miércoles, 6 de enero de 2016

VENERABLE HERMANDAD DE PENITENCIA DE LA ORDEN TERCERA DE SAN FRANCISCO




NTRA. SRA. DE LA PAZ DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO (hoy Convento del Santo Ángel)

Antonio Padial Bailón


Las hermandades de las órdenes terceras eran abundantes en Granada, pues prácticamente se fundaron en la mayor parte de los conventos masculinos de la ciudad. Estas hermandades de orden tercera las tenían los franciscanos observantes del convento de San Francisco de la Alhambra y los de la misma orden de observantes, quizás la más antigua de las de la ciudad, del Convento de San Francisco "Casa Grande", a la que nos vamos a referir; también los dominicos; los franciscanos de San Antonio y San Diego; los terceros de San Antonio Abad; los Carmelitas Descalzos de los Mártires; los Carmelitas Calzados, con la hermandad de la Orden Tercera, Ntra. Sra. del Carmen y Santo Escapulario; los Padres del Oratorio de San Felipe Neri, con la hermandad de los Servitas de Ntra. Sra. de los Dolores, cuya imagen era la hoy Soledad del Calvario de José de Mora. También existían en Granada algunas hermandades de Vía Sacra, que aunque no llevaban dicho título de orden tercera, lo eran en la práctica, como la de la Cuerda y Correa de San Agustín o la Confraternidad de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos. A algunas, como ésta última, o a la de los Servitas o las de los Terceros de San Antón, que hacía la vía sacra con el Nazareno, Soledad y Jesús de la Humildad y Trabajos del Pretorio, ya nos hemos referido en este blog.

La que vamos a tratar en este artículo: la Hermandad de la Orden Tercera de San Francisco de Asís del convento de San Francisco "Casa Grande", tuvo que ser una de las más antiguas de la ciudad, tal vez con la de Santo Domingo. Ambas se fundarían en el siglo XVI, aunque el ejercicio de la vía sacra de la de San Francisco fue algo posterior, ya en el siglo XVII, pero constituyó, tal vez la primera vía sacra construida y practicada en la ciudad. Después vinieron otras practicadas por hermandades de vía sacra, muy abundantes en Granada, algunas de las cuales nos hemos referido en otras ocasiones y que no tenían el carácter de órdenes terceras. 

Estas órdenes terceras tienen su origen en el año 1212 en el que San Francisco de Asís comenzó a integrar a seglares en la orden franciscana sin que tuvieran la obligación de renunciar a su estado seglar. En siglos posteriores fueron creándose en otras órdenes religiosas.

La expansión de la Orden Tercera de San Francisco en Europa se incrementa con la aprobación de una revisión de sus reglas por el Papa Nicolás IV en 1289.



La Hermandad de Penitencia de la Orden Tercera, tenía su sede en el convento de franciscanos observantes "Casa Grande", que estaba situado en lo que hasta hace pocas décadas era la Capitanía General y hoy sede del Madoc, cuyo claustro mayor abre sus puertas a la plaza de las Descalzas. La iglesia de San Francisco de dicho convento se situaba, aproximadamente, en la zona que hoy ocupa la placeta del Padre Suárez o de los Tiros.

Nada más conquistarse Granada, en aquel lugar de la judería se levantó lo que fue la primera catedral y sede del primer arzobispo fray Hernando de Talavera. Poco después, por deseo de la Reina Católica y mediante bula apostólica del Papa León X, la catedral pasó a edificio de la mezquita mayor de la ciudad (donde se levantó en el siglo XVIII la iglesia del Sagrario de la Catedral).

El lugar de la primitiva catedral, en el Realejo, fue ocupado en 1507 por los franciscanos observantes, erigiendo allí su convento (Casa Grande) y en el mismo se fundó la Orden Tercera y su hermandad de penitencia.

Muy ligadas las vías sacras al franciscanismo, aunque muchas otras órdenes terceras las practicaban, ésta del convento de San Francisco "Casa Grande", parece que fue la que desde más antiguo se fundó en Granada.


Ex-convento de San Francisco, plaza donde estuvo la iglesia y capilla de la Vera Cruz.

Esta de la Venerable Orden Tercera de San Francisco parece que comenzó a practicar la vía sacra al Sacromonte en 1633, creando una hermandad de vía sacra formada por trece hermanos, en recuerdo de Jesucristo y sus doce apóstoles, por los que el pueblo la llamaba la Hermandad de los Trece

Ya en 1635 se conoce por Enríquez de Jorquera que el día 7 de mayo de ese año la hermandad fue de sangre en procesión de rogativa por la sequía desde su sede del Convento de San Francisco "Casa Grande" con mucha cera y actos de penitencia, llevando por guía la imagen de San Francisco y un Santísimo Cristo, regresando a su templo a las doce de la noche.

También, el día 10 de abril de 1640, que era Martes de Pascua, realizó una procesión de desagravios por el famoso libelo difamatorio contra la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Partió de San Francisco para ir a la Catedral y seguir hasta el Triunfo, siendo esta congregación una de las que más se distinguieron en actos de desagravio a la Virgen.

Fundada de hecho esta hermandad de la Vía Sacra de los Trece, parece que no se formalizaron sus reglas con la aprobación eclesiástica hasta 1644. Y se establecía sacar la vía sacra todos los viernes por la noche, incluido el Viernes Santo, en que Granada se plagaba de procesiones de este carácter, además de las penitenciales de ese día.

Esta hermandad elige la subida al Sacromonte, en el paraje denominado Valle de Valparaiso, extramuros de la ciudad, de idílico paisaje, donde se conjugan de forma singular, con el serpenteante río Darro a los pies, el laberinto de calles moriscas del barrio del Albaicín y el troglodita caserío del Sacromonte, enfrentado a los universales palacios nazaritas de la Alhambra y, todo ello, coronado por la lejana inmensidad del níveo manto de la gran mole de Sierra Nevada.

Se buscaba el silencio meditativo necesario para la concentración de los hermanos en el drama de la Pasión de Jesucristo, a través de aquella Calle de la Amargura, que conjugaba en aquel marco bucólico granadino los dos principales símbolos de las culturas y religiones, que fueron y son la espina dorsal de nuestra Granada Eterna: la Alhambra y el Sacromonte. Todo ese paisaje encajaba perfectamente en el recuerdo de aquel camino de subida al Gólgota, regado por el sudor y la sangre del Salvador, en una Granada que se predicaba como la Nueva Jerusalén.

No fueron los hermanos de la Orden Tercera, sin embargo, los primeros en llegar con sus prácticas penitenciales a Sacromonte, la Duquesa de Sessa creó y amparó una comisión para impulsar estaciones de penitencia a Sacromonte, de hecho, algunas hermandades de penitencia, como la de Jesús Nazareno del convento de mínimos de la Victoria, después de su salida penitencial del Miércoles Santo por la ciudad, realizaba en el último tercio del siglo XVII, otra procesión de Vía Sacra con sus titulares el Jueves Santo por la tarde. También la Hermandad de Vía Sacra de San Francisco de Paula del mismo convento, acostumbraba a realizarla todos los domingos (1)

Otras hermandades, como la de la Virgen de la Aurora de San Gregorio, también andaban esta vía sacra sacromontana, que en algunos casos no estuvo exenta de conflictos con la Hermandad de los Trece de terceros franciscanos. 

