sábado, 29 de noviembre de 2014

HERMANDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y CRISTO DE LA REDENCIÓN DE CUATIVOS ( Convento de Gracia)



CRISTO DE LA REDENCIÓN de la iglesia de Gracia ( No fue el titular de la antigua hermandad)




ANTONIO PADIAL BAILÓN


El título de esta hermandad era el de Augusta y Venerable Hermandad de la Confraternidad de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos. Era una especie de orden tercera muy ligada a los trinitarios descalzos, que también formarían parte de la misma, en cuyo convento de Ntra. Sra. de Gracia se fundó en 1676.

Unos años antes, en 1673, el Papa Clemente X concedió una Bula expedida el día 3 de julio de ese año para que la orden trinitaria descalza, a través de sus padres generales, fundarán hermandades en sus diversos conventos dedicadas a la redención de cautivos.


Papa Clemente X

En uso de esta facultad otorgada por la Santa Sede un grupo de diez devotos, sin duda apoyados por la comunidad trinitaria, a cuyo frente figuraban Francisco del Peral, Juan Valero y Francisco de la Cuadra, fundan la hermandad, solicitando del provisor y vicario general de la diócesis licencia para constituirla. A pesar del informe negativo del fiscal del arzobispado, el provisor Juan de Leyva la concede con fecha 6 de marzo de 1676.

“Dixo que atento a la pretensión de los dichos Francisco del Peral y consortes … al servicio de Dios y de su Stma. Madre  y veneficio de los fieles cristianos, que están cavtivos en tierras de moros, la daba y la dio licencia para que puedan fundar y erigir la dicha Cofradía  según la forma que se especifica y contiene en la Bulla de Su Santidad, con condición de que a de estar sujeta a la jurisdicción ordinaria, así para su visita, como para tomar quentas a los mayordomos y hermanos mayores" (1).


La anterior fecha era la de la licencia por parte del arzobispado, regido entonces por D. Francisco de Roig y Mendoza, pero la fundación por parte de la orden trinitaria se realizó un mes después, el día 12 de abril de 1676, seguramente por el Padre General de los trinitarios descalzos en uso de la bula citada y por escritura ante el escribano de número, D. José Bermúdez de Castro en el oficio y registro de D. Blas del Castillo. 

La hermandad estaba formada por un número fijo de hermanos, que ascendía a la cifra de 84 "...a imitación de los doce Apóstoles y setenta y dos Discípulos de Christo Nuestro bien; los quales an de hacer Cuerpo de Hermandad, con los Religiosos de esta Comunidad..."(2). También había de haber 84 hermanas. En total la hermandad contaba con 168 miembros.
  

IGLESIA DE NTRA. SRA. DE GRACIA. La portada de la derecha era la entrada a la Capilla del Cristo de la Redención, hoy sacristía.


ACERCA DE LA POSIBLE IMAGEN DEL CRISTO DE LA REDENCIÓN

La imagen del Cristo de la Redención, llevaba esta advocación desde el mismo momento que se entronizara, mediante una extraordinaria procesión para colocarlo en el primer convento en la calle del Osario ( la actual calle de Gracia). A ella acudió una enorme multitud y se portaron infinidad de luces, antorchas y hogueras encendidas por los vecinos, así como, fuegos de artificio y músicas de chirimías. Fue colocado el Crucificado junto a la Virgen de Gracia. 


"Diósele al Santissimó Christo el tituló mas glorioso...llamándole el Santísimo CHRISTO de la REDEMPCION (cuyo Sagrado nombre conserva hasta el dia de oy) celebrandose el dia siguiente su colocación con una solemnissima fiesta" (3).

Con certeza no se sabe cual fue la imagen del Cristo de la Redención, titular de la hermandad, aunque en la iglesia existe un Crucificado al que tradicionalmente se le viene asignando con esta advocación. Sin embargo, pese a que ostenta el mismo título y algunas personas crean que fue el titular de la antigua hermandad objeto de este artículo, podemos afirmar que no fue la imagen a la que daba culto dicha Confraternidad.

La imagen del Cristo de la Redención que hoy se venera en la iglesia de Ntra. Sra. de Gracia se atribuye al círculo del arquitecto y escultor Diego de Siloé; por lo tanto, es imagen de los últimos tiempos del Renacimiento en su concepción manierista y la titular de la hermandad, por haberse realizado, como diremos más adelante, en la primera década del siglo XVII.

Este Crucificado, que hoy preside el altar mayor de la iglesia, recuerdo haberlo visto en mi adolescencia en los pies de la iglesia, entrado a la izquierda, colgado sobre el muro de la misma, y si no recuerdo mal, con el título de Cristo de la Agonía. Sin embargo, la Guía de Granada, de D. Antonio Gallego y Burín ya le asigna la advocación de Redención.

Para D. Miguel Córdoba Salmerón, en su libro sobre el citado convento, este Crucificado no pudo ser el titular de la hermandad de la Redención de Cautivos. Se basa en que, según el cronista de la orden, fray Juan de la Natividad, el retablo de la capilla de la Redención, realizado en mármoles por Granados de la Barrera, su portada no tiene la amplitud de dimensiones para que albergara una imagen de tan gran tamaño como es el actual Cristo de la Redención. Dicha portada de mármol hoy se conserva en la iglesia, colocada en el presbiterio como portada del camarín de la imagen de Ntra. Sra. de Gracia.

Portada del camarín de Ntra. Sra. de Gracia, que fue del retablo y camarín del Cristo de la Redención

Otra teoría contraria a que el Crucificado que hoy está en la iglesia de Ntra. Sra. de Gracia no podría ser la antigua imagen del titular de la hermandad la ofrece D. Daniel José Carrasco de Jaime en su trabajo: El Santísimo Cristo Crucificado de la Redención de los Trinitarios Descalzos de Granada. Una obra inédita de Rojas hoy perdida (4). 

Carrasco Jaime sostiene que el Cristo de la Redención era una obra del maestro escultor Pablo de Rojas, de la que no sabemos su actual paradero. Parte para elaborar su hipótesis del relato que realiza el cronista de la Orden fray Juan de la Natividad sobre la fundación del convento granadino, y más concretamente, cuando trata en su capítulo V "de la formación de la milagrosa imagen del Santísimo Cristo, venerada en este Real Convento de Granada".

Los Trinitarios Descalzos llegan a Granada en 1606, aunque la fundación de su convento no llegó a cuajar hasta unos años después, por la oposición del arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones (1589-1610). 

Primeramente se establecen los trinitarios descalzos en la calle de Gracia, llamada entonces del Osario, realizando en el amplio portal de las casas la capilla del convento. Más tarde, compraron terrenos en el Pago de Jaragüí, dónde comenzaron en 1620 las obras de su segundo y definitivo establecimiento, el que con grandes modificaciones hoy conocemos. Al nuevo convento trasladaron las imágenes de la Virgen de Gracia y del Cristo de la Redención que estaban en su antiguo convento. Eran imágenes, por tanto anteriores a 1620.   

Fray Juan de la Natividad relata como milagro de Ntra. Sra. de Gracia el encargo de la imagen del Cristo que "por gracia liberal y misericordia instó a un vecino de Granada para que por devoción y a sus expensas mandara hacer la talla o imagen de un Christo Crucificado de estatura perfecta" ( el vecino que costeó la imagen fue Alonso Pérez, según el libro del Protocolo del convento). 

Y sigue fray Juan de la Natividad: "Executola un Escultor con tanto primor, y arte, que encarnado por Pedro de Raxis, el Viejo, a quien llamaran el padre de la estofa, que siendo Imagen de Nuestro Redentor muerto, le representa tan al vivo, que mueve a compunción, y ternura".


Carrasco Jaime se basa en estos párrafos de Fray Juan de la Natividad, en los que no se dice el nombre del "Escultor", pero se refiere a él con mayúscula, como indicativo de que era un artista importante. Ello unido a que sí dice el nombre del estofador o encarnador de la imagen: Pedro de Raxis, sobrino de Pablo de Rojas y el que le realizaba las encarnaciones y estofa de sus imágenes, lo hace concluir que la imagen del Cristo de la Redención la realizaría el maestro Pablo de Rojas.

Por tanto, si nos atenemos a la deducción del Sr. Carrasco Jaime, el Crucificado que hoy está en la iglesia de Gracia, aunque lleve su advocación, no pudo ser el titular de la Confraternidad, pues es de época anterior a Raxis y a Pablo de Rojas (ya hemos afirmado que es obra del círculo de Diego de Siloé o sus discípulos). 

La desechamos, además, porque según el actual párroco de Ntra. Sra. de Gracia, en el archivo parroquial, hay un documento en el que nos dice que este Crucificado procedía de la catedral; probablemente puede ser el Crucificado del siglo XVI, que Gallego y Burín dice en su Guía que se hizo para la bóveda de enterramientos de la catedral.     

La imagen a la que se refiere fray Juan de la Natividad (al igual que la de Ntra. Sra. de Gracia), serían pues de los años en los que los trinitarios descalzos buscaban asentarse en Granada (1606- 1608), donde se instalaron en varias casas antes de su autorización  oficial por el arzobispo D. Pedro Guerrero en 1610. En esos años, efectivamente, Pablo de Rojas trabajaba en su taller, pues murió en 1611. 

De acuerdo con lo expuesto, la imagen la pudo realizar Pablo de Rojas y son consecuentes las deducciones que en este sentido realiza el Sr. Carrasco Jaime; no lo hace de manera categórica, porque sólo se manifiesta en la citada crónica el nombre del estofador. Sólo habría que oponer, a mi juicio, el hecho de que, si bien Pedro de Raxis encarnaba y estofaba las obras de su tío Pablo de Rojas, lógicamente, no sólo lo hizo con él, también estofó y encarnó obras de otros escultores y ensambladores de aquel tiempo, aunque de forma puntual (Gaviria, Navas o Alonso de Mena, que no tenían aun la fama de Rojas).  
  

Cristo del Seminario Mayor

Partiendo de la premisa, muy probable, de que fuera el escultor el alcalaíno Rojas ¿Cual de sus imágenes hoy conocidas pudiera ser el antiguo Cristo de la Redención de Cautivos? Ésta debió de ser una imagen de Cristo muerto, como dice la crónica y de la época; que se dirige hacia el naturalismo barroco; con una de las orejas claramente descubierta, característica de Rojas, y que pueda tener relación con el convento de trinitarios descalzos de Ntra. Sra. de Gracia.

