aun a finales de siglo y tuvo que hacerse cargo la fábrica de la iglesia de los gastos de la capilla; ni los agustinos ni la hermandad, carente de recursos, pagaban el censo. En 1815, la fábrica de la iglesia hizo una obra para la reparación de la misma, porque la hermandad prácticamente ya no existía. Tampoco, los Marqueses de Alhendín, patronos de la capilla, pagaban sus cuotas a la iglesia desde el año 1750.

Ocaso de la Hermandad

    En 1786, aun celebraba la hermandad su cultos, aunque su renta era de sólo 30 reales mensuales, dedicándole a la imagen una misa cantada con órgano los viernes, por las que pagaba a la parroquia 7 reales, y dos misas de requiém. Asimismo, costeaba 30 luces el día de San Cecilio, obligaciones que no siempre se cumplían(9). Todo nos hace presagiar que la hermandad no tenía actividad a principios del siglo XIX. 

    La siguiente noticia que puedo ofrecer se refiere sólo a la imagen del Cristo. Ésta se produce en 1854, cuando el párroco de San Gil, el 27 de septiembre, escribe una carta al arzobispo, D. Salvador José de los Reyes, por la que le comunica que se habían presentado unas personas devotas del Cristo de la Expiración, que habían recibido de sus promesas a la imagen el alivio de sus dolencias.

    La carta de párroco proponía al prelado, a petición de los devotos de la imagen, después de exponerle una singular justificación, relacionando la Biblia y el Evangelio con la figura de Jesucristo, vivificador y otorgante de la salud de nuestros cuerpos y almas, proponiéndole al arzobispo que autorizara el cambio de advocación de la imagen por la de Cristo de la Salud (10).  

    Parece que el prelado no aceptaría dicho cambio, pues en el inventario que se hizo  de la iglesia de San Gil unos años después, en 1867, y al que al principio de este trabajo nos hemos referido, figura aun con el nombre de Cristo de la Expiración. 


SAN JUAN EVANGELISTA DEL CALVARIO DE LA EXPIRACIÓN

 En 1868, pasa la imagen, junto con las de la Dolorosa y San Juan Evangelista, a la iglesia de Santa Ana, a la que se había unido la parroquial de San Gil algún tiempo antes y en esa fecha se ordena su demolición por la llamada "Revolución Gloriosa" de 1868. 

   Hoy las imágenes se veneran en la segunda capilla de la izquierda, según se entra, de la iglesia de Santa Ana. El retablo que actualmente cobija al grupo escultórico, llamado de los Santos Juanes, no es el suyo primitivo, pues el recuadro que se aprecia tras el Cristo se concibió para un cuadro de Ntra. Sra. de los Dolores y en las repisas laterales estuvieron Santo Toribio de Mogrovejo y San Juan de Sahagún, con San Juan Evangelista situado en la mesa de altar. Antes de 1842, se puso el Crucificado de la Expiración de la sacristía delante del cuadro de la Virgen y con la imagen de Ntra. Sra. de la Piedad del Socorro a los pies (11).

  El Calvario se colocó en el retablo cuando llegaron las imágenes a Santa Ana (1868) y el Cristo de la Expiración, atribuido a Alonso de Mena, se colocó en la sacristía. 

  El Calvario del Cristo de la Expiración estaba hasta hace pocos años en un estado de conservación bastante lamentable, por lo que han sido sus imágenes restauradas en 2007. Durante el periodo de restauración (oct. 2006-junio 2007) la Virgen de la Esperanza (Tres Necesidades) estuvo ocupando su retablo y capilla.


VIRGEN DE LA ESPERANZA EN EL RETABLO DE LA EXPIRACIÓN
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1.HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada.Tomo I, pág. 222, serie Archivum, UGR.

2.DE LA CHICA BENAVIDES, Fray Antonio, Gacetilla Curiosa..., papel 4º, 30 de abril 1764.
  
3. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada.Tomo II, pág. 600, serie Archivum, UGR.

4. Véase en este blog la entrada de 30 de diciembre de 2012, sobre la historia de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Consolación.   

5. VILLENA DELGADO,Joaquín y Antonio, Arte y tradición en la iglesia parroquial de San Gil y Santa Ana. Inventario de su patrimonio.Volumen II, pág. 90.

6. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis. “Semana Santa en Granada. Historia de la Semana Santa granadina desde el siglo XVII hasta nuestros días”. Granada. Ed. Gemisa, S.L., 1990. pág. 113.

7. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 402 f, pieza 8.