Capilla e imágenes de la Orden Tercera

En la gran iglesia del convento de San Francisco, la Venerable Orden Tercera poseía una capilla propia dedicada a su patrona, la Stma. Virgen de la Paz o, al menos, residía en su capilla. Dicha capilla se situaba entre la torre de la iglesia y la capilla de la Santa Vera Cruz, que constituía toda una iglesia dentro de la de San Francisco, con entrada independiente.

Sabemos que en 1751 se le estaba realizando un nuevo retablo con camarín a la Virgen de la Paz, en el que empleaba cuatro horas al día, y desde el mes de marzo al de agosto de ese año, el escultor y retablista Blas Moreno Pizarro, en cumplimiento de una penitencia exigida por la bula apostólica para otorgarle dispensa matrimonial por parentezco de segundo y tercer grado con su futura esposa Isabel Follentes. Por el trabajo en dicho retablo no habría de cobrar estipendio alguno.
Plano del convento de San Francisco y de su desaparecida iglesia
El escudo de la Venerable Orden Tercera de Penitencia de San Francisco consistía en la representación de la cruz con los estigmas de la Pasión, que padeció el propio Santo y, bajo ella, cruzados los brazos de Cristo y de San Francisco, las palmas de las manos llagadas de ambos; las Cinco Llagas y la corona de espinas y los clavos de la Crucifixión.



La hermandad, como se ha dicho, daba culto en su capilla a la imagen de Nuestra Señora de la Paz, obra atribuida a Diego de Mora, que hoy se encuentra en el convento de clarisas del Santo Ángel (ver nota al pie); allí llegó, tras la exclaustración del convento de San Francisco "Casa Grande", pues por un inventario realizado los días 1 y 4 de septiembre de 1835, sabemos, que entre otras imágenes, estaban en un altar de la iglesia del convento de franciscanos observantes, las imágenes de Ntra. Sra. de la Paz y la de San Francisco con la impresión de las llagas, y también, un Ecce Homo, como imágenes de la capilla de la Orden Tercera (2)




La Virgen de la Paz, es una imagen sedente de talla completa y tamaño natural, aunque se la vestía, y con el Niño en brazos. Presidía la capilla en su camarín, y en altares independientes, el Ecce Homo y San Francisco, imagen objeto del principal culto de la hermandad.

Probablemente, no fue la primera de esa advocación que hubo en la capilla de la Orden Tercera, pues el autor al que se atribuye (Diego de Mora) la realizaría en el primer cuarto del siglo XVII o principios del XVIII. Puede que antes existiera otra imagen de esta advocación y que se sustituyera por esta atribuida a Diego de Mora.

Con la invasión francesa se ocupó y demolió la iglesia del convento franciscano, pasando, seguramente, a la parroquia o a otros conventos femeninos, muchas de la imágenes de la misma; quizás, también, a casas particulares de devotos o hermanos de las cofradías. Finalizada la invasión se volvió a reconstruir la iglesia de San Francisco y el altar mayor, cuyo antiguo retablo realizara Bernabé de Gaviria y que se perdió con dicha invasión, fue sustituido por un tabernáculo. En dicho altar mayor se pusieron las imágenes de la Virgen de la Paz y de la impresión de las llagas de San Francisco, que estaban en la capilla de la orden tercera que se había destruido.

El San Francisco con las llagas, bien pudiera ser el que se encuentra en el altar mayor del convento de clarisas de la Encarnación, que puede ser de Diego de Mora.

San Francisco del convento de la Encarnación

El Ecce Homo, probablemente de Diego de Mora, según Ceán Bermúdez, que estaba en un altar de la capilla, aún se encontraba en la iglesia en 1835, según un inventario de la desamortización del convento. Esta imagen pasó a la iglesia de San Gregorio Magno y de allí a la del Salvador, donde puede que se perdiera en el incendio de ésta en 1936 (3)

La Vía Sacra del Sacromonte

En 1636, la hermandad va a construir la ermita del Santo Sepulcro, final y última estación de la vía sacra -en otras fuentes se dice que se construyó a mediados del siglo-. La ermita se levantó al pie de las Siete Cuestas que conducen a la Abadía del Sacromonte, erigida a principios del siglo por el arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones, para venerar las Santas reliquias de San Cecilio, San Tesifón y otros mártires de la persecución romana 

Dicha vía sacra no partía de la capilla del convento de San Francisco, sede de la orden tercera, sino de la iglesia parroquial de los Santos Pedro y Pablo, en la Carrera del Darro, quizás por ser la parroquia que más cercanía presentaba del lugar donde la vía sacra de había de realizar, es decir, por el Camino del Monte hasta la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte.

Pronto la hermandad materializa las 14 estaciones, levantando en ellas cruces y capillas permanentes a lo largo del itinerario, desde la iglesia de San Pedro hasta la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte, templo que, asimismo, es costeado por la Hermandad de los Trece y devotos de la vía sacra sacromontana.

Decimos que muchas de ellas fueron costeadas por devotos, como el Marqués de Estepa, que tenía un carmen frente a la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte; el abad del Sacromonte, D. Pedro de Ávila o el canónigo, D. Francisco Barahona o el mercader genovés afincado en Granada, Rolando u Orlando de Levanto...etc. (4) 


San Pedro y San Pablo, inicio de la Vía Sacra de los Trece

Las estaciones con sus cruces y capillas permanentes se levantaron en el año 1633 y llevaban en la peana de las cruces el nombre de sus patrocinadores. Algunas, aunque pocas, han llegado hasta nuestros días. La primera cruz, que era de madera, se puso en la Casa del Chapiz, en la cuesta de su nombre: comienza, como relata Henríquez de Jorquera, "... junto a las principales casas del Chapiz y acaba en el monte Calvario y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que están fundados al principio y subida de la cuesta del dicho Sacro Monte Ilipulitano, obra de grande admiración e igual costa, hecha por la devoción y limosna de los hermanos terceros, que frecuentaban esta vía sacra todos los viernes del año por la noche. Son muchas las cruces y todas de piedra repartidas a corta distancia, donde se meditan los pasos de la Pasión. Muchas de ellas son puestas a costa de particulares devotos que ofrecieron sus limosnas para tan grande obra, cuyos nombres se leen en los pedestales de dichas cruces... ”.


Cruz de la Vía Sacra de los Trece

Ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte, donde finalizaba la Vía Sacra

Después de realizar un acto de contrición, rezando el yo pecador, salía de San Pedro la Hermandad de los Trece por la tarde, a la hora de las oraciones, acompañada de mucha gente a realizar las estaciones, llevando una cruz alta, con un crucifijo en ella y con dos faroles a los lados para alumbrarla y otros tres faroles para dar luz a la comitiva. 

Al llegar a donde estaba la imagen de Nuestra Señora, que estaba antes de comenzar las estaciones, se hacía una primera parada o estación por los que estaban en pecado mortal, alabando la Pureza Original de María. Otra segunda parada o estación se hacía para pedir por las Ánimas del Purgatorio y otra, la tercera, por las intenciones de la Iglesia Católica.

Después, en el Peso de la Harina, se comenzaba la primera de las catorce estaciones del Vía Crucis. En cada una se rezaban seis padrenuestros, seis avemarías y seis glorias, ganándose por cada estación treinta días de indulgencia plenaria y se sacaban dos almas del purgatorio.

Al llegar a cada cruz de las estaciones se arrodillaban se decían las oraciones y se predicaba el significado de cada una de ellas. Parece que los hermanos hacían diversos actos de penitencia, como la flagelación o portando pesadas cruces a imitación de los padecimientos del Salvador en su Pasión.