Hay un Crucificado de Pablo de Rojas que pudiera tener relación con los Trinitarios Descalzos, que dejaron el convento en agosto de 1835, suprimido por la exclaustración. Dicho Crucificado es el que se venera en una de las capillas del Seminario diocesano, sito en la zona de la Cartuja granadina. 

Lo traemos a colación por las siguientes circunstancias: cuando se suprime el convento en la fecha citada, las imágenes de la iglesia continúan en la misma y lo siguen estando algunos años después. Según un inventario del convento publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de 4 de enero de 1839, entre otras imágenes y enseres estaban "...un Santo Cristo  de madera, dos candeleros de madera, la efigie de Ntra. Sra., de Gracia, un manto de raso bordado de falso, dos arañas de hojalata...". Va a ser a en los años cuarenta del siglo XIX, cuando las imágenes y otras obras pasan a otros lugares.




El convento e iglesia habían sido vendidos a tres propietarios y convertido en almacén y otros usos, incluido el militar, hasta que en 1886 lo adquiere el arzobispado de Granada para instalar en él el seminario, sometiéndolo a importantes reformas, haciendo retornar a la iglesia determinadas imágenes, como la de la titular, Ntra. Sra. de Gracia, que se había llevado a la iglesia de la Magdalena, donde ya estaba , al menos, desde 1847 (5). 

En la iglesia de la Magdalena (convento de agustinas), será donde se celebraban sus funciones y procesión de primeros de septiembre con asistencia del Ayuntamiento y de la Real Maestranza. Allí permanecerá la Virgen varias décadas, hasta el domingo, día 14 de octubre de 1888, en que con solemne procesión fue trasladada la imagen a su antigua iglesia (6), una vez restaurado el convento trinitario para servir de seminario. 

Después, se construye en los años cuarenta del siglo XX, por mandato del Cardenal Parrado, el seminario mayor en la calle Ancha de Cartuja, y allí se pudiera haber llevado el Crucificado de Pablo de Rojas, que bien podría ser una de las imágenes del convento trinitario, que quedara en él, y concretamente, la del Cristo de la Redención. 

Sin embargo, esta teoría tiene un significativo y lógico inconveniente: que las imágenes del convento trinitario de Gracia, fueron trasladadas principalmente a dos lugares muy concretos: la iglesia de la Magdalena, donde fueron a parar la Virgen de Gracia, el Señor del Rescate y la Virgen de los Dolores (estos dos últimos permanecen aun en la actual iglesia de la Magdalena, del convento del Corpus Christi,) y otra parte de imágenes y enseres se trasladaron al cercano Beaterio de Recogidas de Santa María Egipciaca, según un artículo de Esteban Ramírez, publicado en el periódico El Defensor de Granada en su número de 7 de septiembre de 1902. También treinta cuadros del convento trinitario se llevaron al Museo de Bellas Artes. En concreto, la imagen del Beato Juan Bautista de la Concepción, del escultor Manuel Gónzalez, también fue trasladada al Beaterio de Santa María Egipciaca (7).   

Dos Crucificados de tamaño natural poseía este Beaterio antes de su demolición: el actual Cristo de los Favores, atribuido a Pablo de Rojas, que fue adquirido por su hermandad de penitencia en 1948 al citado Beaterio y otro Crucificado de mediados del siglo XVI que conservan las Carmelitas Misioneras en su colegio del Zaidín. Éstas adquirieron bastantes años antes de trasladarse a este barrio, el edificio del Beaterio y su iglesia de Recogidas. 
   
ACTUAL CRISTO DE LOS FAVORES ( Foto de José Velasco)


De estos dos Crucificados procedentes del Beaterio de Santa María Egipciaca, sólo el de los Favores puede ser de la época en la que se realizara la imagen trinitaria del Cristo de la Redención, titular de la hermandad, y, asimismo, atribuida a Pablo de Rojas.

Planteo estas tres hipótesis sobre los Crucificados referidos, a la espera de otros documentos que puedan aparecer en el futuro que nos acerquen a la realidad de aquel Crucificado tan devoto, que con bastante certeza pudo realizar Pablo de Rojas y  que recibió culto en la gran capilla de los pies de la iglesia de los trinitarios descalzos de Ntra. Sra. de Gracia. 

De dichas tres hipótesis planteadas, quizá la que reúna, a mi juicio, más posibilidad de acercarse a la realidad de la imagen del que fuera Cristo de la Redención de Cautivos sea la del Santísimo Cristo de los Favores de Pablo de Rojas, que adquirió en 1948 al Beaterio de Santa María Egipciaca su hermandad de penitencia con sede en la iglesia de San Cecilio.

Terminado de construir el actual convento en 1635,  a el se trasladó la Virgen de Gracia, el día 7 de septiembre de ese año, con enorme concurso de la nobleza de la ciudad a caballo, autoridades y recorrió el centro de la ciudad por Bibrambla, Zacatín, hasta la Real Chancillería para regresar al nuevo templo, pasando por San Antón. Sin embargo,  el Cristo de la Redención se trasladó "...de secreto", según nos relata Fray Juan de la Natividad. 



VIRGEN DE GRACIA


La Capilla


La imagen trinitaria del Cristo de la Redención no tuvo hermandad conocida hasta 1696, cuando de funda la Confraternidad de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos, es decir, unos cien años después que la realizara su escultor, años en los que iría acumulando devoción.  

Los frailes trinitarios descalzos cederían la imagen del Crucificado de la Redención a esta hermandad impulsada por ellos, y también su capilla de considerables dimensiones, probablemente donde la imagen se estuviera venerando desde la finalización del templo en julio de 1635. Por ello, la Confraternidad no podía abandonar el convento; si bien, estaba sometida a la jurisdicción ordinaria, es decir, a la del arzobispado de Granada.

La llave de la capilla estaba en poder del prior y del ministro de la hermandad "en señal de possesión que tienen en dicha capilla, y la a de  poder abrir y cerrar cada y quando que le pareciere", además la Confraternidad debería "enlucirla, labrar la Bóveda, y entierros, hacerla retablo, abrirla ventanas, pintarla, y adornarla con todos los ornamentos que gustare".

La capilla, hoy sacristía del templo, contaba con entrada propia por el atrio o lonja de la iglesia, ocupando los tres primeros módulos de la derecha o de la Epístola, desde la entrada del templo. Estaba, según el cronista de la Orden, cubierta de frescos, "donde el pincel hizo lienço de las bruñidas paredes" y contenía un gran cuadro de Atanasio Bocanegra, que representaba la Expiración de Jesucristo, situado en un altar frente a los arcos de la capilla que daban a la nave de la iglesia.

Cristo de Bocanegra de la Catedral
Cristo de Bocanegra del Museo de Bellas Artes
El de la izquierda lo regaló a la catedral. Puede ser el del Museo

Presidiendo el testero de la capilla estaba el retablo de jaspes o mármoles con el Cristo de la Redención, que realizara para la hermandad el arquitecto egabrense José Granados de la Barrera a finales del siglo XVII, como obligación impuesta en el acuerdo de cesión de la capilla, y cuya portada, como se ha dicho, hoy está colocada en el presbiterio de la iglesia, enmarcando el camarín de la Virgen de Gracia. En el mismo retablo, a ambos lados de Crucificado, estaban las imágenes de los fundadores de la Orden San Juan de Mata y San Félix de Valois.

Por un documento del Archivo Histórico del Arzobispado de Granada sabemos que en la capilla mayor de la iglesia, en 1664, había dos parejas de estos santos: una colocada en el altar mayor, imágenes que realizó para el convento Alonso de Mena, sobre 1624, y otra pareja colocada en el retablo de una capilla junto a la sacristía, a ambos lados de una imagen de la Virgen. Estas dos imágenes de los santos, de vara y media de alto, según los testimonios de los pintores Ambrosio Martínez , Pedro de Moya, Pedro de Raxis (hijo) y Juan de Rueda, las había realizado Bernardo de Mora en 1656. Estos testimonios los emiten estos pintores en una causa abierta en 1664 por el arzobispado sobre la devoción a los santos fundadores (8).

Es posible que esta última pareja de los Santos Juan de Mata y Félix de Valois, realizada por Bernardo de Mora fueran las mismas que el cronista de la Orden, Juan de la Natividad viera en el retablo del Cristo de la Redención, colocadas allí cuando se hiciera dicho retablo de jaspes, pues son las únicas dos parejas de los santos con que contaba la iglesia, según el testimonio de los pintores citados.

Los tres módulos que correspondían con la capilla de la Redención

Tal era la devoción a la imagen, que la capilla estaba repleta de exvotos colgados por los fieles, que cubrían las paredes y el techo, seguramente colocados, asimismo, por los cautivos que regresaron libres de su cautiverio en el norte de África.

También en la capilla estaba la imagen de Ntro. Padre Jesús del Rescate. Posiblemente, fue la hermandad la que encargaría al escultor Diego de Mora, al que hoy se le atribuye la imagen. Fue entronizada en la capilla de la Redención en marzo de 1718 y colocada en una hornacina dentro de ella, situada sobre la escalera que conducía a la bóveda de enterramientos de los hermanos. Aun hoy se aprecia en el muro de la sacristía (antigua capilla de la Redención) la señal de la hornacina en la que estuvo el Señor del Rescate. 

La entronización en la capilla de la imagen de Jesús del Rescate, no estuvo exenta de problemas: un conflicto se provocó con los beneficiados de la parroquia de la Magdalena, al querer prescindir de ellos la orden trinitaria descalza y no querer pagarle los derechos parroquiales de asistencia y presencia de la cruz de la parroquia en la procesión de traslado de la imagen al convento de Gracia. Procesión multitudinaria que fue desde el convento de la Trinidad, por Bibrambla y Zacatín, y en la que iban los hermanos de la Redención de Cautivos con su estandarte (9).   


















Procesiones y cultos

La fiesta principal de la hermandad se celebraba el día de la Santa Cruz, 3 de mayo, aunque en 1710  se acordó que se celebrara el día 4, de ahí en adelante. Es posible que la proliferación de fiestas de hermandades ese significativo día determinara la decisión de cambiarla. Como era costumbre en la mayor parte de las hermandades de esos tiempos, ese día o los inmediatos terminaría el curso anual con el cabildo de elecciones, para elegir nueva junta de gobierno, que parece que la presidía un fraile trinitario con el título de ministro de la hermandad, en lugar de hermano mayor.