8. El citado archivo y legajo, pieza 22.

9. El citado archivo, varias piezas.

10. El citado archivo, legajo 255 f, pieza s/n.

11. Esta imagen de la Piedad del Socorro se envió a la localidad de Molvízar, donde probablemente fue destrozada en 1936, pues allí no está actualmente. VILLENA DELGADO,Joaquín y Antonio, Arte y tradición en la iglesia parroquial de San Gil y Santa Ana. Inventario de su patrimonio.Volumen I, pág. 54.


viernes, 7 de febrero de 2014

VENERABLE HERMANDAD DE JESÚS DE LOS DOLORES








Antonio Padial Bailón

    
     La Venerable Hermandad de Jesús de los Dolores se fundó en la iglesia parroquial de Santa Ana. Este templo, joya del mudéjar granadino, está situado en uno de los marcos del paisaje urbano de la ciudad de Granada más bellos y conocidos universalmente: la Plaza Nueva.
      
     El lugar se enraíza en los primeros siglos de la historia de la ciudad, cuando los pobladores de la Eliberri ibérica, seguramente, bajarían a comerciar, junto al río Darro, desde su emplazamiento en el Alto Albaicín,  con los fenicios establecidos en la Antequeruela Alta, colina de del Mauror o de la Sabika (lugar que con los árabes se conocería como Garnata Al-Jahud). 


    La iglesia se construyó, desde 1537 a 1548, sobre el lugar de la mezquita o aljama Almanzora (sirvió de iglesia hasta 1531), según proyecto de Diego de Siloé, que también hizo el Pilar del Toro, que está cercano a la iglesia. La portada la trazó Sebastián Alcántara en 1542, con las imágenes de Santa Ana, María Jacobí y María Salomé del escultor Diego de Aranda. 

      Delante de la iglesia se construyó una monumental fuente renacentista en 1593, llamada "Pilar de las Ninfas" con estatuas, arcos a los lados, frontón para coronarlo y dos leones del escultor florentino Sangroni. Dicho pilar o fuente separaba la placeta e iglesia de Santa Ana de la Plaza Nueva y fue destruido por el desbordamiento del Darro en una tormenta ocurrida el 27 de julio de 1835(1). Las estatuas de la fuente llegaron rodando hasta el Zacatín y dos personas se ahogaron en una tienda de dicha calle. En la Posada de las Imágenes (donde hoy está el Hotel Victoria) se ahogaron 24 caballerías, entre otros desastres de la inundación (2).

En el famoso grabado de Girault de Prangey de 1835 se da testimonio del Pilar de las Ninfas y de la zona en la época en que fue destruido. Uno de los rincones más bellos de la Granada perdida y no recuperada.  

Se aprecia la Plaza Nueva y el Pilar de las Ninfas y, detrás, Santa Ana en el grabado de Girault de Prangey 1835
   
La hermandad venía a dar culto a la imagen de Jesús en su iconografía del "Varón de Dolores", al Hijo de Dios como siervo doliente, que asume la condición humana, erigiéndose en Redentor en virtud de los méritos de su Pasión y Muerte.

Ya en la Edad Media quedó fijada esta iconografía de Jesús vivo, triunfante sobre la Muerte y mostrando el principal atributo de su Pasión: la Cruz que porta en su brazo.  

Pocos datos se tienen de esta Hermandad de Jesús de los Dolores. Por un documento obrante en el Archivo Histórico del Arzobispado podemos inferir que la hermandad sería fundada hacia 1733 en la iglesia de Santa Ana. Sus reglas fueron aprobadas por el provisor y vicario general del arzobispado D. José de Franquís y Lasso de Castilla, en tiempos del arzobispo D. Felipe de los Tueros y Huerta.

Ello se deduce de una petición que realizan el día 22 de enero de 1734 el hermano mayor, Tomás Veneciano y el mayordomo, Gerónimo Pérez, calificando la hermandad de nueva y de reciente aprobación de sus constituciones. 

En la parroquia de Santa Ana, como en otras de la ciudad existía la costumbre de entregar una vela, para la función del día de la Candelaria, y una palma el Domingo de Ramos para la función de las palmas a los hermanos mayores y mayordomos de las hermandades con sede en la iglesia parroquial. A la Hermandad de Jesús de los Dolores le habían negado ambas cosas los beneficiados y el mayordomo de fábrica, por lo que, acercándose el día de la Purificación de 1734 acudieron al provisor y vicario general de la diócesis, Mons. Franquís y Lasso de Castilla (3). 



Después de los informes pertinentes del beneficiado, que fueron favorables, porque la vela y la palma se daba a las otras cofradías de la iglesia, como la del Santísimo, la del Santo Cristo de la Humildad y Ánimas del Purgatorio y la de la Purísima Concepción, el provisor dictó un auto el 25 de febrero de 1734, mandando se les diera también a los mayordomos de Jesús de los Dolores.