Tras la primera estación de la Vía Sacra, que estaba en la Cuesta del Chapiz, había una capilla que se dedicó a Ntra. Sra. de las Angustias en la Puerta de Osario o Peso de la Harina, edificio de la capilla, que muy reformado, aún existe en la actualidad. Por este lugar se entraba al Camino del Monte o Sacromonte, a lo largo del cual estaban el resto de cruces y capillas, para terminar en la cruz aún existente, que se encargó por la Venerable Orden Tercera en 1636 al escultor Alonso de Mena, en memoria de los cristianos martirizados por el Emperador Diocleciano. 


Ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte y última cruz de Alonso de Mena

En el pedestal de dicha cruz de Mena figura la leyenda de que la realizó la Orden Tercera de Ntro. Padre San Francisco; que realizando la vís sacra se sacaban trece almas del Purgatorio y se ganaban 30 días de indulgencias.





Esta última cruz estaba y está delante de la ermita del Santo Sepulcro, donde finalizaba la vía sacra, pero continuaban diversos actos del ejercicio, subiendo, ya muy tarde, hasta las Santas Cuevas y abadía del Sacromonte Ilipulitano, rezando por la cuesta tres salves a la Virgen y una estación al Santísimo Sacramento; llegados a los Santo Hornos donde pereció San Cecilio, se arrodillaban todos rezando alabanzas al Santo, a los mártires y a la Virgen con un padrenuestro y la invocación a Jesús tres veces con los que se ganaban indulgencias.





Los que querían, dado lo intempestivo de la hora, entraban en la iglesia de la Abadía, para adorar al Santísimo y escuchar un sermón por un canónigo del Sacromonte. Después se hacía disciplina o flagelación y otros ejercicios, como el de la oración al Santo Sudario por los difuntos a los que se quisiere aplicar y por lo que se sacaba un alma del Purgatorio, en virtud de la Bula que el Papa Clemente VIII concedió a la Duquesa de Saboya. Finalizados estos actos se salía del templo y por el camino de regreso se rezaban la Corona Dolorosa y los Gozos de la Virgen (5).

La vía sacra se unía al culto externo de gremios y cofradías, que desde hacía más de tres décadas, cuando se descubrieron en 1595 las sagradas reliquias del Sacromonte (restos de San Cecilio y San Tesifón y los libros plúmbeos) en las Santas Cuevas, se había iniciado en aquellos parajes. Dichos gremios y cofradías irán levantando cruces y columnas por la falda del Monte Sacro, que estaba cuajado de ellas, pero apenas si quedan hoy unas cuantas, como la de los soldados de la Alhambra, los tejedores de sedas, de los ganapanes o palanquines, la de los franciscanos o la columna de la Inmaculada; se dice, que más de un millar de cruces se construyeron en aquellas laderas. 



Personas ilustres y con halo de santidad, como Luis de Paz y Medrano, (1604-1667), era tercero franciscano, que acudía casi diariamente y todos los viernes del año a andar las estaciones a la ermita del Santo Sepulcro del Sacromonte. Salía de su casa para este ejercicio a horas de menor concurrencia de gente con hábito nazareno y con una pesada cruz pesadísima al hombro, los pies descalzos y piernas descubiertas, a imitación de Cristo. 

Un día desapacible, al llegar a la ermita, se decía, que descansando fatigado en su humilladero vio a otro Nazareno con la cruz al hombro y con un resplandor que salía de su cuerpo; se arrodilló ante dicho Nazareno, que le dijo a don Luis: toma aliento que yo llevo por ti esta cruz y por todos los pecados de los hombre(6).

También, se hizo hermano de la llamada Cofradía de los Humildes de la iglesia de la Magdalena, formada por ganapanes o cargadores (era la cofradía de la Candelaria o Purificación). Organizó una procesión de niños con banderolas que lo llevó hasta Ntra. Sra. del Triunfo.

La hermandad de la Venerable Orden Tercera, no sólo realizaba los ejercicios de la Vía Sacra todos los viernes del año y, también, los miércoles de Cuaresma, sino otras manifestaciones. Así, Henríquez de Jorquera nos dice en sus Anales que en mayo de 1635 realizó una procesión de sangre (disciplinándose) y en rogativa por la pertinaz sequía para lo que obtuvo licencia del Provisor. En ella se llevó procesionalmente y (...) con grandísima deboción y con mucha cera: llevaron por guía al bienaventurado San francisco y un Santísimo Christo. Bolvió la procesión cerca de las doce hedificando mucho a la jente en actos de penitencia". Estas imágenes que llevó en procesión serían las que la venerable orden daba culto en su capilla.


Restos de pedestales de Vía Sacra, según Francisco Alfonso Fernández

Otra fiesta de desagravios a la Virgen re realizó en el convento en diciembre de 1638, con la ayuda de los hermanos de la Orden Tercera. El motivo fue la afrenta del protestante Príncipe Enrique de Nassau. Ese año las imágenes más devotas de la Virgen en Granada fueron desagraviadas con procesiones y festejos. 

Dos años después, en 1640, la Venerable Orden Tercera, realizó una gran procesión el día 10 de abril de desagravios por el libelo contra la Inmaculada Concepción de María que apareció el Viernes Santo en la esquina del Palacio del Cabildo de la ciudad (Madraza). Fue la procesión hasta la Catedral y después al Triunfo, regresando de noche, cuando, por el mismo motivo, salía la Virgen (seguramente, la del Socorro) del inmediato templo de Santa Escolástica. Diez días después, el viernes 20 de abril, acompañados de mucha gente, hicieron su vía sacra al Sacromonte, donde fueron recibidos por el abad y canónigos con mucha cera, sermón del canónigo Barahona ( que había costeado una de las cruces de la vía sacra) fuegos y luminarias. Esta vez la intención fue que se descubriera el autor del libelo difamatorio. 

La ermita del Santo Sepulcro, fin de la vía sacra, contaba con un púlpito en el exterior desde donde se realizaban los sermones y rezos finales de las estaciones, que estaba junto a un pozo de agua llamado de la Samaritana. Probablemente los fieles bebieran de sus aguas por considerarlas con propiedades curativas como ocurría en muchos santuarios.


Lápida del Pozo de la Samaritana de 1673. Costeado por Miguel de Paredes, definidor de la Orden Tercera

La Venerable Orden Tercera poseía rentas importantes que recababa por distintos conductos, especialmente de censos a su favor impuestos por devotos de elevado poder económico, para que se dijeran misas a los difuntos y sus familiares. Uno de ellos fue el que impuso don Diego Álvarez el 8 de abril de 1679 de 500 ducados sobre el Molino Alto de Güevéjar y otras fincas. De un pleito que se suscitó sobre este censo se deduce que la capilla de la Virgen de la Paz, tenía un sacristía, donde se reunía en capitulo la hermandad. Este pleito duró hasta 1730 (7)


Última cruz de Alonso de Mena

Para anotar las procesiones que la Hermandad de los Trece Hermanos de la orden tercera hacía a la vía sacra, tenía un libro en pergamino titulado "visitas del Santo Sepulcro del monte Balparaiso" del año 1649. De él se deducía que la hermandad tenía un hermano al cuidado de la ermita al que el ministro y proministro de la orden tercera le hacía entrega de los bienes de la ermita y rendía cuentas de limosnas.  En él estaba anotó que el día 5 de mayo de 1701 ( había otra anotación de 8 de junio de 1704), la existencia de un cuadro de Jesús Nazareno en una de las capillas del itinerario de ladrillo con reja, entre la 7ª y 8ª estación, que aún hoy existe, frente al Carmen de las Niñas (8).