También los acuerdos de la hermandad debían de presentarse a la aprobación o supervisión del Ministro, del Prefecto del convento y consiliarios de la confraternidad. Ello denota que era una hermandad muy controlada por la orden trinitaria, lo que determinaría un carácter muy similar al de la ordenes terceras; incluso en la obligación de visitar a los confraternos enfermos deberían de ir dos frailes del convento, junto con dos hermanos. 

El Papa Paulo V concedió indulgencia plenaria a los hermanos confraternos el día que recibían el Santo Escapulario de la confraternidad confesados y comulgados, y otras indulgencias a la hora de la muerte, y a los que asistiesen con luces el día del entierro; a los que asistiesen a la procesión del Escapulario o fueren a redimir cautivos a tierras de infieles y otras muchas más indulgencias concecidas por Clemente X (10).


San Juan Bautista de la Concepción


La hermandad realizaba los terceros domingos de cada mes, junto con la comunidad de trinitarios, las llamadas procesiones de Escapulario; los miércoles de Ceniza habrían de imponérsela los hermanos y asistir Domingo de Ramos a llevar las palmas y ramos de olivo, y los Jueves y Viernes Santos a la comunión general, adoración de la Cruz y a la procesión, probablemente claustral, en la que habían de llevar el palio y el estandarte de la Redención. El ministro o hermano mayor debía en las procesiones ir a la izquierda del prior o prelado del convento (11).

En la capilla se celebrarían los funerales del los hermanos difuntos, cuyo féretro era recibido a las puertas de la iglesia por toda la comunidad trinitaria de descalzos que era portado hasta el interior por seis frailes y seis hermanos, para colocarlo el el túmulo y enterrarlo en la bóveda, bajo la capilla, después del funeral. Aunque el cadáver no se enterrara en la misma, el finado tenía derecho a una misa cantada y ochenta y cuatro rezadas o menos, si en el momento el número de hermanos era menor de esa cifra. 

La hermandad estaría ya muy decaída a finales del siglo XVIII, teniéndose noticias del último enterramiento en la bóveda de la capilla en 1795, que correspondió al hermano José Fernández, capitán de un regimiento militar (12).  

A partir de ese momento, no se tienen noticias de la hermandad, lo que no quiere decir que ésta no siguiera perdurando durante los primeros años del siglo XIX. Seguramente, con la ocupación francesa y la expulsión de los frailes que por ella se produjo, la hermandad, falta de hermanos y de las finalidades que la había llevado a constituirse, es decir, la redención de cautivos, no llegara a restaurarse después de la Guerra de la Independencia. 

A partir de la exclaustración de los frailes, tal vez antes, desde la ocupación francesa, no se tienen mas noticias de la hermandad de cautivos. 

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1. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 37 f, pieza nº 5.

2. CÓRDOBA SALMERÓN. Miguel, Las Órdenes Religiosas y el Arte Barroco. Patrimonio de los Trinitarios Descalzos de Granada. pág. 98. Colección Monográfica. Arte y Arqueología. 2003. Universidad de Granada. ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL, libro del clero 3.682, Protocolo del Convento de Nuestra Señora de Gracia, pág.178.

3. DE LA NATIVIDAD, Fray Juan, "Coronada Historia...", pág. 108.

4. Alonso Cano. Revista Andaluza de Arte, nº 21  .

5. Diario de Granada de 9 de septiembre de 1847 y El Intermedio de 9 de septiembre de 1849.

6. Periódico El Popular de 11 de octubre de 1888.

7. Boletín del Centro Artístico de 20 de junio de 1887 y Diario El Popular de 22 de diciembre de 1888.

8. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, legajo 36 f,

9. El citado archivo, legajo 37 f, pieza nº 6.

10. DE LA NATIVIDAD, Fray Juan, "Coronada Historia...", págs. 267 y 268.

11. CÓRDOBA SALMERÓN. Miguel,  Opus cit. pág. 123.

12. Ibídem, pág. 125.


sábado, 8 de noviembre de 2014

HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LAS PENAS Y NTRA. SRA. DE LA PAZ Y VÍA SACRA




CRISTO DE LA EXPIRACIÓN DE SANTO DOMINGO


ANTONIO PADIAL BAILÓN


Traigo a colación esta antigua hermandad del Santísimo de las Penas y Ntra. Sra de la Paz del convento de Santa Cruz la Real (Santo Domingo), de la que no estamos seguros cual sería la imagen del titular al que daba culto. 

De los Crucificados existentes o que existieron en la iglesia dominica el titulado bajo la advocación de la Expiración, creemos que podría haber sido la imagen de la hermandad que estamos considerando (en aquellos tiempos llamado de las Penas). 

Las razones que me llevan a esta conclusión se encuentran más bien en el ámbito de la exclusión de aquellos Crucificados que están o han estado en la iglesia y convento. 

Hoy, aparte del Crucificado a que nos referimos, creo no existen otros, salvo el que está en la sacristía y el que se encuentra en la sala de Ntra. Sra. del Socorro, aneja al camarín de la Virgen del Rosario, pero ambos son de pequeño tamaño, lo que no descarta que alguno de estos últimos pudiera haber sido el de las Penas "pequeño", que refleja un inventario de la hermandad. Pero el de las Penas, titular de la misma y que ocupaba un altar de la capilla de Ntra. Sra. de la Paz en Santo Domingo era una imagen de tamaño natural o menor del natural. 

Crucificado pequeño de la sala aneja al camarín de Ntra. Sra. del Rosario
 
También hasta la mitad del siglo pasado estuvo en la iglesia el Santo Crucifijo de la Sangre y Ánimas, titular de la antigua hermandad de penitencia de esta advocación, que ha sido ya objeto de estudio en este blog (entrada de 8 de febrero de 2013) y que hoy preside la capilla mayor de la iglesia del Salvador, en el Albaicín.


Santo Crucifijo de la Sangre y Ánimas del Purgatorio

En un inventario de 1911 de imágenes y altares de la iglesia (1), aparte de los dichos Crucificados, existió en la sacristía uno de tamaño natural bajo dosel de damasco encarnado, que bien pudiera ser el hoy llamado de la Expiración, que ilustra el comienzo de este artículo, y que a su vez, podría tratarse del titular de la antigua hermandad del Cristo de las Penas.     

Este Crucificado, hoy de la Expiración, tiene cierta tradición procesional en la Semana Santa moderna, por haberlo procesionado dos hermandades granadinas: la del Cristo de la Expiración (Escolapios) en los años 1941 y 1942; quizá por esta circunstancia, y desde esa fecha, esta imagen, posible Cristo de las Penas, recibiría el título de Expiración. La otra cofradía que los procesionó fue la Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario en sus Misterios Dolorosos en la tarde del Miércoles Santo de los años 1961 a 1970. (3)


Todavía existen multitud de incógnitas por despejar acerca del origen e historia de gran parte de las imágenes de nuestros templos, pretendiendo únicamente acercarnos de forma teórica a plantear algunas tesis de la posible identificación de algunas de ellas, entre las que se sitúa esta del Cristo de las Penas de Santo Domingo, titular la la hermandad a la que nos estamos refiriendo.  

Pocas noticias se tienen de esta hermandad, entre ellas, las que nos proporciona un documento sobre un pleito de 1716 (a los catorce años de su fundación) entre la comunidad de religiosa del convento y la hermandad (2) .

Por dicho documento sabemos que la hermandad fue fundada en 1692 y radicaba desde su fundación en la iglesia de Santo Domingo de Granada, ocupando una de sus capillas:
  
"...Esteban de Almansa y Juan de Ribas hermano mayor y mayordomo de la Hermandad del Stmo. Cristo de las Penas y Vía Sacra que se sirve en el convento de Señor Santo Domingo desta ciudad, nosotros y en nombre de los demás hermanos de esta hermandad parecemos y decimos questa tubo su fundación y aprobación por este Tribunal por el año pasado de seiscientos noventa y dos (1692) desde cuio tiempo se ha estado sirviendo en dicho convento".

Era la época en la que empezaban a proliferar las hermandades de Vía Sacra, que fueron tan numerosas en Granada y de las que hemos tratado en otros artículos. Esta de Santo Domingo estaba ubicada en la capilla de Ntra. Sra. de la Paz, a la que tenía como patrona. 




No sabemos el paradero de dicha imagen de la Virgen de la Paz, pero sí que se representaba con el Niño Jesús, pues en el inventario que se figura en el documento aparecen, aparte de la corona de espinas y potencias del Cristo de plata, se reflejan en él dos coronas de plata sobredorada, una grande y otra pequeña, que no podían ser otras que las de la Virgen y el Niño. También dos "baloncicas" del Niño; tres mantos de la Virgen y varios baqueros (sayo que se abre por detrás) de la Virgen y del Niño. Todo esto nos da idea de que la imagen era de las de vestir o se sobrevestía.     

La hermandad realizaba el ejercicio público de la vía sacra todos los viernes del año para recorrer las cruces erigidas en el Campo de los Mártires, hasta el convento carmelita descalzo de los Santos Cosme y Damián, allí situado. Aun una calleja del barrio del Mauror, que parte de la cuesta de Rodrigo del Campo y sube a la colina de los Mártires, conserva el nombre de Paredón de Jesús de la Penas, aunque bien podría referirse a otra hermandad del Niño Jesús de las Penas, existente en el convento de San Francisco "Casa Grande", cercano al lugar.  

Conflicto de 1716

A principios del siglo XVIII, parece que las relaciones entre la hermandad y la comunidad de dominicos no presentaba la armonía que era de desear, y la cofradía se queja de la falta de apoyo y dirección espiritual, así como de la inasistencia de los frailes a la funciones y cultos de la misma, entre ellos, a las procesiones de la vía sacra que realizaba la hermandad. 

También alegaban sus mayordomos, que esta desatención de los dominicos hacia la misma había provocado que muchos hermanos faltaran progresivamente a los cultos y a la procesión, con lo que se encontraba la hermandad en un estado de decadencia notorio. Por estas razones la la corporación trabó contacto con los beneficiados de la parroquia de San Gil para cambiar de sede y trasladarse a esta iglesia parroquial, donde fueron bien acogidos.

Por ello, el día 6 de julio de 1716 el hermano mayor Esteban de Almansa y el mayordomo Juan de Ribas solicitan del provisor y vicario general de la diócesis les de licencia para el traslado. No obstante, antes de obtener la licencia platearon los hechos consumados, realizando el traslado de la imagen del Cristo de las Penas con el estandarte y 30 cirios, además de determinados enseres sin la previa licencia del provisor, según denunciaba el prior de los dominicos, que los reclamaba como propiedad del convento de Santa Cruz la Real.   