Por dos estampas de grabado conservadas en el Museo de la Casa de los Tiros, se sabe que la hermandad no sólo perduraba y la imagen mantenía su devoción a finales del siglo XVIII, sino que continuó en la primera década del XIX. Una de ellas data de 1798, siendo mayordomos Benito Rivera y Antonio Fernández, y otra de 1802, en la que se reseñan las indulgencias de 80 días concedidas por el arzobispo. 
   
La hermandad perduraría aun cuando las tropas de Napoleón invadieron la ciudad, pues antes de que llegaran a ella, se celebró una procesión de rogativas por el éxito de las armas españolas en febrero de 1809. En la procesión fueron portadas por sus hermandades las imágenes de Jesús de los Dolores y Ntra. Sra. de la Concepción, desde la iglesia de Santa Ana hasta el templo del convento de San Agustín de Agustinos Calzados (4). Al mes siguiente, el domingo día 5 de marzo, se volvió a repetir la rogativa, pero esta vez al convento de Madres Agustinas (actual Magdalena), también con el Señor de los Dolores y la Purísima de Santa Ana.  

Otra imagen del Varón de Dolores se conserva en nuestra ciudad, en esta ocasión en la Ermita de San Miguel del Cerro del Aceituno. Los antiguos inventarios de la ermita de San Miguel no recogen esta imagen, por lo que tuvo que llegar a la misma después de su reconstrucción en 1828 y, lo más probable, tras la exclaustración de conventos masculinos en 1835-36. Puede que su procedencia sea del Convento de San Antonio de franciscanos descalzos, extramuros de la muralla, cerca de la Puerta de Fajalauza con los que la Hermandad de San Miguel Arcángel, mantenía frecuentes relaciones de asistencia religiosa y un Vía Crucis hasta la ermita.     

Varón de Dolores de la Ermita de San Miguel
No se vuelve a tener noticias de la hermandad, ni de la imagen, hasta 1887, en el inventario que se hace de las iglesias de San Gil y de Santa Ana en el que aparece la imagen del Señor de los Dolores. Probablemente, los acontecimientos bélicos de principio de siglo harían que la hermandad decayera y la imagen quedara sin culto.

Capilla e imagen         

La imagen tal como la representan los grabados antes referidos, presentaba corona de espinas, la cruz abrazada por su brazo izquierdo, la pierna de este lado posada sobre la calavera  y el dragón a sus pies, sobre cuya cabeza posa la Cruz de la Redención, simbolizando   todo ello el triunfo sobre la muerte y el pecado. La imagen muestra las llagas de la Crucifixión. Siendo de talla completa parece que se la sobrevestía con toneletes, como aparece en los grabados.

Según los inventario de la iglesia de Santa Ana, la hermandad y su imagen ocuparon la capilla donde hoy se venera a la Soledad de José de Mora, la segunda del lado de la epístola. La sin par Soledad fue a ocupar esta capilla en 1878 y el Señor de los Dolores pasó a la primera hornacina del lateral derecho, frente a la que hoy ocupa San Francisco de Sales. Así lo dice el inventario de de 1887 "...en dos nichos el Señor de los Dolores y San Francisco de Sales" (5).

La imagen del Señor de los Dolores fue una de las que, desaparecida su hermandad y decaída su devoción, posiblemente tras la Guerra de la Independencia, fue transformada en imagen de distinta advocación. En este caso, fue convertida en la imagen de Jesús Resucitado, sustituyéndole la cruz que llevaba entre los brazos, al modo como se representa tradicionalmente el Varón de Dolores, por una banderola símbolo del Resucitado.

Todo parece que dicha transformación se llevó a efecto en 1895, año en el que se tiene noticia de que se celebró una procesión del Resucitado por orden del arzobispo D. José Moreno y Mazón, que también recuperó, en 1898, el Vía Crucis del Pretorio y los Rebites.

Museo Casa de los Tiros. 1798

Aquel Domingo de Resurrección la imagen fue reservada durante Jueves, Viernes y Sábado Santo en la capilla de San Sebastián (seguramente la ermita del Violón), desde donde partió la procesión a las 6.30 con la imagen bajo palio y acompañamiento del cabildo y hermandades, para terminar en la Catedral, donde se celebró una misa de pontifical oficiada por el prelado(6).

Probablemente, se celebraría algún año más la mencionada procesión, aunque de ello no tenemos constancia.

La transformación de la imagen en Resucitado sería muy somera. No sé por qué razón le quitaron a la talla las llagas del costado, pies y manos, pues los Resucitados, las conservan. Asimismo, las manos y brazos mantendrán la posición primitiva para sostener la cruz, que es cambiada en esta ocasión por el fuste de la banderola.   