Como hemos apuntado, la concurrencia de varias hermandades en la vía sacra del Sacromonte, llevó a lo largo de su existencia algunos conflictos con la Orden Tercera y su hermandad, como el que se suscitó en 1693 con la hermandad de San Francisco de Paula del convento de la Victoria. Juan Gómez del Álamo, hermano mayor de la de San Francisco de Paula y Andrés Gutiérrez Monturque hermano mayor de la Hermandad de los Trece, tuvieron un altercado un domingo en el que ambas hermandades subieron a realizar el ejercicio; los de la orden tercera ordenaron a los de San Francisco de Paula que se detuvieran y dejaran pasar a los terceros, porque de ellos era la vía sacra y las ermita y tenían preferencia, aunque iban con retraso de cuatro estaciones y que se fueran si no les convenía a realizar la vía sacra de San Lázaro o la de San Antón. Más adelante ordenó al ermitaño que cerrara la ermita y se plantó delante de ellas dándoles voces e improperios.

Los de San Francisco de Paula alegaban que su vía sacra era los domingos y que los terceros la realizaban los viernes y, por lo tanto, no se esperaban que la hicieran ese domingo. No se sabe cual fue la resolución de este pleito, aunque después de presentar la hermandad de los terceros las escrituras de propiedad de la vía sacra y de la ermita del Santo Sepulcro, es posible que se fallara a favor de esta hermandad de los terceros.

De la escritura de propiedad se deduce que el 24 de agosto de 1650 se le dio licencia por el arzobispado para hacer dos capillas y una casa al ermitaño por necesidad de ampliarla dada las obras de arte que tenía y la mucha gente que concurría. Se especifica el nombre de los trece hermanos terceros que componían la hermandad en 1650: Juan Gómez, Antón García, Alonso Morales, Juan Puerta, Jacinto Lozano de Arce, Pedro Coloma, Salvador de Espinosa, Juan Jacinto, Pedro Mathías, Álvaro de Villareal, Juan de Rivera, Juan Durán y Bartolomé Hernández (9)

Se sabe que solía la Orden Tercera participar en la procesión del Corpus Christi, noticia de ello la tenemos en 1764, en el que participó con otras ordenes seglares y regulares (10).


Cruz de los Soldados de la Alhambra

Como orden seglar también participaban de ella mujeres. Precisamente una de las últimas noticias que tengo de esta orden tercera se refiere a ellas a finales del siglo XVIII; el 25 de mayo de 1797, desde la Ascensión del Señor a la Pascua del Espíritu Santo, la venerable orden realiza en la iglesia de San Francisco, probablemente en su capilla, realiza unos ejercicios espirituales, sólo para mujeres. Todos los días que se realizaron, desde las 5 de la tarde a las 6:30, se exponía el Santísimo y para mayor intimidad se cerraba la iglesia, accediendo a ella por el claustro (11).

Probablemente, a finales del siglo XVIII, ya no practicaría la vía sacra o lo haría de forma esporádica y en algunas épocas del año, como Cuaresma o Semana Santa.

En 1808, España sufría la invasión napoleónica y un año después la ocupación de Granada por las tropas francesas era inminente. La Venerable Orden Tercera y la comunidad de San Francisco Casa Grande, realizan una rogativa conjunta al Arcángel San Miguel para implorar su mediación y patrocinio. Con dicho motivo, a partir del día 5 de febrero de 1809, a la temprana hora de las 3:30 de la tarde de cada día, se realizó una novena-misión al arcángel con lectores y predicadores y exposición del Santísimo Sacramento.


Detrás del Cristo del Consuelo de los Gitanos, la capilla de la Vía Sacra de Jesús Nazareno, aún existente

Con dicho motivo, otras órdenes terceras, como la de San Antonio Abad, que también realizaba otra vía sacra: la del Pretorio al Santo Sepulcro de los Rebites, promovió cultos a sus titulares ( Jesús del Pretorio, Jesús Nazareno y la Soledad), en la iglesia de San Antón, el domingo, día 9 de abril de aquel año. Por la tarde reintegró a sus respectivas ermitas, haciendo la vía sacra, las imágenes antes citadas (12)

La Venerable Orden Tercera desaparecería del convento de San Francisco "Casa Grande" tras la desamortización y exclaustración de los frailes en 1835, demoliéndose la iglesia de San Francisco, y con ella, su capilla. Pero la Orden Tercera, ya sin su Hermandad de los Trece pasaría al convento de franciscanas clarisas de Santa Isabel la Real en el Albaicín, donde la encontramos en noviembre de 1854 realizando una novena a San Francisco con procesión (13). Ejercicio que repetía todos los domingos, con gran concurso de gente, procesión que a veces, como ocurrió el 15 de agosto de 1857, después de la función al Tránsito de Nuestra Señora, se sacó a San Francisco, a la Virgen, a Santa Clara, y en andas portadas por cuatro sacerdotes, al Santísimo Sacramento.

La pervivencia de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, realizando cultos en Santa Isabel la Real, entre ellos a las Cinco Llagas, está constatada, al menos, hasta 1899 o 1901. Después aparece a principios del siglo XX, una Orden Tercera de San Francisco en las capuchinas de San Antón, que no sabemos si es que se trasladó a este convento o desaparecería, después de más de tres siglos de existencia. No parece verosímil, aunque es posible, que se trasladara a las capuchinas, cuando había otros conventos de la observancia franciscana (14).    

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1. PADIAL BAILÓN, Antonio, La Granada Eterna: Cofradía y Hermandad de Jesús Nazareno de la Victoria (tejedores de seda de Granada), http://apaibailon.blogspot.com.es/2014/02/cofradia-y-hermandad-de-jesus-nazareno.html.
2. RODRIGO HERRERA, José Carlos, El convento de San Francisco Casa Grande y su patrimonio inmueble, revista Alonso Cano, nº 14, 2007.
3. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús, Los conventos de la Merced y San Francisco Casa Grande de Granada..., p. 147. GALLEGO Y BURÍN, Antonio, José de Mora, p. 210. Archivum. Ed. Facsímil, 1988.  Universidad de Granada.
4. HENRÍQUEZ DE JORQUERA, Francisco, Anales de Granada, tomo II, pág. 735. Ed. facsímil, Archivum, UGR, 1987.
5. VAN DER HAMMEN Y LEÓN, Lorenzo, Vía Sacra...principio fundación y antigüedad de la Venerable Orden Tercera de penitencia del Seráfico Padre San Francisco...Imprenta Real, Francisco Sánchez. Granada 1656.
6. FRAY ANTONIO DE JESUS, Epytome... de la vida del Ilustre varón don Luis de Paz y Medrano, caballero de la orden de Calatrava...de Granada, p. 33, 88, 93 y 149. Imprenta Francisco Gómez Garrido. Granada 1688.
7. Archivo Histórico del Arzobispado de Granada, leg. 34 f, pieza 22.
8. Ibídem, pieza 18.
9. Ibídem, leg.29 f, pieza 33.
10. B.O.P. de 6 de junio de 1840.
11 . Mensajero Económico y Erudito de Granada de 25 de mayo de 1797.
12. Diario de Granada de 4 de febrero y 9 de abril de 1809.
13. Diarios Eco de Libertad de 19 de noviembre de 1854 y La Alhambra de 16 de mayo y 14 de agosto de 1857.
14. Diario "El Defensor de Granada" de 20 de marzo de 1901.