Para este traslado se valieron los hermanos de la estratagema de sacar la procesión de la Vía Sacra el viernes, día 3 de julio, como era costumbre,  y a la vuelta, en lugar de regresar a Santo Domingo, bajaron por la cuesta de Gomérez y se dirigieron a San Gil, donde finalizaron  la procesión de vía sacra y depositaron la imagen y los enseres. No pudieron llevarse a la Virgen de la Paz, pues a ésta, seguramente, no la sacaban en el ejercicio de la vía sacra.

El hermano mayor, Esteban de Almansa, reconoció este hecho, haciendo una descripción de tal procesión:


"... que el día Biernes tres del presente mes, siendo por la tarde, salieron el declarante y Juan de Ribas, mayordomo desta hermandad y otros hermanos en procesión con el Santísimo Christo, haciendo su Bía Sacra, que subieron como es costumbre rresando las cruces hasta los Mártires y después se volvieron a baxar, y desde la calle de los Gomeles se incorporaron otros hermanos y devotos con zirios encendidos y el estandarte de dicha hermandad y fueron siguiendo dicha procesión cantando la letanía de Ntra. Sra. hasta llegar a la Yglesia parrochial del Señor San Gil y se entraron en dicha Yglesia donde se puso el Santo Christo Crusificado y colocó en una capilla".


El prior de Santo Domingo, fray Juan Geraldino les acusaba de haberse llevado al Cristo, y antes de la salida, también determinadas alhajas; así como, la cera que tenían en un cajón en la capilla y enseres que eran propiedad del convento, pero reconoce que otras alhajas seguían estando en la capilla de Nra. Sra. de la Paz, adonde estaba agregada la hermandad, en un cajón que custodiaba un devoto de la Virgen y que habían sido donadas por diversos fieles a Ntra. Sra. de la Paz y al Santo Cristo.
 " ...se han hecho y adquirido dichas alaxas , porque la mayor parte de ellas las an dado diferentes debotos de Nuestra Señora y  de la hechura del Santo Cristo de las Penas Grande que está en la capilla". 
   
De lo anterior también se deduce que existían dos imágenes del Cristo, una pequeña y otra grande, como hemos anticipado. Asimismo, aducía el prior, que las imágenes las había costeado, en distintos años, dos señoras devotas y no la hermandad, y que las cruces de la vía sacra las tenían puestas en el claustro del convento. 

Después de oír a las partes, el día 15 de enero de 1717 el vicario general del arzobispado, D. Cristóbal de Damacio, dicta un auto por el que ordena a la hermandad regrese al convento de Santa Cruz la Real, su sede, entre otras cosas porque las constituciones de la hermandad preveían que los hermanos debían de ser, además, terceros de la orden del Santo Domingo, y por lo tanto, no podían mudar a cualquier otra iglesia que no fuese la de los dominicos. 

Los dirigentes de la hermandad contestaron a ello, alegando que los actuales hermanos nunca habían sido terceros de la orden, pues sólo lo fueron los que la fundaron, que ya estaban muertos. Igualmente que lo que hicieron fue restablecer una hermandad que estaba perdida y que ellos para que no se extinguiera la devoción al Cristo continuaron la hermandad; asimismo, anunciaban la interposición de un recurso de apelación ante la Santa Sede.

No se sabe si interpusieron la anunciada apelación, pero lo cierto fue que se decidieron a cumplir el auto del provisor, llevando en procesión la imagen desde la iglesia de San Gil a la de Santo Domingo, colocándola al llegar en su capilla y haciendo entrega de la misma al lego-sacristán de la iglesia, fray Félix de San Joseph. 


"...en primer lugar, se dio por entregado de la echura del Stmo. Cristo de la Bía Sacra con su cama, velo, corona y potensias de plata; un caxón de palo y en él un estandarte morado, una cruz de plata grande tocante al dicho estandarte; treinta zirios, que pesaron 79 libras de cera blanca y algunos de ellos sin haberlos empezado nuebos; un farol de mano y una campanilla de metal pequeña, un paño de tafetán zencillo morado y unas potenzias de palo sobredoradas todos los quales bienes y alaxas recibió dicho religioso". 

Poco después de la entrega acudió toda la comunidad para cerciorarse de lo entregado, echando en falta parte de la cera y los libros de cuentas y de reglas y constituciones de la hermandad, que fueron retenidos en el proceso por el notario mayor del arzobispado, D. Pedro Fernández de Ortega. 


Iglesia de Santo Domingo, convento de Santa Cruz la Real
Todo esto ocurría a principios de febrero de 1717 en que ya estaba el Santo Cristo de las Penas en su capilla de Santo Domingo. Poco después, el 15 de abril de ese año se devolvieron los dos libros al mayordomo de la hermandad, Juan de Ribas.

No sabemos si la hermandad continuó bajo la supervisión de los dominicos o comenzaría una etapa de decadencia o terminaría trasladándose a otro templo.

De todas formas, hacia mediados del siglo XVIII aparece en la cercana iglesia de San Matías una hermandad del Cristo de la Penas según nos lo confirma una lámina de 1786, que se conserva en la hemeroteca-museo de la Casa de los Tiros, que representa la imagen de un Cristo de las Penas, siendo hermano mayor ese año Francisco Bustamante y mayordomos y realizada por sus mayordomos, Pedro Quirós, Nicolás Romero y Juan Becerra. El arzobispo D. Antonio Jorge y Galbán, concedió 240 días de indulgencia a los que hicieran actos de contrición ante la imagen y 80 días a los que asistieran a las misas de su función y a su sermón. 

La imagen creemos que es el Crucificado que bajo baldaquino se sitúa en la pared, entrando a la iglesia, a la derecha. Porque el otro Crucificado, el del escultor Jaime Floch, pertenecía a la hermandad de las Ánimas de San Matías.   

CRISTO DE LAS PENAS DE SAN MATÍAS

Caben las hipótesis de que la hermandad del Cristo de las Penas de San Matías fuese una hermandad distinta a la de Santo Domingo, o que ésta, dadas las desavenencias con los dominicos, pudiera haberse trasladado a la cercana iglesia parroquial de San Matías, bien con la imagen, cosa más problemática al ser propiedad de la comunidad, o dar culto en la nueva sede a la imagen a que nos referimos, que por otra parte, dada su ubicación en la pared de la iglesia, da la impresión que ha sido una imagen traída a la iglesia, desde otro lugar.  
 

Por otra parte, existe una fotografía de los años cincuenta del pasado siglo (4) en la que se aprecia junto al retablo de Santo Domingo, en el crucero, una imagen de un Crucificado de mediados del siglo XVI, distinto a los que tuvo u hoy tiene la iglesia, que bien podría ser la del Cristo de las Penas. Probablemente esta imagen se trasladó a otro lugar.
 
A la derecha del retablo imagen de Crucificado 
 
 
Desentrañar la historia de muchas de las antiguas hermandades granadinas y la identificación de sus imágenes, algunas desaparecidas o donadas a particulares o trasladadas a otros templos, incluso de localidades de la provincia o fuera de ella, es tarea ardua y dificultosa por la escasa documentación con que se cuenta. No siempre, estos traslados eran anotados debidamente en los archivos de las parroquias y conventos, por lo que la labor de investigación se complica acusadamente. 

Sin embargo, en relativamente pocos años se han ido dilucidando muchas incógnitas sobre dichas hermandades, sus imágenes y sus autores, algunas de las cuales se han manifestado en mis dos blogs y en algunos artículos. Esta materia constituye un espacio amplio por investigar, que poco a poco, nos va deparando interesantes sorpresas.


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1. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, legajo 188 f, inventario de imágenes y altares de 1911.

2. El referido archivo, legajo 24 f, pieza 14.

3. PADIAL BAILÓN, Antonio, Rosario 75 años de devoción: la Cofradía de Penitencia de Ntra. Sra. del Rosario de Granada, pág. 101. Granada 2004. 

4. Fotografía del libro El Barroco Granadino de D. Antonio Gallego y Burín.

domingo, 19 de octubre de 2014

HERMANAD DE NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD Y ENTIERRO DE CRISTO









Antonio Padial Bailón




   Abordar la extensa historia de la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de Granada en un blog de estas características, viene a ser tarea harto dificultosa, en la que hay que optar o por un análisis lo más completo posible o por una simplificación del mismo. Voy a optar por esto último, dado que existe en el caso de Ntra. Sra. de la Soledad, un libro, por mí participado, finalizado y pendiente de ver la luz.   

FUNDACIÓN

     La Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro de Ntro. Señor Jesucristo es una de las hermandades de penitencia más antiguas de la ciudad; fue la tercera de las hermandades de penitencia que se fundaron en el siglo XVI, concretamente, en el año 1561, fecha hasta tiempo reciente mantenida, pero que la investigación actualizada respecto a su fundación debida a Francisco Javier Crespo Muñoz, nos revela su fundación por bula pontificia de Julio III de 30 de agosto de 1551, adquiriendo el carácter penitencial como de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro de Cristo (antes, en 1548, se funda la hermandad de la Cabeza con reglas y título de Nuestra Señora de la Cabeza y Soledad) (1). 

   Nace al amparo de la comunidad masculina de carmelitas calzados, que antes de ocupar su convento de la ribera del Darro (dónde hoy se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad), se estableció en unas casas en la cuesta de Gomérez. No obstante, éste era el segundo emplazamiento que tenía el convento, pues el primero estuvo en el colindante barrio de la Churra. 

  Decimos que la hermandad se fundó cuando el convento carmelita radicaba en la cuesta de Gomérez, porque éste no se trasladó al lugar del hoy Ayuntamiento hasta 1572, veintiún años después de la fundación oficial de la hermandad de la Soledad y Entierro de Cristo, y con la comunidad se trasladó la cofradía. 

    Allí, en la cuesta de Gomérez, los frailes carmelitas calzados habían acogido, hacia 1554, una hermandad mariana de gran devoción: la de Ntra. Sra. de la Cabeza, que se había fundado 
en 1548 en el convento de la Santísima Trinidad por mercaderes y plateros. Al llegar la hermandad al convento carmelita calzado del Carmen, éste recibió el título de Ntra. Sra. de la Cabeza, quizá por ser la hermandad de este título la de mayor importancia y devoción de dicho convento.