La siguiente salida procesional de la que tengo constancia fue en 1929, ya organizada la Federación de Cofradías y por iniciativa de uno de sus miembros, D. Santiago Valenzuela Suárez, vicepresidente de la Federación y hermano mayor de la Hermandad del Santo Vía Crucis. D. Santiago propuso que la Hermandad del Santo Sepulcro, con sede en Santa Ana, organizara, como ocurría en el siglo XVII (veáse mi artículo sobre esta hermandad), la procesión del Señor Resucitado.   

La hermandad del Santo Sepulcro ya había acordado en mayo de 1927, sacar la procesión del Resucitado con la imagen de la iglesia de Santa Ana (Señor de los Dolores) para el Domingo de Resurrección del año siguiente (1928). No llegó a realizar el proyecto, porque dicho año salió el Niño Resucitado de Santo Domingo (Dulce Nombre) con la Hermandad de penitencia de Ntra. Sra. del Rosario, el Sábado Santo.

Sería en 1929, el Domingo de Resurrección, cuando la Hermandad del Santo Sepulcro organizara la procesión. Ese año salieron los dos: el de Santo Domingo, el Sábado Santo, igual que el año anterior, procesionado este año por la Hermandad de la Humildad (Facundillos) y el Señor de los Dolores Resucitado en la noche del Domingo de Pascua. En la procesión participaron todas las cofradías de penitencia de la ciudad por orden de antigüedad y con sus hermanos mayores delante del paso.   

La Hermandad del Santo Sepulcro recibió de la Federación cuarenta pesetas como ayuda para sufragar los gastos y unos faldones de terciopelo blanco, luego solicitados por el Sr. Valenzuela, tal vez, para hacer algunas capas para el hábito de la Hermandad del Vía Crucis. Sin embargo los gastos de la procesión importaron 1.265, 45.- Ptas. (7)

Fundada la Cofradía de Ntra. Sra. de la Esperanza con la antigua imagen de Ntra. Sra. de las Tres Necesidades (de la Hermandad del Santo Entierro), esta bella Dolorosa pasó desde la hornacina superior del retablo del Santo Sepulcro a una capilla independiente y el Señor de los Dolores (Resucitado) fue colocado en dicha hornacina sobre la urna del Sepulcro, donde hoy permanece. Tal vez, porque la Hermandad del Santo Sepulcro tuviera la intención de incorporarlo, como en sus reglas antiguas lo tenía.   


Retablo del Sto. Entierro procedente de San Gil. Suprimidas sus calles laterales. Hoy con Jesús de los Dolores (Resucitado)



Ya no volvió a procesionarse en las dos décadas siguientes. La Guerra Civil y la recuperación de las hermandades, tras la misma, lo harían imposible. No obstante, la Federación de Cofradías había propuesto al Cardenal-Arzobispo  D. Vicente Casanova, en marzo de 1929, la fundación de una Cofradía de Jesús Resucitado con la imagen, pero la idea fue rechazada por el prelado. Sí, por el contrario, siguió saliendo algunos años la imagen del Niño Resucitado del Dulce Nombre (Facundillo).

Habrá que esperar a 1953 para que la Federación se decidiera a organizar la procesión con el Resucitado de Santa Ana (Señor de los Dolores). Había fallecido el arzobispo D. Balbino Santos Olivera, no demasiado amigo de las cofradías, y ello, seguramente, decidió a la Federación  a realizar la procesión de Resurrección (también ese año se fundaron dos nuevas cofradías: Ferroviarios y Estudiantes).       

1953, supuso la recuperación, después de 24 años sin hacerlo, de la imagen del Señor Resucitado de Santa Ana. Salió al mediodía con el acompañamiento de directivos y cofrades del resto de las hermandades. Ese año, se procesionó sobre al antiguo paso del Señor de la Humildad de Santo Domingo y la prensa subrayaba que la imagen del Señor  Resucitado (de los Dolores) se debía a la gubia del escultor José Risueño(8).

La experiencia volvió a repetirse en 1954. Esta vez, acompañando al Señor de los Dolores de Santa Ana una imagen de gloria de la Virgen. Muchos directivos de hermandades, desoyendo el mandato de la Federación, no se presentaron a la procesión, debiendo de ser sustituidos por nazarenos improvisados. Éstos, a su vez, después de pasar por la tribuna abandonaron las filas y la Virgen quedó rezagada en el Embovedado por esta circunstancia; sólo los directivos y cofrades de las hermandades del Vía Crucis, Silencio, Soledad y de la Consolación de San Juan de Letrán llegaron hasta Santa Ana para depositar las imágenes en su templo.   

Este suceso, provocado, seguramente, por oposición de algunos directivos a la salida del Resucitado, determinó que no se volviera a organizar la celebración procesional de la Resurrección.  

Otra de nuestras históricas imágenes y su hermandad, la del Varón de Dolores, iconografía de Jesús que no se ha prodigado en Andalucía (actualmente, una nueva hermandad del Sábado Santo en Sevilla le da culto), pero que, en Granada, se contó, al menos, con una antigua hermandad y otra imagen venerada en la Ermita de San Miguel Alto, en donde aun podemos contemplarla. 