Nota: según Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz en Los conventos de la Merced y San Francisco Casa Grande de Granada...., la Virgen de la Paz, que perteneció al convento de San Francisco, se encuentra actualmente en el monasterio de la Encarnación. Sin embargo, Gallego y Burín en su Guía de Granada, nos dice que es la del Santo Ángel Custodio.

domingo, 31 de mayo de 2015

HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LA FUENTE

Lámina del Cristo de la Fuente




 Antonio Padial Bailón

Pocas noticias se tienen de la hermandad granadina del Santo Cristo de la Fuente, apenas poco más de la constatación de su existencia, fundación y su régimen de su funcionamiento, proporcionado por las reglas o constituciones que encontré en el Archivo Diocesano del Arzobispado. 

Una hermandad albaicinera establecida en el corazón del Albaicín, en una capilla que, seguramente, ocupaba el centro de la Plaza Larga, cerca de la Puerta de las Pesas o Puerta Nueva (1); una entrada al más antiguo recinto amurallado de la ciudad, que los musulmanes llamaban de Hizna Roman  o Castillo Romano. Los hallazgos arqueológicos que se encontraron, de los que aún se conservan (el que se cree que pudo ser el foro de la ciudad o fortificación romana) en el interior del Carmen de Lopera, sugieren para muchos investigadores, que allí pudo estar la ciudad de Iliberis (ibérico-romana) y quizás el núcleo amurallado más antiguo o de los más antiguos de la ciudad. 


PLAZA LARGA DEL ALBAICÍN


Allí, en la Plaza Larga, que entonces, como hoy, era un verdadero mercado callejero, donde se surtía de alimentos aquella parte del Albaicín, existió una cruz de las muchas callejeras que existían en la ciudad, que sería antecedente devocional en el lugar, antes de que se erigiera la capilla del Cristo de la Fuente. Dicha cruz la levantaron los propios vecinos, que la solían adornar el día de la Cruz de Mayo. Ya Henríquez de Jorquera, nos informa de la existencia de la cruz de la Plaza Larga a principios de los años cuarenta del siglo XVII.  

Dicha cruz, que pudiera haber sido de madera, hacia mediados del siglo XVII aparecía sustituida por otra de piedra sobre una granada con pedestal. Anteriormente, nos dice el Padre De la Chica, hubo una fuente en el centro de la plaza con dos caños edificada por el cabildo municipal para abastecimiento de los vecinos, que se había secado en 1694. La fuente fue trasladada por petición al cabildo por parte de los Agustinos Descalzos, cuyo convento estaba frente a las Tomasas, para colocarla en su compás de su monasterio. 

La retirada de la fuente molestó sumamente a los vecinos, que construyeron otra más abundante y también mandaron realizar la imagen de un Cristo Crucificado para colocarla en el sitio, con una techumbre de protección y se comenzó a dar culto. Por lo tanto, la advocación del Cristo se tomó de esta circunstancia.

Pasados unos años, ya a principios del siglo XVIII, construyeron un pequeño templo o ermita para darle culto a la imagen. Probablemente, la ermita sería de estas típicas de templete de carácter neoclásico, que fue el arte que empieza a tener auge en España con la llegada de los borbones. 

La imagen, me da la impresión, que era tallada en piedra, porque el Padre La Chica nos dice "(...) comenzando desde entonces a celebrarse missa, y a premiar el Señor aquella piedra cristiana, obrando por sus devotos muchas maravillas" (2).





La vitola que presentamos en este trabajo es la que abre el libro de reglas de la hermandad y, si la misma guardó semejanza con la realidad, se trataba de un Crucificado con cuatro clavos y con bastante frontalidad, con la cabeza centrada y caída en el pecho y amplio perizoma. 

Al contemplar la pintura del Cristo de la Fuente, se me vino a le mente la imagen del Cristo del Consuelo de la Abadía del Sacromonte, de José Risueño Alconchel, con el que presenta algunos paralelismos en las características que antes he expresado, a las que he de añadir: que ambas imágenes, pictórica y de escultura, son de la misma época. El Cristo de la Fuente se realizó poco después de 1695 al igual que el Cristo del Consuelo.

Con ello me planteo algunas incógnitas: ¿ tomaría Risueño como modelo esta imagen del Cristo de la Fuente para su Crucificado del Consuelo? ¿Sería Risueño el autor de la pintura de las reglas? ¿ Realizaría Risueño la imagen del Cristo de la Fuente? Sabemos que este escultor trabajó no sólo la madera sino también la piedra o el mármol, como la Virgen de las Angustias de la fachada del Palacio Arzobispal, que da a la plaza de Bibrambla.


Cristo del Consuelo de los Gitanos. José Risueño Alconchel 1695-1698.
Aunque, cuando se construye la imagen se conforma una hermandad de hecho para darle culto, ésta no hace constituciones hasta 1736. La hermandad de hecho venía celebrando cabildos para su gobierno, que se consentían por el Capellán Real y visitador de las parroquias y hermandades, don Manuel Fernando de Carrión Pimentel, constituciones que se mandan al fiscal  del arzobispado para que informe.

Quizá aquella situación de una hermandad sin reglas tantos años fuese insostenible, pues en la tramitación de aquéllas se manifestaba : "(...) decimos que la dicha hermandad ha estado sirviendo cultos al Stmo. Cristo de tiempo inmemorial a esta parte sin constituciones para que su gobierno (...)"  y en ese año de 1736, siendo hermano mayor Pedro del Castillo y mayordomo Felipe de la Peña, la hermandad presenta a la aprobación eclesiástica sus reglas, que son aprobadas el día 9 de junio de ese año por el provisor don Alonso Diego de Guzmán y Bolaños (3).

Como vemos, en esa época no había demasiado problema en consentir por la autoridad eclesiástica hermandades dando culto a sus imágenes y sin reglas; cosa difícil de producirse en la actualidad.

Según esas reglas, bastante minuciosas, era una hermandad exclusivamente compuesta por cristianos viejos, no permitiéndose en sus filas personas con sangre judía, mora, negra o mulata, ni a los penitenciados o esclavos, exigencia que se llevaban a extremo en la persona que había de ser sacristán o hermano sirviente de la capilla. 

Parece que la rudeza en la exigencia de limpieza de sangre el arzobispado no lo acepta completamente y pone una tacha a ello o, al menos, lo suaviza al decir el fiscal "sin que se entienda por estatuto vigoroso de limpieza". En 1736, ya se habían extendido por España los aires racionalistas de la Ilustración, que habían calado, incluso, en el pensamiento de muchas autoridades eclesiásticas.




También, era la hermandad muy rigurosa en el comportamiento de los cofrades, reprendiéndose al que cometía amancebamiento, fuera borracho, alborotador, pendenciero o de mala lengua, a los que se les advertía tres veces y de no corregirse se le expulsaba de la hermandad por su cabildo. También se tachaba al que debía dinero a otros, al que se le exhortaba a pagar y, si no lo hacía, se le expulsaba de la cofradía, salvo que fuera pobre y cumplidor, en cuyo caso la hermandad asumía sus deudas.  