Cuesta de Gomérez, 2º emplazamiento del Convento Carmelita Calzado

   Tal vez, por la circunstancia de que la cuesta de Gomérez era lugar en el que se ubicaban cierto número de plateros, fuera la razón por la que la hermandad de la Virgen de la Cabeza, fundada por ellos, cambiara su sede del convento trinitario al de los carmelitas calzados sito en dicha cuesta.


   Puede ser, que la fundación de hecho de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad ocurriera antes de 1548, pues el lugar de la cuesta de Gomérez fue sede inicial del Hospital de San Juan de Dios, donde se practicaba la penitencia pública en Semana Santa por cierto número de plateros, que aparecen como testigos en la causa de santificación, y así declararon en el proceso dichas prácticas penitenciales en las que participaba San Juan de Dios. Quizá, dichos plateros, que pudieran haber pertenecido a la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza, cuando ésta se traslada al lugar que adquirieron los carmelitas calzados, fueran también el germen de la rama penitencial de la Soledad. 


  Quizá la fecha en 1561 mantenida hasta tiempo reciente como la de fundación de la hermandad pudiera ser en la que la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza y Soledad consigue la confirmación del arzobispo D. Pedro Guerrero para realizar estación de penitencia, aunque sus cofrades habían sacado antes la "(...) facultad y letras apostólicas del Papa Julio III para añadir y quitar algunas cosas de la cofradía". Esta facultad la habría utilizado la Cofradía de la Cabeza para añadir a su hermandad prácticas penitenciales, haciendo "(...) cofradía de Sangre todos los Viernes Santos, por la tarde, desde nuestro Convento, colocado en su segundo sitio, la que iba hasta la ermita de los Martyres" (2).

  No cabe duda, de que estas prácticas penitenciales derivarían en la fundación de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro de Cristo, como rama penitencial de la hermandad de Ntra. Sra. de la Cabeza, y que en el último cuarto del siglo XVI, formó cuerpo independiente de ella. También, en su peregrinación penitencial los Viernes Santos a la ermita de los Mártires, San Cosme y San Damián, sede posterior de los carmelitas descalzos, constituiría el antecedente de la vía sacra, que fue frecuentada por varias hermandades en los dos siglos posteriores.  



     En 1572, se trasladan ambas cofradías al nuevo convento que sitúan en una ermita, que llamarían de Ntra. Sra. de la Cabeza, o en unas casas -sobre esto existe en las fuentes cierta oscuridad- que adquieren los carmelitas en las cercanías del río Darro, a su paso por la que hoy es calle de Reyes Católicos. El convento e iglesia allí levantado en los años posteriores ocupaba todo el solar del actual Ayuntamiento más la plaza del Carmen, donde se hallaba su segundo claustro, demolido en el siglo XIX para construir la dicha plaza.


Litografía de Robert del río Darro descubierto por la calle Reyes Católicos. A la derecha, la
iglesia y convento del Carmen

   La hermandad de la Soledad venía a inaugurar un nuevo día procesional en la Semana Santa de Granada: el Viernes Santo. En esos años del tercer cuarto del siglo XVI solamente había dos días procesionales: el Jueves Santo con las hermandades de la Vera Cruz y la de  Ntra. Sra. de las Angustias y el Viernes Santo con la Soledad. A lo largo del último cuarto del siglo vendrían a añadirse otras cofradías más.

     En los años que restaban para finalizar la centuria del siglo XVI, la hermandad seguiría prosperando, especialmente, tras las disposiciones de las últimas sesiones del Concilio de Trento, por las que se avalaban desde la jerarquía eclesiástica las manifestaciones públicas procesionales y el culto a las imágenes, como contrapunto  a la reforma luterana. Los excesos de los cofrades en boato, la emulación entre las cofradías y las conductas inapropiadas de la población en los días de Semana Santa, amparados en la oscuridad de la noche, mereció censuras y prohibiciones de la autoridad eclesiástica.  


   La hermandad penitencial finalizará el siglo XVI con su vinculación por agregación a dos corporaciones cofrades romanas para de esta forma obtener las indulgencias y prerrogativas papales conseguidas por las mismas, al mismo tiempo que sustraerse a la jurisdicción del arzobispo de Granada, para estar sometida a la del Papa. Así, en 1591 se agrega a la Archicofradía de Santa María de la Oración y Muerte (3) y hacia 1594 a la Archicofradía de la Santísima Resurrección de Roma  del Hospital de Santiago de los Españoles (4). 


A la derecha, convento del Carmen, hoy Ayuntamiento. Lateral donde estaba la iglesia


Arco de la portada de la iglesia, por dónde tantos años saldría la procesión de la Soledad 

     La hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad en las décadas siguientes a su fundación, efectuaba su procesión del Viernes Santo, como ocurría con las demás cofradías, realizando un determinado número de estaciones a distintos templos de la ciudad. En aquellos tiempos, no se concebían itinerarios comunes u oficiales, como hoy los conocemos. Seguramente, los primeros años seguiría la cofradía realizando su estación al convento de los Mártires, en las colinas de la Alhambra, para después, cuando radicaba en el centro de la ciudad, realizar sus estaciones en iglesias de su itinerario.  


     LAS IMÁGENES DE LA COFRADÍA


  Aunque la hermandad llevaba como segunda advocación la de Entierro de Cristo, la escena pasionista que representaba, y aún representa en la actualidad, era el momento en que el cuerpo de Jesús es trasladado al sepulcro.


   De acuerdo con dicha escenografía, la hermandad, desde sus inicios procesionales, contaría con la imagen de Jesús Yacente, hoy llamado Descendimiento. La talla del Cristo, no cabe duda, que sería encargada por la hermandad a un escultor en época cercana a dichos inicios; de esa época son sus características de estilo, derivadas de las enseñanzas renacentistas de Diego de Siloé a alguno de sus discípulos, entre los cuales destacaba Diego de Aranda. Este escultor, cuya trayectoria como artista ha sido escasamente estudiada, debido a la exigua documentación sobre el mismo, trabajaba en aquellos años primeros de la hermandad.



Cristo yacente o " de la Sábana". Atribuido a Diego de Aranda

 Tradicionalmente, se la ha venido atribuyendo al gran maestro de la imaginería del último cuarto del XVI, Pablo de Rojas, pero sus improntas manieristas parecen acercarlo más claramente a la última época renacentista. Por ello, hoy se le viene atribuyendo a Diego de Aranda, tal vez por su cercanía a otras obras a él atribuidas, como el Calvario de la iglesia de Santa Ana (Cristo de la Expiración procedente de San Gil).                        
    La hermandad mantiene la misma imagen de Cristo desde sus primeros tiempos, aunque no ha ocurrido lo mismo con la Virgen. No sabemos cuál sería la imagen primitiva de la hermandad; probablemente, pudiera haberse tratado de una escultura de talla completa, pues en la época de la fundación de la cofradía escaseaban las de vestir o eran sobrevestidas sobre una talla interior tosca, como es el caso de Ntra. Sra. de las Angustias, Patrona de Granada, que es de época cercana a la fundación de la cofradía de la Soledad. La talla de la Virgen que hoy conocemos parece ser del siglo XVII.    


NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD DEL CARMEN O DE SANTA PAULA O DE SAN JERÓNIMO,

LA HERMANDAD EN EL SIGLO XVII

   Las cofradías granadinas habían finalizado el siglo XVI con la suspensión o reducción de la mayoría de ellas por decreto del arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones. Esto ocurría en 1597 (reducción tratada en otros trabajos de este blog). Sin embargo, la hermandad de la Soledad se vio libre de la reducción, junto con la de la Vera Cruz y la de Ntra. Sra. de las Angustias, seguramente, por ser hermandades que por distintas bulas y privilegios se acogían a la jurisdicción romana   (la de la Vera Cruz apeló en algunos conflictos a ser fundación de San Juan de Letrán de Roma y llevarlo en el título de la cofradía) (5), quizá, también, por ser las más antiguas y por la austeridad que demostraban en sus manifestaciones públicas.  


  La hermandad, como corporación de "sangre" presentaba en su cortejo procesional gran número de disciplinantes, que junto a los hermanos de "luz", acompañaban a los tres pasos de la cofradía: la Santa Cruz, el Señor trasladado al Sepulcro, de ahí, el título de Entierro de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad. 



Disciplinantes de Goya  

     En 1616, la hermandad se verá afectada por la competencia en el título con la fundación de la hermandad del Entierro de Ntro. Señor Jesucristo y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, fundada ese año en la parroquial de Santiago. En realidad, fue esta última el resultado de convertirse en penitencial la preexistente hermandad de Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, añadiéndole el título y paso del Entierro de Jesucristo. 


“Ya tenia hermandad este tierno simulacro (refiriéndose a la Virgen de las Tres Necesidades) cuando se le agregó el Santo Entierro de Cristo” (6).

 No obstante, la coincidencia fue, primordialmente, en el título, porque el acto que se representaba en la de las Tres Nacesidades, según el capítulo 2º de sus constituciones, era el del Santo Sepulcro: 


" (...) esta hermandad a de ser de sangre y disciplina, la qual a de salir el Biernes Santo llevando el santísimo Sepulcro para açer el entierro y demás de esto a celebrar la Santísima Resuriçión el primero día de pascua (...)" (7).

     En 1616, eran dos únicas cofradías las que salían el Viernes Santo, después de haber sido, en 1597, reducidas las otras; lo hacían ambas a las tres de la tarde; ambas eran de disciplina, aunque inmediatamente, la de las Tres Necesidades cambió este carácter para convertirse, únicamente, en cortejo representativo del Entierro, alegorías bíblicas incluidas, todo ello, por consejo de la autoridad eclesiástica (8). 

     Por todas estas circunstancias, entre ambas hermandades la competitividad y rivalidad estaban servidas, como se demostró en años posteriores por los pleitos que entre ellas se incoaron.


" (...) pleytearon sobre primacía y antes de pronunciarse sentencia por el ordinario, se le dio traslado a esta hermandad de las Necesidades, la que sólo pidió reserva de su derecho, y dexar abierto el juicio, para cuando tuviera por oportuno pedir lo que bien le estuviese; y lo mismo le fue otorgado" (9).

  En 1631, hubo por parte del provisor de la diócesis otra reducción de cofradías, por motivos similares a la anterior y por las demandas de limosna que perjudicaba a las parroquias. Pero esta reducción tampoco afectó a la hermandad de la Soledad, por las mismas razones que la anterior. 