      
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1. MADOZ, Pascual. "Diccionario geográfico, estadístico, histórico...",pág. 131. Edición facsimil. Granada 1987.

2. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA, tomo I, julio de 1835. 

3. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 108 F, pieza 16.

4. DIARIO DE GRANADA de 10 de febrero de 1809 y de 5 de marzo de 1809.

5.  VILLENA DELGADO, Joaquín y Antonio, "Arte y Tradición  en la iglesia parroquial de San Gil y Santa Ana". Vol.II, pág. 70.    

6. El Defensor de Granada, nº de 14 de abril de 1895.

7. PADIAL BAILÓN, Antonio.  La Semana Santa de Granada a través de la Federación de Cofradías, págs. 100-103. Granada 2000.  

8. Diario Patria de 3 de abril de 1953.

miércoles, 8 de enero de 2014

VENERABLE HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LA HUMILDAD, SANTÍSIMO CRISTO DE LA VÍA SACRA Y SANTÍSIMO ROSARIO DE SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA







     Antonio Padial Bailón

      La fortaleza y palacios nazaríes de la colina de la Alhambra (La Roja) y todo el recinto encintado por sus murallas y aledaños, constituyó, tras la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, una unidad político-defensiva independiente de la ciudad de Granada, según estatuto real. Estaba regida por un gobernador o alcaide, que se instituyó en la persona del Marqués de Mondéjar y sus descendientes. 

    Para atender a las necesidades de culto y religiosas de la población allí establecida, así como, para el establecimiento de su demarcación eclesiástica, se creó, en 1501, la parroquia de Santa María. Como ocurrió en otros casos la nueva iglesia se levantó sobre el solar de la Mezquita Real de la Alhambra, construida por Muhammad III, que cristianizada, sirvió de iglesia hasta 1581 en que se empieza a construir el actual edificio, sobre traza de Juan de Orea y continuada por Ambrosio de Vico (1).

     El retablo que hoy tiene el templo procede de la iglesia de las Angustias, que aquí se colocó al realizarle uno nuevo la Patrona de Granada a principios de siglo XVIII, el magnífico retablo de jaspes. Por ello, en el antiguo, trasladado a la iglesia de la Alhambra, aun se veneran las imágenes de las Santas Úrsula y Susana (Alonso de Mena), titulares, también, de la Real Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias. Lo preside hoy un gran Crucificado de Alonso de Mena, que antes de llegar el retablo, sería el que un inventario de 1769, nos dice que presidía el presbiterio de la iglesia alhambreña .Actualmente, está en el centro del retablo, sobre unas pinturas de mismo, encima de la hornacina de la Virgen de las Angustias de la Alhambra, que sería la que ocupaba la imagen de nuestra Patrona.       

RETABLO DE SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA ( Con las Santas Úrsula y Susana y que fue el primitivo que tuvo la iglesia de la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada)
   En el compás de la iglesia existe una columna rematada con cruz, que mandó levantar, en 1590, el arzobispo Pedro de Castro y Quiñones en recuerdo de los mártires fray Pedro de Dueñas y fray Juan de Cetina, sacrificados en ese lugar por los musulmanes ante la Mezquita Mayor, en 1397. Sus restos parece que están sepultados bajo la columna según la inscripción que aparece en ella.

    Según una lápida que estaba sobre la puerta de la iglesia (hoy en el Museo de la Alhambra), encontrada al excavar para hacer los cimientos, el lugar había estado consagrado al cristianismo antes de la ocupación islámica. Allí, el noble visigodo Gudila había levantado una iglesia en el asentamiento llamado de Nativola.   

Iglesia de Santa maría de la Alhambra


Fundación de la hermandad e imagen

    No se conoce la fecha exacta de la fundación de esta hermandad, pero sí la época aproximada. Creemos que surge  con el auge de fundaciones de cofradías que se produce tras la epidemia de peste bubónica de 1679 y con la proliferación de vías sacras a finales del XVII y principios del XVIII. 

        Esta epidemia azotó de forma terrible a la ciudad que se lanzó a implorar, mediante rogativas a las imágenes de mayor devoción de la ciudad y sus barrios, lo que propició la fundación de cofradías.  

     El devoto simulacro, que representa la escena de la Presentación de Jesús por Poncio Pilatos al pueblo, azotado, humillado y coronado de espinas, tradicionalmente se atribuye al gran escultor granadino Pedro de Mena o a su círculo (2).  De este escultor tiene el estatismo, serenidad y equilibrio simétrico, sus ojos achinados, la originalidad de su paño de pureza triangular,  pero la imperfección y falta de detalle de sus cabellos, piernas y muslos (estos de apariencia femenina), hacen, a mi juicio, que haya de centrarse más en una obra bajo su dirección o colaboración.