El hermano Sirviente del Cristo había de ser soltero y casto, como criado del Divino Señor, y debía de vestir el hábito de una orden tercera, de ermitaño; o bien  su vestimenta había de ser honesta y pobre. Tenía el hermano sirviente la obligación de residir permanentemente en la capilla, remunerándose con 30 reales de vellón (dos pesos) al mes; cuidaba de abrir y cerrar la capilla; tener permanentemente la lámpara del Cristo encendida y hacerse cargo de las limosnas, así como, atender a los devotos y sacerdotes que iban a decir misa.

La devoción al Cristo de la Fuente pronto se extendió por toda la ciudad y localidades cercanas, cuyos devotos colgaban en la capilla numerosos exvotos, constatándose que muchos de estos eran navíos.

El gobierno de la hermandad se realizaba por un prefecto, el hermano mayor y dos mayordomos, el secretario, el fiscal y un partidario, que recorría los partidos para recabar limosnas. Todos los cargos tenían una temporalidad anual, aunque se admitía la reelección, como era común en casi todas las hermandades, excepto el de secretario que duraba tres años. 

Los cultos se celebraban los domingos de todas las semanas, en que pedían limosna por la Plaza Larga los mayordomos y los hermanos habían de pagar un real de entrada y un cuartillo todos los domingos. Eran muy rigurosos en el control de los fondos, que se guardaban en un arca, y cuyas tres llaves las tenían el hermano mayor y los dos mayordomos y se abría estando presente el secretario, para tomar nota de lo que entraba y salia en ella. Había también una segunda arca para los cirios y demás cera, y una tercera con dos llaves para guardar los ornamentos, cuya llave guardaba el sirviente de la capilla.

La fiesta principal de la hermandad era el día 3 de mayo, el de la Invención de la Santa Cruz, celebrándose una misa cantada con música, diáconos y sermón, exigiéndose austeridad en el gasto, que no debía de sobrepasar los 200 reales para evitar la emulación entre los mayordomos, de modo, que excediéndose, lo pagaran ellos de su peculio. Los tres días anteriores de la fiesta había vísperas con tres misas. 

También se señalaba un protocolo, en ese día 3 de mayo, en que se celebraban las elecciones. Dicho protocolo prescribía que el hermano mayor tomara asiento de presidencia y, a los lados, los dos mayordomos, junto a los que se sentaban los hermanos asistentes por orden de antigüedad. Delante del hermano mayor se ponía una mesa o bufete con un crucifijo con dos velas, el libro de reglas y como primer acto de la fiesta se procedía a celebrar elecciones. 




El hermano mayor fijaba dos candidatos y se levantaba para entregar su voto a su preferido; después los mayordomos, cada uno en su fila, recababan el voto de los hermanos de la misma. El voto se emitía mediante habichuelas blancas para decir sí y negras para expresar el no, siendo proclamado el de mayor número de votos. 

Era también una hermandad de sufragios en la que cada hermano había de pagar un cuartillo de real cada vez que moría un cofrade. Fallecido un hermano o hermana, el hermano mayor y los dos mayordomos acudían a la parroquia de la que el difunto era feligrés y ajustaban los gastos de entierro y después reunirían a doce hermanos para que portaran cirios en el entierro y funeral. La comitiva iba precedida del estandarte, dedicándole al difunto 9 misas y si moría fuera de Granada, aquéllas se celebraban en la Colegial del Salvador, a cuya circunscripción pertenecía la capilla o ermita del Cristo de la Fuente.

Aunque no sabemos si contaba la hermandad con imagen mariana (en la vitola de las reglas aparece la Dolorosa, San Juan y la Magdalena, formando un calvario), sí se concretaba en las reglas el culto a la Virgen Dolorosa, pues el Viernes de Dolores se decía misa cantada con diáconos en honor a la Virgen.

Hubo un devoto que costeó las obras de ampliación de la capilla callejera a mediados del siglo XVIII y como consecuencia del gran terremoto de 1755 en que sufrió grandes deterioros la parroquial del Salvador, esta trasladó a la ermita del Cristo de la Fuente el Santísimo, mientras se realizaron las obras de reparación.

Muchas incógnitas se ciernen sobre esta hermandad albaicinera y la época en que desapareció. Aún estaba con vida en 1765, año en que el Padre de la Chica nos informa de su existencia. Seguramente, la hermandad desaparecería a finales del siglo o con la ocupación francesa en que se realizaron por el invasor bastantes obras de reforma de la ciudad, que pudieran haber afectado a la ermita.

Si la imagen de Cristo de la Fuente era de material pétreo, como parece que pudo ser, bien podría haberse trasladado aquélla a otra plaza del Albaicín al reformarse la Plaza Larga ¿Podría tratarse del que hoy popularmente llamamos Cristo de las Lañas, que está en la plaza albaicinera de San Miguel bajo? Esta de piedra la llamó el pueblo Cristo de las Lañas al haber sido destruido en la II República y restaurado uniendo sus piezas con lañas.

Como sabemos, Granada ya tenía un gran antecedente de devoción a estas imágenes de cruces erigidas en las plazas como la profesada el Cristo de los Favores.




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1. De la Chica Benavides, Fr. Antonio, " Gazetilla Curiosa...", papel XLI. 1765.
2. De la Chica Benavides, Fr. Antonio, opus. cit. papel XLI.
3. Archivo histórico diocesano de Granada. 

viernes, 27 de marzo de 2015

HERMANDAD DE SAN JUAN EVANGELISTA






ANTONIO PADIAL BAILÓN


Así como en muchas localidades de la provincia de Granada y fuera de ella han existido hermandades de San Juan Evangelista, que han procesionado y procesionan en Semana Santa, en la ciudad de Granada la constitución de una hermandad del apóstol más longevo y más amado de Jesús es bastante tardía.

Ello no quiere decir que la imagen haya faltado de nuestras antiguas procesiones, pero ha sido como un paso más ligado a diversas hermandades penitenciales, a veces, con una hermandad genuina dedicada al culto del santo evangelista dentro de una hermandad más amplia o matriz. Recordemos a la Hermandad del Santo Entierro y Ntra. Sra. de las Tres Necesidades, que contaba con un paso de san Juan Evangelista, también con el de la Magdalena y con el Resucitado (estas imágenes que figuraban en el retablo de la hermandad, desaparecieron, algunas por donación a particulares, cuando se demolió la iglesia de San Gil en 1869) (1). 


La Hermandad de la Sangre de Ntro. Señor Jesucristo y la de Jesús Nazareno del convento de la Merced también tenían una hermandad filial de san Juan Evangelista, así como la hermandad de Jesús Nazareno de los Mártires; en la hermandad de Jesús Nazareno "El Pobre" del convento de San Francisco "Casa Grande" y en el convento de agustinos descalzos existía en el altar del Cristo de la Misericordia una imagen de San Juan Evangelista.

Pero será en el siglo XIX, concretamente en 1884, cuando más cercana tenemos la constitución de una hermandad dedicada al Evangelista, que se va a constituir en la iglesia de los Santo Justos y Pastor. De esa fecha son los estatutos que he encontrado en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada.

Al inicio de los años ochenta del siglo XIX, en 1881, es cuando comienza a salir la imagen de San Juan Evangelista en la procesión del Santo Entierro, acompañando a la Soledad de Santa Paula. Aquellos jóvenes que hacía de horquilleros de San Juan, tres años después, en 16 de marzo de 1884, deciden constituirse en hermandad del santo que procesionaban. Eligen la iglesia-colegiata de los Santos Justo y Pastor como sede para dar culto a la imagen.