     El esplendor de las cofradías en esos años era manifiesto, compitiendo algunas de las hermandades en el exceso de gasto y boato. De esta ostentación no se libraría la hermandad de la Soledad, de modo que en 1639, se le prohibió realizar sus estación de penitencia, según Henríquez de Jorquera:


"... y la cofradía de la Soledad quiso salir en competencia de esa otra (la Oración en el Huerto) y estando ya para salir el Viernes Santo mandó el señor porvisor que no saliese, pena de desmunión mayor y obedeciendo el mandato no salieron y esto fue por los grandes gastos que tenían hechos que dedican a la pasión y soledad, que más pertenecía para fiestas que para tristeÇas" (10).  

   Al año siguiente, salió, también, en procesión de desagravios, para ir a la Catedral y al Campo del Triunfo, por el libelo difamatorio contra la Pura Concepción de María, colocado en la casa del cabildo de la ciudad ( palacio de la Madraza) aquel Viernes Santo.
   
   La hermandad de la Soledad, no sólo pleiteó con la de las Tres Necesidades. La advocación y devoción a la Soledad de María al pie de la Cruz, que la cofradía había introducido en Granada, tuvo como efecto el nacimiento de otras hermandades de Ntra. Sra. de la Soledad, como la del convento de San Antón, de terceros franciscanos, que tuvo que mantener, en 1669, pleito por el título con la hermandad del convento del Carmen.



Ntra. Sra. de la Soledad de San Antón

     Por aquellas fechas del último cuarto del siglo XVII, la hermandad decidiría encargar otra imagen de la Virgen, más idónea para los tiempos barrocos que corrían, y desechando la antigua, encargó la imagen actual que todos conocemos. No se sabe el escultor de la misma, pero sí que en su hechura encierra las más puras características de las Dolorosas de los maestros de la Escuela Granadina.

   Tradicionalmente atribuida a Pedro de Mena, creemos que, en la cima de su fama, este escultor, probablemente, no estaría dispuesto a avenirse a realizar una imagen de vestir, aunque labró alguna de ellas. Por ello, creemos que bien pudiera ser de su taller o de alguno de sus discípulos. Por otra parte, como indica el profesor D. Juan Jesús López- Guadalupe, la imagen "persigue un aislamiento y sobriedad expresiva, distante del gesto declamatorio de las Dolorosas de vestir del maestro granadino (refiriéndose a Pedro de Mena), como la desaparecida de la iglesia de los Mártires de Málaga".        


Ntra. Sra. de la Soledad 

        Ntra. Sra. de la Soledad, procesionaba delante de una cruz de plata grande; esto lo sabemos por un documento fechado en 1665, obrante en el Archivo de Protocolos Notariales de Granada, datos que el profesor D. Lazaro Gila Medina ha revelado (12), por el que la hermandad le encargó al platero Andrés Ortiz unas andas de plata y la referida cruz. Por la calidad de los encargos, parece que la corporación presentaba en dichas fechas un auge que le permitió renovar imagen y enseres de patente valor; exponente de ello era la valía de la talla de la Virgen, de las andas y de la cruz, porque quizás de esa época pudiera ser la imagen de la Soledad. 

LA PROCESIÓN

      La procesión de la Soledad, como otras de la ciudad, especialmente, la de las Tres Necesidades y las del convento de la Merced Calzada, se barroquizó en el siglo XVIII, aunque no alcanzo los excesos de aquéllas. Se incorporaron a su desfile las chías y armados; tal vez justificados, en el caso de las chías, que llevaba diecinueve delante del paso del Señor, por su misión de anunciar la ejecución del reo y su acompañamiento a darle sepultura; y en el caso de los armados, por acercarse al contexto histórico de la presencia de Roma en el proceso de la Pasión de Jesús. La exageración de los atuendos y plumajes de los armados, que a veces hacía peligrar el equilibrio al andar de sus protagonistas, constituían motivo de irrisión en el pueblo que los contemplaba, provocando las censuras, e incluso, la prohibición de la autoridad eclesiástica.   
   
   Tampoco descartamos en la hermandad de la Soledad la realización de la ceremonia del desclavamiento de la cruz, aunque no hay fuentes que lo confirmen, como las hay en las constituciones de la hermandad del Entierro de Jesucristo y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades de la iglesia de San Gil, que sí realizaba dicha ceremonia. Tal vez, como residuo de aquel desclavamiento la hermandad de la Soledad aun conserva los personajes que representan a San Juan, Nicodemo y Arimatea, así como, las Tres Marías en el traslado al Sepulcro. Pudiera ser ,que cuando se reorganiza la hermandad en 1925 se cambia la advocación de la imagen del Cristo por la de Descendimiento, evocando aquella ceremonia del desclavamiento, probablemente transmitida oralmente. 

Señor del Descendimiento o de la Sábana, titular de la hermandad de ¿Diego de Aranda?. Foto de José Velasco.


    En la procesión de la tarde del Viernes Santo se practicaba las disciplina pública desde la fundación de la hermandad, llevando en 1640 numerosos flagelantes y hermanos de luz, portando hachas encendidas, en número de más de 1.400 (13). El número de luces era pues considerable y oscilaba la mayor parte de los años entre 700 y 1.000. Sería sobrecogedor en el Viernes Santo de esos siglos ver discurrir la procesión, solamente alumbrada por los centenares de hachas portadas por nazarenos de hábito negro, sin más rumor que el sonido cadenciosos de los flagelos al golpear las espaldas de cientos de disciplinantes, acompañado por el lúgubre son lastimero de las bocinas de las chías.

   No obstante, a medida que se barroquizaba la procesión, la práctica de la la flagelación fue decayendo, hasta desaparecer por prohibición de las pragmáticas de 1777 del rey Carlos III, derivadas de las ideas racionalistas de la Ilustración. Probablemente, los disciplinantes habrían desaparecido antes de promulgarse dichas disposiciones.


FLAGELANTES

    Es importante indicar que la secular competencia entre las dos hermandades de entierro (Soledad y Tres Necesidades), que las había conducido a pleitos entre ellas se termina en el siglo XVIII, concretamente en 1770, con la firma de una concordia por ambas. El acuerdo consistió en alternarse  en sus salidas, una un año y la otra al siguiente; así se evitaba la duplicidad de la representación sacra del paso del Entierro de Cristo (14).
    
    La excusa fue evitar gastos innecesarios y suprimir gran parte del boato en que habían caído ambas hermandades en sus procesiones barrocas, con las representaciones de personajes bíblicos, chías y armados, que en muchos casos servían de jolgorio y propiciaban múltiples irreverencias en el público. Aunque estas razones eran ciertas, estimamos que en el fondo de la cuestión latía el deseo de acabar con pleitos costosos y calmar a la autoridad eclesiástica, que sin duda presionaba, en unos tiempos marcados por las ideas ilustradas, que veían todas aquellas manifestaciones barrocas como signo de incultura, superstición y atraso.



Una de las Chías en 1983

  
   
     No siempre todo fue paz entre ambas cofradías después de la concordia firmada, la misma se alteraría en 1777, y seguramente, algunas veces más. Ese año, se renovó el conflicto por suprimir la hermandad de la Soledad su paso por plaza Nueva, que al parecer, tenían acordado en la concordia. El resultado fue la prohibición decretada por el provisor de la diócesis, de acuerdo con el arzobispo, de suprimir ese año la procesión que le correspondía a la Soledad:
      "...negar absolutamente la licencia de esta jurisdicción para que se forme y salga la procesión, evitando de este modo la turbación y escándalo, que es de temer en el estado de resentimiento y quejas en que hay abierto en ambas hermandades" (15). 
     
   La hermandad en el convento del Carmen poseía una capilla en el lado del Evangelio, en el que la Virgen de la Soledad ocupaba una hornacina central con dos querubines a los lados, uno lloroso y otro con atributos de la Pasión; y bajo la misma, otra horizontal para albergar la imagen del Cristo Yacente, como se puede apreciar en el grabado de 1788, siendo mayordomos Andrés de Mena y Damián Serrano.   


SOLEDAD EN EL CARMEN. LITOGRAFÍA DEL MUSEO CASA DE LOS TIROS



 SIGLO XIX: LA DECADENCIA DE LA SEMANA SANTA

      El siglo XIX viene marcado desde sus principios por acontecimientos de diversa índole: epidemias, guerras, exclaustración de conventos, anticlericalismo y conflictos políticos, económicos y sociales que mermarán paulatinamente a las hermandades, hasta lograr la extinción de la gran mayoría de ellas.

        El siglo comienza con una epidemia de fiebre amarilla que se introdujo en España por el puerto de Cádiz en el año 1800; la seguiría la Guerra de la Independencia, que produjo una importante disminución de la población. La ocupación napoleónica de casi todos los conventos masculinos de la ciudad, provocará que las hermandades radicadas en ellos tengan que abandonarlos y buscar asilo en otras iglesias, no siempre fácil, o trasladar imágenes y enseres a domicilios de algunos hermanos.

   Puede que la hermandad de la Soledad permaneciera durante la referida ocupación en su sede del convento del Carmen, aunque éste lo destinaron a alojamiento de tropas y caballerías. Y si estuvo fuera del mismo, volvió a él para reanudar su procesión los años en que las condiciones eran favorables, una vez expulsado el invasor francés.

   Desde la fecha de la concordia, las dos hermandades seguían turnandose anualmente en sus salidas penitenciales del Viernes Santo. Dicha alternancia se tiene documentada, al menos, hasta el año 1827, probablemente algunos años más, hasta producirse la desamortización y exclaustración de los frailes en 1835-36.

      Ya en 1837, según un inventario del B.O.P, parece que no quedaba en el convento carmelita más que "la capilla de Ntra. Sra. de la Soledad y Santo Sepulcro con la lámpara de lata", no describe las imágenes, tal vez, porque ya no estuvieran allí (16).

  
La torre del convento del Carmen y el río Darro por el puente del Carbón, espacio que hoy ocupa la calle Reyes Católicos


     Sabemos que en 1819, fue la hermandad de la Soledad a la que correspondió realizar la estación de penitencia, y aunque el arzobispo Álvarez de Palma le dio licencia, les prohibió sacar los armados, las chías y músicas que no fueran fúnebres. Las Chías, no obstante, salieron, lo que costó al prior de los carmelitas y a los directivos sendas multas.   
     