JESÚS DE LA HUMILDAD DE LA ALHAMBRA. Aquí se aprecia que es de talla completa,incluso el manto. El retablo fue dorado en 1749.

      Pedro de Mena vivía en Málaga en esa época, pero conservaba taller en Granada y a Granada llegan, en 1683, sus tres hijas (Claudia, Andrea y Juana Teresa, ésta en 1684) para fundar el convento del Císter. Éste se estableció, primeramente, en la capilla de San Onofre en la Cuesta de Gomérez. 

       Pedro de Mena había transmitido su arte en el dibujo, escultura y policromía a sus hijas y, de hecho, existen varias esculturas atribuidas a éstas. Quizá esta imagen de Jesús de la Humildad, hubiera salido de la mano de alguna de ellas, bajo la dirección de su padre.

    Pudo ser la hermandad en sus inicios la que encargara la imagen, cuando aun el convento del Císter ocupaba la capilla de San Onofre y unas casas de Dª Mariana Ramírez de la Puebla. Después de algún pleito, el 10 de septiembre de 1694, se mudaron por orden del arzobispo Ascargorta al lugar que hoy ocupan en San Bernardo, frente a la iglesia de San Pedro.  

      La imagen se haría, seguramente, en los años inmediatos a la llegada de las hijas de Mena a fundar el convento de Granada (1683) y antes del fallecimiento de aquél en 1688, salvo que se hubiera labrado antes en el taller que mantenía en Granada. 

       Las reglas de la hermandad se aprobaron por el arzobispo Ascargorta, lo que quiere decir, que la fundación formal ocurrió después de 1693, en que dicho arzobispo toma posesión. Ello no significa que la hermandad, como era usual, no estuviera funcionando, sin reglas, unos años antes, dando culto a la imagen de Jesús.

      En resumen, creemos que esta imagen en la que se aprecia, claramente, la mano de Pedro de Mena, se pudo labrar en la década de los años ochenta del siglo XVII, bien por sus hijas y con su colaboración, tesis por la que me inclino, o por algún discípulo de su taller de Granada.   
          

    
    La hermandad, aparte de cultual-pasionista, era de sufragios y entierro de hermanos, como gran parte de las hermandades, y añadió a sus fines la realización de una vía sacra, que proliferaron en Granada en la segunda mitad del siglo XVII y en el XVIII.

    No conocemos sus reglas, pero sí algunos documentos que nos confirman dichos dos aspectos. Uno de esos documento, fechado en 1748, pone de manifiesto que en los artículo 6,7 y 8 de sus reglas se regulaban los entierros de hermanos. Éstos se podían enterrar, no sólo en la iglesia sede de la hermandad, sino también, en cualquier otra iglesia de la ciudad.

    El hermano mayor, Diego Ramírez de Orellana, maestro albañil, y los mayordomos, Francisco González y Pedro y Miguel Muñoz denuncian al Provisor de la diócesis, que habiéndose de enterrar un hermano pobre de la hermandad en la iglesia de los Santos Justo y Pastor, el colector y enterradores de dicha iglesia se negaron a abrir la sepultura y no pudieron enterrar al difunto. Al indicarles los mayordomos de la cofradía que el Provisor, según las reglas de la hermandad, así lo había autorizado, el colector les dijo que no le importaba la orden del Vicario General, pues del mismo tenía instrucciones contrarias.

    El Provisor y Vicario emite un auto para que no se estorbe, ni impida la inhumación del cadáver bajo pena de excomunión. Unos meses después, se enterró una hermana en la Magdalena, volviendo, en este caso, a tratar de impedirlo los beneficiados de esta parroquial, aunque después de algunas disputas la consintieron enterrar, previa fianza de 30 reales, en garantía de que el solado de la iglesia quedase en perfectas condiciones. Esta vez, la autoridad eclesiástica pasó nota a todas las parroquias de la ciudad para que no impidiesen a la hermandad de Jesús de la Humildad enterrar en ellas a sus hermanos (3).

Estampa de 1734, retocada en 1749, año del dorado del retablo. Grabado de Casa de los Tiros
     
      La hermandad estaba obligada a asistir a los entierros con el estandarte y cera, llevando el cuerpo a hombros cuatro hermanos y otros cuatro para abrirle sepultura, haciendo turnos los ocho en este oficio. También, a costa de la hermandad, se le decían el mismo día del fallecimiento nueve misas rezadas y en el funeral se debían de llevar ocho hachas encendidas.

      La hermandad realizaba una función anual en el mes de mayo o en el de junio, además de celebrar las "fiestas de Jesús", dando de cuota tres reales de entrada y un cuarto de real todos los sábados del año, fiestas de Jesús y día de la función.  