El título oficial de la hermandad era el de "Hermandad y Cuerpo de Horquilleros de San Juan Apóstol y Evangelista" y  tenía como objeto, según el artículo 2º de los estatutos, el fomento del culto del apóstol; la dirección y gasto del paso para procesionarlo en sus andas la tarde del Viernes Santo dentro de la procesión del Santo Entierro.

Para dicho culto, la imagen sería depositada en la iglesia de los Santos Justo y Pastor, de donde partiría su procesión y los individuos que formaban la hermandad habían de ser mayores de 21 años, exigiéndoles determinadas condiciones físicas, como carecer de mutilación o deformidad en alguna parte de su cuerpo, contando con una estatura que no fuera demasiado alta o baja. También se exigían no tener impedimentos morales, como haber padecido condena grave.


Portada de los Santos Justo y Pastor, sede de la hermandad de horquilleros de San Juan

Todas estas condiciones, lógicamente, no se exigían a los hermanos que procesionaran de penitentes o nazarenos a los que su ingreso en la hermandad se sometería a aprobación de la junta directiva.

También se limitaba el número de hermanos en cada una de sus modalidades, constituyéndose de esta forma en numerus clausus; para los hermanos horquilleros la cifra era de dieciséis y para los penitentes de treinta, pero que la junta tendría la facultad de aumentarlos en el futuro, según las circunstancias. Cuando se produjera alguna vacante en la sección de horquilleros, esta se cubriría con los admitidos como hermanos penitentes por riguroso orden de antigüedad y siempre que lo desearan y reunieran las condiciones físicas exigidas. 

Quizás estas limitaciones vendrían fundadas en las dimensiones de las andas y, en cuanto a los nazarenos, en el hecho de no hacer demasiado larga la procesión del Santo Entierro, que solía contar con varios pasos. 

La hermandad nombró como Presidente Honorario al arzobispo de Granada, que entonces era don Bienvenido Monzón. Era costumbre extendida entre las hermandades que se reconstituyen o fundan en el siglo XIX nombrar al arzobispo como máxima autoridad de la misma: esto lo vemos en la reorganizada hermandad del Arcángel San Miguel y en el intento de reorganizar la hermandad de Ntra. Sra. de la Aurora de San Gregorio Bético. El motivo tal vez estuviera en el deseo de estas hermandades de lograr su aprobación en unos tiempos un tanto convulsos política y socialmente en los que las autoridades civiles pretendían controlar e, incluso, evitar la proliferación de hermandades y la reconstitución de muchas de ellas, que habían desaparecido por las diversas supresiones de conventos, donde la mayoría tenían su sede. 


Emblema de San Juan Evangelista


En el fondo, la autoridad eclesiástica también era poco proclive a fomentar la reorganización y fundación de hermandades. Lo había sido siempre, especialmente, desde la Ilustración, que apreciaba en la religiosidad popular desviaciones rayanas en la superstición y con tintes profanos, que en muchas ocasiones escapaban a su control y suponían una competencia en las demandas de limosnas que perjudicaban a las parroquias y a las hermandades sacramentales más sujetas a su control.   

Luego la hermandad contaba con un presidente efectivo, Rafael Moratalla García; un secretario, Carlos Hernández y un tesorero, Antonio Rivas Jiménez, que serían elegidos por la élite de la hermandad, es decir los horquilleros, y un vicepresidente, Antonio Prieto Cifuentes y un subsecretario, Pablo Prieto González, los elegían la sección de penitentes, siendo la elección bianual.

Se preveía en las reglas el nombramiento del "citador"; esta figura constituía una reminiscencia del antiguo muñidor que tenían las hermandades en los siglos precedentes. Era un cargo remunerado con 4 reales y era el nexo de unión entre la directiva y el resto de los cofrades, procediendo a citarlos cada vez que era necesario para juntar a la hermandad, bien en caso de junta general o funciones, procesión u otros actos.

Los hermanos pagaban 20 reales a su ingreso y 4 mensuales más otros diez para la solemne función principal que se celebraba en la iglesia de los Santos Justo y Pastor el día 27 de diciembre, día del apóstol San Juan, y a la que tenían que acudir "vestidos de oficio". Este traje exigido a los horquilleros, consistía en ropa negra con levita, corbata y guantes negros, que de esta forma también asistirían a la procesión del Santo Entierro y a los penitentes sólo se les exigía que vistieran de negro. Todos llevarían una medalla con los atributos del Santo (2).


Interior de los Santos Justo y Pastor

También era hermandad de sufragios, como otra reminiscencia de las antiguas hermandades, debiendo asistir los hermanos al Santo Viático con velas y con el estandarte de la hermandad y, de la misma forma, a la conducción del cadáver de los hermanos difuntos, que tenían el derecho a que se les dijera treinta misas por su alma de la llamadas de San Gregorio. Estas misas de origen medieval se basaban en la leyenda que el mismo San Gregorio cuenta en sus Diálogos. Nos dice que cuando era abad en el monasterio del monte Celio de Roma un monje llamado Justus murió en pecado por haber quebrantado el voto de pobreza, negándose la comunidad a darle un entierro cristiano y a los pocos días San Gregorio le dijo 30 misas, teniendo una visión del difunto para comunicarle que se había salvado. 

Por la citada cuestión, los altares de San Gregorio tenían el carácter de altar privilegiado de ánimas y la hermandad granadina de San Juan Evangelista las celebraría en el altar de San Gregorio en la iglesia de San Jerónimo que tenía concedido el citado carácter privilegiado. Hoy no existe en el monasterio jerónimo la citada imagen, aunque el altar bien pudiera ser en el que se colocó en 1978 las imágenes de la hermandad de la Soledad.

No me he encontrado, no obstante, documento de aprobación eclesiástica de las reglas que antes hemos comentado, por lo que no sabemos si la hermandad tuvo viabilidad. Sin embargo, hay diversas referencias posteriores en la prensa a la hermandad y a los hermanos de San Juan Evangelista.


Salidas procesionales de San Juan en el Santo Entierro y sus imágenes

Como antes nos hemos referido la imagen de San Juan comienza a salir en la procesión del Santo Entierro con la Soledad en 1881 y en 1882 lo hace en el del Albaicín con el Señor del Mayor Dolor   - imagen de José de Mora quemada con la iglesia del Salvador en 1936- y con la Dolorosa de San Luis, que vuelve a repetir en 1885 por dicho barrio. En la procesión del Santo Entierro por la ciudad volvió a salir en los años siguientes, teniendo constancia segura de ello en 1889 y 1892.

Ese año de 1892, un tumulto que provocó el pánico se produjo cuando el paso de San Juan estaba en la Puerta Real, frente a la confitería de Talero; las causas no se aclararon, unos decían que una riña entre comadres había sido la causa otros que un ratero había tratado de robar aprovechando la masa de gente reunida; lo cierto fue que se produjeron corridas y desmayos; la gente se refugiaba en los portales y la imagen de San Juan Evangelista, debido a los empujones que sufrieron sus horquilleros estuvo a punto de terminar en el suelo, quedando la procesión dividida en dos mitades y los soldados de la escuadra romana, que iban delante de San Juan, quedaron dispersos. La imagen quedó al finalizar la procesión en la iglesia de Santa Ana (3).