Los "Armaos" de la Macarena

La hermandad en el convento de Santa Paula

    Con la supresión del convento del Carmen en 1836, la hermandad ha de dejar su sede y el convento fue destinado a cuartel de la Milicia Urbana. No se sabe donde radicó la hermandad en los años 1837 y 1838, probablemente en la parroquia o en el Museo establecido en el convento de la Santa Cruz, aunque parece que ese último año ya se había trasladado al convento de monjas jerónimas de Santa Paula. En todo caso, con certeza, ya estaba en este convento en 1840.

     275 años había estado la hermandad en el convento de carmelitas calzados y comenzaba una nueva y difícil etapa, que la llevará hasta nuestros días en el convento femenino jerónimo de Santa Paula. Pronto la Virgen se convertiría en desvelo de estas monjas, que suplirán con su celo y amor a la imagen, los tiempos procelosos del siglo XIX, en los que la hermandad podríamos decir que estaba bajo mínimos.  

     En la pequeña iglesia de Santa Paula se le cedió una capilla del lado del Evangelio, colocándose las imágenes en un retablo de estilo neoclásico con la misma disposición que había tenido en el Carmen: la Virgen en una hornacina y el Cristo a sus pies.

    En los primeros años de su estancia en Santa Paula se continuó la alternancia en la salida procesional del Viernes Santo con la hermandad de las Tres Necesidades y su necesario paso por plaza Nueva, donde residía esta última hermandad. Veamos la descripción correspondiente a 1840:
   “Santo Entierro. Se anuncia que el día 18 de Abril a sus tres de la tarde saldrá del Monasterio de Santa Paula, con la magnificencia debida, el Santo Entierro de Cristo, el que hará estación, desde dicho monasterio, por las calles de Azacaya, Elvira, Pilar del Toro, plaza Nueva, Zacatín, plaza de la Constitución (Bibrambla), calle de Mesones, Capuchinas, placeta de Pasiegas, Santa Iglesia Catedral, calle de la Cárcel Baja, placeta de Villamena, San Agustín y Tendillas de Santa Paula, para entrar en dicho Monasterio ”.


Iglesia del convento de Santa Paula, segunda sede de la hermandad

   Puede que este año de 1840 fuera el último o de los últimos en que se produciría la alternancia con la hermandad del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades. Eran años de los gobiernos liberales más radicales del General Espartero, en los que no todos los años se realizaban las procesiones de Semana Santa, por temor a escándalos e insultos por parte de la gente más radical y antirreligiosa.

   Sí salieron el año 1844, con un gobierno más moderado. La Virgen de las Angustias lo hizo el Jueves Santo, aunque por la lluvia hubo de retrasar su hermandad la salida al Domingo de Resurrección.También salio el Santo Entierro el Viernes Santo.  

     En 1848 el Ayuntamiento de la ciudad adquirió el convento del Carmen, sede anterior de la hermandad de la Soledad, para establecer allí sus oficinas a partir de 1858, que conservará hasta nuestros días.

     Mientras la hermandad entraba en una etapa de decadencia, la Virgen de la Soledad en su nueva sede del monasterio de Santa Paula, había ido calando en la devoción de los vecinos del barrio del Boquerón y la iban considerando como su patrona. Serían las monjas con los escasos miembros de la cofradía quienes se encargaran de realizar los cultos a la Virgen, mientras el Señor Yacente o de la Sábana, a partir de mediados del siglo XIX, permanecía en su capilla, sin salidas procesionales que se sepan. Sólo lo haría la Virgen de la Soledad a partir de entonces en la tarde del Viernes Santo en la única procesión del Entierro de Cristo que se va a configurar a partir de los años cincuenta del siglo XIX. 



PORTADA DE SANTA PAULA



      También, en la hermandad de Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, ésta Dolorosa (Virgen actualmente de la Esperanza) quedará olvidada en su capilla y el Cristo Yacente en la Urna será el que saldrá el Viernes Santo con la Soledad, que acudirá a Santa Ana para incorporarse a la procesión del Santo Entierro.

  Con ello, la alternancia entre ambas hermandades había finalizado, después de casi setenta años y se habría una nueva concepción procesional de la Semana Santa granadina: la de la procesión única del Viernes Santo. No obstante, la hermandad de la Virgen de las Angustias seguiría saliendo, en Semana Santa o el Sábado de Gloria o el Domingo de Resurrección, como paso previo a su paso al mes de septiembre, al ser declarada patrona oficial de la ciudad. 
   
    La Soledad saldrá como única Dolorosa en esta procesión del Santo Entierro, por lo que nunca ha dejado de salir en Semana Santa y así lo hará hasta la reorganización de su hermandad en 1925. A pesar de ello, la Soledad, después de su sermón en Santa Paula, acudía a la plaza Nueva con comitiva independiente para unirse a la del Sepulcro de San Gil y Santa Ana (17). El los días anteriores su decaída hermandad organizaba una pública por la ciudad con las chías para recabar fondos. 




     Una asociación llamada la Corte de María, le dará culto a Ntra. Sra. de la Soledad los días 23 de cada mes a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX.

    Había años en los que no salía la procesión del Viernes Santo por circunstancias difíciles de carácter político-social, como ocurrió en algunos años sesenta del XIX, sí lo hizo, al menos, en 1864 y 1865, para dejar de hacerlo en el periodo de 1868-1874, por la revolución de esos años, en los que la hermandad del Santo Entierro pasa a Santa Ana, por la demolición de San Gil.

 Pasados esos años y restaurada la monarquía borbónica, vuelve a salir la procesión con la Soledad en 1881: "Hoy comienza la cuestación para la procesión del Santo Entierro y dada la religión del pueblo Granadino creemos se obtendrá un buen resultado” (18).

    Ese año de 1881, la Soledad estrenó su rico manto bordado, con saya y pecherín, comenzado a realizar por las monjas jerónimas en 1878, con los fondos de un legado de una de ellas. Joya del bordado granadino que aun luce en sus estaciones de penitencia. 



    Habrá años en los que la Soledad llevará en su comitiva la imagen de San Juan Evangelista o la de Jesús de la Humildad del convento de Santa Paula, llamada Jesús Preso ante los Tribunales, y al que se le hizo una túnica bordada que costó 6.000 duros (unas treinta mil pesetas), cantidad importante para aquella época.   


   En 1885, la hermandad parece revitalizarse por unos jóvenes devotos que forman una corporación, presidida por Isidoro Arnau Peña, para darle el culto debido a la Virgen de la Soledad. El motivo de constituirse fue la epidemia de cólera que padeció la ciudad en 1884 y dichos jóvenes la sacarán en procesión multitudinaria el día 31 de octubre de ese año. En ella, además de la Virgen de la Soledad, que iba con el palio de respeto de la Virgen de las Angustias y con la corona que realizó para ella el orfebre Emilio Muñoz - que aun hoy la ciñe - se procesionó a Jesús Ante los Tribunales y la carroza del Santísimo de la iglesia de San Ildefonso. 

     Estos jóvenes le dedicarán a la Virgen un setenario en septiembre y la sacarán en procesión el día 19 de ese mes, pero el año siguiente (1887) no pudieron procesionarla por prohibición de la curia eclesiástica. Parece que estas prohibiciones hace decaer la actividad en años sucesivos de aquellos jóvenes.

       En 1886, sale la Soledad en la procesión del Viernes Santo con su revitalizada hermandad, con la previa pública de las chías para recaudar fondos, realizada el Sábado de Pasión. Ya parece que no procesionará hasta 1890 y lo hará sola por estar la hermandad del Santo Entierro muy decaída en esos años, y pidiendo autorización al gobernador civil. Y de la misma manera lo hacen el Viernes Santo de 1891, encargándose de la procesión del Entierro de Cristo, puede que con el paso e imagen del Señor de la Sábana ( hoy llamado Descendimiento), después de cincuenta años sin salir este paso (19). 


Jesús ante los Tribunales, hoy en San Jerónimo 

    Al año siguiente de 1892, vuelve a salir la procesión del Santo Entierro de San Gil y Santa Ana, y con él, la Virgen de la Soledad, como había sido costumbre, produciéndose un tumulto de corridas y gritos, que partió en dos la procesión y estuvo el paso de San Juan a punto de caer al suelo. 

"Después, en actitud de supremo dolor y 
suelta la negra cabellera sobre el amplio
manto de terciopelo, bordado en oro y 
pálida faz, brillando el llanto en sus
pupilas  seguía la imagen de la Virgen, 
a cuyo paso se doblaban las rodillas"
  
   Curiosa descripción de la Virgen de la Soledad, que ese año se le había suprimido la toca, para dejarle suelto el cabello sobre su rico manto y que, en 1893, procesionó sin él debido a la amenaza de lluvia, que al final deslució la procesión. 

  Estos últimos años de la centuria decimonónica van a ser de intentos continuados de independizarse la hermandad de la procesión conjunta del Santo Entierro, para hacer la suya propia, para volver a como se realizaba en tiempos antiguos. Por esta aspiración fue prohibida su salida en 1894, en que fue sustituida por la portentosa imagen de la Soledad de José de Mora -hoy Soledad del Calvario-, atribuida entonces a Alonso Cano y titular de la antigua hermandad de los Servitas de Granada. 

  En los años siguientes, hasta finalizar el siglo, volvió la Soledad a las calles de Granada y lo hará en 1895 con el Señor Preso ante los Tribunales y la Verónica. Y en 1897 volverá a salir independientemente del Santo Entierro, esta vez con acuerdo de ambas hermandades. Por lo visto, se organizó precipitadamente, motivando un retraso en la salida. La Dolorosa arrodillada de Mora, también la volvió a sacar la hermandad del Santo Entierro y que, a partir de 1924, se convertirá en su titular, olvidando para siempre la anterior: Ntra. Sra. de la Tres Necesidades. Ello vendría a constituir los prolegómenos de la indepedización porcesional total que se producirá en los años veinte del siglo pasado.   


HORNACINA DE LA PORTADA DE SANTA PAULA
          

La Soledad en el siglo XX

  En aquellos intentos de conseguir una procesión propia, saliendo unos años de forma independiente y otros con el Santo Entierro, finaliza el siglo XIX, para comenzar un siglo XX, muy esperanzador para la emana Santa granadina, en el que se verá su renacer con la fundación de las actuales treinta y dos hermandades de penitencia.