       A finales de los años cuarenta del siglo XVIII, la cofradía estaba dorando el retablo de su altar, pues solicita licencia para celebrar una corrida con un toro para los días 25,26 y 27 de julio de 1749, con objeto de recaudar fondos para el dorado de dicho retablo y adquirir algunas alhajas para el culto (4).

   Asimismo, la hermandad, como hemos afirmado, tenía el carácter de cofradía de Vía Sacra, que añadió después de fundarse la cofradía pasionista. En dicha vía sacra procesionaba un Crucificado hasta una ermita del Santo Sepulcro, que estaba en el Secano de la Alhambra, junto a la Torre del Agua y del acueducto del Generalife, donde existía una alberquilla arrimada a la ermita. Hoy esta ermita no existe, seguramente se demolió tras la retirada de las tropas de Napoleón.

      No sabemos qué Crucificado llevarían en la procesión de la Vía Sacra. El que hoy preside el retablo mayor, atribuido a Alonso de Mena, debido a sus grandes dimensiones, no sería apto para dicho acto penitencial en el que, normalmente, se portaban las imágenes en sencillas andas por pocos horquilleros. Sin embargo, en la iglesia existía otro Cristo Crucificado en una de sus capillas, que sería más adecuado para portarlo en la vía sacra. 

    Pero también, en la Puerta de las Granadas existía una pequeña ermita dedicada a un Santo Cristo, desde la que se realizaba un Vía Crucis hasta la del Santo Sepulcro (5). Tal vez se tratara de la Vía Sacra de Jesús de la Humildad, que partiera de dicha pequeña ermita con el referido Santo Cristo.   

    Un inventario de altares mandado realizar por el arzobispo D. Pedro Antonio Barroeta en 1769, nos confirma que en la iglesia de Santa María de la Alhambra existían dos Crucificados: el del altar mayor, que sería el referido de Alonso de Mena, y otro altar o capilla con un Santo Cristo Crucificado, que pudiera ser el que llevarían a la Vía Sacra. También se describe el altar del Jesús de la Humildad, titular de la cofradía objeto de  este trabajo (6).     

La X del plano sitúa el lugar aproximado de la ermita del Santo Sepulcro, Última estación de la Vía Sacra del Señor de la Humildad

      A los caracteres de hermandad Vía Sacra, y de entierros y sufragios, se añadía el de hermandad rosariana (tipo de cofradía que tanto proliferó en el siglo XVIII). Esta, entre sus prácticas, abarcaría el rezo del Santo Rosario por las calles del recinto alhambreño. Normalmente, esta modalidad de la realización pública del Rosario se practicaba por hermandades dedicadas a la Virgen, siendo peculiar en una hermandad cristífera. Aunque, por el citado inventario de altares, sabemos que en la iglesia de la Alhambra existió uno dedicado a la Virgen del Rosario, que sería la imagen mariana patrona de esta hermandad y la titular del Santo Rosario que exhibe en su título.

   El profesor D. Miguel Luis López- Guadalupe Muñoz, en sus tesis doctoral nos dice que del seno de la Hermandad de Jesús de la Humildad surgió esta rama rosariana, en principio sin constituciones, para sacar el Santo Rosario los mozos por la noche con faroles, bandera y cera. De forma tardía, en 1814, hicieron constituciones, aprobadas por auto del 25 de febrero con el título de Concordia del Rosario de Ntra. Sra. de la Encarnación(7).  


    

       En la iglesia existían, también, otras hermandades, como la del Santísimo, Stma. Trinidad y Nombre de Jesús, con la que colaboraba la Hermandad de Jesús de la Humildad, aportando cera para el monumento de Jueves Santo, como ocurrió en 1760, y participando en los oficios de Semana Santa (8). Esta hermandad en tiempos recientes se ha recuperado uniéndose a la hermandad de penitencia actual de Ntra. Sra. de las Angustias de Santa María de la Alhambra; y la de las Ánimas del Purgatorio, bastante decaída, seguramente, por la competencia en materia de sufragios de la Hermandad de la Humildad.
          
     La cofradía aun perduraba en 1825, pues en esa fecha se suscita un conflicto con el hijo de una hermana fallecida, María López, porque la hermandad se negó a asistir al entierro y dedicarle a su madre los sufragios de nueve misas que ordenaban las constituciones. Los mayordomos alegaban que no estaba apuntada a la cofradía y que sólo lo estaba su hija, hermana del demandante. También éste le reclamaba a la hermandad le pagase 50 reales que había tenido que abonar a los enterradores y conductores del cadáver. 

     La patente de inscripción en la hermandad, por lo visto, se le entregó a los demandantes en blanco y anotaron en ella, maliciosamente, el nombre de la madre, que nunca había pagado las cuotas, aunque sí su hija (9) . 