San Juan de Santa Isabel la Real

Tres imágenes de San Juan fueron las que se procesionaron en el Santo Entierro, quizás alguna más, y, probablemente, lo hicieron de forma alternativa. Las fuentes escritas que nos dicen algunos años la procedencia de la imagen y, asimismo, hay documentos gráficos. Quizás la primera imagen que pudo procesionarse en los primeros años fue la del monasterio de Santa Isabel la Real, al menos, los datos que he podido reunir así lo confirman.  

La imagen de San Juan, que por primera vez formó parte del Santo Entierro, en 1881, pienso que sería el de Santa Isabel la Real, porque en ese año las monjas cedieron para la procesión otra imagen que en su monasterio se veneraba, es decir, el Señor de las Tres Caídas y parece lo más lógico que también prestaran la imagen de San Juan; lo mismo ocurriría en los años siguientes en los que se celebró la procesión por el Albaicín.

Los siguientes años de 1893 a 1899, volvió a figurar en la procesión del Viernes Santo delante de la Soledad y, en 1895, la prensa se refiere a que iba acompañado de sus hermanos o cofrades, que llevaban habito blanco y en el pecho el águila roja de San Juan. Iba acompañado, asimismo, por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. No sabemos si estos hermanos eran aquellos de la hermandad de 1884 o se había vuelto a organizar una nueva hermandad a la que también se hace referencia en 1899 en que queda constituido un cuerpo de horquilleros bajo la presidencia de Isidoro Arnau, Diego Torres Cabrerizo y Francisco Pérez París de secretario, con catorce portadores de la imagen (4). La siguiente Semana Santa decía la prensa que "la imagen de San Juan llevada a hombros de jóvenes adscritos a la cofradía" (5).

Hubo varios años a principio de siglo que no salió la procesión del Santo Entierro, pero sí lo hizo en 1907 en el que el arzobispo mandó que se sustituyera a la Soledad de Santa Paula (hoy de San Jerónimo) por la imagen de la Soledad del convento de San Antón y, también, hubo cambio de imagen de San Juan por otra que se veneraba en dicho convento, hoy en la clausura, por lo que me ha sido imposible fotografiarla, pero que también fue procesionada por su hermandad de horquilleros. 

Parece que en 1910 pudo volver a salir la imagen del convento de San Antón, así por lo menos lo aconsejaba el erudito y presidente del Centro Artístico don Francisco de Paula Valladar y presidente de la Comisión del Santo Entierro, que afirmaba que aunque más pequeña que los otros era de indudable mérito artístico (6). Pero, finalmente, quizás por su escaso tamaño se decidió que fuera el de Santa Isabel, que fue acompañado por la chía blanca.

Sí volvió a salir en 1908, 1909, 1910 y 1911 la imagen del Evangelista de Santa Isabel la Real y creemos que lo hizo en todos estos años siguientes en la procesión antológica del Santo Entierro (1909-1924), pero no en todos ellos. Hay dos fotografías que así lo testimonian: una de 1913-1915 en la que el paso aparece tras el de Ntra. Sra. de las Angustias de San Andrés por la Gran Vía y otra en Plaza Nueva, delante de la Virgen de la Soledad.




Soledad y San Juan Evangelista de Santa Isabel la Real junto a la Real Chancillería
San Juan de Santa Isabel, reconocible por el volumen del manto bajo la cintura


Pero, no cabe duda, que en alguno de los años de ese Entierro Antológico se cambiaría de imagen del convento de Santa Isabel la Real para procesionar al San Juan Evangelista que conservan los monjas clarisas de Santo Ángel Custodio; éste es una talla de finales del siglo XVI, probablemente de Pablo de Rojas, que fue prestada por dichas religiosas, junto con un Crucificado y Dolorosa formando Calvario, a la iglesia de San Cristóbal y que han recuperado hace unos años.


San Juan del convento del Santo Ángel Custodio



Si observamos una fotografía del interior de la iglesia de Santa Paula en la que al fondo se aprecia el paso del Santo y que fue realizada, seguramente, en algunos años del Santo Entierro Antológico (1909-1924), la imagen era la del convento del Santo Ángel. 



Al fondo la imagen de San Juan del Santo Ángel Custodio con la Soledad de Santa Paula





Durante esos años parece que hubo intentos de consolidar la hermandad que no resultaron fructíferos, aunque hay varias y contínuas alusiones a ella, la última en 1923, cuando muchas de aquellas imágenes que formaron el Santo Entierro encontrarán devotos para constituirse en hermandades. Así ese año se afirmaba lo siguiente en el diario El Noticiero Granadino: "Aumenta el entusiasmo de las nuevas cofradías del Santo Entierro y San Juan formadas por socios de la Adoración nocturna y alumnos del internado del Padre Manjón".

 ¿Se volvió a conformar realmente la hermandad en aquel renacer de las cofradías de penitencia de Granada? Parece que esa fue la intención, como lo venía siendo desde 1884, pero no cuajó definitivamente. San Juan siguió saliendo el Viernes Santo hasta 1925 y lo vuelve a hacer en 1930, formando parte de la hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad, que ese año sacó cinco pasos (Santa Cruz, Crucificado de San Ildefonso, San Juan Evangelista, el Descendimiento y la Soledad) (7).  


La Virgen de la Aurora y San Juan 1946

Después la imagen del Evangelista seguirá estando presente en la Semana Santa de Granada; primeramente, con María Stma. de la Aurora, dentro de su paso de palio, en 1946 y 1947, y la propia hermandad lo incorporó a su título con una imagen del escultor salmantino Damián Villar, profesor de la Escuela de Bellas Artes. Esta imagen saldrá en el palio, acompañando a María Stma. de la Misericordia en los primeros años de la década de los sesenta y en 1997 acompañó a María Santísima de la Amargura.


Virgen de la Amargura con San Juan. Foto 1997.


En los últimos veinticinco años diversas hermandades lo han incorporado a su título o al paso, como la de Cristo de San Agustín, acompañando en el paso de palio a Ntra. Sra. de la Consolación; la de Jesús Despojado de sus Vestiduras, que acompañará a María Stma. del Dulce Nombre o la del Jesús del Trabajo en su paso acompañando con la Magdalena a Ntra. Sra. del Consuelo. Otras, como la de Jesús Cautivo, Jesús Nazareno o Jesús de la Pasión, tienen la imagen para cultos internos.

San Juan Evangelista, como protagonista y testigo especial de la Pasión del Redentor, tiene una gran tradición procesional y de culto en Granada, como se ha expuesto anteriormente, tradición que lejos de perderse se ha incrementado en los últimos años, aunque sí se perdieran sus hermandades específicas.



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1. PADIAL BAILÓN Antonio, Blog La Granada Eterna Antiguas Hermandades Pasionistas, http://apaibailon.blogspot.com.es/, entradas 4 y 7 de marzo de 2013,18 de octubre de 2013 y 6 de abril de 2013.

2. ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE GRANADA. Legajo 135 f, pieza s/n
y el Defensor de Granada de abril de 1892.

3. PADIAL BAILÓN, Antonio, Revista "Gólgota" nº 14,pp. 65-66.Año 2000. 

4. El Triunfo de 8 de septiembre de 1899.

5. El Defensor de Granada de 13 de abril de 1900.

6. Ibídem de 4 de marzo de 1910.

7. El Defensor de 6 de abril de 1930.