   Los primeros años del siglo XX, se sigue produciendo la única procesión del Viernes Santo, porque este era el deseo de la autoridad eclesiástica, a pesar de que la hermandad de la Soledad, con más actividad que la del Santo Entierro, mantuvo sus intentos de independencia, pero lo único que consiguió en 1901 fue que se le autorizara a realizarla en un día tan inusual, como el Domingo de Ramos. Ese día todo estaban preparados los dos pasos: el del Señor ante los Tribunales y el de Ntra. Sra. de la Soledad, pero un fuerte aguacero impidió su salida, que fue trasladada al Jueves Santo, pero la prohibió el arzobispo, y tampoco, salió la del Santo Entierro por falta de medios económicos; cosa que no ocurría con la Soledad por haber recabado fondos de los vecinos del Boquerón y personas de la nobleza y burguesía granadinas. 

     Seis años (1901 a 1906) pasaron sin que la Soledad saliera en la Semana Santa, tampoco lo hizo el Santo Entierro, pero en 1907, con un nuevo arzobispo, Mons. Meseguer y Costa, mas deseoso de recuperar la procesión del Viernes Santo, mandó formar comisiones para recuperar la procesión. En los últimos años sin Semana Santa procesional, ambas hermandades estaban tan decaídas que fueron necesarias dichas comisiones para organizar y sufragar la procesión.

      Las comisiones, haciendo caso omiso a las las depauperadas hermandades, sacaron en 1907 a la Soledad del Convento de San Antón, quedando en su templo aquel Viernes Santo la Soledad de Santa Paula, que tanto veneraba el pueblo granadino (20).


EL BOQUERÓN Y CALLE SANTA PAULA

   Al año siguiente de 1908, vuelve el arzobispo a autorizar la salida de la hermandad de la Soledad, así como el Santo Entierro, como antaño. Da la impresión que no se tenían las ideas nada claras con estas autorizaciones y prohibiciones de salida en esos años. 

      De la siguiente manera salió en 1908 Ntra. Sra. de la Soledad de Santa Paula: 

       “Abría la procesión el estandarte de la 

hermandad, llevado por un asociado y detrás 

varios cofrades. Sigue la imagen de San 

Juan, llevada por su hermandad de 

horquilleros. Sigue el estandarte de la 

Cofradía de la Soledad, y la imagen de 

Nuestra Señora dirigida por el Sr. Arnau 

Peña. La Procesión se recogió a las nueve 

de la noche” (16).



     

       De la anterior referencia podemos deducir que la hermandad aun subsistía, pese a las dificultades, y formaba parte de la misma, aquel Isidoro Arnau Peña, uno de los jóvenes que había intervenido en su reorganización en 1885.      
      Las indecisiones finalizarán en 1909 con la creación del Santo Entierro Antológico, con la salida en él de varias imágenes de reconocido valor artístico, entre ellas la Soledad y que serán la base de la creación y germen de distintas cofradías que se fundan con dichas imágenes, a partir de 1917. Con ello, renacerá con distintas cofradías la Semana Santa de Granada, después de casi un siglo sin ellas. 

    Nunca faltará la Virgen de la Soledad, y algunos años el Señor Yacente, a este Santo Entierro Antológico que perdurará durante veinticinco años, es decir, desde 1909 a 1925, inclusive.


Señor Yacente o de la "Sábana" en 1915, con los Santo Varones y las Marías. Tal como se había presentado a lo largo de la historia de la hermandad. Foto de D. José Martínez Rioboo.

    Es de destacar que en 1910, la Virgen llevó una toldilla costeada por señoras devotas y señoras vestidas de mantilla, que irían en los años sucesivos (21).


La reorganización de la hermandad

     En 1925, ya existían cinco hermandades de penitencia, recién fundadas o reorganizadas: Vía Crucis, Santo Entierro, Cristo de la Misericordia del Silencio, Jesús del Rescate y Ntra. Sra. de la Soledad.


LAS CHÍAS 

      La hermandad de la Soledad, presentó a la autoridad eclesiástica las nuevas constituciones de su reorganización el 25 de febrero de 1925, aprobadas por los 19 refundadores, entre los que estaban: D. Pedro Manjón, sobrino del fundador de las escuelas Ave María; D. Francisco Vázquez Casas, primer hermano mayor; D. Santiago Valenzuela Suarez, fundador de la hermandad del Vís Crucis; D. Narciso de la Fuente, que fue presidente de la Asociación de la Prensa, secretario de la Federación de cofradías, vice-hermano mayor de la Soledad y alma ejecutiva de la misma.


PINTURA DE LOS 7 DOLORES DE LA VIRGEN EN SAN JERÓNIMO

     El arzobispado aprobó las nuevas reglas de la hermandad el 17 de marzo de  1925 y la cofradía empezó a prepararse para la procesión del Entierro antológico, que saldría por última vez ese año. En el mismo figuraban ya varias hermandades independientes ( Santo Entierro, Soledad, Vía Crucis y Silencio). En la Semana Santa de 1926, todas ellas saldrían de forma independiente con sus propios itinerarios.

    La hermandad de la Soledad hizo con la reorganización un cambio en el título de su imagen de Cristo, ya no se titularía Soledad y Entierro de Cristo, que desde su fundación, en 1561, había ostentado, sino del de Soledad y Descendimiento, advocación esta última, no del todo acorde con la representación del misterio; más correcto, ami juicio, hubiera sido el de Traslado al Sepulcro. 

    Nuevos hábitos adoptará la hermandad, siendo la túnica de veludillo negro con botonadura amarilla y capilla de raso color caña, formando escapulario con tres clavos bordados por la parte delantera y hasta las rodillas; y la trasera en forma de esclavina puntiaguda. 


SOLEDAD EN PLAZA NUEVA PARA UNIRSE AL SANTO ENTIERRO


    En la procesión de 1925, llevaría la sección de San Juan Evangelista, imagen del convento de Santa Isabel la Real (22), con nazarenos de hábito blanco. El Señor del Descendimiento o de la Sábana iba en sus angarillas tradicionales portado por hombres representando a los Santos Varones y detrás las Tres Marías. Doce nazarenos vestidos de negro escoltaban con hachetas el Misterio del Traslado, en años anteriores lo hacían con cirios color tiniebla. También llevaba las ancestrales chías, tocando sus trompetas de son lastimero, y los armaos. Todo recordaba a aquellos tiempos barrocos de la hermandad.

   
    A la sección de nazarenos de la Virgen de la Soledad, no había sido posible cambiarle el hábito, por los que salió con las túnicas antiguas color morado. La Virgen salió sobre una carroza, escoltada por la guardia civil, que se había fabricado para el Sagrado Corazón de Jesús, empujada por mandaderos asalariados, en el interior del paso.

   En esos momentos de 1926, en los que la hermandad consigue reorganizarse y hacer estación pública de penitencia como corporación, pongo fin al análisis de su extensa historia. Sería demasiado dilatado para continuar en este medio de publicación el resto de su devenir histórico hasta nuestros días; es decir, desde 1926 a 2014, todo lo cual vendrá en el libro de la historia de la hermandad, pendiente de publicar.


Soledad en San Jerónimo. 2011, 450 Aniversario

     Sólo añadir, que la hermandad adquirió por esos años el carácter de Real y Pontificia y que permaneció con sede en el convento de Santa Paula, hasta que fue enajenado éste y las monjas se trasladaron al monasterio de San Jerónimo, mausoleo del Gran Capitán, y cenobio que fue de los monjes de la misma orden. A la monumental iglesia de los jerónimos también se trasladó la hermandad en 1978, dónde hoy permanece y ha celebrado en 2011 el 450 Aniversario de la fundación de la hermandad.






MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO, ÚLTIMA SEDE DE LA HERMANDAD

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1. Archivo Histórico Nacional, Consejos, legajo 2.701, expediente 16, investigado por FRANCISCO JAVIER CRESPO MUÑOZ.

2. RODRÍGUEZ CARRETERO, Miguel, Epytome historial de los carmelitas de Andalucía... (Biblioteca Nacional, Manuscritos, 18. 113 y 118). Ed. de Ismael Martínez Carretero, en Sevilla, 2000._ Detalladamente en LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Miguel Luís, "Orígenes de las cofradías penitenciales granadinas: la fundación de la Vera Cruz", en CORTÉS PEÑA, A. L. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, M. L. y LARA RAMOS, A. (eds.), Iglesia y Sociedad en el Reino de Granada (Ss. XVI-XVIII), Granada, 2003, pp. 357-373.

3. Declaraciones al programa "Ser Cofrade"por Francisco Crespo Sánchez de 13 de febrero de 2018, relatando las investigaciones del profesor Alessandro Serra en el archivo del Vicariato de Roma.

4. FRANCISCO JAVIER CRESPO SÁNCHEZ Y ANA SOLEDAD CRESPO GUIJARRO, "Nuevos datos históricos sobre la cofradía de la Soledad y Descendimiento del Señor de Granada en el siglo XVI", UGR, Chronica Nova, 42, 2016, 197-216.

5. Archivo Histórico Diocesano de Granada, legajo 34 f (a), pieza s/n.


6. DE LA CHICA BENAVIDES, Francisco. Gazetilla Curiosa o Semanero Granadino...Papel Nono 1764.
7. Archivo Histórico Diocesano  de Granada, legajo 8 F, pieza nº 7.

8 . Ibídem legajo 8 F, y PADIAL BAILÓN, Antonio,  blog, la Granada Eterna: Hermandades Pasionistas de Granada, apaibailon.blogspot.com / entrada 18 de octubre de 2013. 

10. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, F. Anales de Granada, Granada, 1987,  vol. II, p. 826.

11 . DE LA CHICA BENAVIDES, Francisco., op.cit. Hoja 1. 

12. LÓPEZ- GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús, Imágenes Elocuentes,p. 235-236. Editorial Atrio. Granada 2008. 

13. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, F. Anales de Granada, Granada, 1987,  vol. II, p. 848.

14. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA, leg. 17F, piezas 39 y71.

15. ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA, auto de 26 de marzo de 1777, caja 4430, pieza 28.

16. BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA de 17 de julio de 1937. 

17. Diario La Alhambra de 11 de abril de 1859.

18. Diario El Defensor de Granada de 7 de abril de 1881.

19. Ibídem de 4 de abril de 1891. 


20. Ibídem de 30 de marzo de 1907.

21. La Gaceta del Sur de 19 de abril de 1908. y el Defensor de Granada de 6 de abril de 1912.

22. Libro de Actas I de la hermandad de la Soledad, p. 6.