   En 1827, se suscita un conflicto entre la hermandad y el Gobernador de la Alhambra, por motivos de jurisdicción, por tener la cofradía su sede en un templo ubicado en el recinto de la Alhambra, que como anticipamos, gozaba de jurisdicción independiente. La cofradía rehusó someterse a dicha jurisdicción, alegando que por estar en una parroquia y por el carácter religioso de la corporación se debía someter a la jurisdicción del arzobispado.

    Ese año eran mayordomos: Nicolás, Juan, Matías e Isidro Jiménez (parece que la hermandad estaba gobernada ese año y el anterior por una familia con el apellido Jiménez). La cuestión estribaba en que el Gobernador de la Alhambra había mandado inspeccionar los libros de la hermandad, en los que se habían denunciado irregularidades y despilfarros, ordenando que se entregaran al párroco, que había dado un informe negativo para la hermandad de dichos libros y cuentas (posiblemente el párroco había sido el denunciante). También, se deduce que mandó embargar los talleres del arte de la seda propiedad de los cuatro mayordomos, pues se quejaban éstos "...de su dolor de verse separados de sus talleres por ser del arte de la seda...".

      Los mayordomos, negando la jurisdicción, no entregaron los libros y, ante dicha negativa, se ordenó se presentaran al escribano público de la Alhambra, procediendo el Gobernador a separar a los mayordomos de la cobranza y administración de los recursos de la hermandad. A su vez, nombró a don Gregorio González administrador judicial, para que, auxiliado por el mayordomo, Nicolás Jiménez, cobrasen las demandas y cuotas y las pusiesen en el arca de la hermandad en presencia del párroco. En esta fecha (1827), la cofradía contaba con la no despreciable cifra de más de 2.000 hermanos. 

  Ante esta situación, los referidos mayordomos plantearon el conflicto ante el arzobispado, que por oficio del día 7 de abril de 1927, pidió al Gobernador que se inhibiera en el asunto, por estimar que era una cuestión eclesiástica, al no tratarse de cosa profana (10). No obstante, el Gobernador mandó que se siguiera el pleito por la vía gobernativa o contenciosa. 

     Eran otros tiempos de mayor intervención pública en asuntos religiosos, a pesar de que el conflicto se produce en la Década Ominosa, en la que el absolutismo repuntaba. Sin embargo, esos años de absolutismo serían un "lapsus" en un proceso liberal e irreversible de consecución de garantías ciudadanas. No sabemos en qué forma finalizó el proceso, pues no he encontrado más documentos en los que nos presente la solución final del conflicto.  

      Como hemos afirmado, fueron tiempos difíciles para las cofradías y para la Iglesia. Casi todo el siglo XIX lo fue. La hermandad, probablemente, no llegó con la vitalidad suficiente para subsistir a la segunda mitad de dicho siglo. Tampoco, persistió como parroquia la iglesia de Santa María de la Alhambra, pues fue suprimida en 1842, aunque siguiera abierta y con cultos como ayuda de la parroquial de San Cecilio. No cabe duda, que la supresión de la parroquia contribuiría a la desaparición de la hermandad.  

Con las circunstancias descritas, la Hermandad de Jesús de la Humildad desaparecería por esas fechas, estando actualmente extinguida. 

      Desde hace poco tiempo la Hermandad de Penitencia de Ntra. Sra. de las Angustias de Santa María de la Alhambra ha recuperado, afortunadamente, cierto culto a la imagen del Señor de la Humildad, realizando con ella en la Cuaresma un devoto Vía Crucis por el recinto nazarí, recuerdo de aquella histórica Vía Sacra que recorría esta antigua hermandad. 



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1. GALLEGO Y BURÍN, Antonio. "Granada, guía histórica y artística de la ciudad". Fundación Rodríguez Acosta 1961. 

2. OROZCO DÍAZ, Emilio. "Un Ecce Homo desconocido..."´, págs. 292-299.

3. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, Legajo 14 f, pieza 5.

4. GALERA MENDOZA, Esther. "Espacios religiosos en la Alhambra en los siglos XVI y XVII".  pag. 203. Homenaje a la profesora Luz de Ulierte Vázquez. Docta Minerva. ediribug. ugr.es .      Universidad de Granada. 

5. GALERA MENDOZA, Esther. opus cit. pag. 209.

6. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 255 f, pieza 22

7. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luis, "Contrareforma y Cofradías en Granada. Aproximación a la historia de las cofradías y hermandades de Granada durante los siglos XVII  XVIII ".

8. El citado Archivo, legajo 14 f, pieza 11.

9 . El citado Archivo, legajo 14 f, piezas 8 y 9. 

10. El citado  Archivo, legajo 14 f, pieza s/n.